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ij ^A3^1^L£Z
l^arbarli College Hibrarg
FROM THE FUND
FOR A
PROFESSORSHIP OF
latín- AMERICAN HISTORY AND
ECONOMICS
ESTABLISHED I913
S MENÉ.NDEZ
LIBRERO
e iRiQOYEN lee
BUENOS AIBK8
ERRATAS
DE LA
PRimERA PARTE.
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57o 50' 35"
5o 9' y 53o 69*..
30o 5' y 33o 45»..
30o 46' 50-
50o 56' 35"
2848 pies
57042' 5"
4 á 5 millas
58o 8* 55"
58o 8' 25"
2980 pies el i o
2848 pies el 2o
3io iV 50"
58o H' 25"
de una gran altura. .
desde 25 hta. 40 pies
costas Orientales. . .
que miran al Ocaso,
hacia el Occidente. .
2.
iO.
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».
20.
21
22
550 56' 35"
58o 8' 55"
58o 8' 25"
330 5' 15"
58o 15' 1"
580 13* 2'*
570 50' 21"
570 25' 55".
1500 pies..
340 18^ 50"
56o 38' 15"
33039* 4"
56o 52' 25"
330 51' 15"
480 15' 1"
58o 13' 2"
340 28' 6
570 50' 21
3io 18' 20
56o 38' 15"
33032' 4"
570 26' 25"
19
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1800 4 1900 pies
58o 11' 35"
540 3' y 530 22'
3Í0 4' 15" y 330 40'
31)0 47' 50'*^
550 50' 35"
1848 pies
570 42' 45"
3 á 4 millat
58o 6' 55"
58o 3' 25"
1980 pies el 1*
1848 pies el 2o
31o 19" 30'
540 16" 25'
de una grande altura, rt-
lativamente.
desde 15 hasta 20 pies,
costas Occidentales
que miran al Orientt
nácia el Oriente
550 50' 35"
58o 6' 55"
58o 3' 25"
330 54' 15"
580 16' 3"
58o 13' 42"
570 50' 30"
570 18' 55"
1000 pies
340 19' 10"
56o 34' 15"
330 32' 40"
56o 58' 35"
330 54' 15"
580 16* 3
58o i 3' 42
31o 28' 14"
570 50' 30"
340 19' 10"
56o 34' i5«
330 32' 40^
57o 46' 25"
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I
V
DESCRIPCIÓN GEOGRAFICit -
' DEL TCRRITORIO
REPDBLISA ORIENTAL DEL DRUGUAT
ACOMPAÑADA DE
OBSKBTACIOIVKS CKOIiOCilCAS
CUADROS ESTADÍSTICOS
con ÜM
Dcpartamentafi M estaba
FOa EL fiENEUL DE INCENIEROS
BITULEClinENTO TIPOflRÍPICO T UTOGBÍPICO DB LCCUHO HÉ6F..
1869.
^A^52j9'.6'\
HARVARD COLLEGE ÜBRARY
■
MAR 31 1917
LATIN-AMERtCAN
PROFESSORSHIP FUND.
FEO£MXO
Jk ImJL DIESCRIPCIOM C3EOGIiÁFI€A<
Los principal^ fundamentos en que reposan los conocimientos
de la Geografía en esta parte de la América del Sud, reflejan el
grado de celebridad , que en media de sus vastas conquistas y alcan-
2aron las Instituciones de la España, curando para adquirirlos
destinaba de su seno altas reputaciones que ocupaban un lugar
prominente en el catalogo de los sabios áá. siglo XVIII.
La determinación del perímetro del continente Meridional en
mas de dos centurias de perseverantes y sistemadas operaciones
por las costas del Grande Océano y del Pacífico : las dilatadas y
trascendentes tareas, que desde la Bula de Alejandro YI empren-
dieron las caronas que se disputaban su dominio para deslindarlo,
y en que figuraron nombres notables en los Institutos«Europeos: la
medida del grado de Ecuador en América por otras celebridades de
la España y de la Francia , completaron esa serie de trabajos en
que la Geografia , la Astronomía y la Física fueron profusamente
enriquecidas , gravando en el cuadro de sus progresos los nombres
imperecederos de Jorge Juan^ Ulloa^ Malaspina y Azara, de Várela^
Alvear, Aguierre, Viana y Lecocq^ y tantos otros, á quienes las ins-
tituciones de las nuevas Repúblicas deben una herencia invalora-
ble en la posesión de esas obras monumentales é históricas.
Abraxando el vasto espacio de sus antiguas colonias , esas opc-
a
nr
raciones fueron mas conspicuas en la América, del Sud, en
donde los Gobiernos de España y Portugal procuraron , desde su
descubrimiento, determinar los lindes respectivos de sus posesio.
nes , y derimir las tradicionales cuestiones que surgieron de ese
empeño , á pesar de esas estipulaciones consignadas en diversos
tratados que jamás alcanzaron á su completa ejecución.
Al intentar llevar a cabo los de 1750, de 1761 y de 1777 , los
Comisarios de esos Poderes , iniciaron en todos ellos sus trabajos
por los extremos de esos dominios , — en las márgenes del Océano^
— para fijar las divisas que separaban los twritorios de los virey-
natos del Brasil y del Plata.
Las interminables y dilatadas controversias que emanaron en
la demarcación de la linea divisoria , que atravesaba en la es-
tensión de 3,000 millas geográficas el centro del Continente
desde los términos del Ecuador hasta los paralelos del mismo
Plata: y cuya decisión retardaron los acontecimientos en que se
vio envuelta la Europa entera en aquellas épocas , frustraron el
grandioso resultado que las ciencias iban á conquistar, penetrando
en los arcanos que encerraba la geografía de ese inmenso espacio.
Las dudas suscitadas con mas vigor en el origen de ese gran
deslinde , contribuyeron á que los Comisarios demarcadores dila-
tasen sus tareas á mayor extensión que la que hacia necesaria la
designación de aquellas divisas con el intento de fundar y demos-
trar mejor los recíprocos fundamentos en que apoyaban sus inter-
pretaciones ^\ texto de los pactos que debian ejecutar.
Los geógrafos Españoles dando á sus adquisiciones toda la va-
lidez é importancia que reclamaba su propia trascendencia, afian-
zaron el merecido concepto de que gozaban , dotando a los archi-
vos de la antigua Metrópoli con documentos clásicos , que mas
tarde fueron un precioso legado para las Repúblicas de su raza.
La Banda Oriental del Rio de la Plata , hasta Jos confines del
Vireinato en las márgenes del Iguazú^ del Paraná y Paraguay^ fué
principalmente el campo privilegiado de esas estensas tareas , que
nunca pudieron alcanzar á los dominios Españoles que cruzaba el
Trópico de Ca{>ricornio , ycfue la Independencia de las Colonias
paralizó temporariamente , dejando á los nuevos Estados un statu
quú que ellos mas tarde y debían dirimir entre sí.
El Estado del Uruguay, ha sido el primero que resolvió su in-
tegridad territorial , en tanto^ que las demás secciones del Conti-
nente se preparaban á iguales negociaciones ^ ó estipulaban trata-
dos que les deparase los mismos resultados.
Las instituciones de la República apoyándose en esos valora-
bles antecedentes, echaron, al nacer, las bases de la Planta
Topográfica de su territorio, que fueron mejorando progre-
sivamente con las adquisiciones que produjo el deslinde de la
propiedad territorial, consignada gráficamente en Registros espe-
ciales , que mas tarde completarán el grande inventario de su esta-
dística rural.
La suma de esos datos , aumentada con otros adquiridos por di-
versos Geógrafos Estrangeros destinados á esplorar las márgenes
del Estuario y sus afluentes, perfeccionando los trabajos hidrográ-
ficos conocidos hasta entonces, facilitaron los medios de alcanzar
el término de esa obra susceptible en sus detalles de mejoras suce-
sivas ,- á medida que el país robustezca las condiciones de su pro-
pia independencia.
* Ese mismo cuadro ha podido adelantarse notablemente con los
conocimientos que acaban de adquirirse en la demarcación de los
Limites de la República con el Imperio del Brasil , consumada por
las Comisiones demarcadoras de los dos Estados en cinco años de
arduas y penosas tareas .
De estas consideraciones puede deducirse , que la concurrencia
de tantas circunstancias especiales, que han influido en el dila-
tado estudio de la Geografía del territorio Oriental, lo presentan en
condiciones mas avanzadas que los demás Estados contemporá-
neos , si bien seria justo esceptuar los importantes trabajos que
han consumado en la antigua Capital de la Confederación Argen-
tina sus institutos profesionales fundando con su Topografía in-
terna, el estenso deslinde de la propiedad rural, apoyado en las
VI
bases Astronómicas sobre que reposa la rigurosa configuración de
las dos riberas del Gran Rio.
En aquel archivo encontraremos los datos mas esenciales pata
dar á la Descripción Geográfica toda la importancia y estension con
que debe aparecer al describir las condiciones del hermoso pano-
rama que abrazan los contomos del territorio del Estado.
No será posible entre tanto, imprimir á ese trabajo la estension
qup abraza el vasto conjunto de aplicaciones que entran en el do-
minio de la Geografía y que figurarian por su importancia entre
los mas necesarios para la ecsistencia y progresos de los pueblos ,
sin penetrar , desde luego en el inmenso campo de las ciencias ri-
sicas y Naturales, Eeonómicas é Históricas.
Valorada pues la naturaleza y condiciones de los conocimientos
adquiridos, muy prudente será limitar esa descripción á todo lo
que sea relativo á su definición y objeto , respetando los limites de
las otras ciencias , aunque no le sean estrañas algunas apreciacio-
nes que dentro de su esfera, serán, á no dudarlo, de un interés po-
sitivo para el pais.
No tendrán un origen idéntico las que son referentes á la Geología
del mismo territorio , que aun no ha sido esplorado detenidamente
en sus diversas zonas, para apreciar las variadas condiciones de su
superficie. Ligeros reconocimientos practicados en determinados
paralelos , pueden , tan solo , mandar una idea aproesimada de las
propiedades de sus tierras, de la naturaleza de las materias que
las componen, de la colocación especial de todas ellas, no menos,
que de los fenómenos , ó alteraciones , que se observan en las capas
que representan su fisonomía esterior.
El estudio de la Geología , ó lo que es lo mismo , de la Ciencia de
la tierra j envuelve, como es sabido, el de diversos ramos de las
ciencias naturales , como la Geognesia^ la Mineralogia^ la MeteoroUh
giay\sL Geogenia , que acompañados de los conocimientos Geográ-
ficos , darian , reunidos , una idea cabal de la superficie ea qoe ie
hiciesen sus aplicaciones.
En territorios esencialmente pastoriles en que la producción ha
^
MI
•fttado siempre limitada á esta sola industria : en que la poUaeion
y el trabaja no conocía , ni sentía la necesidad de explotar k>s ve-
neros naturales que yacían inapercibidos en su seno, mientras que
la9 condiciones del país no pusiesen en acción Ips medios necesa*
ríos para descubrirlos y utilizarlos ; la República Oriental , du*
rante el sistema colonial , ni después de su fatigada indep^dencia
política , pudo ser el teatro de estudios geológicos , que hoy empie*
van á despertar las miradas de los que encaran el desarrollo, que
el aumento de brazos y capitales , ha de deparar á un suelo feraz,
dotado de tantas ventajas fisicas y geográficas ,, 'que serán los eler
meatos mas poderosos para auxiliar los progresos de la agriendtura
y de la industria , del comercio y de las artes.
Eq presencia de ese vasto cuadro» que exalta las miradas de un
conservador inteligente > circunstancias recientes han venido á de*
mostrarla necesidad de iniciar esos estudios, al recorrer en la de*
marcación de nuestros limites los amenos campos por donde giran
d^sde el Atláfi^tico hasta el Uruguay ; y al explorar, también, en
dilecciones diversas , muchos de los accidentes notables de su to-
pografi;fi interna , para perfeccionar la Carta que la representa.
Asi es , que las NotictOB Geolágicas-y extraídas de los trazos cpie
]Xiu€|stran en ella la estension y naturaleza de las tierras reconocí*
das , se limitarán á la superficie que abrazan , ademas áe las eonsi*
deracíones gmerales á que se prestan esas observaciones para dedu-^
eif analogías que induzcan á juzgar , aprocsímadamente, de laa
propiedades de las que se encuentran en situaciones adyacente».
Tinalmedite ; los cuadros y datos estadísticos que se poseen oficial
j pa;i(ticttlarmente , están muy distantes de merecer aquella con-
Qoez^i qqj9 inspira toda ciencia absoluta fundada por hechos gene*
iQflyte?, e<ME)stant0s y iiece8ari/)s, desde que es evidente que la estadi»*
tMs e4t&.8ub(nMli]iada, como la ciencia económica, á toda la mnvilíf
4l444 loi^hedlos locales» á la contradicción de infinitas círcunstan*
<^i|qi6 regláis la, vida de las sociedades, no menos que á las modi-
4AMyiffl)m.d^;W propia Ibgiilacíon , y aun de su eUmacmismo:^ con
tidft la ükfímijk que squira los principios de los haehiMi. ^
im
Si por una parte es posible apreciar la estensioo geográfica del
territorio con sus divisiones internas en el orden político y judicial ;
determinar también el repartimiento de la propiedad rural, y acer-
carse á la cifra mas , ó menos , exacta del capital pastoril y su pro-
ducción ; muy inciertos serian , en verdad , los datos que podrían
deducirse del inventario de la estadística municipal y urbana, para
conocer el monto de los bienes que ella computa , y que en si mis-
mos llevan el mas fuerte reflejo de la civilización y la riqueza de
los pueblos , asi como los que representan la industria fabril y ar-
tística, la ostensión y valores de los terrenos comunales que forman
los egidos y las dehézas de las aldeas , villas y ciudades en que tie-
nen su principal asiento los labores agrícolas.
Si por otra parte, puede, procsimamente , estimarse la reparti-
ción de la población en las secciones del territorio, sus alternativas
ó movimientos periódicos , la situación financiera del Estado, el
cuadro comparativo de sus rentas , de sus erogaciones y sus deu-
das, con el balance, también, de su movimiento mercantil, prudente
seria aceptar con precauciones las revelaciones de la estadística
respecto al monto de la producción en general , tanto fabril y artis;-
tíca , como agrónoma y rural , no menos , que los capitales emplea-
dos en el comercio, en la agricultura y en las variadas aplicaciones
de la industria.
La estadística, que como lo ha dicho un hábil escritor, ^ ^penetra
en los mas recónditos lugares de una Nación," señalando los resul-
tados de las instituciones orgánicas de la sociedad : que está desti-
nada á ilustrar al país sobre los movimientos de su población , del
estado de su comercio interior , de la situación de sus finanzas , d#
las alternativas y variedades de la producción y del consumo , del
capital representado por toda la clase de bienes, á la vez, que
muestre los resultados obtenidos por la justicia y la instrucción
pública, al lado de lo que importe la organización de su poder real,
permitiendo al observador apreciar en sus cuadros la justa medida
de los hechos esteriores y su acción sobre el movimiento general de
la época , no menos que el influjo de los aeontencimientos y cir-
1\
cunstancias en la marcha y vicisitudes de los pueblos; la cstíulis-
tica, decimos , que sigue en acecho de todas las mejoras posibles,
no puede representar un cuadro semejante en los Estados de crea-
ción reciente, faltos de estabilidad, rodeados de contrariedades en
el sosten de su propia existencia , faltos de una organización ade-
cuada á sus condiciones especiales , con elementos exiguos para en-
carar estudios trascendentales y sin las instituciones á propósito
para hacer practica la aplicación de esa parte clásica del vasto com-
pendio de los conocimientos humanos ! ! !
Creemos, pues, que harto se habrá hecho, si las noticias Geoló-
gicas y Estadísticas , que acompañan á la Descripción Geográfica del
territorio del Estado, pueden, con ella, inspirar algún interés al
observador ilustrado , y á la sociedad interesada en conocer lo que
posee con los gérmenes de porvenir que encierra en su seno y los
m
exiguos adelantos que ha podido hacer en la escabrosa senda por
donde ha atravesado durante su vida independiente, hasta alcanzar
el modo de ser que se ha conquistado después de tanto heroisnio y
sacrificios.
DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA
DEL TERRITORIO DE LA
REPÚBLICl ORI£]\íTiL DEL URUOUAY.
CAPITULO PRIMERO.
G«l«SIDEBACI«NiES «ENBIkAIiES
SOmB LA ESTBIICTUBA OEOCiBAnCA DEL TERBITOBW DE LA
DETAbLICA, SC CONSTITlJCI«I« FÍSICA 1 SUS PRDDIJCCMIIIBS.
5 I.
Al contemplar los numerosos raudales y cadenas de elevaciones
que riegan y cruzan la superficie de la República, que el Uruguay
y el Plata encierran por un lado , con el Atlántico y la línea de sus
limites continentales por el otro , domina ante toda la considera-
ción de hacer resaltar sus condiciones y propiedades Geográficas ,
para llenar con ellas el grande cuadro que deben cubrir los variados
detalles de lajtopografia de sus diversas zonas al lado de los acci-
dentes mas notables de la naturaleza.
Fijándonos en la geografia de la América Meridional , descubri-
remos fácilmente , que el encadenamiento de alturas que penetran
desde el medio dia y terminan en la margen izquierda del Plata
atravesando el territorio del Estado con alternadas inflexiones en
4 DEáCRIPCION GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
SUS diversos giros, habiendo antes despedido los mas grandes ca-
nales que riegan el vasto territorio del Brasil y de las Repúblicas
mas meridionales, se desprende de la gran cadena de los Andes, en
los dominios del Ecuador, vertiendo sus aguas al caudaloso Mará-
ñon por el lado boreal , y al gran Paraná , por el opuesto , cortando
en seguida el trópico del Sud , para girar repentinamente hacia el
Oriente, y arrojar de sus faldas occidentales las fuentes del ma-
gestuoso Uruguay, á cuyas márgenes, — revolviendo un cuadrante
entero, — acompaña, caai paralelamente, á distancias no remotas
para venir a concluir su benéfica carrera en los litorales de su de-
sagüe, confundido con los bellos montículos del San Juan\ •
Ese eslabón de sierras elevadas al principio , de cerros y monta-
ñas mas tarde, de colinas, collados, lomas y oteros al fin ^ es cono-
cido desde el paralelo de los 27*^ con el nombre de Cuchilla Grande^
de cuyas faldas manan los innumerables rios y arroyos que riegan
el suelo feraz de la República.
Revestida alternativamente de diversas formas, esa gran cuchi-
lla , es una creación bienhechora de la Providencia , no solo para
aumentar los atractivos de su mansión por la variedad de las pers-
pectivas , por la facilidad de contener y absorver en sus inflexiones
los efluvios que vagan en la atmósfera , como para servir de recep-
táculo á las numerosas fuentes que se escapan de su seno, llevando
la abundancia y la vida por todas partes.
Ofrecen un interés inagotable las diferentes formas de las faces,
ó aristas, que ella ostenta en determinadas zonas de su camino, al
lalo de la pintoresca miscelánea de sus selvas, del aspecto impo-
nente de los precipicios , de sus risueños valles y collados, de sus
ocultos veneros , que inspiran accidentalmente , alegres ó tristes
meditaciones.
De lo alto de ese grande eslabón de ele\'aciones , bajas y descar-
nadas en parte, agrias y prominentes en otras, sembradas de
rocas, ó pedrones graníticos, asombrados, cv-si siempre, de^
espesos arbustos en sus faldas y rodeados de una tierra negra,
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY ' 5
lijera y profunda , la vista sigue involuntariamente las sinuosida-
des flexibles de su giro, penetrando , hasta las abras y los valles que
se deslizan entre los cerros y colinas , para convertirse , en seguida,
en prados , vegas, y llanos, que ofrecen una graciosa y variada si-
metria , en la que se encuentran en perfecto acuerdo lo grandioso
con lo bello , lo pintoresco con lo fértil y lo ameno.
Yéense á sus flancos altas cimas de picos y montículos con faces
escarpadas y al parecer sinceladas , que proyectan atrevidamente
sus pirámides en el sombrío azul del firmamento, en tanto que otras
colinas se elevan insensiblemente para anudarse á lo lejos con otros
eslabones mas ásperos y elevados y formar diversos grupos promi-
nentes, áridos y desnudos muchos, vestidos otros, de verdes y
frondosas arboledas.
Embellecen ese panorama horizontes mas vastos que se renue-
van sin cesar en su largo trayecto, y en donde la perspectiva se
presenta unas veces , matizada con selvas y praderas , de entre las
cuales salen de la tierra cerros , picos y ;colinas , de que surgen lu-
ces y sombras con tal simetría de colores y de lineas, ligados con
tan afortunada combinación en medio de una bóveda celeste, serena
y templada , cual la que caracteriza la atmósfera de las márgenes
del Plata, y se verá que nada hay comparable aun suelo semejante
mas que el de la Italia ó de la Grecia.
En parajes diversos se observa que , desde el pié de esa sucesión
de alturas , se destacan infinitos mamelones , que aparecen despren-
didos y solitarios , como levantándose repentinamente del nivel de
la planicie cual pedestales artificiales formados por la naturaleza ,
con flancos casi perpendiculares é inaccesibles , rodeadas sus cimas
de un muro imponente de pedernales^ porphidos y quarzos que pare-
cen parodiar los merlones de un reducto , brindando con sus cum-
bres planas y regulares , para que el brazo del hombre las corone
con monumentos útiles é industriales , cuando alcance á los goces
« de una civilización mas aventajada.
Muchos de ellos , que parecen colocados con un objeto providen-
6 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
cial en la garganta, ó á la salida de casi todas las llanuras enclava-
das entre las cadenas montañosas que contornean en varias zonas
los limites del Estado, se muestran como evidentemente destinados
á defenderlas , ó protejerlas , indicando por su forma aislada y bi-
zarra que son una creación feliz de la naturaleza para dotar con ma-
yores atractivos é esa región preparada admirablemente para la
mansión de pueblos fuertes y opulentos.
Algunos de esos montículos , con cimas de un perímetro uni-
forme , oblongas las unas , cuadrangulares las otras , encerrando
con un muro imponente el plano nivelado de sus cumbres, presen-
tan en lo general faces redondeadas, suaves y accessibles, formando
sus faldas curvas regulares y armoniosas; en tanto que otras, sem-
bradas de rocas y de peñas desprendidas de sus cúspides por la ac-
ción impetuosa de los huracanes y borrascas , hacen inabordables
sus ásperas escarpas, vejetando entre sus escabrosas accidentes
grupos espesos de arbustos , árboles y flores , que entretejen sus ra-
majes, y ocultan los precipicios que cubren con sus sombras.
A los flancos de la arteria generatrix se deslizan otros eslabones
de colinas , que en algunas paralelos se abren gradualmente sobre
las llanuras , y en otros , apocan sus niveles , confundiéndose con
los valles y las vegas que improvisan entre sus ondulaciones al ter-
minar su variable giro en esas mismas planicies.
Otros ramales de colinas , en latitudes diversas , particularmente
en la faja mas central de las fronteras continentales , que sirven de
sólidas bases á montes y cerros mas elevados ó sombrios que las do-
minan majestuosamente, ó que se elevan en grupos redondeados, ó
iniguales , dando á ese paisage una tintura de fuerza y gravedad
que forma un contraste latente con las ciénagas y los esteros , ali-
mentados por los torrentes de aguas que descienden tranquilamente
á las planicies , cuando no se precipitan ruidosamente por entre ro-
cas y peñascos improvisando saltos y cascadas , esas colinas pro-
nunciándose en nuevos ramales secundarios, se transforman á lo
lejos en magnifícos anfiteatros encima de los cuales vuelven á levan-
tarse como promontorios avanzados otras cimas, que no son mas
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 7
que fragmentos aislados de Quevas series de ramificaciones , mas ó
menos elevadas y escabrosas , que dan origen á numerosos siste-
mas de irrigación , y á otros paisages enteramente nuevos , que se
extienden sobre el horizonte cual dameros de todos colores y que
sorprenden por su belleza y variedad.
En esos eslabonamientos de alturas , las colinas se abajan y se le-
vantan , circundando estrechas planicies que contornean las suaves
sinuosidades de sus faldas , ó que limitan dilatados valles, dejando
encima de sus crestas espacios llanos y ondulosos , que cubiertos
de una vejetacion nerviosa , descienden en caida lente y suave, ma-
nando de todas sus faces incontables hilos de agua que constituyen
mas lejos el lecho de un cauce flotable , orillado de arbolados , de
florestas y de plantas, que se arraigan, y crecen en las peñas, en los
barrancos y precipicios que accidentalmente forman sus riberas.
Trasladándose de esas planicies elevadas y llanas á otros eslabo-
nes de collados mas lejanos , divisanse en algunas zonas , y señala-
damente en las adyacentes á los litorales del Océano , algunos pai-
sajes de aspecto severo , duro y grave , originados por otras cadenas
de alturas que se muestran como ennegrecidas y sombrías sobre las
que descoUan cimas cónicas , ó truncadas , agrupadas las unas so-
bre las otras , y que mas risueñas y luminosas al acercarse á sus
faldas, se muestran cubiertas de céspedes de un bello verdor en que
indistintamente crecen montecillos de arbustos, y de plantas entre-
lazadas por vigorosas lianas que se trenzan entre los troncos y el
ramaje, entretejiendo una red impenetrable en el laberinto de una
vegetación variada y caprichosa.
Cuando desde el vértice de esos montículos se abrazan con la mi-
rada otros horizontes mas remotos , es frecuente encontrarse sor-
prendido con la novedad de nuevos espectáculos , en que aparecen
confundidos pequeños montes , valles y selvas , picos , prados y ma-
melones dominados algunos de rocas gigantescas , socabadas sus
faldas de barrancas sin fondo , ó de otros surcos con escarpas dul-
ces y suaves, por entre los cuales se precipitan con estrepito torren-
•
tes espumosos que calman la violencia de su curso al penetrar gra-
8 DESCRIPCIÓN GBOGRÍFICA DEL TERRITORIO
dualmente en las llanuras;; ó ya por canalizos de aguaa mansas y
transparentes que riegan las vegas y los llanos sembrados de bos-
ques y arboledas que parodian una perpetua guirnalda de ramajes
y de flores , ostentando las mas solemnes escenas de una naturaleza
grandiosa y solitaria.
Es una observación constante que se reproduce en los grandes
como en los pequeños accidentes de la naturaleza, — y de que la fí-
sica general ha sacado consecuencias felices , — que los sistemas
de elevaciones siguen gradualmente en el sentido longitudinal de
los territorios en que se encuentran. Esta observación es de una en-
tera aplicación á los eslabones de oteros, sierras y colinas que ha-
cen tan variada la estructura geográfica de la margen izquierda del
Plata; desde que es indudable, que esos encadenamientos de posi-
ciones culminantes conservan constantemente un paralelismo aproc-
simado al que lleva la cadena de los Andes , — donde existe el nú-
cleo de su origen, — dulcificando sucesivamente sus niveles en el
largo trayecto de tres mil millas geográficas hasta las bocas del
hermoso Uruguay. Entre este rio y el Océano, la Cxichüla Grande
mantiene en el complexo de su carrera la dirección general que trae
el Continente Meridional.
Mas suaves sus inflexiones á proporción que avanza á mayores
latitudes, esa cadena ha quitado á los paises que ocupan los estre-
mos de este Continente las condiciones ingratas de los suelos mon-
tañosos , sin despojarlos de los invalorables beneficios con que les
brinda una superficie lijeramente ondulada. La Cuchilla Grande
podría propiamente compararse con las ramificaciones de un árbol
frondoso , que en su desarrollo despide en todos sentidos ramas y
vastagos, mas ó menos robustos , mas débiles y febriles á medida
que se elevan del tronco generatriz. Asi también las cadenas montar
ñosas calman lentamente la acritud y altura de sus crestas, tan lue-
go como se aprocsiman á la barrara que les oponen las aguas del
Océano, de los Rios y los Lagos.
DE LA REPÚBLICA. ORIENTAL DEL URUGUAY 9
Ella por su estructura, por sus ramificaciones y sus giros, quie-
bra el poder de los vientos y debilita su inclemencia , contribu-
yendo á la templanza y salubridad del clima, al esplendor y pureza
de la atmosfera.
Muy digno de una seria observación es el caprichoso eslabona-
miento de las cadenas de altas colinas, que cobran muchas veces el
aspecto de ásperos montes, y que atraviesan el perímetro de la Re-
pública en direcciones divergentes dando orijen á los rios tributa-
rios del Uruguay, del Plata y de los grandes Lagos, cambiando, en
muchos respectos, las condiciones del suelo y del clima en las zonas
que ellas separan.
Resaltan en las tierras altas ó en los centros de los montes que
les sirven de base, llanadas mas, ó menos estensas, que represen-
tan corpulentas pirámides truncadas , de cuyas faces se escapan en
direcciones encontradas cursos de agua, cortejados de variedades
caprichosas, y también cadenas de montículos , que van arrojando
vertientes infinitas en el sentido de la inclinación de sus faldas.
Esas alti-Uanuras , como las que presenta el nexo de las grandes
cuchillas de Santa Ana y Santa Tecla, de Yapeyú y HaedOy reúnen
en un solo punto condiciones geográficas de un alto interés para la
ciencia, mostrando con su elevación sobre el nivel del Océano, que
son las situaciones mas culminantes de todas cuantas vierten aguas
á los rios que cruzan los territorios circunscriptos entre las márge-
nes del Océano, la riberas del Plata é Ibicuy ; conservando un mismo
plano, por dilatados espacios, en tanto, que otras de menores áreas
ofrecen caldas , mas ó menos precipitadas , encerrando las de ma-
yores dimensiones , pequeños valles y praderas , altos montes , al
lado de suaves colinas y collados y, no pocas veces, ásperas quebra-
das , y sierras escabrosas , pobladas de frondosas arboledas en sus
faldas , que surcan y riegan numerosas vertientes, que miden su
violencia por la pendiente de sus faces.
Superficies de esa variedad , cruzadas por tantas riberas , flota-
bles las unas, navegables las otras, en una larga estension, recuer-
dan al observador la espresion del sabio Pascdj repetida con fre-
C)
10 DESCRIPCIÓN GEOGRIFICA DEL TEBUITOUIO
cuencia , de que esos canales « son caminos que andan y una fuente
inagotable de ponenir y de riquezas para los paises que recorren."'
Es á la multitud y situación de los rios, que muchos pueblos de-
ben sus progresos y la fortuna de que gozan , atrayendo á sus már-
genes centros de población y de trabajo , que llevan en sí mismo gér-
menes de abundancia y de vida.
Sin perder aquella condición en el conjunto de su giro, ese sistema
presenta en determinadas zonas, ó fajas del territorio, bellas escep-
ciones, que sin alterarlo, contribuyen á la amenidad que obstenta
su alternada nivelacicm , y las encontradas corrientes de sus nume-
rosas fuentes.
j^l cruzar esa cadena los limites de la República por el paralelo
de los 31* 12\ despréndese otra mas fuerte, quizás , de cuantas re-
corren su territorio, y que forma por el mediodía sus lindes con el
Imperio vecino, hasta alcanzar las cabeceras del Cttflrew», en donde,
se fracciona en otros dos eslabones — el de Yapeyú y Haeda (1) —
que desaparecen en las márgenes del Uruguay ; el uno , en la con-
fluencia del Ibieui , y el otro , en la del Rio Negro , teniendo ambos
sus vertientes en parajes cercanos de esa misma cadena y minutos
antes de alcanzar aquel paralelo.
Los niveles de estos últimos ramales, descienden lentamente , á
medida que ellos penetran en opuestos sentidos hasta dividir las
corrientes de esos robustos afluentes , los mayores con que el Uru-
guay engrandece su cauce por los estremos de mediodia, y por. el
lado meridional.
' Esas alturas presentan en multitud de sus crestas anchos y am^
nos valles de un nivel sin accidentes , que se pierde repentinamente
al derramar por sus faldas orientales , las innumerables fuentes
que forman los multiplicados gajos en que encuentra su origen
el rio Cuñapirú en medio de vegas pintorescas en que dominan
tupidos bosques que amenizan las praderas que se ven ceñidas
fl) De 2800 « 2900 pie«, whve el nivel del Océano, según medidas barométricas pracU-
cadas en 1856.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 1 1
entre accidentes escabrosos y rápidos torrentes , por donde cruzan
esos mismos canales con estrepitosa Tclocidad.
De esos ramales de suaves niveles, vierte el primero numerosos
raudales en todos sentidos que nutren los fuertes cauces del Ibicuy
por el Norte , y del Cuareim por la faz opuesta , constituyendo la
superficie mas favorecida que encierra el Estado vecino para la
pastura y las labores agrícolas , hasta que confunde sus niveles
con las llanuras en donde afluye al Uruguay el imponente cauce
del primero de esos rios.
ÉldeHaedo, cruzando diagonalmente el largo trayecto de 2*
1/2 de latitud hasta el paralelo de 33* 20' , mana de sus faldas
occidentales ingentes hilos de agua , que constituyen otras grandes
arterias fluviales, que desde el Cuareim^ al Queguay^ engrandecen
el estenso lecho de aquel rio ; viéndose descollar en los alternados
movimientos de la superficie , bañada por sus infinitos tributarios,
bellos montes , altas colinas^ y collados de una variada y risueña
perspectiva; en tanto que de sus caldas orientales, mas imponen-
tes y elevadas , desciende otra red de irrigación que al principio
aumenta las aguas del Tacuarembó ; mientras que de la parte me-
ridional se organiza un nuevo sistema de corrientes divergentes,
que robustecen sucesivamente , con menores proporciones , las del
caudaloso Rio Negro.
Mas quebrada y de mayores accidentes , aquella Gran Cuchilla
llamada decanto And^ se transforma accidentalmente en monta-
ñosa I allá en el origen de esos caudalosos canales , participando
sus ramificaciones de la organización de sus cáidas, especialmente
en las que miran al dominio de la República , donde algunos de
sus ramales tienen el aspecto de verdaderas montañas.
En las faldas reversas de esa áspera sucesión de alturas, apa-
recen en contacto con las de aquellos rios , las fuentes del
cerrentoso Yaguaron , asomando en sus adyacencias las crestas
de elevados cerros , aislados muchos , que lo acompañan por las
del mediodía, costeando las riberas del Santa H/íaria^ que arroja» por
la cara opuesta ; en tanto que penetrando hacia el occidente des-
12 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TEBEITORIO
pide convergentemente otro tejido de corrientes, ondas y rápidas,
que constituyen los fuertes brazos del bello Tacuarembó ^ donde son
mas amenas las perspectivas de sus caprichosas aristas , y cuyos
raudales formando unidos otra grande arteria fluvial, se precipitan
casi en la perpendicular, sobre el cauce del Rio Negro á la altura
de los 32® 20* 60'', robusteciéndolo repentinamente, é imprimién-
dole una doble importancia, desde que alli empieza á mostrar su
condición flotable, y la posibilidad de una canalización precursora
de bienes invalorables.
§ 111.
Siguiendo su carrera en demanda de las márgenes del Plata, la
Cuchilla Grande va constituyendo progresivamente con sus derra-
mes los lechos de todas los afluentes del Rio Negro, por el occi-
dente , y el del Lago Merim por el cuadrante estremo , hasta des-
prender otro ramal, que se desvía en ángulo recto, para dirijir de
un lado sus manantiales á ese mismo rio, y por el otro, al hermoso
Yíy — el mas robusto y frondoso entre todos sus tributarios.
En el primero de esos sistemas de vertientes parciales, que re-
corren campos de dobleces menos sensibles, la fuerza y el número,
la variedad y el caudal de los cursos de agua, rio es todavia tan co-
pioso ni tan diversificado en sus giros, como los que en el segundo
sistema se concentran en direcciones volubles para formar el im-
ponente y bello canal del Cebollati, recipiente comim de ese potente
caudal de aguas , y el mas ameno por sus selvas y su canee de
cuantos tienen sus gérmenes en esas mismas alturas. Él nutre y
dá importancia al lecho del Lago, que merced á ese poderoso con-
curso > lo convierten en un manantial inagotable de prosperidad fu-
tura para esos feraces litorales, llamados á ser, mas tarde^ centros
activos de población y de industria.
Adyacentes alas faldas orientales de esa sucesión de elevaciones,
asoman sus crestas muchos cerrezuelos, representando, los unos,
DS LA BEPt^BUOA 0RISNTia4 DEL URUGUAY 13
conos, mas ó menos truncados; los otros, pirámides completas de
diversas dimensiones en sus bases, que constituyen parte de los in-
finitos ramales de colinas, mas ó menos escabrosas, que se inter-
nan hacia el mismo Lago, separando entre sí y aumentando, con
mayores contingentes los cursos de agua que afluyen en él.
Los niveles inclinados de esas mismas faldas, y la estension á
que ellas se dilatan, producen los multiplicados derrames, que dan
una velocidad remarcable á las corrientes de los rios, y que robus-
tece la confluencia progresiva de todos .
Por el paralelo de los 33® esa cadena cambia repentinamente su
camino y revuelve entre los radios del tercer cuadrante para buscar
las margenes del Uruguay, dotando en su variable giro con nume-
rosos tributarios á los rios Negro y Yi por el mediodía, al Santa
Lucia y San José por sus caldas meridionales, y al Uruguay, al fin,
en sus variadas é inesperadas sinuosidades hacia el occidente.
De un lado, como afluentes del Yí , riegan y cruzan terrenos lije-
ramente ondulados, cauces diversos, que por sus repentinas y ri-
sueñas vueltas muestran variables perspectivas, é imprimen á esa
bella zona condiciones geográficas de un mérito especial.
Por la parte boreal, presentan igual importancia los tributarios
de ese canal, tan reproducidos y variados, como lo es la propiedad
homogénea del suelo que fecundan con sus riegos, hasta que con-
funden sus corrientes con el caudaloso Rio Negro al que dan doble
importancia por su estension y flotabilidad.
Pero donde la profusión de los rios y arroyos imprime incompa-
rables atractivos á esa misma zona, es en el paralelo en que esos
ramales de alturas lanzan al es tremo meridional del territorio tan-
tos cursos de agua en direcciones encontradas, como lo son los
complicados eslabones de oteros y colinas que se desprenden de la
cadena originaria, manando de las faldas que miran al mediodía
copiosos raudales al Ato Negro^ que cobra en los últimos giros de su
carrera un aspecto doblemente magestuoso, con contrastes, y pers-
pectivas adornadas de rasgos sorprendentes y amenos, únicas quiza
14 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
que favorecidas por un clima tan feliz, ofrece la geográfia de la
América del Sud.
En sentido opuesto, brotan otros manantiales igualmoate nume-
rosos y fuertes, que cierran el largo catálago de los tributarios
de la mayor y mas vital arteria de cuentas fecundan este suelo
privilegiado que ha heredado su nombre.
Al empezar desde allí las margenes orientales del grande Estua**
rio con la concurrencia de tantos y tan valiosos afluentes, véesé to-
davía fortalecer sus magesüiosas corrientes, zurear y dar anima-
ción al mas rico litoral del territorio, í otros canales que ofrecen
amplias y cercanas vías fluviales, precusoras de un rápido desarro-
llo, y de una prosperidad creciente, y no lejana.
§ IV.
Pero antes de buscar las orillas del Plata, y al tocar el paralelo
del Cabo Santa Uaria embellece esa misma arteria á sus litorales
con otra cadena montañosa y áspera, que cubre la mayor superficie
de los Departamentos de Maldonado y Minas^ y despide ingentes
raudales al Santa Lucia por una de sus caras, y al Merin^ por la
opuesta; al mismo tiempo que vierte hacia el térmiao de la embo-
cadura del Gran Rio otros no menos copiosos que al descender á
ese recipiente, son detenidos en sus variables giros por impenetra-
bles barreras de aluvión, que los rechazan y obligan á concentrar
sus cauces en estensas ondonadas y llanuras conv^tidas en bellas
lagunas que lenta, é invisiblemente, filtran sus aguas por entse
las faldas de ese laberinto de montículos que jrevií^ten sus nw-
genes.
Ifas allá del Cabo^ esas mofttaftas, dan origen á otras muchas
aguas qneacwtaa su curso, á medida que calma la acritud de ras
niTeles y se acercan al término meridional del Lago^ en donde re»
pmtinamente vuelven á aparecer eon igual aspecto en U serranía
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL ÜRÜOCAY 15
áelSan Miguel^ que domina sus riberas, despidiendo hacia ellas,
cortos, pero profundos rios.
El postrer eslabón de esa cadena, cobrando un giro diametral-
menté opuesto, presenta prolongadas planicies y yalles deliciosos
por todas sus faces, enviando nuevas aguas al Plata, para formar
en seguida la península de Montevideo que atraviesa por el centro de
sus calles y sus plazas al ir á confundir los últimos perfiles de su
anfiteatro al lado de los viejos basticmes del fuerte de San Jasé !
Tales son los límites fisicos que las diversas lineas de altos nive-
les forman en la superficie de la Repúblca, creando un encadena-
miento tan variado, como lo es la línea del compartimiento de las
aguas, demostrable tan solo sobre su planta Topográfica.
A ser mas imponentes, y mayor la esfera que recorriesen, podrid
decirse, que ellas producirían distinciones remarcables entre los
pueblos que ocupan las diversas secciones de su territorio conside-
radas bajo el aspecto moral y político.
Ese influjo, sin embargo, es mas positivo en las condiciones del
clima, cuya diversidad es frecuentemente sensible en las tierras
que se encuentran en los flancos de esos sistemas de elevaciones
ejerciéndolo con mas evidencia en los trabajos de la industria agrí-
cola, cuyas producciones requieren, en lo común, la diversa ésposi-
cion de los suelos en los planos de la superficie.
Al tratarse de esos ramales culminantes, dificil es definir, como
lo dicen los geógrafos, el limite preciso que distingue á una mon-
taika de las otras alturas, conocidas por montículo^, colinas, mon-
tes, cerros etc. estando admitido, generalmente, que no deben me-
recer esa denominación sino aquellas que suban á 1500 ó 1600
pies sobre el nivel de sus bases.
Sin embargo ; en medio de vastas llanuras, ó de terrenos lije-
ramente ddi)lados , que representan , no obstante , un alto nivel so-
bre él del Océano , pueden parecer bastante importantes las que no
alcancen á esa medida para ser designadas como sierras 6 monta-
ñas, cual efectivamente lo son en el t^ritorio del Estado, los muí-
16 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
tiplicados eslabones de colinas , que lo atraviesen en sentidos di-
versos , conf udiendolas con las verdaderas montañas y que indis-
tintamente se encuentran en menores latitudes .
§ V.
Esos sistemas culminantes son dignos de la mayor atención des-
de que por su estructura y su fisonomía particular forman diversas
zonas ó regiones físicas , determinadas en su estension por la red
de vertientes generales que de ellos emanan , dotando á esa super-
ficie tan favorecida por la naturaleza y tan ventajosamente coloca-
da, c(m condiciones sobresalientes entre todas las que abraza la
zona templada déla América Meridional.
El curso de las aguas marcado por las alternativas de esos siste-
mas puede considerarse dividido en tres grandes vertientes genera-
les; al Océano al Plata y al Uruguay.
La primera que podremos llamar la región oriental ^ está com-
prendida entre el curso de la Cuchilla Grande desde el núcleo que
forma con la de Santa Ana^ algunos minutos al Sud del paralelo de
los 31^ de latitud, y las costas del Plata y del Océano ^ á partir del
meridiano de la ciudad de Maldonadoj en cuyas adyacencias y las
del cabo de Santa María^ concluyen los eslabones montañosos en
que ella se transforma, hasta los limites de la República por el N.
E., siguiéndolos, desde el Chuy por las costas del Lago y las del
Rio Yaguaronj hasta las fuentes del Azcgttá.
La constitución física en esa cadena de alturas, es en lo genial
granítico schistosa combinada con la mica y el guarzOj cuyas menas
estensas y profundas, se dilatan en todas direcciones asociadas de
tierras robustas y de una lujuriante vegetación; mostrando en parte
una composición química generalmente simple^ cuya naturaleza y
stratificacion marcan con evidencia la acción sedimentaria de las
aguas; sin embargo, de que en parajes diversos, esas rocas son cris-
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 17
talinas, ígneas también, raraa veces stratifícadas, afectando formas
macisas que presuppnen la existencia de minerales que han creado
los productos volcánicos. En esa larga cadena se encuentran depó-
sitos sedimentarios en formas horizontales, inclinados otras veces,
y colocados sobre las crestas de los montes, de modo que despier-
tan el pensamiento de la posibilidad de grandes perturbaciones que
han debido tener lugar en la distribución de las aguas en la super-
ficie de este Continente, cuando no pudieran ser la consecuencia de
antiguas erupciones Ígneas.
Esa zona, mas templada hacia el mediodía, y que tiene ciertas
afinidades con las regiones ecuatoriales, presenta en todas sus fa-
ces una esposicion general hacia el Oriente, tan ventajosa para los
frutos precoces en todas las estaciones, reuniendo la^ condiciones
necesarias para germinar las producciones de los paises templados,
y aclimatar las tropicales.
En las pendientes, como ea los valles, desde el San Luis al Ya-
guaran, particularmente en los mas hondos y abrigados del estremo
meridional de aquella cadena, progresan, juntas con la infinita va-
riedad de las plantas leguminosas, las diversas especies que compo-
nen la estensa familia de los cereales.
A su lado, los árboles frutales de especies distintas, como el ara-
zá y e\ divo, el naranjo, el dátil y el yaribá: el limonero, el nogal, el
higueron y el aimmdro, con tantos otros, que al par del pero, de los
apriscos y manzanos aumentan el catálago de la producción arbórea
deesa rica zona.
En ella son susceptibles de un fácil cultivo y aclimatación el al-
godón y el esparto, el cáñamo y el lino: la caña y la morera, en medio
de las estensas selvas de palmeras y yatahys que pueblan los litorales
del cabo, y que son le símbolo de climas cálidos y suelos vigoro-
sos, capaces de producir brevajes espirituosos y agradables.
En terrenos semejantes donde en la vejetacion nada se presenta
con un aspecto triste ó endeble, vivirían como en suelo nativo la
barrilla, la seda, la cera y la viña, de la cual cultivada con mas es-
3
18 DKtíCUirCION UEOGUÁFICA DEL TERJíITOlUO
mero y en mayor escala, Be obtendrii^n resultados albagables para
el cultivador^
En los bosques que acompañan las costas de los rios se encuentran
maderas útiles para construcciones sólidas y duraderas, tales coma
el taruman^ el laurel y el q^iebracho] el lapackillOy el $ocaráj el mtice
negro y elalixoy el ypée; y para otras menos permanentes, e\ ñanga-
piré y el giMyabOj el molU^ el gtiabiyú^ con muchos mas que
auxilianlos trabajos rurales. Esta misma vejetacion^ cuando goza
de esposiciones hacia el mediodia, según los caprichosos accidentes
del terreno, y que de cierto no influyen en su inclinación general^
se muestra mas fuerte y robusta en sus follages, mas lozana y dis*
puesta á cobrar cierto movimiento de nutación hacia la luz vivifi-
cante que se proyecta del lado boreal.
Entre los montes, como en los valles y sierras, se ven especie»
infinitas de arbustos y plantas aromáticas que embellecen esa re-
gión, la cual en cortos espacios, por las alternativas de su suelo, no
rehusa las plantas indígenas de todos los climas.
En los terrenos quebrados, que forman la parte meridional de
esa misma zona^ son ya conocidos en sus ocultos veneros, los már^
moles de colores variados, el hierro^ el plomo, y el azogue; el cobrCy
el estaño y el azufre, y también vetas de metales preciosos en pro^
porciones, que aun no es posible calcular, y que el genio del trabajo
aprovechará algún dia cuando convierta la desnudez y desamparo
de esos campos en paisages industriales y agricoles.
La segunda zona, ó sea la región litoral ó ribereña, que desde los
límites occidentales de la anterior está ceñida por las costas del Pía*
ta y el giro de la Cuchilla Grande hasta sus últimos eslabones en la
confluencia del Uruguay, forma otro sistema de vertientes genera-
les que descienden al mismo Estuario, mostrando en muchos respee>
ios algunas diferencias en sus condiciones fisicas y geológicas que
la hacen aparecer con ciertos caracteres especiales, apesar de su
contacto con aquella.
Colocada en mas altas latitudes, su temperatura es menos tem-
DE LA REPÚBLICA ORTEXTAL DEL URUGUAY 19
piada, mas variable y combatida por los vientos generales de los cua-
drantes del Sud, que acarrean las evaporaciones húmedas y densas
del Océano y del Plata, neutralizadas poderosamente en las estacio*
nes frias por los mas puros y secos del tercer cuadrante, que recor-
ren sin obstáculos las tierras menos ásperas y dobladas de esa zona,
recostada toda ella paralelamente á las costas de ese Rio en el com-
plexo de su longitud del naciente al ocaso.
Con una esposicion casi siempre meridional, su nivel asciende
lentamente hacia las masaltas de la parte central del territorio sin
que los variables accidentes de la supferficie dejen de ofrecer pen-
dientes de faces diversas que tampoco influyen en su inclinación
total, hasta que ella se homogénea con los puntos culminantes don-
de se origina el sistema de corrientes que la cubre en todas direc-
ciones.
En las alturas, como en los llanos, la condición geológica del
suelo muestra sobre su epidermis una composición esmerada de
tierras vegetales, vigorizada por los stratas y los limos, que en sus
ondulaciones y planicies d^ositanlas corrientes, combinadas con
variedad de capas arcillozas, poias ó menos compactas y profundas^
cruzadas en muchos lugares de peñascos y bancos dilatados del
gneiss y del giiarzo, ó ya conglomeradas con el syenito^ el porphido y
la mím, que, en diversos montículos y mamelones, descubren si-
gnos evidentes de una composición metalífera.
En ellos, se observa con frecuencia el schislo micáceo compuesto
del guarzo y de la mica que cobra insensiblemente las propiedades
del gneiss'j siendo también muy comuna en los litorales del Este,
las rocas cakareaSy de muchas variedades, tales como los calcáreos
saceharoideSf ó mármoles estatuarios cristalinos, generalmente blan-
cos y de colores apagados; también, los calcáreos compactos que
proveen de mármoles de adorno decolores variados, mas ó menos
vivos, según la acción que ejerce en ellos el oxido de hierro, 6 las
materias betuminosas.
De esas mismas rocas se extraen piedras Ulorjrdpcas de cxceloilto
20 DESCRIPCIÓN GEOaRAFICA DEL TERRITORIO
textura; siendo también conocidas entre las calcáreas, la dolomidj
que es un carbonato doble de magne$ia y de caí, muy aplicable para
la confección de este artículo.
En ese territorio, muchas de las producciones de temperamentos
cálidos como el olivo^ la morera^ el granado, el naranjo, el limonerOy se
dan con regularidad y algunas veces con profusión en esposiciones
abrigadas y resguardadas de los vientos del segundo y tercer cua-
drante, cercadas délas a/j^aJarcw que garanten los plantíos como va-
llados; siendo muy posible que fueran proficuos los resultados que
diera el cultivo de la cañay del arroz, del algodón, déla viña licorosa
y de otras plantas ecuatoriales, cuya aclimatación favorecería hasta
cierto puíito la temperatura y el suelo.
El catálogo de los productos de la región templada componen
las riquezas vegetales de la zona rivereña, en donde los cereales y
farináceos en general, produciéndose en proporciones precoces, se
cultivan en mayor escala y hacen de ella el verdadero granero de la
República.
En la vegetación arbórea, análoga á temperaturas semejantes,
cual Amanzano, el aprisco y el^ro en sus infinitas variedades: la
higuera y el guayabo al lado del espinillo del tala y de la cepa menos
espirituosa, la producción es abundante y vigorosa en los valles y
collados que forman los multiplicados accidentes de esa superfi-
cie. La vid de esa calidad se dá con gala en las colinas ásperas y
quebradas, asi como en los llanos, lomas y oteros.
§ VI
La tercera zona, ó sea la región occidental, comprendida por un
lado, en los giros de las cuchillas Grande y de Santa Ana] y del
otro, por las márgenes del magestuoso Uruguay y del Quaraím^
encierra en sus limites todas las ramificaciones del mayor sistema
de vertientes generales que babau el territorio de la Repáblioa y
((ue engrandecen el lecho de esa hermosa arteria fluvial.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 21
La estensa superficie que recorre ese sistema, y las diversas fiso-
nomías que presenta^ tanto en su temperatura como en sus tierras^
darían lugar para considerar, en el complexo de su organización,
dos regiones distintas circunscriptas en esos contornos.
Los accidentes de la naturaleza y las propiedades del suelo pare-*
cen señalar los lindes que debieran dividir en dos zonas separadas
la que llamamos región accidental, calificando la una con esta de-
nominación, y la otra con la de región central.
A pesar de que el álveo del Uruguay recibe sus mayores tributos
de las numerosas corrientes que componen el canal del Rio NegrOy
comprendido en los limites de sus vertientes generales, ellas, sin
embargo^ están deslindadas por una sucesión de elevaciones sobre
el nivel del Océano, que le imprimen caracteres especiales, consti-
tuyendo de suyo la faja mas central y mas alta del territorio.
La estructura general de esa superficie presenta en las alternati-
vas de sus valles , de sus dobleses y sierras , como en los contomos
mas boreales, una fisonomía que en sus aires y producciones se
acerca con mucho á las de las temperaturas tropicales. Apacible y
templada, es sin embargo, menos uniforme en las planicies altas y
en los llanos, que muchas veces en esos paralelos, se encuentran
sobre puestos los unos á los otros, transformándose en mas calida
y serena en los que se esconden entre los pliegues de los montes y
colinas , en donde pueden confundirse las producciones de la zona
tórrida con las de temperaturas mas bajas, ó mas benignas.
Csa misma producción, conforme á la elevación barométrica de
las tierras, es susceptible de sufrir infinitas modificaciones ; siendo
común que en la variedad de esos accidentes se eneuentren produc-
tos de distintos climas cercanos los unos á los otros .
El sistema de vertientes que desde la cadena de Haedo descien-
den hacia el Uruguay, constituyen propiamente la región occiden^
kdj con faces que encaran en lo general á esos cuadrantes, disfru-
tando en los mismos paralelos que la central de un temple atmosfé-
rico y de una constitución fisica muy semejante.
22 DESCRIPCIÓN GEOaRÁFIOA DEL TERRITORIO
La cuchilla de Hoida^ oon los eslabones que se desprenden de ella
hacia el Uru^ay, separando loa afluyentes que manan de sus fal-
das, se presenta en determinada estension con una organización fi-
sica en que las rocas simples y compuestas aparecen combinadas con
caracteres y proporciones distintas, ó con propiedades que mas se
inclinan a las unas ó á las otras.
En loa paralelos mas meridionales, se ven en la superficie y en
las profundidades del suelo, grandes bancos del guarzito asociados
en partes, con roco^ calcáreas, con minerales forreas , y también,
con las arcillas y las margas que representan el transito gradual á
las rocas compuestas.
En latitudes menores, ó sea, en los ramales que dividen las aguas -
de los rios que las depositan en el mismo Urtujuay y en el Negro^
se observan muchas fajas de una idéntica composición mecánica
con proporciones mas ó menos iguales, siendo comunes las rocas
granitoides , compuestas de minerales cristalizados , los porphidos
formados de una pasta compacta con cristales contemporáneos ,
las rocas arenáceas con fragmentos angulosos de conglomerado , ó
de otras rocas mas antiguas unidas entre si con mezclas capricho-
sas. Éntrelas graníticas, compuestas del guarzo, del foldspatho y
de la mica en estado de cristalización , se encuentran rocas porphi-
roidas con cristales de feldspatho, rocas traehy ticas de foldspatho vi-
troso , los dioritos compuestos de amphiboleo verde ^ 6 negro , los
bazaltos < y el schisto-micaceo , con otras distintas rocas análogas
por sus caracteres mineralógicos.
La producción arbórea de esa zona, es en lo general idéntica á
la de la región oriental^ bien que en aquella se observen algunas
particularidades , que marcan oon cierta especialidad sus propie-
dades fisicas.
En los límites continentales , se notan diversas clases de tunas
ó captus , capaces de producir la cochinilla en posiciones adecua-
das ; siendo muy frecuente encontrar el panal de la miel y de la
cera , que dan con profusión seis íi ocho clases de abejas , que
muestran distintos mecanismos en sus trabajos industriales.
DB LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 23
A esa altura , en las márgenes del Uruguay , y en las de sus
mayores afluentes , aparece alguna vez el algarrobo sacarino , de
cuyos frutos pueden destilarse licores y caldos agradables; sin que
sean estrañas en los montes de esos rios maderas de diversos tin-
tes, de una aplicación útil á los artefactos y estampados , como lo
serian otras distintas raices y plantas c[ue producen jugos de bellos
coloridos, entre las que sobresale el añil silvestre que se dá espon-
táneamente en los litorales del bajo Uruguay. También se encuen-
tran en los bosques mas espesos , árboles de cortezas y sumos
apropiados para estraerse la potazaen abundancia; asi como ,
gran número de plantas fibrosas , oriundas de climas cálidos á
propósito para los beneficios de la cabullería. Y aun hay muchas ,
que despiden gomas simples y aromáticas de varias calidades.
De la producion arbórea , como se ha dicho antes , pueden sa-
carse maderas útiles para diversas construcciones; y algunas, aun-
que pocas, para astilleros, ó arquitectura naval 9 imdependíente-
mente de otras maderas blancas , en gran número aplicables á ne-
cesidades rurales. En toda aquella faja , son aclimatables, con un
cultivo esmerado , y en esposiciones propias , el tabaco , el azafrán
el Índigo : el algodón , la azúcar , el arroz , y otras producciones va-
lorablesde temperaturas tropicales ; abundando también en las
grandes planicies gérmenes fecundos del m7ro, cual se encuentran
en las costas del Plata.
En presencia de un cuadro semejante, diriase con verdad, que
un pais tan profusamente preparado por tan variados sistemas de
una abundante irrigación , mostrando por todas sus faces un mo-
saico de vegetación galante y precoz, fecundado por un suelo meri-
dional robusto y vigoroso, y admirablemente dotado de todas las
condiciones necesarias para la generalidad de las producci(mes in-
dustriales mas valorables, ya exóticas, ó ya oriundas, de los climas
templados, un campo semejante, esplotado por brazos inteligentes
y en relación con sus progresivas exigencias, seria un jardin pre-
destinado por la Providencia para levantarse hasta el bello ideal
de la prosperidad y la fortuna.
CAPITULO II.
«
«17 SITIJACION «EOORAriCA, SUS lJm*BS« SU ESLTBWSIOIW^
SUS DmSUMVES TERRITORIAIJES.
§!•
El territorio de la República está comprendido t ^
Por las costas del Rio Uriujuay desde la embocadura del Ctiareím
hasta su confluencia en el Plata.
Por las márgenes Orientales de este gran Rio, hasta donde ella»
termiimn en el cabo Santa Maria.
Por las riberas del Océano^ hasta donde empieza la linea diviso-
ria con el Imperio del Brasil; y por la misma linea, desde su ori-
gen en el desagüe del Chwj en el Atlántico liasta su termino en las
costas del Uruguay.
Este Bio, que limita la República por el Occidente, entre los pa-
ralelos 30o 4' 20" y 340 28' 25' recorre bajando del mediodia,
una estensien de 240 millas Geográficas desde la embocadura del
mismo Cttareím hasta su unión con el Gran Paraná.
Las aguas del Plata, siguiendo las sinuosidades de sus márgenes
Orientales , Jas bañan por el tercer cuadrante en la distancia de
226 millas entre los meridianos de 53» 22' 5" ; y 57o 50' 35" , al
Occidente de Greenwich ( 1 ) .
Las riberas del Océano , por el segundo cuadrante, hasta la barra
del CAuj/., recorren el espacio de 80 millas entre los paralelos de
330 45' y 340 28' ; y los meridianos de 5o 9' y 53o 69'.
.(I) Este Meridiano será el circulo máximo á qiie referiremos todas las Longitudes.
4
26 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
Por el lado boreal, cierra el perímetro del Estado la Línea divi-
soria con el Brasil, que acompañando sus variados contornos,
abraza el espacio de 700 millas, próximamente, desde el Atlántico
hasta el Uruguay, entre los paralelos de 30® 5' y 33o 45', y los
Meridianos de 63« 25' 5'' y 57o 42' 25".
Esta linea según los tratados vigentes con el mis no Imperio lia
sido demarcada por las canales del Chuy^ desde el Océano hasta su
paso principal, que limita la frontera por el lado Oriental, conti-
nuando dividida en el espacio de 3 millas, por una línea recta que
termina en el paso real del San Miguel frente al fuerte del mismo
nombre, situado en su margen izquierda, y en el dominio de la Re-
pública.
Desde ese pasa prosiguen las divisas por ks costas wiéntáles del
mismo San Miguel hasta su confluencia en la Laguna Merinij cuya
márgenes occidentales las limitan por ese litoral, hasta encontrar
la embocadura del mismo Yaguaron.
Por la ribera meridional de este rio sigue la línea hacia el Me-
diodía hasta el desagüe del rio Yaguaron-chieo, cuyas aguas, y las
de su afluente La Mina^ la demarcan hasta sus cabeceras en la
Sierra de Azeguá .
Desde ellas parte o(ra //n^a recto señalando el limite de ambos
territorios hacia la confluencia del arroyo San Luis en el Rio Ne-
gro, desde donde prosigue por el centro de sus canales hasta la Isla
del mismo nombre.
De allí, tomando la direcrion del gajo, ó bañado, denominado
iel Norte hasta la distancia de 2,500 varas, continua por otra recta
de corta ostensión que finaliza en el gajo del Sud en el lugar en que
afluyen dos de sus principales vertientes, que descienden de las al-
turas de la cuchilla de Santa An^ siguiendo por el canee del mismo
gajo hasta su orijen en ella.
Desde ese lugar, la línea gira por los puntos mas culminantes de
aquella cuchilla aguas vertientes a uno y otro dominio, hasta en-
contrar la cadena de altos niveles conocida por cuchilla de Haedo^
que baja para el Sud, separándolos hasta hallar las fuentes del
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 27
gajo del CiuiraiM^ llamado Invernada^ cuyo canee sirve de divisa
hasta unirse con el de este Rio.
Las aguas del mismo Cuaraim en lodo su curso hacia el Uruguay,
forman por el Norte, la línea divisoria de ambos territorios.
En esos límües la República encierra una superficie de 63,332
millas Geográficas de 60 al grado; ó lo que es lo mismo, de 7036 8/6
leguas cuadradas, dividida en 13 Departamentos, ó secciones ter*
ritorialea*
Eu las costas del ITrugiiay*
Los Departamentos del Salto, Paisandú y Scriano.
Mn el Utoral 4el lilo 4e la Plata*
Los de Colonia y San José y Montevideo^ Canelones y Maldonado.
Bn sus límites Coutlneutales-
Los del Cerro-Largo y Tacuarembó.
Eli. el Iiiterler#
Los de Florida, Minas, Entre Yy, y Rio Negro.
Bajando del mediodía por las márgenes del Uruguay', se entra al
pasar las costas del Cuaraim, límite de la República con el Impe-
rio, en el territorio de la 1*' Sección de ese litoral, ó sea del
DEPARTAMENTO OEL SALTO.
£l está comprendido entre ese Rio, desde su. confluencia en el
Uruguay, hasta llegar al ya citado gajo denominado Invernada pró-
ximo á sus vertientes, cuyo curso desde la cuchilla de Haedo for^
man los límites de esta sección, por el Norte y N. E.
Por el Esta, el giro de la misma cuchilla, hasta que encuentra su
contacto con la del Daiman.
Por el Sud, el curso de este Rio hasta su desagüe en el Uruguay:
28 DESCIIIPCION GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
Y por el Oeste, cierran sus contornos, las márgenes del mismo
Uruguay, hasta la embocadura del Cuaraim.
Las divisas de este Departamento circunscriben una área de
8125 millas cuadradas, ó sean 902 leguas 2,800 cuadras cuadra*
das.
DEPARTMIENTO DE PAYSANDÚ.
Tiene por limites al Mediodía :
El curso del Rio Daiman, y la cuchilla del mismo nombre, hasta
su unión con la de Haeda^ que lo separa del anterior departamento.
Al Occidente, las márgenes del Uruguay hasta la confluencia del
Rio Negro.
Al extremo meridional , los canales del mismo basta el desagüe
del Sakipuedes.
Al Oriente, las costas de este arroyo y la cuchilla de HaedOr
hasta el núcleo que ella forma con la del Daiinan.
La superficie de esta sección, es de 7^360 millas cuadradas^
iguales á 817 leguas, mas 2,800 cuadras cuadradas.
EL 0£ SORIAIIO.
Esta limitado por las costas del Uruguay, hacia el tercer
cuadrante.
Hacia el cuarto, por las del Rio Negro, formando divisa con
el Departamento de Paysandú, hasta la confluencia del Arroyo^
Grande.
El curso de este, por el primero.
Y por el segundo, el del Sauce^ siguiendo desde sus vertientes los
contomos de la cuchilla que divide aguas al P/ato, al Uruguay y Ria
Negro ^ hasta encontrar las cabeceras del mismo Arroyo-^ande^
Este territorio tiene una superficie de 3,125 millas cuadradas^
ó bien 347 leguas y 800 cuadras cuadradas.
DE LA REPÚBLICA OBI£NTAL DEL URUGUAY 29
Eli el litoral del Klo de la Plata*
EL DE COLONIA.
La cireundan al Sud y S. O., las márgenes del Uruguay y del
Plata, desde la embocadura del Sance^ en el primero, hasta la de
Cufréen el último.
Al N. O., el curso total del mismo Sauce.
Al N. y N. E., las cuchillas de San Juan y Grande^ hasta
las vertientes del Cufré que separa su jurisdicción de la de
Sor rano.
Este último Rio, al Este, cierra el perimelro de este Dépaíta-
mentó.
Su éstension es de 1925 millas, ó lo que es lo mismo de 21S
leguas 3200 cuadras cuadradas (1).
EL DE SAN JOSÉ.
Tiene por límites hacia la parte meridional, las márgenes del
rio de este nombre, comprendidas entre la confluencia del de
Sania Lucia y Cufré ^ que lo dividen del de la Colonia.
Al Oriente , los canales del mismo Santa Luda aguas arriba,
desde su desagüe basta el del arroyo La Virgen: el curso de este y
el giro de la Cuchilla de Pintado hasta eslabonarse con la Grande :
las costas del Maciel^ finalmente hasta su embocadura en el Yy.
Al medio-dia, las riberas de este rio, aguas abajo hasta la em-
bocadura del Arroyo Grande.
Al Occidente, los cursos encontrados de este canal, aguas arriba
y el Cufri^ aguas abajo, hasta su barra en A Plata.,
(1) No obstante que esté departamento abraza gran iMurte de las costas del Rio de la
Plata desde Martin Garda basta la eonflneacia del «Cnllré», una corta ostensión de sa
territorio es adyacente, al litoral del Uruguay, desde la emboeadura del « Sauce »basla
la misma Isla, cuya situación es considerada como el eslremo de la embocadura de!
mismo Rio.
30 DESCRIPCIÓN GEOGRlFICA DEL TEBRITORIO
La área de esta sección asciende á 3890 millas geogáficas, ó sean
432 leguas, 800 cuadras cuadradas.
EL DE mmvioEO.
Está comprendido por las costas de este Estatuario, desde la
barra del Santa Lucia y del Toledo j hacia el Sud.
Por el curso de este canal, hasta sus vertientes en la Cuebilla
Grande, al Este.
Al Norte, por el arroyo de las PiedraSj hasta su desagüe en
Santa Lucia.
Al Oeste, por las márgenes de este rio, que son su divisa con el
de San José.
La superficie de este departamento, consta de 225 millas, ó bien
de 25 leguas cuadradas.
EL OfiCMELMES.
Tiene por lindes, hacia el tercer cuadrante, las márgenes del
Plata j comprendidas entre los desagües del Solis Grande y del 7b-
ledo.
El mismo SoliSy por el segundo, aguas arriba, hasta sus cabece-
ras en la Cuchilla Grande.
Por el primer cuadrante, el arroyo Begiga^ aguas abajo, hasta su
desagüe en Sania Lucla^ continuando por sus canales á concluir en
la confluencia del de Piedras.
Cierra su perímetro, por el cuarto, el curso de este arroyo, y el
de Toledo y que lo separa del departamento de Montevideo.
Su extensión superficial, es de 1600 millas, ó sean 179 leguas
y 3200 cuadras.
EL BE WILDOIAOO.
Lo circundan ks márgenes del Plata por el lado meridional,
desde la confluencia de Solis hasta el cabo de Santa Marías y las del
Océano, en seguida, bástala embocadura del Chuy.
DE LA REPÚIBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 31
Por el Oriente, el curso de este arroyo y la linea recta que cruza
desde su paso principal al de San Miguel^ continuando por la mar-
gen derecha hasta su desagüe en la Laguna Merim\ y por las costas
Occidentales de ella, hasta el del Rio Cebollati.
Por erMed: odia, este mismo rio, y los canales del Aigvd y A//e-
rez aguas arriba, hasta sus vertientes en la Sierra de Carapé^ con-
tinuando por el giro de ella y el de la CuchiUa Grande^ hasta en-
contrar las de Solis.
Por el Occidente, el curso de este hasta su confluencia en el Plataj
formando divisa con el Departamento de Canelones, como lo forma
también esa parte de la Cuchilla Grande hasta las cabeceras del
Begiga.
Esta sección del territorio contiene una área de 5150 millas, ó
bien de 572 leguas, 800 cuadras cuadradas.
En liM limites eestiserntaies del Brasil*
EL DEPIMTUIEIITO DE CEURO UR80.
Está limitado hacia el Oriente, por las costas occidentales de la
Laguna Merim^ desde la barra del Cebollati á la del Yaguaron que
forma la línea divisoria con el Imperio, para esta parte.
Al Mediodía, por este mismo rio; y mas arriba, por las aguas
del Yaguaron chico ^ con las de la Mina^ continuando por la linea
recta que empieza en sus vertientes y termina en la confluencia del
San Luis en el Ato NegrOy separando el dominio de ambos territo-
rios.
Al Occidente, por el curso de este rio hasta el desagüe^ del Cor--
dovez.
Y por el lado Meridional, cierra sus contornos, el curso total de
este último canal, el del Olimary en seguida, y el canee del Cebollatíi
hasta su confluencia en el LagOy por donde lo divide el Departa-
mento de Maldonadú.
La área que abrazan estas divisas, es de 7533 millas, iguala
837 leguas cuadradas.
32 DESCRIPriON GEOGRÁFICA DEL TERUITORIO
EL DE TJICUMEmO.
Por el Sud y Este, las costas del Rio Negro j aguas abajo, desde
la embocadura del San LuU hasta la del SakipuedeSj que lo separan
del Departamento de Cerro-Largo^ al Oriente, y con el de Entre Ky
j Rio Negro j por el lado Meridional.
Por el O. y N. O., el curso de este arroyo, y «1 giro.de la Cii-
chilla 4Íe Baedo^ hasta su unión con la de Santa Anaj que lo limita
con los Departamentos de Pay sonda y Salto.
Por el N. y N. O., la linea divisoria con el Brasil, que se
dirije á las cabeceras del San Luis por las crestas de la misma
cuchilla de Santa Ana, aguas vertientes á uno y otro dominio.
La extensión de su territorio es de 10,450 millas, ó de 1161
leguas 400 cuadras cuadradas.
En el Interior del terrlt#rl#»
£L iPMTMKIIfO DE U AWUL
Tiene por lindes, hacia el oriente, las costas del Santa Lucia^
«desde la confluencia del San José^ aguas arriba, hasta la de la
Virgen. La cuchilla de Pintado en seguida, y el curso de Maciel
hasta su desagüe en el Yy, que son sus limites, por ese cuadrante,
con d Departamento de San José.
Por el Mediodía, el curso del Yy^ desde la barra áú mismo
Maciel j aguas arriba, demarcando hasta sus vertientes la divisa de
ese Departamento con el de Entre Yy y Rio Negro.
Por el Occidente, la Cuchilla Grande^ y el arroyo Campa hasta
su confluencia en Santa Lucia.
Y por la parte meridional, este mismo rio cierra su perímetro^
aguas abajo, hasta volver á encontrar las del San José^ que afluyen
en él.
La superficie de esta Sección es de 4102 millas cuadradas, ó
bien de 455 leguas y 2800 cuadras cuadradas.
DE LA REPÚBLICA OIIIEXTAL DEL URUGUAY 33
EL DE ilNAS.
Estádividido al Norte, por el curso del rio Olitnar hasta sus
fuentes en la Cuchilla Grande^ donde empieza la jurisdicción del
Departamento del Cerro Largo,
Al Este, por los canales del Cebollali^ Ayguú y Alférez que lo se-
paran á la \exj del de Maldotmde.
Por el Sud, el giro de la cuchilla de Carapd y las aguas del Be-
giga^ que forman, la 1* el limite con el mismo Departamento por
ese cuadrante, y el 2® con el de Canelones,
- Por el Oeste, la Cuchilla Grande, hasta las vertientes del Casupá
continuando por sus canales y los de Santa Lucías aguas abajo ,
hasta la barra del Begiga^ que son las divisas por ese cuadrante del
de la Florida y Canelones.
I^ área comprendida en esos límites es de 4987 millas geográfi-
.cas, ó bien, de 554 leguas y 400 cuadras cuadradas-
EI de Bnire Yy y Rl# li'egr#.
Son sus lindes por el lado Meridional, el Rio Yy en todo su curso
ilesde sus cabeceras hasta su confluencia en el Rio Negro, que lo
dividen de los territorios de la Florida y San José,
Por el opuesto, los canales de este Rió, hasta que Hega al desa-
gite del CordoveZy que forma la divisa con los Departamentos de
Tacuarembó y Paysandáy por la parte boreal .
Por el Oriente, el curso del mismo Cordovez, desde sus fuentes
enlacwcAí//fl Grande hasta su embocadura en el Rio Negro, por
donde es lindero con el de Cerro-Largo ,
Entre esos contornos hay una superficie de 4850 millas, ó sean
Ó38 leguas, mas 3200 cuadras cuadradas.
CAPITULO III.
LITORAIiBS DBIi ALTO UBVfiVAY.
msTAM'WAmxs'wañ del salto t patsandús topocrasia be esos
TEBBITOEIOS i SUS PROBUCCIONES T SUS TIEEKAS t
SISTEHAS BE ELE¥AC10MBSt SUS CEBIIOS, SUS ElOS T SUS PUEBLOS.
§^
Tomando como punto de partida el estremo occidental de las
Fronteras continentales, se entra desde luego en el fecundo territo-
rio del Departamento del Salto llamado á cobrar un rápido desasr
rollo por el gran canal que lo separa al Occidente de la Confede-
ración Argentina, y lo liga á las posesiones Brasileras situadas ^n^
el alto Uruguay. Sus rios interiores le deparan vehículos felices,,
que serán otras tantas vías fluviales, que aunientaran su industria
y su comercio favorecidos por la feracidad de su suelo y por los
veneros naturales inexplotados en él.
El rio Cnaraim descendiendo de los mas' altos' niveles de la Re-
pública, allá en la unión de las tres grandes cuchillas de Yapeyú^
Santa Ana y Haedo, situada en 30*46'50" de latitud y en los 60^66'
35" de longitud (1) recorre al principio por campos fragosos al.
originarse sus primeros derrames en ese paralelo, regando una es-
tension de 1 60 millas, medidas por las variadas sinuosidades de sus.
riberas.
Las planicies que surcan sus primeros afluentes con alternativas
insensibles en sus niveles, cambian repentinamente ai acercarse á
(I) £1 nudeo de esos eslabones de colinas, se encuentran por medidas barométricas, 4
2848 pies; sobre el nivel del Océano.
36 DEáCUIPCION GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
los bordes de sus lechos, presentando ondonadas profundas, ceñidas
entre escabrosos y elevados barrancos, en cuyas laderas crecen den-
sos y tupidos bosques cuyas copas no alcanzan á dominar las ci-
mas de esos altos despeñaderos, pcultando las galas de su vegeta-
ción al que no desciende á gozar de los pequeños prados, que enite
esos farallones imponentes forman los arroyuelos y canalizos en
que cajprichosamente dividen su curso, improvisando cascadas y
saltos de una amena variedad.
Desde la separación de las dos cadenas de Belén y Haedoy los tri-
butarios de ese rio van siendo mas fuertes y caudalosos, en relación
con el origen, mas ó menos remoto de sus fuentes. De alli se des-
prenden las de los ríos Sepulturas y Catahn y sus diversos gajos; las
del Pintado j Tres Cruces^ Cuaró y Yucutujá, que se precipitan en
ondos y escabrosos surcos abiertos en tierras de una vegetación vi-
gorosa, en donde la^robustez^ de la producción, y la condición de
los suelos laborables mejoran visiblepaente á medida que esos ca-
nales se acercan al recipiente común. Alli sus propios cauces, mas
amplios y esplayados, salvan muchas veces las barreras que los
estrechan para regar los valles y esteros^n las épocas de sus creces,
presentando la bella perspectiva de campos muchas veces abiertos,
niatizados con espesos y altos pastizales, y sembrados por risueñas
istetas, que como otros tantos Otm^, convidan al viajero á gozar
de su frescura y de sus variados frutos á la sombra de palmeras y
yatahys y de otras arboledas vii^enes, donde abundan maderas
adecuadas á diversas construcciones.
A medida que los caaales de este rio, bajan á confundir sus aguas
con las del majestuoso Uruguay j sus afluentes meridionales toman
mayores proporciones, como los de aquellos que vienen de los do-
minios del Imperio,, por la margen opuesta.
La gran cuchilla de Bekn con condiciones idénticas á la de Hae-
(loy derrama numerosos rios y arroyos hacia uno y otro de sus
flancos, vertiendo por los cuadrantes delSud los canales del pinto-
resco Arapey.
Esa cuchilla girando hacia el ocaso, desde su separación de la
DB LA REPÚBLICA ORIEJÍTAL DEL URUGUAY 37
cadena principal, desprende mas tarde, — allá por el paralelo de
los 3 1 <> 1 r de latitud y en contacto con la prolongación del meri-
diano de Montevideo — otro canal gecundario que recibe bu nom-
bre del fondoso Ctiaróy en cuya unión con el Rio Tres Cruces^ se
uniforman sus niveles con Iob de las fértiles planicies que riegan
sus aguas.
Es muy notable en la topografía de esos territorios k' variedad
caprichosa de la superficie por donde cruean con sinuosidades pin-
torescas, adornadas con frondosas y elevadas selvas , mayor-
mente cuando se observa que esos dos canales de igual fuerza y
magnitud, corriendo casi paralelamente y á corta distancia desde
su origen, unan ambos sus aguas momentos antes de encontrar las
del Ctwreím, adonde lentamente, en un extenso lecho, confunden su
confluencia ocultándola entre tupidos bosques que descubren en éu
centro prados solitarios, como sumerjidos entre last ondas de una
vegetación perfumada y vigorosa.
A corta distancia de la confluencia del Pintado, al lado del pasa
de aquel rio, llamado deBaptista, la reunión de algunos habitan--
tes atraidos por el activo tráfico que se mantiene por medio de ese
vehiculo con la Provincia vecina, en contacto con multitud de es^
tablecimientos valiosos de agricultura y ganadería, han levantado
un nuevo pueblo que adelanta bajo auspicios felices, al lado del
gran canal que le dá su nombre, y que le facilita una comunica-
ción ventajosa con los centros de población de -4 ferrete y Sante
Ana, de Uruguay ana y San Diego, que progresan con la rapidez con
que se desenvuelve esa industria y con la que cobran cada dia las
sementeras de farináceos que se cultivan en grande escala en deter-
minadas zonas de esos territ(»*ios .
Esa naciente poblaci<Hi, como todas Las. que se encuentran, 6
puedan buscar un asiento, en los limites de la República, está ña-
mada á tomar proporciones incalculables atrayendo á si brazos y
trabajo, con el incentivo que les promete el desarrollo progresivo
del comercio, la facilidad de sus comunicaciones con los mercados
vecinos, k aglomeración de valorables capitales, al par de los pin-
38 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERUITORIO
gues frutos de esas ricas eomafeas regadas por taatos rios cauda-
losos.
El pueblo del Guareim^ situado en el paralela de ¿0^ 16' 10'' de
Latitud Sud, y eu el meridiano de 56o 35' 20", puede contar hoy
con 800 á 900 habitantes, próximamente, inclusos los agricultores
que trabajan las tierras de su egido, en doade se cosechan los fari-
náceos, con otras plantas alimenticias, y de climas toopieales que
le bastan para su consumo interno, y que dejan un leve supera-
bundante paca proveer á las pd)laQÍones cercanas.
Cuenta ya en su smo.Q(m escuelas de ambos sexos, con un pe-
queño templo, y con la administración económica y judicial, reía*
ti va á su reciente pd>lacion.
Siguiendo las aeguas del Cuareiin en su rápido descenso hacia el
Poniente, no pueden pasar inapercibidas las notables inflexiones y
sinuosidades que hacen en su giro las cadenas de elevaciones, que
dan vida á todos sus afluentes, por la margen meridional.
Al separarse la cuchilla de Belén de la de HaedOf desprende a
corta distancia, otra sucesión de alturas, que mas lejos se com-
parte en dos ramales elevados , que van á desaparecer, el uno ,
en las costas del Uruguay al lado del desagüe de aquel rio, arro-
jando hacia el mediodia diversas vertientes que* robustecen su cauce;
y el otro, en sentido paralelo al que lleva el curso del Cuareim
que desvía sus derrames de la dirección general que traen desde sus
cabeceras y que acaba en la confluencia de los rios Tres Cruces y
Ctuiró.
Esas mismas vertientes que se escapan con violencia de sus fal-
das septentrionales, escarpadas y escabrosas conservan la misma
velocidad hasta qtie se vacían en el gran canal que las absorve.
La dirección que hacia el N. O. lleva ese ramal de altos cerros y
colinas obliga al cauce del rio á dar un giro violento, cambiando
repentinamente de dirección hasta encontrar otra cadena de áspe-
ras montañas, que descienden al occidente desde el territorio limi-
trofo, y que lo repelen á su vez, haciéndolo revolver en dirección
austral, hasta cobrar la que traía primitivamente.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 39
Véesé que los afluentes del Gtiarein^ desde la confluencia del
Ctiarój son emanados de la sucesión de elevaciones en que ese rio
recibe sus vertientes, haciendo que su extensión sea succesiva-
mente menor, á medida que su giro se aproxima á las márgenes
del Uruguay.
En ellos, como en las tierras adyacentes, la vegetación y la
pastura aumentan de vigor y lozanía mejorando vbiblemente el
cultivo de los cereales y el de las plantas leguminosas, á la
vez, que admira y deleí^ la frondosidad y robustez de las selvas
que tapizan los bordes de los canales, y amenizan las praderas y
los valles que se descubren entre los pliegues de las colinas que los
rodean, y aun entre los contornos de sus caprichosas sinuosidades.
II.
Las llanuras que después de pasada la región montañosa, se pre-
sentan mas allá de las costas occidentales del Ctuiró hasta el Uru-
guay y cambian en muchos respectos lá fisonomía de esos territorios
ofreciendo bellas y variadas perspectivas que aumentan los conti-
nuos prados que acompañan las márgenes amenas del Cuarem^
cuyo cauce recibe sticcesivamente mayor amplitud encajonado
por elevadas escarpas, vestidas de espesas arboledas, que cu-
bren muchas veces las corrientes de las aguas, en las épocas délas
mayores avulsiones.
Mas extensas las llanuras y lomadas donde empieza ya a cal-
mar el nivel de esas tierras, pierden succesivamente sus inflexiones
y la multiplicidad de los derrames que son inseparables de los
suelos, mas ó menos doblados, á medida que buscan aquel mismo
recipiente.
En el seno, que al derramar el Cuareim sus aguas, forman
ambas riberas, desaparecen esas ondulaciones, que se convierten
en planicies uniformes, interrumpidas algunas veces por extensas
lomadas, que no impiden se esparramen á largas distancias en la
40 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
época (le las desbordacioñes, imprimiendo á las tierras nuevo vi-
gor, y á las plantas y los bosques una galante vegetación , que
en esta barra como en otras menos imponentes, se dilatan y crecen
cual un cerrado y obscuro velo, salpicado de tintes y colores, que
harian difícil descrivir la amenidad de su conjunto.
A medida que la amplitud de los canales cobra mayor espacio,
las corrientes se dividen en diversas rias y arroyuelos que debili-
tan su fuerza y regularidad, creando en los ángulos de divergencia
isletas, bancos, y bajos fondos que disminuyen la sonda y la uni-
formidad del cauce.
Alli empieza esa variedad de pequeñas penínsulas, istmos y
estrechos, que improvisan las aguas en sus crecientes, y que
para buscarse salida invaden los terrenos firmes en los parages en
que las riberas dominan débilmente el lecho, penetrando en sinuo-
sos canales por entre bosques que aislan en grupos caprichosos y
dan á la superficie adyacente formas y variedades infinitas que de-
saparecen cuando vuelven á su estado normal, ó recobran su asiento
primitivo.
La sucesión montañosa va perdiendo su acritud y la irregulari-
dad de sus aristas, muchas veces ingratas, risueñas otras, impo-
nentes con frecuencia, á medida que disminuyen sus derrames,
y son mas depresivos los niveles, perdiendo también su dominio
sobre las vegas, los prados y los valles.
En la unión de esas corrientes, la imponente extensión de las
aguas, que. no es menor de 2500 pies, presentan el aspecto de un
tranquilo lago, sembrado de hermosas islas de variables dimen-
siones, que parecen cobrar mayores proporciones, a medida que
los canales del Uruguay abren mayores espacios en los bajos ni-
veles de los dos litorales que ellos separan.
£1 de la Provincia de Corrientes, que aparece alli con vistas
mas monótonas, pero no menos imponentes por la elevación de
sus escarpadas riberas y de los densos y obscuros bosques que
te levantan en ella, muestra á la distancia un suelo menos ondu-
lado y de planicies mas extensas, surcadas, de cuando en cuando,
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 41
por algunos cursos de agua, que como el Miriñay^ el Tímboy y
Mocoretáj corren lentamente, contribuyendo con el contingente de
sus cauces á robustecer el del hermoso canal á que todos afluyen .
Hacia el lado boreal de los dos rios de encontrados desagües —
el Miríñay y el Cuareim (I) y en contacto con el del último, se le-
vantan al frente, el uno del otro, dos nacientes pueblos, que em-
piezan su desarrollo en medio délos atractivos de esa arteria llena
de vida que les alhaga con tantas esperanzas.
Coceros en la margen derecha, y Santa Rosa en la opuesta, fun-
dado este, por una ley especial en ese extremo de los limites de
la República, en relacipn directa con los pueblos y plazas comer-
ciales del alto Uruguay, dominando de un lado, las posesiones del
Imperio, y del otro, los territorios de la Confederación, está lla-
mado á ser uno de los centros mas activos del movimiento mer-
cantil de esas vastas comarcas.
Las valorables producciones de las antiguas misiones Orienta-
les del Uruguay y las de los campos comprendidos entre los rios
Cuareim é Ybicuyj que limitan la faja mas favorecida, que para
la pastura, posee la Provincia vecina en lo alto de ese rio , ocu-
pada con fuertes establecimientos de ganadería y en contacto por
sus canales con los aventajados pueblos de San Borja, Urtiguayana
j AkgretCj en cuyos radios municipales se cultivan en altas pro-
porciones^ sementeras de farináceos, de plantas leguminosas, y
de una profusa variedad de hortalizas y arboledas de frutos pri-
vilegiados; esos productos, después de satisfacer el consumo in-
terno, ¿escienuen por rutas fáciles y naturales á buscar su expen-
dio en la coneurencia de los mercados del bajo litoral, encontrando
como primera escala, y como Aduana de depósitos, ese núcleo de
población que empieza á levantar sus cimientos, alhagada de
su afortunada situación, de la feracidad seductora de sus campos
y de sus valorables condiciones geológicas, que serán incentivos
<1) La confluencia del Caareim en el Uragsay está en los 30o 4' \y* de latitud austral j
en los 5T« 42* 05" de longitud Occidental de Greenwich.
42 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TEURITORIO
poderosos para atraerle población y comercio, capitales é industria.
Véensé en una traza adyacente al rio, diseminadas en ellos,
como 40 ó ¿O habitaciones, aisladas en lo general, que compren--
didas las de los labradores de su egido, contendiráii una población,
pobre todavia, de 250 á 300 habitantes.
Ese egido, y su deheza, están inscriptos en el extenso seno que
forma la embocadura del Cuareim dotado de un suelo privilegiado
humedecido periódicamente por las debordaciones de ambos rios,
siempre fecundas y tranquilas.
A una situación semejante, deben sus rápidos progresos, las
poblaciones de la Cojicordiá^ Restauraciún y Salto^ adonde afluyen
los brazos y capitales, que emigran de las tierras y de los pueblos
que no participan de esas ventajas^ y en los cuales asoma yá el
cultivo de diversos ramos de industria, no esplotados hasta ahora^
que concurren ásus notables adelantos.
§H1.
Descendiendo por las márgenes del Uruguay, cuyas corrientes
empiezan á estrechar desde allí los ramales de colinas, machas de
ellas con cimas áridas y rocallosas, pero de contornos suaves en
lo general^ que desde las cabeceras del Cuareim y Arapc^y bajan
calmando sus niveles, y dividiéndose succesivamente en otros bra*
zos secundarios, que hacen mas doblados los campos adyacentes,
se observa que las inflexiones que ellas han creado en el fondo del
rio, impelen á las aguas á giros y sinuosidades violentas , que
desaparecen y vuelven á pronunciarse muy luego, causando con
esas alternativas una variación no taUe en la sonda, y la formación
de bancos y baxios que embarazan la navegación.
Esos obstáculos, mas visibles entre las confluencias de aquellos
rios, muestran en sí mismos la posibilidad de una canalización
poco onerosa, cuando la industria y la población representen
mayores bienes 6 alcancen mas altas proporciones.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 43
Las ensenadas y vueltas del curso de los canales, disminuyen á
medida que en su descenso van cruzando por tierras menos do-
bladas, y que las aguas pueden dominar sus barreras dilatán-
dose sobre las planicies contiguas, ó por los terrenos bajos que
acompañan, en lo general, las confluencias de otras corrientes.
Encu^itrase en la margen del Uruguay, y antes de llegar al desa-
güe del rio Ar^/srey, al lado del Yaeuij^ abandonado y solitario, el
bello reciato que ocupó en otro tiempo el antiguo pueblo de
Belén (1) tan tradicional en los recuerdos históricos de este país.
Algunas pobres chozas enseñan al viagero el lugar en que se
enseñoreaba sobre las aguas de ese gran rio adonde termina la ex-
tensa cadena de puntos culminantes^ que ha conservado su nombre,
y en la que tienen sus fuentes algunos de los mayores canales que
riegan aquella zona.
El Arapet/y uno de los mas- robustos, recibe numerosos derrames
de aquel ramal de elevaciones por su margen derecha, figurando en-
tre los mas caudalosos el Arapey-chico con otros menores afluentes;
á la vez, que poi^la opuesta, vierten de las colinas de HaedOy diver-
sos cursos de agua de igual y mayor estension, que como los Matar
OJOS el Sopas el Arerunguáy aumentan sucesivamente sus aguas, al
par que otros infinitos tributarios, imprimen por su número un as-
pecto imponente al cauce principal, redoblan la velocidad de sus
corrientes, y ensanchan la amplitud de su lecho, presentando la
estructura de sus márgenes, condiciones idénticas á las del río
Cuaraim.
El Arapey recibiendo sus^ primeros y mas fuertes derrames
del núcleo que forman aquellas dos cadenas de elevaciones, y que
enriquece con mas profusión la de Haedo en su descenso á la parte
meridional, recorre una superficie de 140 millas, próximamente,
hasta su desagüe en el Uruguay (2) .
0) Situado en los 80® 42' 10" de laülud S. y en los 57©^ 50' 15" de longitud Occi-
dental.
{2) En el paralelo de los 30« 52' 10" y en el meridiano de 57« 52' 25" de longitud Occi*
dental.
4i DESCRIPCIÓN GEOGRIfICA DEL TERRITORIO
Surcando ese rio por territorios mas ondulados y ásperos que
los que siguen al mediodia, sus innumerables vertientes, rápidas
y sinuosas, como es la infinita variedad de los planos alternados
de un suelo que por instantes renueva la novedad de las perspec-
tivas, tanto eñ las crestas de sus colinas como en los valles y pra-
dos que por todos lados acompañan los torrentes de agua, son mas
tranquilas y mansas en su descenso, á medida que se aproximan
al lecho que las recibe.
Otros eslabones de alturas^ que desde la cuchilla de HaedOj se
destacan hacia las márgenes del Arapey, formados y contorneados
en sus planos y aristas por las corrientes de las aguas que despi-
den diversos llanos culminantes que dominan el complexo de ese
encadenamiento y que disminuye lentamente sus niveles en su ca-
mino hacia el Ocaso, ofrecen mesclados, en ese incomparable pa-
norama, altos cerros, monticulos y colinas, por cuyas faldas ser-
pentean canalizos y arroyuelos, que se precipitan á las planicies
formando ruidosas cascadas, y vigorizando la galante vegetación
de los bosques que sombrean sus contornos, dando á sus tierras
una composición vigorosa y toda arable.
I^s márgenes del Arapey con sus selvas y sus islas, con sus va-
lles, sus vegas y torrentes, presentan en la variedad de sus infle-
xiones situaciones pintorescas, y de una condición feliz para dar
vida á centros de población que encontrarán en la flotabilidad de
sus canales, en el desarrollo de la agricultura, elementos constan-
tes de engrandecimiento y bien estar.
Mas abajo de la confluencia del Arapey-chico con el grande^ el
cauce de este cobra mayores espacios ó se convierte en lagunas de
dimensiones diversas, cuando no se explayan sus aguas sobre las
llanuras que presentan accidentalmente sus márgenes, cuyo acceso
solo es posible en determinados periodos de un fuerte Estio.
En su desagüe, esa amplitud alcanza á 2,500 pies en la estación
de las lluvias.
A la distancia de 8 millas hacia el Sud de esa barra, sobre la
ribera del Uruguay y al frente del pueblo argentino el Mandisoví,
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 45
han empezado á reunirse algunos habitantes atraidos por tan aven-
tajada situación, para ser efectiva la ley, que manda crear allí un
nuevo pueblo, con el alhagüefio nombre de Constitución (1) y que
han levantado algunas habitaciones con arreglo á una traza espe-
cial, dentro de una debeza que debe ser distribuida, como terre-
nos de labranza, y que como la de Santa Rosa reúne una alta im-
portancia para la agricultura, por las condiciones de las tierras,
como por la facilidad de sus comunicaciones con los litorales de
ese rio.
Esa población, qne no cuenta todavia con mas de 200 habitan-
tes, está destinada por su colocación al extremo boreal del Salto
del rio, á ser un puerto muy frecuentado por el cabotaje del alto
Uruguay, que tendrá forzosamente que depositar en él sus cargas
para ser transportadas por el continente á las Aduanas habilitadas
ó á las plazas del interior.
En el desagüe del Cuareinty como en el del Árapey, el lecho del
Uruguay se ostenta con una amplitud de 4,800 á 5,000 pies;
habiendo algunos lugares entre las dos confluencias, en que au-
menta, ó disminuye, en relación con las alternativas de su propia
sonda, y con los niveles de las márgenes que lo limitan.
§IV.
A la altura de los 31® 40' se desprende hacia el Occidente, de
las alturas de HaedOj otra ramificación de colinas que, á las 20
millas de su giro, se divide en dos eslabones de planos mas depre-
si\os, de los cuales, concluye, el uno en la confluencia del Arapey.
y el otro, en la del Queguay.
Del contacto de esos dos tramos secundarios, menos elevados,
pero escabrosos, manan las primeras fuentes del rio Daiman que
(1) Esa población se encuentra en los 31* r 40'* de lalitud y en los 57o 54' 20*' de longi
tud Occidental.
46 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
van robusteciéndose succesivamente oon los infinitos manantiales
y canalizos, que salen de sus faldas, en opuestos sentidos, y que á
corta distancia se concretan en un ondo lecho, por donde se pre-
cipitan sus aguas con una velocidad de 4 a 5 millas por hora, cal*
mandola succesivamente tan luego como disminuyen las pendien-
tes ásperas y dobladas por donde surca, en el trayecto de 80
millas, desde sus vertientes hasta el Uruguay (1).
La primera de esa sucesión de elevaciones, €[ue lleva el nomlnre
de Cuchilla de Arapey, á cuyo canal, mas abajo del Arerungtiáj
sigue arrojando por el mediodía^ numerosos derrames, dota al
Daimany por sus faldas meridionales con otros muchos, que á
pesar de la rapidez de las corrientes, dan á sus cauces una pro-
fundidad y amplitud imponentes, mostrando su flotabilidad las
ventajas de una canalización posible, que muUiplicaria la viabili-
dad, y auxiliaria la industria que ha de explotarse mas tarde en
esos feraces territorios, tan favorecidos por su situación geográ-
fica.
De la cuchilla del Arapey^ en la medianía de su camino, y á la
altura de aquel último curso de agua, se separa otra de igual tex-
tura en sus faces, que vierte nuevas aguas al mismo rio, y que ter-
mina su giro en su confluencia en el Uruguay, llevando allí la de-
nominación de Cuchilla del Salto.
De ella, como de la que se interna hacia la embocadura de ese
rio, bajan por sus caras converjentes, diversos cursos de agua,
que recorren terrenos quebrados y fragosos como el Itapebíj el San
Antonio y otros que desaguan en las adyacencias de\ grande arre-
cife y que han atraido á sus costas la mayor población de esa zona
tan sobresaliente en sus condiciones geológicas (2) .
La Villa del Salto colocada mas al Sud del desagUe del San AnUh
(1) El dfiflagiie del Daiman se halle en el paralelo de 81 ^ ao* !•" y en el meridiano de
58 ® 8' 55" al occidente de Greenwich.
(2) El desagüe del Ytapebi en contacto oon la catarata se halla en los 31 ^ 9* 10*' de la-
titud meridional.
DB LA REPÜBLICA ORIExVTAL DEL URUGUAY 47^
nio{í) sobre los ásperos veriles que muestra el Uruguay después
que se sale de los torbellinos de la catarata, representa un focus de
industria y de comercio que pronostica el rápido incremento que
lo depara su situación en contacto con las industriosas pobla-
ciones del alto Uruguay. Como Aduana de depósitos, y centro
mercantil de esos territorios, nutre con sus exportaciones los con-
sumos de las posesiones Brasileras del Sud del Imperio y las de la
Goa£e)deracioa Argentina^ hasta los confínes de las Misiones occi-
dentales.
En él se agiomeran las producciones de los litorales Brasile-
ros, que proveen los mercados fronterizos de la República, y los
del Bajo Uruguay, en una y otra de sus riberas.
Entorpecida la navegación de ese gran canal por el imponente
salto que la obstruye á pocas millas al Norte, los transportes que
conducen los productos de aquellas posesiones, depositan sus car-
gas en puntos inmediatos para ser conducidas por tierra hasta
aquella Aduana, de la cual fluyen para el consumo interno, y aun
para el de las poblaciones argentinas mas cercanas.
Contendrá ese pueblo de 500 á 600 casas de material, inclusos
los establecimientos públicos é industriales, con una población de
5,600 á 5,800 habitantes, comprendida la de sus terrenos comu-
nales.
§v.
Desde las cabeceras del Arerungm se segrega de la cuchilla de
Haedo otro eslabón de alturas, que girando al Occidente, termina
en la confluencia del rio Queguay^ y que semejante á la del Daiman
se fracciona en otros dos ramales subalternos, formando ambos,
como el de Ytapebiy y en el mismo meridiano j un ángulo recto en
su divergencia para concluir en la embocadura de este último rio,
(I) En la lalitud de 31 » 2r 20*' Sud, y en la longitud occidenUl áeSS^ S* 25*'.
48 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
brotando al principio las vertientes del Queguay chico j y las de sus
innumerables afluentes; y mas lejos, las del Burlcayupiy del Qm^
brocho y otros muchos que van á engrosar el cauce principal del
Queguay^ k la vez que por la cara opuesta, manda hacia al Uruguay
otros arroyuelos de menores cauces.
Desde aquella altura la misma cuchilla de Haedo^ dando origen
á las primeras vertientes de aquel rio (1), endereza diagonalmente
su camino hacia el tercer cuadrante para acabarlo, en la confluen-
cia del Rio Negro, en donde la aproximación recíproca de sus ca-
nales, que serpentean con frecuencia en direcciones encontradas,
causadas por el contraste de sus infinitas inflexiones, forman la
pintoresca Península tan conocida con el nombre de Rincón de las
Gallinas y que ofrece una de las situaciones mas caprichosas y
aventajadas de cuantas han creado las condiciones geográficas del
territorio.
Con una gola ó garganta de 4 a 5 millas, encierra entre esos
dos grandes lechos, una área de 225 á 230 millas cuadradas, de
tierras lozanas y vigorosas, que presentan singulares perspectivas,
matizadas con las florestas y las selvas, que cual un muro impene-
trable, ciñen las corrientes de una y otra ribera, engalanando sus
contornos y sus márgenes con una vegetación rodeada de ameni-
dades y bellezas.
Aquella cuchilla, después de verter al Queguay por sus faldas
boreales las aguas del Santa Ana^ del Guayabos y Ñacurutúy des-
prende otro eslabón secundario con crestas mas exiguas y mas
suaves, de lasque manan nuevos tributarios al mismo rio; y que
semejante al de Itapebí y Guabiyú forma, también, el nexo de su
separación en el mismo meridiano j corriendo todos en un giro casi
paralelo, como lo son á la de Haedo, las altas y ásperas colinas del
Queguay y del Daiman y Arapey, á las que son entre sí, perpendi-
culares esos mismos ramales t
(I) En el paralelo de 31 ^ 40' 10" Sad, y en la Longitud de 36«> '50' 25" oocidenUl de
Greenwicb.
DE LA BEPÓBUCA OllIENTAL DEL URUGUAY 49
Esta singularidad geográfica, ea que las aplicacionea de la geo-
logía alcanzarían deducciones de un alto interés para apreciar las
propiedades de aquella zona cruzada por esos raros caprichos de
la estructura de su suelo, no ha podido ser estudiada, como no lo
han sido otras muchas, con la calma y los recursos que eran de
desearse.
Después de separarse esa última sucesión de alturas conocida
por Cuchiüa del Queguay de la cadena principal, vierten de sus fal-
das meridionales diversos cursos de agua que se concentran y
crean el caudaloso Arroyo Negro; en tanto, que por la faz opuesta
nacen y corren convergentemente, otros de igual permanencia que
dan á sus canales doble extensión y profundidad, conservándola
hasta su desagüe en el Uruguay, después de haber recorrido desde
su origen una extensión de 98 á 100 millas, sin abandonar el
mismo paralelo hasta 70 mas, aguas arriba (1 ).
Desde aquella elevación, la cuchilla de Haedo pronuncia sus gi-
ros hacia el ocaso, buscando las márgenes del Uruguay, para des-
viarse en seguida hacia el lado meridional, y acompañarlas de
cerca, hasta que bajando gradualmente sus crestas, y confundién-
dolas con los contornos de ese rio, dá allí paso al mayor de sus
afluentes, presentando la reunión de sus cauces un laqgo imponente
y magestuoso que dilata sus aguas hasta los confines del hori-
zonte, mostrando á sus riberas adornadas de esas sorprendentes
ecceñas que inspiran repentinamente las mas bellas y puras im-
presiones, como que en ellas todo es espléndido y grandioso.
Las bocas del rio Negro con sus bosques, sus colinas y sus islas,
con sus praderas, sus florestas y sus vegas, componen el mas bello
paisage de todos cuantos ofrecen las amenas perspectivas del Uru-
guay en todo su curso.
Siguiendo siempre las sinuosidades de aquel encadenamiento
de colinas, se vé que no son menores, ni menos numerosos los ca-
(I) La conruencia de ese rio es en el paralelo de 32® 9' 5" de lalHud austral; y en la
longitud de 58® 12* 25" Occidente de Grccnwich.
7
50 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
nales que ella vierte de sus faldas Orientales, descollando entre to<
dos el Salsipnedes y el Arroyo Grande con sus diversos gajos que
llevan su curso hacia el Río Negro.
El lecho de este rio desde esa altura aparece con doble sonda y.
rapidez improvisando sinuosidades tan repentinas y caprichosas,
como útiles y benéficas para la pastura y las labores agrícolas, y
cual lo serian para muchos otros objetos industríales, en tierras
vírgenes y fuertes, sembradas de bosques frondosos en que abun-
dan maderas útiles para diversas construcciones, como las hay en
los que orillan el lecho de todos sus afluentes, mas densos, y ro-
bustos en las cercanías de sus barras.
§ VI.
Pocas millas al Sud de la confluencia del Queguatfy se encuentra
la villa de Paisandú, residencia de las autoridades de esa sección
del territorio.
Con arreglo á una traza adecuada á su situación, se han levan-
tado mas de 400 edificios, de todas construcciones, conteniendo
con su egido y deheza 6000 y mas habitantes.
Colocado sobre altos mamelones á una milla de las márgenes
del rio, por la preferencia de una localidad que podría conside-
rarse como inconveniente en muchos respectos, ese pueblo expe-
rimenta sensibles contrariedades en sus relaciones con la ribera,
que es el focus del movimiento mercantil, mientras no se cons-
truya una carretela que facilite el transporte de las mercancías y
producciones.
No es de estragarse que el asiento de poblaciones llamadas á un
gran desarrollo comercial ó industrial, no haya sido elegido con
presencia de todas las conveniencias que debieron consultarse, si
se recuerda que el origen que han tenido las fundaciones de algu-
nos pueblos del Estado ha sido debida á la situación de campa-
mentos militares, sobre los cuales se fueron aglomerando, en épo-
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY Ól
cas de revueltas, los habitantes de las campañas vecinas, en busca
de mayores garantías, ó por atractivos comerciales. Y á esta causa
debe atribuirse el que se desechasen otras situaciones de ventajas
incomparables en las márgenes cercanas del Queguay, ó en su
confluencia, rodeadas de canales navegables, que habrian impul-
sado notablemente sus adelantos materiales.
Iguales consideraciones sugieren las condiciones topográficas de
la que ocupa la villa del Salto^ altamente desventajosa por sus ma-
los niveles y calidad de su suelo, cuando en su contacto se encuen-
tra la privilejiada posición adyacente al desagüe del caudaloso
Daiman^ que le habria evitado las contrariedades y atraaos por que
tienen que pasar los transportes del cabotaje al salvar los bancos
rocallosos que se hallan en el canal principal del Uruguay, algo
mas al mediodia de esa embocadura, y que son los precursores de
los que mas arriba forman el gran salto del rio.
Sin embargo, el pueblo de Paisandú en el paralelo en que está
colocado, y después de considerada en complexo la estructura de
su territorio, goza en muchos respectos de ventajas incontestables,
emanadas de la facilidad de sus relaciones con el bajo litoral, y de
su contacto con los mercados mas concurridos de la orilla opuesta.
Los fuertes capitales en ganadería que se hallan concentrados
en él : el valor creciente de la propiedad rural, que favorecen tan-
tos ríos y arroyos canalizables algunas millas al interior, por la
uniformidad de sus niveles, la amplitud de sus lechos y la regula-
ridad de su sonda, unido todo á la feracidad de esas tierras, man-
tendrán siempre la importancia de ese núcleo de población y de
comercio que ha de fomentar rápidamente la inmigración y el
trabajo.
Entre esos rios, el Queguay^ de condiciones idénticas al del Cua-
reim y Arapey^ y no menor en la longitud de su curso lleva una
dirección pronunciada considerado el conjunto de sus sinuosida-
des, desde que concentra á 30 millas de su origen sus principales
vertientes en un fuerte canal de 6 á 8 pies de agua, con exepcion
de algunas pequeñas restingas y aterrados que lo interrumpen en
52 DESCRIPCIÓN GBOaKÁFICA DEL TERRITORIO
lo3 períodos del Éslio, pero que en las épocas llu\iosas contiene
bastante profundidad, para transportes de 9 á 10 pies de calado,
hasta la confluencia al menos, del Buricayupi.
A esa altura se observa, que las cejas de montes que acompañan
las costas de los arroyos, son mas dilatadas y espesas, á medida
que se penetra en la confluencia de ambos QueguaySj en donde el
descenso de los niveles dá á los valles y á las vegas mayor exten^
8Íon, conservando una humedad constante quQ vigoriza su vegeta-
ción, auxiliada por la fertilidad de las capas mantiüosas, renova-
das constantemente por las resacas que arrastran y depositan las
aguas en las avulsiones estacionales.
La extensión y espesura de los bosques en esta confluencia y el
caudal de las aguas que arrastran misteriosamente ambos rios,
cubiertas por las sombras de sus copas, sin que ellas se hagan sen
tir por ningún murmullo , presentan un paísage verdaderamente
grave y delicioso que no puede contemplarse sin una emoción me-
lancólica al verlo abandonado y solitario, á merced de los rebaños
que pacen en sus márgenes.
Esas desbordaciones que se extienden á las llanuras, que en de-
terminados puntos acompañan al curso del Qmguay y calman sus
corrientes, aumentan el espesor de las selvas, y el vigor de los pas-
tos que se debilitan lentamente á medida que se pronuncian las
ondulaciones del suelo y se adelantan hacia las tierras altas, en
donde son mas apocados y cortos .
No gozan de menores beneficios las costas de los Arroyos Negro ,
del Grande y SakipiiedeSj en donde los bosques son igualmente
densos, en relación con la fuerza de las tierras, y la extensión de
sus riegos.
El primero de esos canales concentra en un hondo lecho fuertes
afluentes, que convergen al lado de su confluencia cqu el Uruguay,
dándole las propiedades de una ria cómoda y abrigada que mues-
tra la posibilidad dQ regularizarse hasta el desagüe del arroyo Ce-
lestino.
El arroyo Grandcj desde que reúne sus principales derrames,
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 53
empieza á surcar por terrenos menos doblados y de una textura
mas uniforme^ que abren mayores espacios á las desbordaciones
de las aguas, y que en el hecho vivifican los pastos y los mon-
teS) particularmente en las cercanias de su embocadura en el Rio
NegrOy á donde vuelven á aparecer con mas lozania y robustez los
palmares y yatahys^ que abundan en distintos puntos de las már-
genes del Uruguay y y que solóse producen en terrenos de notable
fecundidad «
£1 SaUipuedeSy cruzando por campos mas quebrados, recibe
consiguientemente mayores tributarios, que á corta distancia de
sus fuentes, se reúnen en un cauce profundo y barrancoso, al que
no alcanzan á dominar sus crecientes ordinarias, con excepción de
alguno qué otro lugar de-dobleces mas depresivos que dan salida á
las aguas en esos periodos. Montuoso en todo su curso y de cor-
rientes estrepitosas sobre un álveo ondulado y cenagoso, este ar-
royo riega terrenos de abundantes gramineas que se prolongan
por uno y otro lado de sus costas, hasta su desagüe en el rio Ne-
gro. Allí, con sus fecundos derrames, concurre á fortalecerlos ex-
pléndidamente, desparramando en ellos los limos y los despojos
de la vegetación que conducen sus corrientes desde remotas dis-
tancias.
<
S VIL
Hemos dicho, que los mas altos niveles que aparecen en la su-
perficie del territorio, son aquellos donde la cuchilla de Santa Te-
cía se reúne con la Grande (1), y la de Santa Ana con la de Yapeytí
y Haedo^ cuyos núcleos se encuentran elevados sobre las aguas del
Océano a 2,980 pies el primero, y 2,848 el segundo.
Desde esos puntos, como se ha notado antes, esas cadenas de
(I) En el páretelo de 31 « iVSO", y en el Meridiano de 58« H' 23" al occidente de
Greenwich.
54 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
elevaciones debilitan lentamente sus niveles en su deséense al ex-
tremo meridional y hasta que las confunden con las márgenes del
Plata y Uruguay, despidiendo antes por todas sus faces la vasta
irrigación que fecunda en todas direcciones el territorio del Es*
tado ; dividiendo su curso, otros eslabones mas ó menos fragosos,
y de niveles inferiores que lo enriquecen por instantes y que ter-
minan su carrera en la confluencia de sus mayores afluentes, sobre
las costas del Océano y del Merim^ transformadas en llanuras lige-
ramente diversificadas por las ondulaciones de las colinas y co-
llados de cuyos vértices se dibujan nuevos horizontes ya cercanos,
ya remotos, que se pierden en un lejano indeciso, en donde las
aguas, los árboles y las sinuosidades pintorescas de las riberas,
ceñidas entre las pendientes rápidas, ó lentas, de las alturas, ar-
rancan una exclamación de satisfacción ó de sorpresa.
Las faces primitivas de esos ramales secundarios, ó de esos
planos derivados y despojados de sus costras originarias por la in-
. fluencia perenne de las aguas meteéricas, de sus continuas corrien-
tes, y aun de las variaciones de la temperatura misma, han sido
transformadas, y desfiguradas en sus aristas con la acción incon-
trastable de los tiempos hasta crear los valles, los prados y las
ciénagas donde la fuerza de los canales, el Ímpetu de incesantes
derrames, ha sido mas vigoroso para arrebatar con mayor violen-
cia la composición orgánica y arrastrarla succesivamente hasta
fundar otra nueva en las superficies cercanas á los cauces mas ro-
bustos.
Pero, donde esa textura ha tenido mayor consistencia, ó ha sido
compuesta de materias sólidas^ 6 menos delesnables, ella ha resis-
tido á la acción de esos poderosos agentes y sobrevivido á la
eterna descomposición de la superficie.
De aquí, pues, esos grupos rocallosos, formados con organiza-
ciones diversas, con materias mas ó menos compactas, que mues-
tran sus crestas enseñoreándose sobre las llanuras, los prados ó los
valles ; y cuya formación debe atribuirse á los grandes relieves, ó
inflecsiones, que se han formado en las costras de la tierra, ya por
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL ÜRUOÜAY 55
la fuerza expansiva de los fuegos subterráneos, ó por otros fenó-
menos metamorphico3 que han obrado sobre ellas.
Si esta causa fuese aplicable, en el sentir de algunos geólogos, á
las zonas territoriales que encierran una contestura semejante, na
lo es á esas grandes prominencias de los continentes que han resis-
tido al embate de los siglos, y que dominándolas desde su organi-
zación, constituyen como arterias originarías, los mayores acci-
dentes de la naturaleza.
Asi es que en apoyo de aquella doctrina, se puede asegurar con
algún fundamento, que los cerros, los montes y las sierras, con
algunas exepciones, espeoialmente aquellas que se encuentran en-
cima de esos eslabones montañosos , ó que forman parte de su
organización, no levantan sus cúspides, desde que se separan de
ellos, á un nivel superior al que llevan en si mismos.
Considerando, bajo de esta hi^xitéfiis, los grupos rocallosos, ó
sean los cerros, que se encuentran en los territorios ya descrip-
tos, véesé efectivamente, que todos los que no existen sobre el
suelo de esos ramales, no alcanzan al plano horizontal que se
proyectaria desde sus puntos mas culminantes en cualquier sen-
tido de sus faldas.
§ MI!.
Convirtiendonos álos detalles, se descubren, entre los prime-
ros afluentes del Ctuireim^ dos cerrezuelos llamados de las Sepultu-
ras en la medianía del arroyo que lleva este nombre ; y otro, en las
cercanías de su desagüé, mostrando todos ellos crestas bajas y sua-
ves, por cuyos flancos de granito se pliega y revuelve ese barran-
coso canal, siguiendo los movimientos del suelo, hasta que se con-
funde en el Cuareim.
No distantes de las cabeceras del Barhoza y Catalán^ se levantan
otros dos, mas corpulentos y elevados, de los cuales, el uno, lleva
el nombre de ese curso de agua, y el otro, el de Cerro de Belen^ sin
que sean de menores proporciones algunos montículos de formas
56 DESCRIPCIÓN GEOGRlFICA DEL TERRITORIO
mas regulares en la margen derecha del Pintado; el uno al lado de
su paso principal, y el otro en las inmediaciones de su desagüe en
el mismo rio. Todos estos promontorios de bellos contornos que
representan conos mas ó menos truncados y que sobresalen entre
mamelones coronados de verdor, de arbustos y de likenes, no ex-
ceden la altura de 250 á 300 pies sobre el plano de sus bases.
En el mismo paralelo y en las caidas boreales de la Cuchilla
del Cuaró^ en inmediato contacto con los manantiales del Tra Cru-
ees y Pintado, se ven tres mas, de poca altura, que se hacen visi-
bles á alguna distancia por el alto nivel en que están colocados.
En las vertientes del Árapey, al lado de los canalizos del Sa-
randij aparece un grupo de otros tantos cerrezuelos, que llevan el
nombre de este río; á la vez que en los arroyos denominados de
Juan Perez^ de la Orquela^ de Vasquez y Sarandi^ se divisan otros
mas, idénticos en su forma, que tampoco se elevan á mayor al-
tura.
Pasando á los campos llanos de la parte meridional del mismo
rio, se hallan desparramados en las quebradas y en los escalones
de un extenso valle algunos altos mamelones, como el del Tigre, en
las fuentes de un arroyuelo del mismo nombre, afluente del Malar
ojo Grande; y tres mas, de aristas precipitadas y agrias, agrupados
entre si al lado de las caidas occidentales de la cuchilla de Haedo,
conocidos por de Ferreira, cercanos á las principales vertientes de
este bello manantiaL
Entre los dos ArapeySy y en las faldas del mediodia de la cuchi-
lla que divide sus aguas, se levanta otro montecillo, inmediato al
origen de un canalizo nombrado los Talitas, en tanto que se ven
dos mas, de un volumen aproximado, en la medianía del curso del
Mataojo.
Próximo á las cabeceras del arroyo de Sopas^ y mas al Sud, so-
bre la cuchilla del Daiman, en las adyacencias de los derrames de
las Cañas, de los Guayabos y Corrales, existen otros tantos cerros
que no miden mas de 180 a 200 pies de elevación sobre sus bases.
Siguiendo desde este último punto las inflexiones del eslabón
DS LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 57
áeXArapey hacia el poniente, se encuentran cinco conos, de formas
parecidas ; tres de ellos, sobre las crestas de esas alturas, enfren-
tando con los manantiales del canal de las Tunas^ llamados los
Tres Cerros; y dos mas, hacia al norte, al lado de los del arroyo
de Vera, que también tienen su nombre.
De sus escarpadas crestas, la mirada se maravilla con frecuen-
cia con los variados golpes de vista que presenta en esa zona el
gran número de hilos de agua, de manantiales y cascadas, que en
otras laderas mas pendientes se transforman en pequeños torren-
tes que saltan por sobre las breñas mas salientes en las ásperas
faldas de los montículos y colinas, encadenadas por graciosas in-
flexiones, sumergidas entre las ondas de una vegetación procaz,
donde la estrañeza y magestad de las perspectivas, adornadas de
las selvas silvestres que ciñen los bordes de los canales, dominado
el tipo de ese magestuoso cuadro por una atmosfera pura y tem-
plada, mandan muchas veces impresiones solemnes y profundas,
cuando no alegres ó alhagUeñas.
En el núcleo que forma aquel eslabón de colinas con el ramal
que desde él va en busca de las riberas del Uruguay, conocido por
cuchilla del Salto, se presenta otro panorama de igual belleza y
amenidad. Allí ae pronuncian dos grupos de montes mas elevados*
compuestos el uno, de tres promontorios que, á pesar de la exigüi-
dad de su altura, se elevan á 1580 pies sobre el nivel del Océano ;
y otro, de eonos levemente truncados, ocupando unos, las vertientes
del arroyo Yalentiny y otros, las del Ilapebíj de los cuales heredan
sus nombres.
Entre estos cerros y los de Vera^ aparece uno mas en las caldas
meridionales de aquel alto ramal, que vierte de sus faldas el cana-
lizo del Tahy de quien tambieu toma su denominación.
Entrando ya en la zona que riega el Daimartj y sus tributarios,
resalta en sus fuentes un cerrezuelo elevado, que por la altura de
8u cima es vulgarmente conocido por el Vichadero; descubriéndose
mas abajo, otros dos, algo mayores, llamados de Carumbé y del
8
-48 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
Pelado, por hallarse cercanos á dos arroyos del mismo nombre, en
la margen izquierda de aquel rio.
Siguiendo hacia la red de vertientes que componen el lecho del
Queguay, se encontrarán en las faldas occidentales de la cuchilla
de Haedo^ donde ellas tienen su origen, dos cerros mas corpulen-
tos; el uno, el ChaíOf por la fornia de su cima, en las caidas del ar-
royo del Campamento; y el otro, de la Tahona^ en las puntas de un
canalizo del mismo nombre.
De mayor elevación y volumen, son sin duda, otros muchos, que
se vén enfilados sobre la sucesión de colinas que desde la cuchilla
del Daiman se internan hasta las costas del mismo Qtieguayy por la
parte boreal, separando las aguas de este rio y las del Queguay-
chico; tales, como el de Itacabóy de Padilla^ del Potrero^ de Piquí y de
Patricio^ inmediato este último á la confluencia de esos dos fuertes
cauces.
Mas adyacentes al del último, en contacto con la barra del ar-
royuelo nombrado del Arbolsolo, se descubre el montecillo de los
Manantiales^ con otro de menores dimensiones, cercano al Piqui.
En la parte septentrional de ese mismo rio, y mas abajo de
aquella confluencia^ descoUan tres pequeños picos de formas co*
nicas mas regulares en la márgea izquierda del Buricayupíy
próximos á su desagüe; viéndose desde ellos, y en la opuesta, dos
cerros mas altos, que llevan el nombre indigena de ese arroyo.
Al norte de estos últimos, y sobre la cuchilla divisoria de
las aguas, se alcanza á ver á larga distancia un morro de cuyas
faldas, y de otros accidentes próximos, manan las fuentes del
arroyo de Soto; y siguiendo el giro de esa sucesión de colinas hacia
el Uruguay, se descubre también uno mas pequeño, en contacto
con las caidas del Quebracho.
Descendiendo, finalmente, en busca de las riberas áelRioNegrOy
limite meridional de los territorios que nos ocupan^ se encuentra
otro morro aislado y pequeño en las cabeceras del Sauce^—csíiQMio
cpie afluye en el Arroyo Negro ^ — conocido por cerro Pelado^ segura-
mente por la escasa vegetación que muestran sus faces; y un mon-
DB LA REPÚBLICA ORIENTAL PEL URUGUAY ¿9
Uculo mas, cercano del lado oriental á la embocadura del Arrayo
GrdndCy llamado de Vera.
El término medio de todas esas alturas , no excede , en lo gene*
ral, de 380 á 450 pies sobre el plano de sus bases.
Tal es la diversidad de pequeños picos y promontorios que se
bailan diseminados en esa superficie, formando el material de un
cuadro inmenso cuyo delicioso espectáculo jamás fatiga las mira-
das del observador, que vé proyectarse sus principales rasgos con
colores y sombras variadas en un horizonte azulado y profundo,
en el cual solo se dulcifican, ó se borran sus detalles, con las exsa-
laciones vaporosas que se levantan á los primeros rayos del Sol
desde el fondo ó las gargantas de los valles por donde serpentean
los arroyuelos, ó los ríos, que después de rozar las laderas de esos
accidentes, se pierden entre las galas de una espesa y vígoroza
vegetación .
c» - cAPrruLO IV.
CONDICIOKBft HB MIS AfXUENTES HBL VRIJOIJAT EN ESA ZOKA t
CATARATA é ARRBCIFB REL MISMO RIO.
P-
Volviendo á las condiciones ligeramente indicadas de los ríos
afluentes al Uruguay en esos paralelos, se presenta desde luego la
consideración de las ventajas que ofrecen sus canales para su na-
vegación interna; el Cuareim hasta 25 ó 30 millas antes de su de-
sagüe; el Arapey hasta 18 ó 20; el Daiman hasta igual distancia,
próximamente, despejándolos, sin graves erogaciones, de los leves
obstáculos que oponen los accidentes naturales de sus corrientes.
Navegable á esa altura, el primero, pierde algunas veces, la uni-
formidad de su sonda al rozarse con las islas, bancos y aterra-
dos que aglomeran sus aguas, recobrándola muy luego., hasta
la confluencia del Cuaró^ y aun mas arriba.
Las margues del Ctuireirríy desde la unión de ese rio: las del
Arapey desde la del otro, que con menores proporciones lleva su
nombre; 'y las del Dáiman^ por último, hasta el desagüe de los
Laureles^ k donde su cauce empieza á mostrar doble importancia,
brindan con una viabilidad precursora de grandes bienes y con
un asiento feliz, y lleno de porvenir, al brazo agrícola que vaya á
dar vida á esa región inculta y solitaria.
La canalización, en general, auxiliada por la soudade esos ríos,
es una délas condiciones de esa zona, en que la irrigación, multi-
plicada en relación con los movimientos de la superficie, promete
un incalculable desarrollo á los trabajos rurales.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 61
El lecho del Cuarem^ como se observa en lo general de los
derrames que tienen su origen en los flancos de las alturas de
Belén y Haedo^ se muestra al principio rápido, torrentoso y con
velocidad variable mientras no penetra en niveles mas tranquilos
donde se amortiguan sus corrientes, y se reducen a 3 ó 4000 va-
ras por hora, como sucede en el Arapey y el Daimarij dentro de
aquellos limites.
Al calmarse el empuje de esas corrientes en suelos mas unifor-
mes, comienzan á descubrirse los bajos fondos, los placeres y las
islas, que aumentan de extensión y se multiplican á medida que
ese mismo nivel desciende y solevanta el álveo de los canales,
dominando é inundando los valles, y los llanos. Tal es la estruc-
tura de los contornos del Cuareim comprendidos entre el Pintado y
Catalán; é idénticos^ también, los del mismo Arapey entre elMata-
ojOy Sopas y Arerunguá.
En el descenso de aquel rio, cuando los bancos toman mayores
proporciones, las sondas se comparten quitándoles accidental-
mente las condiciones de su flotabilidad, en tanto que las fuerzas
combinadas de las corrientes, convergentes en determinados luga-
res, perpendiculares en otros, forman extensas islas que alzán-
dose lentamente con los acarreos de las tierras ligeras, de las resa-
cas y los limos alcanzan, al fin, á dominar sus creces, ó á neutra-
lizar sus efectos destructores.
Allí, los prados y las vegas, formados por los giros repentinos
del cauce que contribuyen á disminuir su amplitud y á aumentar
su velocidad, amenizan sus alhagüe&os accidentes con los innu-
merables afluentes que robustecen con sus riegos la feracidad de
las tierras y ensanchan muchas veces sua bajíos ó sus islas.
La rapidez de las aguas, que vá en relación con la masa de las
corrientes, arrojadas de planos mas ó menos culminantes, toma
mayores proporciones en lugares especiales, notablemente en
aquellos que se encuentran estrechadas por altos collados, colinas
9 montañas; ó cuando la condición del suelo favcnrece la perfora-
62 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
<;ion de las capas inferioreSi cobrando entonces otras dimensiones
si las tierras altas no vuelven á oponerle nuevas barreras.
La pendiente de esa superficie desde las colinas de Haedo^
donde esos rios tienen sus vertientes hasta su desagüe en el Uru-
guay, distantes ambos puntos como 100 millas en ese paralelo,
está indicada por la altura que ellas tienen sobre sus aguas, esti~
mada, aunque por una sola observación barométrica, en 1500 á
1600 pies, próximamente.
^ En el lecho de todos .ellos se encuentra, en lo general, una com-
posición ciliosa, y algunas veces la arcilla convinada con ella. Sus
aguas son puras, cristalinas y dulces, elevándose con las crecien-
tes á 12 y 16 pies. La incontestable fertilidad de las tierras de ese
extenso territorio promete una agricultura rica, en medio de bos-
ques y pastos excelentes, que tanto favorecen el rápido procreo de
los ganados, como los trabajos rurales.
Variable en todas las estaciones el volumen de sus aguas, el
Cuareinif el Arapey^ como todos los rio^ de igual fuerza, ofrecen
un vado posible en la mayor parte de su curso, en tanto que las
crecientes periódicas y regulares, una vez al año, y dos muchas
veces, desbordando su lecho, inundan los campos, destruyen las
mieses, arrebatan los ganados, convirtiéndose en flajelos devasta-
dores, que tan solo dejan en compensación limos vigorosos que au-
mentan la robustez de las capas arables.
En los paises templadas que reúnen las condiciones de las Re-
públicas del Plata; esas desbordaciones son comunmente destruc-
toras, como las que en el otoño de 1857 tuvieron lugar en las co-
marcas del alto Uruguay, causando graves pérdidas á los estableci-
mientos rurales, y á los que ocupándose de otras industrias, se en-
contraban cercanos á las márgenes de los rios.
No así en los paises intertropicales, en donde las inundajcíones
son casi siempre proficuas para el cultivo de las tierras y general-
mente para la producción, en sazones determinadas.
Las lomas ó albardones , las colinas ó las sierras, que separan
ios rios y arroyos, y que según la variedad de sus inflexiones,
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 63
derraman mas ó menos aguas á uno y otro lado de sus faldas, dan
la medida del volumen de las que se depositan en un cauce común
y constituyen el lecho de las riberas. Pero véesé, sin embargo, en
las tierras que dividen los giros de los ríos Cuaró y Tres Cruces^ una
singular composición en los dobleces del suelo representados tan
solo por ligeros mamelones que oponen una frágil barrera para de*
tener sus desbordaciones y evitar que ellas se confundan entre sí«
Sin embargo, el ascenso suave á los puntos culminantes de esas lo-
madas poco sensibles, y los bajos niveles de la superficie adyacente
á las costas meridionales del primero de esosrios, y los aun mas
depresivos todavía de la parte boreal de las del segundo, influyen
poderosamente para que las avulsiones periódicas no se extiendan
en un sentido convergente é innunden en mayor extensión los valles
cercanos. Asi es que sus corrientes son tranquilas y uniformes, sin
que en todo su curso se encuentre ningún salto, ó arrecife, que las
interrumpa.
Estas condiciones son comunes al Iticütujáj último délos afluen-
tes mas occidentales del Cuareim y también á los del Uruguay,
desde el /tooumM'al lacuy^ donde las tierras vuelven á cobrar on-
dulaciones mas pronunciadas, á medida que se aproximan al mito
del rio.
En épocas comunes, el término medio de la sonda varia desd^
8 á 12 pies, duplicándose en las crecientes, cuando muchas veces
no es mayor.
Los periodos de esas desbordaciones son variables é inciertos^
como lo es la temperatura del trópico meridional, en cuyas proxi-
midades se encuentran sus mas remotas cabeceras. Asi es que las
creces del Uruguay aparecen muchas veces en Setiembre y Octu-
bre, cuando no en los asomos del invierno, presentando entonces
mayores facilidades á la navegación de la ¿ona superior, con la
desaparición de todos los obstáculos.
64 DESCRIPCIOX OBOaRlnCA ¿EL TERRITORIO
Sn
Desde la confluencia del Arapetfy el curso de ese río, empieza á
mostrar en su descenso, que los ramales de alturas que se despren-
den de la cadena de Belerij yienen al parecer, á chocar contra el
giro de sus costas, levantando el plano de su lecho y originando
escollos visibles que se reproducen á medida que ellos mismos
se subdividen en direcciones divergentes, aumentando con nuevos
derrames el caudal de ese gran recipiente.
La estructura especial de esos territorios, la feracidad de los
campos y las felices condiciones de esa via fluvial, elemento in-
conmensurable de porvenir y de riqueza, impulsan al observador
menos conspicuo en presencia de esas bellas y puras escenas de
le creación á la meditación y al estudio.
La Caiaratay ó Salto del Uruguay, interceptando Inruscamente su
hermoso caaal, y ofireciendo un temible obstáculo á su navegación,
es indudablemente uno de aquellos accidentes deslumbradores que
inspira serias observaciones.
Al desplomarse sus aguas de una gran altura^ producen un
efecto tan imponente, como es singular el interés causado por los
sonidos graves y confusos, y por los juegos variados de luz y de
las ondas espumosas, agitadas por los vientos, ó por el choque
estruendoso de sus propias moles.
El ruido de esa caida se hace sentir á mas de 10 millas en dias
serenos. En aquellos en que se despeja le nube que constantemente
la rodea, se dejan entrever las florestas, las selvas y las islas, que
en medio de tranquilas corrientes se dibujan en sus márgenes,
transformando súbitamente ese cuadro magestuoso.
Aunque no tan bella y escarpada como las cascadas del Bogotá
y del Missouri^ la magnificencia, sin embargo, del espectáculo que
presentan sus agitados torbellinos, que se forman y desaparecen,
sin cesar; y, que heridos por los rayos del Sol reflejan todos los
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URÜGUAX ' 65
colores del iris, es en verdad, uno de esos monumentos que hacen
inclinar la razón orgullosa del observador ante las obras de la na-
turaleza.
Se observa que esa catarata viene anunciándose con la aparición
de otros pequeños saltos, ó restingas, sembradas en medio del álveo
que lo levantan al parecer suavemente hasta llevarlo á un mayor
precipicio; y veesé muy luego, cpie esa sospecha reposa sobre razo-
nables fundamentos, cuando la profundidad del mas amplio y
central de sus canales disminuye paso á paso, encubriendo un
plano asceadente que no será menor de 3 á 4 grados desde 40
millas atrás; no obstante que en determinados parajes, se mani-
fieste con alternativas que indican ondulaciones submarinas, ó in-
flexiones violentas en el plano de su propio lecho* Y asi debe supo-
nerse, desde que las variaciones de la sonda se conforman con esa
conjetura.
Donde ella presenta demostraciones evidente de su exactitud y
donde ese mismo nivel ofrece mayores indicios de su ascensión
progresiva, es á tres ó cuatro mil varas antes de saltar por sobre
las rocas, al parecer forpbirieaSj que forman el veril ostensible de
la cascada.
Ese veril, despejado en las bajantes periódicas, muestra clara-
mente que arranca del lintel de la margen )oriental, y que termina
en la opuesta, á 3,600 ó 3,800 varas de distancia, convirtiéndose
desde el centro del rio en islotes breñosos y agrios, matizados con
plantas y foUages que vegetan entre las rocas, abriéndose paso
por entre ellos innumerables canalizos que se precipitan con me-
nos violencia, amortiguados por las alternativas del álveo. Esas
islas cobran mayores dimensiones á medida que se acercan á la
' ribera occidental, ¿ donde, disminuyendo el fondo, son menos rápi-
dos los desplomes, mas frondosos y altos sus arbolados haciendo
mas posible su pasage en las grandes avenidas.
En aquellas épocas, esa escarpa se ofrece en perspectiva con una
altura desde 2o hasta 40 pies, alternativamente, formando las
9
66 DEáCRIPCIOJí GEOGRÁFICA DRL TERRITORIO
crestas menos culminantes, cascadas succesivas, que describen
una voluta variable en proporción al volumen de aguas que ar-
rastra el cauce. •
S IH.
En toda la extensión de esa cadena rocallosa no se descubre
ninguna uniformidad en la caida de las aguas que describen
trayectorias diverjas, s^;un la elevación de sus perfiles. Indistin-
tamente, esa cadena es interceptada por estrechos canalizos,
donde el empuje de las corrientes ha alterado la regularidad del
obstáculo, desalojando algunas rocas para franquearse el paso, con
una velocidad incalculable, que unida á las que producen las ma-
yores mazas al lanzarse desde las cimas del farallón, dilatan sus
ecos hasta lejanas distancias, en tiempos bonansibles. Cuando el
lecho contiene .mayor caudal de aguas, disminuye notablemente el
estrepito de su caida ; y aun hay lugares en que desaparece esa
escarpa quedando solo visibles en las altas desbordaciones alguno
que otro de los peñascos mas dominantes del lado oriental.
Notase qije el nivel superior de las breñas, desciende lentamente
desde su origen, hacia la opuesta margen ; y que las mayores cre-
cientes, sobreponiéndose en determinadas situaciones, ofrecen
sonda suficiente para que puedan salvarla, no sin peligro, los pe-
queños transportes del cabotage, tan solo allá en los meses de estio
en que las aguas se elevan hasta 20 pies.
Preciso es que sean extraordinaiúas para que desaparescan esos
riegos y ofrezca la posibilidad de cruzar el salto por la margen
derecha á donde se calma la acritud de ese glacis uniformando
sus cuellos con las lomas y collados que allí aparecen.
El ramal de alturas de Belén antes de desaparecer en sus ribe-
ras desprende otro de igual testura, llamado de ¡tapeHj y cuya
continuación parece ser el eje del salto, volviendo á asomar sus
agrios perfiles ea la margen Arjentína, á donde, internándose^ con-
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 67
curre con sus derrames á robustecer el curso del Ayúyy del Guale-
pm¡ y Manimvin
Encontrando las desbordacíones menores obstáculos en sus fal-
das, dilatadas y suaves, las bañan periódicamente, y se extienden
por planicies de ligeros accidentes, presentando, mas que las de la
ribera opuesta, la posibilidad de distraer su curso por una canali-
zación bien calculada, auxiliada de un sistema de cclusas que pu-
diera dominar, ó neutralizar, el poder de las corrientes, cuando
las aguas se levantan y anuncian la inundación.
La estructura del lecho submarino parece anunciar, como antes
se ha dicho, la existencia de un plano de ascensión progresiva,
cuyas primeras muestras se descubren desde las cercaiiias de la
Isla de los Herreros ^ 12 ó 14 millas atrás, hasta terminar en la ca-
dena vertical de la cascada que forma la línea mas culminante de
la sección inversa á ese mismo eje.
La averiguación de esa sonda sobre el plsñio ascendente hasta
8U máxima altura y la que desde el pié de las volutas en toda la
extensión del salto presenta el lecho del rio, seria un dato pre-
cioso para conocer la mayor ó menor posibilidad de emprender
la. destrucción del arrecife siguiendo el giro natural del cauce sin
desviarlo hacia ninguno de los litorales.
Se ha dicho, que durante el sistema colonial se indicaron di-
versos medios pera hacerlo desaparecer ó neutralizarlo, ya fuese
haciendo derivar los canales por cortaduras determinadas dirijidas
por los mas indicados niveles de la coita oriental y aprovechando
los diversos surcos creados por los numerosos riachos que desa-
guan por esas adyacencias, ó bien abriendo un paso en la misma
cascada por la sección menos áspera y elevada.
Y se agrega, que tuvo algiin ascendiente el pensamiento de sal-
varlo por una canalización, que desde aquella isla, ó* de sus inme-
diaciones, llevase las aguas por el continente hasta reunirías con
las del San AntoniOy pequeño, pero hondo riacho, que afluye mas
al sud del salto y por el cual continuarla el canal hasta unirlo con
el lecho principal.
(58 DKSORiPCiox geockAfica del TERurroiiio
No es posible, por consiguiente, analizar los elementos en que
ha debido fundai^e ese pensamiento, ni el sistema de trabajos,
que en el sentido económico, hiciesen preferible ese proyecto
sobre los demás que podrían estudiarse.
Si la apertura de un paso por entre las breñas de amplitud pro-
porcionada para transportes que no calen mas de 7 á 10 pies, que
es el fondo medio que desde alli ofrece el rio hasta 300 millas ar-
riba en el estado normal de las aguas, no obstante que én determi-
nados puntos de su curso se sondee, hasta 1 5 y 20, se reconociese
que los trabajos exigen erogaciones estraordinarias, que no son de
preveerse, una vez inspeccionada escrupulosamente la nivelación
submarina y la de las crestas de esa misma escarpa, forzoso seria
deribar en último caso a la adopción de una calzada adyacente á
los contornos orientales de la ribera, que pusiese en inmediata
relación las dos secciones navegables, interrumpidas por esa bar-
rera.
Al asomo de mayores necesidades en los centros mercantiles det
alto Uruguay, á ese camino podrían aplicarse entonces las colizas
de hierro para que corriesen los trenes impulsados por "el vapor.
La adopción de uno de esos partidos, 6 sea la de una cortadura
lateral, aprovechando los pequeños cauces naturales de otros derra-
mes contiguos, está admitida por los gobiernos ribereños intere-
sados en facilitar la viabilidad posible al comercio é industria de
los pueblos y ciudades que engalanan sus^ márgenes, y que serán á
ño dudarlo, ricos imperios de un valorable y activo tráfico para
lo futuro.
Retardados hoy por embarazosos medios de transporte, que con
dificultades y atrazos trasladan las producciones, y mercancías de
una y otra parte del arrecife por doblados y ásperos^ caminos de mras
de 1 8 millas de estension , este tráfico se resiente de notorias con-
trariedades, que solo podrían atenuarse, aunque débilmente, con
la adopción de vapores de muy alta presión capaces de salvarlos
en los periodos en que las avulsiones levantan las aguas hasta 16
y 20 pies y dominan la mayor estension de la catarata para ligar,
DE hÉL RBPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY
69
aunque estacionalmente^ las relacioaes délas plazas mercantiles
de las dos zonas del rio, consiguiendo de ese modo arribar direc-
tamente á los mercados situados mas al medio dia y retomar con
sus valorables produccicmes.
Encarando mas tarde esa obra monumental, los Estados . ri-
bereños, serian segundados por el poderoso impulso de las asocia-
ciones mercantiles, que analizarían los mejores partidos que las
ciencias aplicadas á los trabajos públicos aconsejarían definitiva-
mente en obras de un alto valor y porvenir.
a ■ I I >
CAPITULO V.
•MMSKVACMlVn «BOIiéCliGAS BM IíM TB»MTMH#« MC BMS
nWtAMTMMBSTOm.
§!•
Las primeras vertientes del Cuareimy aparecen con igual textu-
ra en BU organización geológica.
En las llanuras de alto nivel, como en los valles, donde las cor-
rientes de las aguas han depositado las tierras mantillosas con los
despojos de la robusta vegetación que arrastran sus precipitados
desbordes, se muestran con generalidad capas ligeras de tierras
negras en que se descubre, muy luego, un subsuelo arcilloso, com-
pacto en lo general, aun cuando en los llanos, como en las vegas,
sea de un espesor excepcional, que les imprime una nerviosidad
extraordinaria, produciendo resultados muy felices en los fariná-
ceos y plantas industriales.
La humedad, que es la condición inherente á localidades tan
codiciables y que se demuestran por copiosos manantiales que
brotan de los accidentes de las quebradas ó faldas de las montañas,
dando origen muchas veces á ríos caudalosos, no es la condición
que predomina en los altillanos de un nivel idéntico al de sus
fuentes.
•
En ellos, como en las altas colinas, en los ásperos mamelones
y en las sierras, desaparece aquella textura para ser suplantada
por capas superficiales que ocultan materias de otra composición.
A poco que se explore debajo de ellas y mas comunmente sobre
la superficie misma, se encuentra eXcuarzo-porphirko de la especie
7 1 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
común, con un color rogizo, notándose en sus endlduras, ó grietas,
capas delgadas de occido de fierro.
Em parphido, en algunos lugares, se muestra en masas globu-
lares qae en su interior descubren una testura radial de cuarzo
erütalizado] á la vez que en otras, su calidad es porosa y menos
compacta. Este cuarzo es muy aplicable para toda clase de piedras
de molino.
En esa parte de la cuchilla de Haedo, abunda también el basalto
porphirico de gran dureza y pesantez, en cuyas faces predomina un
color rojo oscuro.
En los declives y alturas de la misma cuchilla, asi como en los
llanos que riegan las vertientes del Cttareim, el suelo está sembrado
de un pedregullo movible de la misma calidad que lo inutiliza
para los labradores agricoles.
En algunos niveles depresivos se descubre el verdadero basalto
negro, aplicable para las obras hydráulicas y para la construcción
de caminos y calzadas, no menos que para los trabajos de escultura
y tallado. Muchos de los-nuevos caminos Europeos están construi-
dos con esta especie de basalto.
Los celebrados leones de Venecia y algunas de las esfinges del
Egipto y de la Siria son esculpidos en el mismo material.
Su inmenso peso y dureza, — calidad distintiva de esta roca, —
sus formas irregulares en prismas y globos, dificulta su tallado
é influye para que no sea aplicada ala arquitectura.
Polvoreado el basalto es usado también en la fábrica de cristale-
ría negra.
Después de las tierras volcánicas, lasque producen el &(»(^ son
las mas fuertes y vigorosas que se conocen, puesto que un suelo
negro, ú obscuro, contiene muchas partículas ferruginosas y al-
kalinas que ostentan una vejetacion lujuriosa.
La viña, en terrenos semejantes, es de la calidad mas preferible.
Raras veces se encuentra el basalto en grupos aislados formando
cerrezuelos y grandes masas montañosas.
En el rincón de Artigas y costas de la Invernada, el basalto por*
72 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
phido aparece en forma de cuarzo porphido^ o dolerítOy egerciendo la
misma influencia que el basalto en la calidad de las tierras, no
obstante, que se corroe muy fácilmente y no sea conveniente em-
plearlo por esta causa en las construcciones arquitectónicas.
En las cercanías de la misma Invernada y Sepulturas se ha hallado
también el phonolithoj — mineral pardo-verdoso, — que participa
de la condición de la pizarra y que algunas veces contiene fierro
magnético. Cuando se le golpea con un cuerpo duro produce un
sonido, ó eco, como lo presume su misma denominación.
El phonolüho se compone de una tsú\tuTB,parphirltioaj una parte
de mineral zeolüico soluble en aeeido dárico y de otra parte inso-
luble de mineral fehpatOy ambos intimamente meaBclados.
Frecuentemente se presenta esta roca en prismas pentagonales ó
hendiduras horizontales, cuya regularidad facilita su corte ó su
tallado para emplearla en el pavimento de calzadas ú otros enlo*
zados.
Pierde su color corroyéndose con el tiempo; y de aquí es, que
los distritos del phonolitho se encuentran la mayor parte cubiertos
con capas de arcilla blanca^ de regular fertilidad, no obstante que
en muchos lugares sean tan abundantes las mazas de piedra que
solo dan lugar á la vegetación arbórea.
s»
La naturaleza de la tierra cultivable varía en medio de los tor-
rentes y de las vegas dotadas de tantas galas y de esas planicies li-
geramente accidentales, según la condición de los planos de la su-
perficie, ó mas bien, de la variedad tSe sus niveles y de las diver-
sas exposiciones que ofrece el mismo suelo.
Con mayor uniformidad en las llanuras, las tierras cambian de
naturaleza sucesivamente al subir las faldas de una colina, ó de
una montaña, ó al trepar hasta sus cúspides; 6 ya también, al des-
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 73
cender en lo3 precipicios por donde surgen con violencia estrepitD-
sas cascadas y arroyuelos que de ellas se derraman.
Tierras de condiciones enteramente opuestas, se encuentran con
frecuencia en contacto las unas con las otras.
En las faldas de las colinas, ó en sus puntos mas culminantes,
ó bien, en los terrenos fuertemente inclinados, como la estensa zo
na que abrazan las vertientes del Cuareim, Arapey^ Daiman y Que-
guayj la capa de tierra cultivable es mas ligera y menos densa que
en los bajios y en los valles, donde la acción de las aguas pluviales
tiende á acumular, como ya se ha dicho, las tierras que arrebatan
á los planos inclinados de los terrenos ondulados.
Tal es la fisonomia de los cursos de agua que robustecen suce-
sivamente el cauce de esos ríos.
Yeesé que la costra de arable formada esencialmente de los des-
pojos de las tierras, de las breñas ó las rocas, situadas en niveles
ascendentes, muchas de ellas poco coherentes entre si, como las
calcáreas y esquitas^ han perdido su asiento, ó salido fuera de su
lecho, por el solo efecto de la influencia atmosférica y de las va-
riaciones de la temperatura, convirtiéndose sus despojos en capas
terrosas y vejetales .
La superficie rocallosa, inalterable al parecer, se vé también cu-
bierta de likenes alimentados por la humedad constante de la su-
perficie, que no tarda mucho en alterar y degenerar la capa en que
vegetan; originando esa misma transformación otras plantas, que
á su vez, concluyen dando un producto compuesto de sustancias
rocallosas y vegetales, que, con otras materias animales, contribu-
yen á mejorar las capas arables en los niveles depresivos donde al
fin son depositadas por las aguas.
En las variedades y alternativas de las tierras que recorren esos
afluentes del Ctuireim, particularmente el Catalán^ el Pintado y Se-
pulluroi y otros de menos importancia, como el Barboza y Tigre;
en los áeíArapey] el Arapey Chico y los AíataojoSj Sopas y Arerun-^
guáy y mas especialmente en las caidas y crestas de las cuchillas
que les dan origen, puede asegnnirse que en ellos- se descubren
10
74 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
los principales elementos que sinen de base á la nomenclatura de
las tierras, consideradas bajo el punto de vista agrícola, la a/u*
mina^ la sílice y la oii.
La alumina^ ó la arcillaj en los terrenos altos, no existe, en lo ge-
neral, combinada en sus mas justas proporciones para ser aplicada
con suceso á las labores rurales.
Sobresaliendo la greda de condición plástica en algunos parajes,
demuestra que la arcilla entra por mas de un tercio en su compo-
sición y que su consistencia é impermeabilidad no le dá otra apli-
cación que para determinados usos; para la confección de la térra-
Ua, por ejemplo.
En otros lugares pierde esa condición y pasan las tierras al es-
lado de tierras ligeras^ mejorada su composición por mayor canti-
dad de lálice y arciUa] y en algunos otros, finalmente, apacecen co-
mo tierras fuertes^ donde la misma silice^ la marga y la cal se hallan
en mejores proporciones, como se observa en las costas de esos ar-
royosy particularmente del Pintado.
En los valles, como en las llanuras del Arapey, y del Q^ieguay^
y muy particularmente, en la margen derecha del Catalán^ Tres
Cruces y Guaróy las capas vejetales demuestran, que se hallan corre-
gidas de los defectos de las tierras fuertes, ya por las sales de los
incendios de los campos y los estiércoles de los ganados, como por
los malezales, las mielgas y el trébol que crecen confundidos los
unos con los otros, y que imprimen a esa superficie todas las con-
diciones délas tierras ligeras, en que la sílice entra en mas conve-
niente distribución.
Lugares hay en las costas de esos ríos, y en especial del Cua-
reim, en que las tierras arcillosas, unas veces calcáreas^ otras sili(h
saSy abandonadas largos años por la población y las haciendas, no
han podido mejorar su capa vegetal, sin que por ello pierdan las
ventajas y la fertilidad inherentes á su condición. Quedando en
iguales partes, mas ó menos, no sobresale en su organización, ni la
silicCy ni la arcillaj ni el carbonato de cal.
En las planicies y quebradas contiguas á los bordes de ese rio
DB hX REPÚBUGA ORIENTAL DEL URUGUAY 75
al pronunciar su túVM en un profundo lecbo, mas abajo de la con-
fluencia de la íñvernúdaj los pastos son mas abundantes y de cali-
dad preferente á medida que el quarzo porphido ocupa menos lugar
en la superficie sin impedir el desarrollo de su vegetación que se
encuentra forzada y oprimida entre él incalculable pedregullo des*
parramado en ella, que hasta hace penoso su propio tránsito.
§1".
4
En las cabeceras de aquellos mismos ríos y mas notablemente en
las del Catalán y del Pintado y empieza la región de las piedras ágata¿
guarzosa^y de las cristalizaciones, de las amatistas, de las carneólas, y
pedernales resplandecientes en sus prismas y de colores varios, que
se inclinan, las unas, al de los rubieSy de los zafiros y diamantes; las
otras, al de los jacintos y esmeraldas, tan codiciables en lo general.
De alli se extraen en abundancia para el exterior, particularmente
para el Báltieo, los Estados del Solwerein y el Brasil, volviendo en
seguida al pdis transformadas en diferentes artefactos de valor y
degusto, como vasos, palmatorias, piezas de escritorio, broches,
botones, etc.
La ágata se presenta comunmente en tocsís phorphiricas que apa*
recen desalojadas de su lecho por las corrientes de las aguas, en
formas de vetas ó \enas que llenan las grietas, las rajaduras y tos
espacios globulares del mismo phorphido.
La amatista de color violado, tirando á purpureo, y el quarzo
cristalizado en prismas exagonales, se pronuncia mas sensiblemente
en el vértice de la pirámide en que concluye el mismo prisma.
La ágata se muestra algunas veces adornada de bellos colores,
que comunmente aparecen después que ha sido pulida.
En las rajas ó vetas de la ágata se encuentra con frecuencia la
carneóla, Isl amatista también, y mas generalmente, el pedernal ^
cuando no reunidas todas estas calidades de rocas.
Se distinguen alli tres especies de ágata] la primera, llamada de
76 PE3CIIIPCI0N GEOGBÁFICA DEL TEKRITORIO
velas rectas ó ágata listada; la segunda, la ágata fuerte^ con relación
á la forma singular de sus mismas vetas ó listas que parodian u i
polígono fortificado de varioi lados, proxímaniente iguales entre si:
y la tercera; la ágata globular^ formada por listas ó rayas concén-
trico globulares.
La de vetas rectas^ tieae algunas vccas hoadas listas blanquecinas,
de un color semejante á la perla, que sine para el corte de otras
piedras preciosas, particularmente para los valorables camafeos.
Algunajs piezas de ágata encierran listas ó fajas verdosas que no
pueden contener otra sustancia mas que el óxido de cobre; siendo
muy probable, que se encuentren en contacto con esa clase de mi-
neral. También en el qnarzo se notan vetas del mismo cobr, y no es
estraño en algunos lugares hallar el óxido de cobre unido en peque-
ñas partículas.
Las rocas phorphiricas se estienden mas allá de la confluencia del
Pintado en el Ctiareinij siguiendo las costas de este rio.
En algunas escavaciones se encuentra un mineral conocido con
el nombre de kalespárico cristalizado^ que imprime alguna esterili-
dad á las tierras donde existe, mayormente, cuando su proporción
excede de un 60 por ^o; p^^o si en su composición sobresale la
arcilla^ la marga y la tierra de pizarra, como se observa en ciertas
localidades y el suelo se convierte entonceaen fértil y robusto os-
tentando una vegetación vigorosa.
Un poco mas adelante, el phorphido se cambia en una roca sieñi-
tica de dimensiones pequeñas y que muestra haber roto violenta-
mente por entre e\ phorphido de una manera eruptiva; y en sus con-
tornos se encuentran mazas conglomeradas de phorphido y sienito
que toman todo el carácter de piedras conglutoniosas ó compuestas
con el fnármol colorado, llamadas creccias. Esas piedraa aparecen
siempre que las rocas eruptivas se chocan ó rompen las imas con
las otras.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 77
§ IV.
A 18 ó 20 millas del pueblo del Cuareim se observa que el phor-
phido se eonvierte en mazas graniticoB c[ue muestran en su densidad
la existencia del óxido de cobre de un color verdoso; y en otros luga-
resy se presentan en esa roca pequeñas venas de hierro magnetieOj
que es muy probable contengan el cobre en los estados inferiores de
sus capas, asi como es muy común, que las vetas de ese metal en-
cierren el Aíerra en su parte superior, ligadas con el mismo cobre.
A mayor distancia, el granito vuelve á convertirse en sienito mi-
neral de color rogizo, compuesto de feldspato y zinc y y comunmente
de algún quarzo y el mismo granito retorna á su composición pri-
mitiva al presentarse la micéi, piedra luminosa formada de magne-
sia j pedernal y arcilla.
En este mineral aparecen algunas veces pequeñas cristalizaciones
de titanitOj y es frecuente que contenga mucho hierro mezclado
oon la roca en partículas finas y también cristalizado en octaedros
de pequeñas dimensiones. Esta roca, contiene mas ó menos,' una
tercera parte de hierro magnético^ el cual, cuando aparece puro y
sin mezcla de otras materias, produce un hierro tan excelente como el
de Suecia y Noruega.
Se le encuentra frecuentemente en los declives de las alturas la-
vadas por las aguas: su color se inclina al azul celeste con cristali-
zaciones en pequeños octaedros y con un gran peso específico. Sü
mixtura consiste en óxido de hierro y contiene fuertes cualidades
magnéticas que le han dado esa denominación.
En los terrenos altos donde tiene sus fuentes el Tacumbá^ en las
costas del Yucutujáj en las cercanías del Paso de la Cruz en el Cim-
reiniy es frecuente encontrar esa clase de rocas; y al acercarse alas
márgenes del Uruguay se nota que el hierro magnético desaparece en
el sienílo^ y en su lugar se descubre él mineral kalesparico con óxido
de cobre^ quarzo é hialito.
78 PISSCRIPQION GEOaBlFIOA 0BL TERRITORIO
t . • •
Ese mineral contiene carbonate de marga con agua y es transpa-
rente, blanco, cristalizándose en el sistema rhombico y muchas ve-
ces colorido de verde por el óxido de cobre.
Este óxido se presenta allí en tan gran porción mezclado con el
sienitOj que en combinación con él se muestran frecuentemente pe-
queñas venas de quarzo feldsparico^ siendo muy probable que mas
abajo existan venas ó vetas de cobre, puesto que es un hecho ave-
riguado que este mineral es el mas dominante en terrenos seme-
jantes.
Muchas veces el cobre se presenta con un carácter lustroso ó bri-
liante, como una consecuencia del stdfáreo del mismo cobre, pu-
diendo contener como 60 partes de este metal, y 40 próximamente
de ííUfúreo] siendo muy frecuente que se halle mezclado con pocas
partículas de hierro.
En las costas del Cuareim cercanas á las del Uruguay j en las del
Arapey y también en algunos parajes de las cabeceras del Daiman^
se halla el cobre nativo en la superficie, procedente probablemente
de las aguas pluviales que lavan las vetas originarias y lo arras-
tran á las faldas y declives de los collados. En las cercanías del
pueblo de Santa Rosa se encontraron algunas piezas de cobre nativo^
de un color rojo puro, corroído en algunos lugares con partículas de
nuUaquitei y oxido de cobre»
La composición de un suelo semejante hace estrañar no sea
conocido en él ningún mineral de plata^ desde que es sabido, que
es comunmente inseparable del de cobre; bien que no se haya he-
cho en esos lugares ninguna esplotacion formal para descubrirlos,
ni tampoco en otras zonas minerales que aun pasan inapercibidas
en diversos puntos del territorio.
En las costas del Catakmy se observó un mineral que parecía ser
el antimonio mlfuradOj con un color pardo oscuro, cristalizado y
quebradizo.
DE LA REPÚBtlCA OBllSNTAL DEL T7RÜGFAT 79
§v.
Siguiendo lo3 contornos orientales del Uruguay hacía el lado
meridional^ se nota en los terrenos adyacentes hasta 18 ó 20 mi-
llas de Santa. Rosaj que ellos contienen el sienito y el oxido de cobre
en grandes proporciones, presentándose, algo mas abajo, el hierro
magnético en estado de grande oxidación.
El mismo oxido de cobre vuelve á encontrarse en las costas del
Arapey y Daiman^ donde se ha visto también el cobre nativo^ su-
plantándole el mismo Bienito en densas rocas silios.as por el lado
izquierdo de sus márgenes que dificilmente se corroen é imprimen
al suelo notable ^sequedad, cuando no lo convierten en estéril en
algunas manchas de corta estension.
Es frecuente encontrar por las costas del rio abajo, un conglo^
merado de piedras arenosas de ágata y de quarzo\ también , de
piedras conglutinadas, — breciaSj — de rocas siliosaSy con porphido
y sienito de la misma composición que las encontradas en Santa
Rosa con hierro y oando de cobre.
Comparando la diferencia entre la vegetación que procede de un
suelo formado por rocas siliosaSy y por el que ocupa el sienito^ se
observa, que en las costas del Uruguay ^ participando las tierras de
esta último condición, son mas robustas y precoces; en tanto, qae
las que muestran aquella organización son menos vigorosas y dé-
biles también cuando no gozan de los efectos de una irrigación
periódica.
Del Arapey hasta el Queguay^ predomina en las tierras la com-
posición arcillosa y resalta mas su nerviosidad y vigor. Esa fecun-
didad es mas visible con la producción de los palmares que pueblan
las costas al Quebracho y las de aquel último rio, con kts de otros
pequeños afluentes del Uruguay.
En esa zona es conocida la valorable planta del añil silvestrcy
tan susceptible de generalizarse y mejorarse su cultivo.
La igualdad de la humedad en terrenos arcillosoSj robustece las
80 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
tierras y aumenta la excelencia de los pastos quo mejoran sucesiva-
mente con las quemazones de los campos y con los estiércoles de
los ganados.
Esa fecundidad no disminuye y es común á los terrenos que
bañan mas al sud los arroyos Negro , Grande y otros , hasta las
márgenes del Rio Negro^ en donde, sin alterarse aquella textura,
aparecen algunas manchas de masas calcáreas combinadas con la
arcillaj que produce en muchos lugares una fecundidad extraordi'
naria. Por esta razón se observa en esa zona, que los pastos son
en lo general finos, pero fuertes y nutritivos, dilatándose aquella
misma composición por las costas de este rio, aguas arriba, hasta
las del SalsiptiedeSy apareciendo algunas capas idénticas en un sen-
tido vertical al giro de la cuchilla de Haedo^ acompañando el curso
de muchos de los afluentes que ella despide hacia el Uruguay. En
las tierras montañosas y quebradas , como en las mas ó menos
ásperas y onduladas que han sido esploradas en esa faja, no apa-
recen indicios de la existencia del carbón fósily tan deseado en un
pais llamado á ser agrícola é industrial .
Este mineral que existe en otras tierras mas al mediodia y
que se extrae con abundancia de las costas del Camacuáj del Baca-
cay y del Yácuyj rios cercanos á aquellos paralelos que riegan la
Provincia vecina y de una composición geológica que reúne ciertas
analogias, daba lugar á que «e abrigase la esperanza de que no
fuera estraño en ellas.
Sabido es, que ese mineral solo aparece en una perfecta forma-
ción entre la roca siliosa roja de composición recente, y la de la
misma materia de antiguo origen ; 'y que no encontrándose tierras
de esta formación el carbón fósil no puede existir. Sin embargo,
cuando en un suelo quebrado ó montañoso, se encuentran rocas
eruptivas cristalizadas, como el granito^ el sienitOy el phorphidoy etc.
nadie podria asegurar que esa región no encierra un mineral se-
mejante.
CAPITULO V
LIVMIABBB WKL Wkf UMJOVAT. — Sil «mPOÜBAlM INTBRIOM.
§1
Hemos dicho yá que los mas largos trayectos de la Cuchilla
Grande vienen á concluir sus gjros en la confluencia del Urtigtiay
con el PlcUay tributándole en sus confínes numerosos raudales; en
tanto que se desprenden otras cadenas de mas suaves pendientes,
que se internan al occidente, manando de todas sus faces inago-
tables fuentes que engrosan sucesivamente al caudaloso Arroyo
Grande y al Bequelóy San Salvador y otros.
Esos eslavohes prominentes, conservando un plano uniforme y
dominante desde su arranque , lo calman lentamente en su des-
censo hacia las costas del Uruguay, á las que imprimen un alto
nivel que las enseñorea sobre las aguas y las tierras bajas de la
ribera opuesta en la que cobran vastos ensanches las grandes ave-
nidas rechazadas por los firmes veriles de la margen Oriental.
La organización de las costas de este rio , desde el paralelo de
los 30^, ofrece iguales condiciones en su curso hacia los cua-
drantes meridionales.
De aquel encadenamiento parten otras alturas , que encami-
nándose al mediodia , levantan el nivel de esas tierras y fuerzan
á los canales del Rio Negro y á los de todos sus afluentes y desde
la embocadura del Yy al occidente , a buscar por medio de vuel-
taá y contornos caprichosos, cual el Danubio y el Escaldaj
los niveles mas depresivos que se encuentran en esa dirección, es-
trechándolos can las faldas de las colinas de llaedo, hasta avistarse
11
82 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
mutuamente las selvas de esos graneles cauces y formar con nue-
vas sinuosidades, mas bellas y amenas, la pintoresca península
que ha conservado ese nombre.
Estrellándose el lecho contra ese encadenamiento de altos albar-
dones forzado por el ramal del Bequeló^ revuelve en su curso un
cuadrante entero Tiasta ttopezav con tos mamelones ád Üacá y
cobrar nuevo giro al ocaso para precipitarse en las profundidades
del Uruguay y concluir allí su benéfica carrera, después de haber
atravesado las zonas centrales del Estado, desde sus mas remotos
lindes continentales, regando tierras vírgenes y robustas, que en-
galana con sus florestas y sus selvas en una faxa de 300 y mas mi-
llas de extensión.
Desde la embocadura del Yy^ sus corrientes miden de 4 á 6,000
varas por hora, enseñando en su descenso ese majestuoso canal
mayor amplitud, limitada por escarpados barrancos poblados por
densos bosques, y con una sonda de 12 á 14 píes, hasta la altura en
que algunos aterrados y bancos la disminuyen, dando un vado di-
fícil aun en los estíos.
Algunos reducidos islotes, angostan sus riberas en determinados
lugares, quedando en lo general cubiertos en las grandes crecien-
tes, con excepción de algunas islas, que mas bellas y con suelos mas
altos, se encuentran desde el Asendo á la villa de SorianOy desco-
llando entre ellas, dos de las mayores por sus elevadas arboledad y
la fecundidad desús tierras.
Esos obstáculos, puramente estaciónales, muestran en sí mis-
mos la facilidad de despejarlos hasta aquel accidente, al menos, ó
hasta la confluencia inmediata del fuerte arroyo Grande.
Observansé en su curso diversos sitios en donde las repentinas
vueltas y contornos del canal, oprimido por la altura de sus bordes
tajados algunos á pique, rodeados de arbolados espesos y elevados,
dan lugar, por su proximidad, á que sus frondosos follages se en-
tretexan y extiendan sobre ellos, embarazando el tránsito y hacien-
do indispensable su desmonte para salvarlo.
La fuerza de las corrientes y la inmersión periódica á que está
DE LA BEPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 83
sometida la 3elva que tapiza las márgenea del rio. y qua ma^ se
roza con el cauce, van lentamente delesnando las tierras y minando
las raices de los árboles, que al fin ceden y se recuestan sobre el
lecho, apareciendo como colgados de débiles filamentos cuando en
las altas aguas no quedan hundidos con sus ramages formando
sombrías y verdes arcadas desde una á la otra escarpa.
En avulsiones mas fuertes, árboles enteros se ven arrebatados
con los fragmentas del suelo en que se apoyan, bajando por el rio
hasta que tropiezan con algún bajo fondo, ó aterrado, que los de-
tiene y a donde con su descomposición progresiva se convierten
en nuevos y vigorosos slralaSj que alzan y fecundan las islas ó los
bancos.
Esta condición que es común á muchos de los rios que cruzan el
territorio, es más notable en este por la centralidad de la zona que
atraviesa, deparando un vehículo feliz para animar las relaciones
internas de esos territorios y favorecer el desarrollo de la industria
y del comercio.
§H.
El arroyo Grande que afluye en él, a corta distancia del Yy^
trae un curso perpwdicular y violento contra sus canales, capaz
de desviar su giro si no encontrase las fuerzas combinadas de las
dos robustas confluencias de este rio y del Negro que obligan á sus
corrientes á someterse á la dirección que les imponen los niveles
de la superficie.
^ste curso de agua de amplio lecho, y extensos montes, con
fondo de 8 á 10 pies en épocas normales, circula por tierras do-
blada^ que descienden (de las cuchillas de Navarro y de Marrincho^
Jleva^do consigo la propiedad inherente á terrenos semejantes, d^
despedir de sus variadas inflexiones manantiales mas ó menos
fuertes y numerosos, en relación con las alternativas y movimien-
tos de su nivelación.
84 IJEBGRIPaON GEOGBlFIOA DEL TBRBITOBIO
El M&ñzony el Pdado^ pw la parte occidental : el 0/a2mí> la
Guardia y los Arennlesy por la opaesta, ooa otros menores arroyue -
los que le entran por ambas mái^eoes, ensaneh^ui ese canal, sus-
ceptible de regularizarse hasta el desagüe del Muga y ligarlo con
el del Rio Ntgro^ adelantando mas las Ten tajas de esa vía de comu-
nicación fluvial, dotada en sí misma de tantos gérmenes felices
que anuncian las proporciotíes que tomarán los labores agrícolas,
desde ^que el arado penetre en los extaisos Talles tapizados de
praderas que se ven enclavados entre los flancos de las colinas
que terminan en sus feraces riberas.
Siguen en un sentido casi paralelo, mejorando sus eondíeiones,
dos pintorescos arroyos encajonados entre varias ramificaciones
de altos albardones, de niveles uniformes, de costras arables y ro-
bustas, de perspectivas alegres y dominantes, y á donde el paisage
toma un carácter mas agreste por la elevación creciente de las co-
linas, que al fin transforman sus crestas en ligeros valles, que
velan con sus flancos otros mas depresivos, encajonados también
entre sus faldas. Esas ramificaciones de la gran cuchilla^ llamadas
de Boqmló y Colólo^ dan su nombre á esos mismos cursos de agua,
que á su turno vuelven á regar tierras levemente onduladas, al par
de otros canalizos secundarios que se las tributan en todas direc-
ciones.
Estrechado entre dos ramales de colinas, como las del Biscocho
y San Salvador y ellos acompañan el curso del rio que lleva esta de*
nominación hasta que se pierde en el Uruguay, fortificándolo profu'
sámente con los infinitos manantiales que brotan de sus faces y que
serpentean por dos angostos valles, abiertos de oriente á occidente,
limitados de un lado por su cauce, y del otro, por los pliegues de
las laderas de esas mismas colinas, en donde su perspectiva pre-
senta algunas veces el aspecto de un damero con todos sus colores,
y otras, velados por las sombras de las cortinas de arboledas que
se desprenden de sus márgenes, y que al parecer van á enterrarse
en ondas de vegetación y de verdura que amortiguan sus oscilacio-
nes al ascender á las extendidas faldas de esos mamelones. Desde
DB LA BBPÚBLIGA OBIBNTAL DBL ÜRÜ6ÜAY 85
allí, cambiándose las «soettas, esas praderas se transfdrnian en
vaUes mas elevados^ presentando en todas direcciones nacTos ho-
rizontes tapisadosdec^pedes y gramínias, á la vez que se divi-
san igual 6 mayor número de raudales que en sentidos conver-
gentes van á Olorosar otroa caldees que surcan por sus faldas re-
versas*
En medio de ese paisage asaltan de repente á la imaginación los
históricos recuerdos de la sangrienta lucha travada por los conquis-
tadores con la indómita tribu que se enseñoreaba de esae coinar-
cas y que al cabo de dos siglos fué necesario exterminar para que
dejasen tranquila la tierra que defendieron con tanto heroísmo.
La fertilidad de los territorios que recorre el San Salvador se ex-
extiende hacia todas las orillas de los robustos afluentes, que como
el San Marliny el Maciely el Aguüa y el Bi9eocho^ rodeados de fron-
dosas arboledas y de un tipo idéntico en sus bellezas naturales,
desaguan por su margen derecha ; en tanto, que por la orilla
«opuesta, otros mas débiles, aunque numerosos, recorren una corta
extensión; algunos con escasos montes, pero acompañados de un
velo de vegetación adornado de tintes y sombras que resaltan sobre
un suelo en que desborda la vida déla propia naturaleza. Entre
ellos figura el pintoresco EspinillOy en cuyas costas se descubren
todavía los vestigios de uña de las primeras poblaciones que se fun-
daron después de la conquista.
£1 Arenal^ el Agraciada y el Sauce^ — límite de esta sección por
el lado meridional,-— participan de iguales condiciones; ala vez,
que como aquellos, surcan por tierras de una naturaleza privile-
giada, originando situaciones que aumentan en amenidad á me-
dida que se desciende hacia el grandioso panorama que presentan
las márgenes del Uruguay con los vastos canales que desde allí em-
piezan á cobrar mayores proporciones, robustecidos con los brazos
mas septentrionales del Gran Paraná cuyas principales bocas se
divisan ya cercanas al paralelo de los 34*.
En medio de esas delicias de la naturaleza y en las margenes de
86 BWOBIPOION QBQGRÁFIGA DEL TERBITQRIO
aquellos arroyueloa^ aparoei^^roa m el aOa 2^. loa 33 soldados que
86 arrojaroQ á conquistar la gloriosa apopeya, inolvidable é inmor-*
tal en la historia de U Patria ouya libertad prepararon con tantas
heroicidades.
§ ttl.
Al freate de uno de esos vadadm cootorqos que improvisan las
aguas del rio lü^gco^ rev^alidos c^. una b^sa Y^atadon, ae le
yanta denominaivlolos la bella ciudad do Meifcdej^ (1), que ocupa
entre elBequdó y. el D(icá una de esas situaciones predestinadas
por la naturaleza para elevarse con el tiempo á proporciones in-
calculables^
Adornada con los incentivos de un suelo fecundo y ameno que
brota gérmenes de vida y de progreso, sobre cuyos bordes se extien-
den sus risueños perspectivas : en contacto con las plazas mercan-
tiles de una y otra margen del Uruguay, ella será el centro vivifica-*
dor del comercio y de la industria que alimentarán en mayor escala
las ricas producciones de las comarcas en que se ensofiereay man-
teniendo un movimiento precursor de rápidos desarrollos con los
litorales de aquel rio y con los mas cercanos á los del Plata; á la
vez, que llegará á ser el focus de las relaciones terrestres con las
secciones adyacentes del mediodia y con las demás que se inter-
nan hacia la capital del Estado.
£1 Rio Negro allí y hasta que llega á su confluencia, empieza á
mostrar una profundidad de 15 á 20.piés en épocas normales, que
disminuye, ó aumenta levemente, según las inflexiones de su ai-
veo, mas sensibles, aunque poco importantes, al acercarse á aquel
limite y compartir su cauce entre las islas que forman su delta.
Las riberas del rio ceñidas en sus contornos por una densa
selva que le teje de todos lados una perpetua guirnalda de
(f ) En la latitud de 88<» 18' tlT y «n la longitud 58« IT 35" al occidente de Oreenwicb.
DB LA RSPÚBLICA OBIEKTAIi DEL URUGUAY 87
ramajéd y de fioíred, bñ que la gracia y la novedad de bu Tegela*
don TMaltacon los colores y l&s sombras de ms palmeras y de sus
gmyMas y kureksy 6 yade sus yUákpy de sus múlksy gnayácanes^
entre cuyos troncos se enlazan las lianaSy los tíu^os^ los ñapindáoiSj
ó sean las yedras indígenas, en que crecen los heleehoB y los ireíi^$
con otras mil plantas odoríficas <(ue presentan un tupido tapiz de
verdor en medio de praderas sombrías y deliciosas : en donde los
malices de esa perspectiva varían paso á paso, con otros mosaicos
de vegetación que oríHah stts btmles hacia al poniente y se descu-
bren per entítna dé ios difi^ntés aiccidentes de su estructura, ya
en los valles que se prolongan p6r entre les aristas ée las colinas,
6 ya por entre las praderas surcadas por riosii arroyos, que en le-
cho pendiente, ó suave, descienden de las alturas que se alzan á
sus flancos; esas riberas, decimos, ofrecen un cuadro animado y
no interrumpido de perspectivas idénticas y rasgos semejantes
desdela confluencia del río Yy en que empieza & duplicar el impo-
nente caudal tle sus aguas.
^ Los eslabones de cuchillas que dividen el curso de sus aflnentes
y que tienen sus raíces por la parte boreal en la cadena de fíaeáó]
y por la opuesta, en la GrandCj están representados por las-del Bk-
cocho yBequdd(\}ie terminan sus giros del lado meridional; la
primera, en la confluencia del rio; la segunda, pocas millas al norte
de la ciudad de Jlfer^^ev.
La estructura y la dirección que llevan entre si esos accidentes
encontrados, precipitándose sobre su canal, lo angostan unas vecés^
lo repliegan otras , cuando no lo ensanchan con las dimensiones
de un lago ó lo obligan á doblarse y revolver en giros inexpera-
dos, formando en )os ángulos salientes de esas sinuosidades pro-
montorios ó cabos , que descienden á pique 6 -ea forma de ex-
tensos glacis, revestidos de árboles y de ramilletes de vegetación.
Otras veces , estrechándolo las faldas suaves , ó ya escabrosas de
los oteros y collados, aparece con sonda mas profunda compri-
mido entre altos farallones que repentinamente cambian su som-
brío aspecto para descubrir en sus accidentes algunas abras
88 DESCRIPCIÓN QEOGRlFICA ÜKL TERRITORIO
mas ó menos hondas, entre maBidones separados y hendidos
por el leeho decaigan arroyo , 6 cafiada , que desciende lentamen*
te, ó oon estrepito, por entee pmcaki é 9anndiee$jO yá por en
tre árboles y troncos gigantescos que se curban sobre las aguas
rodeados de otras plantas sub-acuaticas.
En lugares diversos , los albardones abajan sus cuellos y se de-
jan ver de la una á la otra orilla sobre el horizonte azulado ó ya
brumoso del cauce, anchas praderas cruzadas por un rio, ó por un
riacho , sombreados en sus bordes por grupos de sauzales^ de lau-
re¡e$y áe arrayanes y mil otros follages que se dilatan al interior
siguiendo el curso de esos derrames, sin dejar sus costas de ir re-
vestidas de tala$ y apinillos que se pierden en mas altos y mas ex-
tensos valles.
Los bordes de la ribera en las alternativas de sus niveles se
muestnm varias veces descubiertos y desnudos de la v^etacion
arbórea, particularmente cuando las faldas de las colinas dulcifi-
can sus pendientes y se transforman en estrechas planicies, donde
estancándose las aguas se convierten en cuencas, ú hoyas, hum^
decidas por esteros, ó cañadas, que alimentan Vigorosamente la
vegetación de \ospajaleSy del junco j del mbo y de la carda; pero muy
luego al lado de esas pálidas perspectivas alternan los tintes y las
sombras de otros prados diversificados con grupos de arboledas
en que sobresalen el ñangapiréj los quebrachos y los sauces, cuyas
cúpulas selváticas se pierden en columnatas irregulares que asom-
bran las aguas del rio y de los arroyuelos que serpentean por las
faldas de esas colinas.
Aquellas cuyas laderas bañan sus corrientes y que oponen una
invencible barrera á sus desbordes, se ven cubiertas hasta sus cimas
de arboles, de plantas y enredaderas que entretejen entre sus ra-
mas volutas \'ariadas y caprichosas, formando uno de los tipos
mas característicos de las bellezas de este rio. Tal es su imagen
exacta hasta donde su curso es navegable. Mas lejos lo seria, y
mayor la importancia de esas comarcas, si algún dia la fortuna de
los pueblos llega á aprovecharse de las facilidades que depara en sí
D8 LA BSPÚBUOA ORIENTAL DEL URUGUAY 89
mismo para adelantar au navegación hasta puntos mas centrales de
su camino. En ellos^ como hasta sos fuentes, sus condiciones con*
tinuan brindando á la indusrf;ria apícola con iguales ó mayores
alhagos.
§tv.
Ya cercano á su confluencia aparece el pueblo de Santo Domingo
Sariano (I), cuya fundación data desde el siglo XVI por haber sido
el primer asiento elejido por los descubridores del Plata para el
establecimiento de una reducción de indígenas a la entrada del
Uruguay.
Esta población ventajosammte colocada, ocupa un lugar que
reúne condiciones de un alto interés para el comercio y las
labores agrícolas, como la reúnen, también, para la pastura las
feraces campiñas que la rodean.
•
Las exigencias dominantes de esta industria, que ha buscado
otros centros de viabilidad para facilitarse sus relaciones con los
establecimientos diseminados en el interior y donde el rio Negi'o
presentase un pasage que hiciera mas expeditas las comunicacio-
nes con las poblaciones situadas á uno y otro lado de sus márge-
nes; unido todo, á la exigua proporción de los brazos y capita.
les en relación con la vasta superficie de esos litorales, han contri-
buido para que sean postergadas, ó poco apreciadas, las ventajas
de esa localidad, especial y única, que domina la navegación de
esos dos grandes rios.
A esas caums debe atribuirse que ese pueblo no contenga hoy
mas de 700 habitantes, ocupados, en lo general, en la cria de ga-
(I) En el iKiralelo (te los 33 ^ 23* oo"; y en el meridiano de 58 <=> 20' 25" al occidente de
Croen wich.
12
90 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
* nados, independientemeate del reducido negocio de tránsito que
mantiene con las poblaciones ribereñas^ y de algunas sementeras
destinadas á su propio consumo.
Al confundirse en ese lugar tas aguas de ese ancho cauee y pre-
sentar reunidas á las del hermoso Uruguay el aspecto de un lago
deslumbrador, que repercute en sus bordes la luz y los matices de
jas arboledas, de las florestas y monticulos, que coa sus bellos cor*
tes faldean las riberas, forman un paisage en que resaltan nuevos
contrastes que inspiran impresiones mas Bolemnes.
Al llegar y después doblar la punta de Soriano^ para descender
por las mismas márgenes hacia el Sud, el punto de vista es todavía
mas imponente con el brillo y el reflexo de ese mar dulce, con la
soledad de ese vasto horizonte, limitado por las lejanas planicies
de occidente, por los albardones y los valles, por los prados y cin-
tas de aluviones, que por la parte oriental, de trecho en trecho,
oponen un dique á los desbordes de esa dilatada sabana de aguas,
fortificado por las últimas colinas de los ramales del Biseocho y de
las MaulaSj que allí estienden sus faldas para transformarse en ta-
jados y ásperos barrancos, socabados perennemente por el impulso
de las olas.
Desde la orilla meridional de esa misma confluencia, la vista
se pierde por sobre las largas lineas serpentales de las coli-
nas de HaedOj que van suavizando sus cimas cuando descienden a
formar, de un lado, los altos veriles del hondo canal de los Caraco-
les^ y del otro, los bordes bajos y montuosos del Yaguary^ por
donde frecuentan su derrotero, con 20 pies de sonda, los transpor-
tes que suben ese rio.
A pocas millas mas abajo, sobre las costas deliSan Salvador (í),
existe otro pueblo que ha alcanzado algún desenvolvimiento en épo-
cas recientes, debido á las ventajas con que brindan á la pastura
(f) En el paralelo de 83® 23*5*', y en el meridíaiio <lc 58® 20* 25** al occideute de
Grsenwich.
DK LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 91
lo9 campos que bañan sus numerosos afluentes, y en donde se ha
concentrado la mayor población de esta comarca, atraída por la*
condición privilegiada de sus tierras y sus pastos.
La villa de San Salvador (1) encierra una población de 1,500 á
1 ,600 habitantes que, en lo general, se dedica á la ganadería, sin
abandonar los sementeras, que dan pingues cosechas y que exce-
den á su consumo.
En el desagQe de ese canal, han desaparecido ya los vestigios
del primer pueblo, que con el mismo nombre, levantó Gaboto á
principios del siglo XV, cuando el descubrimiento del Plata.
En el encadenamiento de alturas que ^atraviesan el territorio de
esta sección, son notables algunas colinas que toman el nonibre
de Cerrillos y por la escasa altura que tienen sobre sus bases, parti-
cularmente algunas que se encuentran en las vertientes del San
Salvador j y en el giro de las cuchillas de Navarro y del Biscocho^
cercano el Rio Negro^ y á las costas del AsenciOy donde se descubre
un cerrezuelo conocido por de Acosta; con otro mas arriba, de igua-
les proporciones, inmediato á otro arroyuelo de menor impor-
tancia. ^
El mas visible de todos se halla en las medianías del curso
del arroyo EspinillOy desde el cual se divisan las poblaciones de San
Salvador y las hermosas márgenes del Uruguay, sobre cuyas aguas
tiene 283 pies de elevación.
§v.
Las tierras vegetales vigorizadas con los mantillos que confec-
cionan los stratas de las riberas, mejorándolo frecuentemente los
despojos animales y vegetales, muestran generalmente en las ad-
0) Seencuenlraen la laUtad de 33.^ 30*20", y en la longitud de 58 «» 16' 15", al occi-
dente de Greenwich.
ít
92 0BSCRIPGION GEOQBÁFIOA. DEL TERRITORIO
yaceacias de los mayores cauces, que el espesen* de sus capas no
es menor de 20 á 25 pulgadas, — término medio, — ^ disminuyén-
dose insensiblemente hacia las tierras altas en donde nunca es
menor de 15 á 20. Se suceden á esas capas otras gredosa$ ó
amarillentas^ mas ó menos compactas, combinadas con la arcilla y
otras materias calcáreas; ó ya, también, schistoso^redaeeas de pro-
fundidad variable.
Tales la textura orgánica de los territorios contiguos á la
ribera izquierda del bajo Uruguay y á las de sus mayores aflu-
entes; y tal es, la de las tierras que riega el Rio Negro y los
suyos en las zoaas inferiores de su curso con escepciones fre-
cuentes en los campos inmediatos á la confluencia de muchos
rios y arroyos en donde se profundizan hasta 32 y 35 pulgadas.
En las barrancas de los canalizos que surcan profundamente el
suelo, son mas visibles esas capas y puede apreciarse mejor su
clasificación y proporciones.
La textura calicha combinada con la arcilla aparece con mas
vig(wr en esos mismos litorales, al Sud del rio Negro, donde los
terrenos con la descqmposicion de las mazas calcáreas concen-
tran los gérmenes de una fecundidad vigorosa. De esta organiza-
ción son las tierras que cubren la superficie del Departamento
de SorianOy si bien se notan algunas fajas de escasas proporciones
que se internan á las costas del Uruguay por entre los arroyos Es--
pinillo y Sauce y aun mas al Sud, en donde se encuentra una for-
mación de cal de conchas, que por su mezcla superabundante con
la piedra arenosa, imprime a las tierras mucha sequedad y aridez
con demasiada fortaleza calcárea que cauteriza las simientes y los
granos, que aun con el concurso de una intensa humedad, mues-
tran una vegetación apocada y triste.
En esos terrenos las aguas son muy salinas y los pastos vig(H*o-
sos, á propósito para el engorde de los ganados que hallan allí un
grande desarrollo. La irrigación permanente de las tierras, con los
numerosos cursos de agua que las cruzan en todas direcciones,
DS LA REPÚBLICA 0RISNTAl7d£L URUGUAY 93
contribuyen en esa parte del litoral y en los valles que forman mas
al interior las cadenas de colinas y albardones de donde manan, á
que la humedad en los terrenos arcillosos produzca pastos excelen-
tes con resultados igualmente precoces para la ganadería.
Las costras calcáreas de conehilla dan una cal de inferior calidad
poco buscada para todas las construcciones; pero es una formación
favorable para convertir esas tierras en fértiles y robustas con la
descomposición subeesiva de la vegetación, con el auxilio de lisi hu-
medad y de los restos animales.
En las costas de los rios Colólo y Bequelóy se han encontrado al-
gunas vetas anchas y estensas de rocas siliosas rogizas de composi-
ción muy remota que mandan la idea de un germen evidente del
carbón fósil en menas, ó capas, mas ó menos profundas.
Este hecho viene á corroborar la observación hecha muy fugaz-
mente en parages mas al Sud y en la misma prolongación de esa
faja, de que en algunas quebradas surcadas por manantiales re-
sultaba la formación granítica combinada con rocas rojizas de con-
dición 'siliosa^ y al parecer eruptivas^ ó macisas, con todo el carác-
ter de la formación gredácea^ modificada por la concurrencia de
algunas otras roQ^s que la descomponen por encontrarse en estado
ignitOy ó con organizaciones diversas; lo que prueba la existencia
de stratas carhoniferos.
Esa suposición es mas fundada cuando en los altillanos de las
cuchillas, como en sus quebradas, los calcáreos carhoniferos se ven
interpolados con las rocas gredosa$ y las arcillas en las camadas
inferiores del suelo.
Se ha observado, también, en alanos lugares, entre el Salto y
Paysandú, adyacentes á las márgenes del Uruguay y aun en ellas
mismas, que la formación terciaria predomina visiblemente des-
cubriéndose entre los quarzos de agua didce y la piedra de arena
una acumulación de despojos ó restos leñosos y descompuestos
desde edades lejanas y que anuncian el lignito debajo de sus capas.
94 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
después de haber sido alimentadas por la humedad peremne de
esas situaciones.
Exploraciones mas tranquilas y en mejores tiempos resolverán
esas dudas, produciendo bienes positivos al pais en este interesante
ramo de las ciencias naturales.
CAPITULO VH.
EL VBUCSIJAT, M» UHLAft Y SUS BSSftCEBí SUS CANALES
Y SU SONOA.
S. agregándose de la cadena de los Andes, como ya se ha dicha^
el grande eslabón montañoso que atraviesa en su mayor extensión
el continente meridional, girando entre los radios de los cuadran*
tes orientales hasta perderse en las costas del Atlántico, — al tocar
el paralelo de Santa Catalina^ — va derramando los copiosos rau*
dales que forman los magestuosos canales del Paraná y Paraguay^
vertiendo al fin los del Igtmzú y Uruguay (1).
. A esa altura se desprende de la arteria originaria otro ramal de
elevaciones que se interna en las zonas occidentales en demanda
de las riberas del Paraná, cuyo lecho rompe y atraviesa con uno
de sus brazos secundarios, formando el grandioso Salto de Guayra;
en tanto que acompañando muy de cerca las pintorescas sinuosi-
dades del Uruguay (2), cruza y levanta rápidamente su álveo en los
desiertos del Pepiryy con otro menos áspero y elevado, que ori-
gina la primera catarata de este rio (3).
Esa sucesión do elevados montes sigue en la misma dirección
cortejando su lecho, y revolviendo con él rápidamente hacia los
cuadrantes meridionales, al penetrar en las llanuras de las Misio-
(1) En los 27 <d aO' de laUtud austral.
(2) Uraguay, rio de los caracoles ó de las VuelUa, en la lengua indígena.
(3) En el paralelo de los 27 o 9* 29*\
96 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
nes Occidentales, empieza á calmar la acritud de sus cimas iiasta
confundirlas con ellas, no sin haber antes enrriquecidoló con las
aguas del Pepiry^ del Agtmpey y Miriñay^ por su margen boreal;
mientras que por sus faldas reversas ensancha al mismo Iguazú
con otros torrentes fuertes y profundos que solo miden en su curso
la corta distancia que media entre ese sistema de montañas y los
cauces á donde se extinguen.
No asi los que teniendo su origen en las alturas y quebradas de
la sierra de Santa María desaguan por su margen meridional.
Transformada, mas tarde, esa sierra en la Gran Cuchilla que se in-
terna en los dominios de la República, recorren extensos espacios,
recibiendo cuantiosos derrames, que al fin constituyen los cailda-
losos rios del Uruguay Minl y el Piutdy el lyúy y el leabacud^ el
Albutúy y el Pindáy.
Desde ese paralelo saliendo al rio de aquellos bosques y monta-
fias que lo engrandecen con mayores aguas, muestra desde enton-
ces la importancia con que debe aparecer en mas altas latitudes.
Al cruzar por la de 28®, y surcar las vastas planicies, cuya mo-
notonía solo alteran algunos lijeros ramales de oteros insensibles,
su lecho mide una amplitud de 1,500 á 2,000 pies, creciendo
lentamente, hasta que caen en él las del caudaloso /¿¿cuj^ (1);
y. mas abajo, las del correntoso Cttar^tm, de donde se extien-
den ya sus canales á 4,500 y 5,000 pies, como indicando que
sus cabeceras no estuvieran remotas de los términos de la Equi-
noccial.
Desde allí empiezan á dibujarse las mas bellas é incomparables
perspectivas que el Uruguay ofrece con sus riberas y sus islas, ai
lado de las amenas apariencias con que asoman en la margen
oriental, los cerros, los collados y colinas, que cual un variado
y continuado anfiteatro adornan sus márgenes, revestidas de bos-
ques y florestas que se enseñorean sobre los llanos, los albardones
(I) Por los 28 s 25*.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 97
y las ciénagas de las costas occidentales, cuya organización no
presenta las alternadas inflexiones de donde brotan los copiosos
nuinantiales que enrriquecen su lecho con tanta profusión .
Después de recibirlos en mas de 600 millas de extensión, que
recorre serpenteando por entre montañas, selvas y valles, hasta al-
canzar el parallelo de los 30®, para empezar desde allí á dividir los
lindes del Estado, le afluyen otros mas robustos en 400 millas mas
al Sud, descollando entre todos^ el pintoresco Rio Negro, conside-
rado eomo el mas fuerte de cuantos le tributan sus aguas en las
mil y nm tnillasáe su curso, hasta formar con el Gran Paraná el
imponente Estuario del Plata.
Desde mas arriba del paralelo de los 33®, el lecho del Uruguay
cobra tal magnitud y extensión que solo puede compararse con la
del MisUipí ó Marañony antes de formar los archipiélagos que en
mil canales comparten su inmenso cauce al depositarlo en el
Océano.
El Paranáy descomponiendo el suyo para organizar su hermoso
deUa á 90 millas antes de su confluencia, se presenta en ella frac-
cionado y debilitado por tantos arroyuelos y canalizos, que á pesar
de su amenidad y sus bellezas, rio representan el imponente caudal
de las aguas que arrastra desde el Ecuador, transformado al tér-
mino de su larga carrera, y después de ser navegable en mas de
1,500 millas, en innumerables brazos, que mas bien aparecen
como otros tantos afluentes del que podria disputar el derecho
que le dan sus propias condiciones para considerarse el mas ga-
lante de todos ellos.
Las corrientes del Uruguay en su estado normal pueden calcu-
larse con exactitud en 20 a 22 pulgadas por segundo, ó lo que es
lo mismo, en 1 milla y 3/10 por hora; lo que supone con funda-
mento alguna mayor velocidad que la del mismo Paraná, atendida
la diferente estructura de las tierras por donde surcan ambos rios.
Pero, cuando los vientos siempre inconstantes de los cuadrantes
meridionales, especialmente del segundo, son recios y pertinaces
deteniendo las corrientes del Plata, las aguas del Uruguay compri-
13
98 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
midas, á su vez, inchan y retroceden hasta el paralelo del Queguag
para vaciarse tan luego como ellos desaparecen con una velocidad
de 25 á 30,000 pies por hora. Y cuando simplemente el viento
cardinal del Sud, tan frecuente eñ la estación de las aguas me-
teóricas, ejerce de lleno su poder con alguna constancia contra
esas mismas corrientes, su velocidad, aldescender^ se encuentra
en relación con su mayor ó menor tenacidad; obs^*vandosé m\
embargo, que siempre que las aguas han retrocedido hasta el pa-
ralelo de los 33^, las bajantes traen una rapidez de 3 á 4 millas
por hora; y cuando á los 32^, la de 5 á 6, próximamente.
Esa misma velocidad admite excepciones, ó alternativas, según
la configuración del álveo ó de la amplitud de sus riberas y ca-
nales.
En las épocas de las mayores creces, que s(mi tan irregulares,
como lo es el caudal de aguas que cae estacionalmente en los para-
lelos de su origen y en los que recorren sus mismos tributarios, esa
velocidad es mayor y proporcionada con el volumen ó la altura á
que ellas alcanzan; siendo menor en el estado normal de su cauce
y en relación creciente cuanto mas lo estrechan ó encajonan sus
márgenes. En esta situación las corrientes son frecuentemente
mas fuertes en el centro del álveo que en sus orillas, disminuyendo
en estas, cuando son explayadas ó bajas como en los contornos de
las islas que tienen iguales condiciones.
Las crecientes del Uruguay se pronuncian un mes y muchas
veces dos después que concluyen los periodos lluviosos en las ba-
jas latitudes, generalmente á los principios de primavera, dejando
muestras benéficas de la fecundidad que sus margas y sus glute-
nes infiltran en las tierras, como un rico don del cielo, en mas de
3,000 millas cuadradas á que se extienden sus desbordacioncs
desde los alredores del Trópico hasta su embocadura en el Plata.
Piérdese la imaginación en el porvenir a que está llamada
esta región feliz, asombrosamente preparada por la natura-
leza, cuando el* brazo industrioso y el genio emprendedor explo-
ten su feracidad, demostrada con la fácil producción de todas las
/
DB LA REPÚBUOA ORIENTAL DEL URUGUAY 99
zoaas, y sin el auxilio del arte parabonificarla^ atrayéndole mayor
eelebridad que la que han alcanzado el ¿otre^ el Nilo y el DanubiOy
que no gosan ni de su clima, ni de tantos, y tan caudalosos tri-
butariosy que representan por su posición y encadenamiento un
Tasto sistema de canalización, que otros paises, con pueblos mas
afortunados é industriosos, llegarían á poseer tan solo con el em-
pleo de fortunas ingentes, y con el esfuerzo incesante de trabajos
seculares.
Siendo lentas y suaves aquellas crecientes, puesto que para su-
bir á 6y 7 pies de altura necesitan llegar á su máximum durante
los tres é cuatro m^es de su duración, jamas son nocivas al culti-
vador , al montaraz ó Carapachay que vive en las islas, ó en las
praderas de la ribera y que pone con tiempo en resguardo su ca-
bana y sus cosechas.
Tampoco las corrientes, ni esas mismas avulsiones, cualquiera
que sea el estado del rio,, pueden retardar ó embarazar su navega-
ción ; y antes bien facilitarla, con la desaparición de los arrecifes
y restingas que en épocas comunes, ó en las grandes secas, llegan
á obstruirla, ó retardarla.
§ 11^
En el Uruguay, como en la generalidad de los rios navegables,
se obser\'a, que conservando un álveo limpio, desde que empie-
zan á gozar de esta condición, su sonda es mayor regularmente en
relación con el numero y magnitud de los afluentes que lo aumen-
tan de un modo progresivo; pero, que al depositarlo en los mares,
en los lagos, ó en los estuarios, disminuye repentinamente por la
aglomeración de las materias que arrastran, rechazadas y envuel-
tas por los encontrados contrastes, por los choques y torbellinos
délas aguas, impulsadas por los vientos ó por las oscilaciones de
las mareas que las repelen sin cesar, y que débiles para vencer á
esos poderosos agentes se arrastran lentamente ó revuelven sobre
100 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
SUS pasos , estacionándose ó levantando insensiblemente el nivel
del fondo al encontrarse en completa lucha con dos fuerzas con-
vergentes que disponen de ellas á su advitrio ^ obligándolas casi
siempre , á derivar hacia la perpendicular del eje de esos moví*
mientos.
Tal debe ser el origen de los bancos, de los deltas y las barras
en las bocas de los rios; y tal la causa de los bajios y placeres,
que existen en las del Paraná y Uruguay y que disminuyen len-
tamente su profundidad al llegar á su desagüe , si se compara con
la que ten ian en las pasadas centurias, consignadas en documen-
tos gráficos que aun existen.
Esos efectos son visibles en el gran D^lta del Paraná formado
por la concurrencia de sus corrientes con las del rio Uruguay, en
el cual se aglomeran insensiblemente las materias mas graves des-
lizándose sobre ellas las sílices livianas, que al encontrar un
accidente ó una inflexión en el álveo, vuelven á posarse y á crear
el fundamento de un nuevo banco, de un placer, ó de una isla,
como las que se ven al lado de sus veriles.
El extenso placer de las Palmas j que desde el Delta se encamina
acia el centro del Plata, ceñido por los canales de aquellos rios, á
los que invade lentamente estrechándolos sobre sus márgenes y al-
terando constantemente sus contornos, tiende á dilatarse en esa
misma dirección y á adunarse con el banco de Ortiz^ á la vez que
crea con sus despojos otros menores que se radican sobre la costa
* Argentina. Este banco que parece ser el resultado de las arenas ar-
rancadas por las corrientes de ese placer, y de las tierras que des-
prenden de las riberas Orientales, encontrando en su camino neu-
tralizadas sus fuerzas por el cabo de la Colonia y el archipiélago
que cierra su bahia, ó acaso también, por alguna prominencia bre-
ñosa que sea su continuación sub-marina, ellas se aglomeran á su
abrigo, dando origen á ese banco que desde allí continúa acia el
Oriente acompañando de cerca á la coiüi Oriental, y dejando entre
ella y su veril del Norto, un angosto pasage, por donde se desvia
D£ LA RKPtJBUCA ORIENTAL DEL URUGUAY 101
una parte del cauce del Uruguay, que se abre en dos brazos al en-
contrar aquellos obstáculos creados por sus mismas corrientes.
Las arenas que proceden de ese deposito con las que mas lejos
llevan aquellos ríos, combinadas con los derrames del conti-
nente Oriental, tienden también á dilatarlo bacia los placeres de
San Gregorio y Santa Luda^ y á obstruir ese canal cuya sonda dis-
minuye visiblemente, como el Plata apoca la suya, cuando por las
mismas causas, aparecen en medio de él, en. la prolongación del
meridiano de Montevideo, los bancos de Oyarvide y Arquimedes, con
el del Ingles mas al Este, que ^reunidos, van creando un vasto
placer que se alza y extiende lentamente sobre los sólidos funda-
mentos en que se apoyan, siendo mas dominantes y ^temibles los
accidentes y alternativas del último.
Las costras siliosas de los bancos contrastan con las del fondo
del álveo compuestas de los limos que depositan en ellos los
desagües de los rios que bajan del continente por una y otra de sus
riberas, sirviendo esta diferente compo^sicion de notoria utilidad
para el reconocimiento de las sondas.
De aqui pues el origen de la alarmante invasión de los ater-
rados , de los archipiélagos y bancos sobre los canales que les dan
existencia basta comblarlos con los tiempos, merced ala perem-
ne combinación de esos despojos; mayormente en aquellos que
aparecen en las costas occidentales de los Continentes.
. Monumentos visibles en las ddl Mediterráneo ^ del Mar Negro^ del
Pacifi4íe y del Grande Oeeano^ muestran que ese fenómeno parece
ser el resultado de la combinación de muchas causas físicas y na-
turales que constituyen la organización de nuestro planeta y de
las leyes inmutables que rigen el movimiento del sistema solar.
Juzgase como un hecho demostrable, que las costas Orientales de
las distintas partes del globo pierden de superficie, ó de tierra, por
el embate perdurable de las aguas; en tanto que las que miran al
Ocaso la ganan en proporción, mas ó menos lentamente, según su
textura, ó las propiedades de su misma organiaiacion.
102 DlSSOBiFCION GEOOBlFIOA 0BL T£RRITOKIO
Esta acción insensible pero eonstaxite, causada, ya por el rnovi*
miento de rotación ó por el de translación del globo, ó bien por el
influjo que pueden ejercer las fuerzas centrífugos y centrípetas
que reglan aquel mismo sistema, inclina imperceptiblemente el
nivel de las aguas hacia el Oriente, chocando con mas poder con-
tra los obstáculos que se les oponen hasta desc<mipooerlaa ó dis-
locarlas de un modo lento pero infalible.
Las costas de la Crimea y de la Tartaria que limita el Caspio; la
cadena de los Anies^ desdo el uno hasta d otro de sus extremos:
las del Míditerráma^ en fin, que ensenan al navegante la antigua
Tour desAngee sumergida en las aguas una milla mas al Occiden-
te de la primitiva margen donde echaron sus cimientos los con-
quistadores de las Galias, y tantos otros eignos de ese trastorno,
parecen confirmar el que se opera insensiblemente en la configu-
ración de los diversos continentes de la Tierra.
En el reverso de ese cuadro el Geógrafo descubriria, que las
costas occidentales de la América j las del Mar del Norte y de la
Arabia] y mas cerca de nosotros, la del Mar de la Patagonia hasta
el origen del Plata, dilatan visiblemente sus contornos hacia el
Occidente, ostentando esa conquista al cabo de los siglos.
Creemos pues, que estas observaciones, admiten algunas excep-
ciones en la formación de los ieUa$ de determinados ríos, que des-
caigan sus aguas en las costas Orientales, ó en aquellas que llevan
un giro aproximado en los mai*es interiores, como el Mediterrár
tuúy ABáÜit» y el Ne§r9. Sea que la acción de sus aguas mas
tranquilas y :maiisas desde que varian en ellos las propinados
del flu)o y reflujo diurno, ó bien, las de las mareas de zizigias y
de comunicación; aea, quela combinación de las alternativas y
niveles de la superficie por donde corren los rios, imprimen ma-
yor velocidad á sus corrientes: el hecho es, que se encuentran is-
las y báñeos en sus desagües, que si no progresan en la área de
sus aterrados, tampoco la pierden, ni descomponen, conservando
sus veriles sin alteraciones visibles.
En los deltqs conocidos sobre las costas boreales y meridiona-
DB LA REPÚBLICA ORIfiKTAL DEL URUGUAY 103
les do las divisiones de la Tierra, no parece influir aquella acción
de la mecánica del globo, como lo muestran los que existen en al-
gunos de los grandes rios del Indotían y de la China] y en el Conti-*
nente Europeo, los que desaguan en el Canal de la Mancha^ en las
costas de la Béljiea y de la Holanda.
Muy prudente seria pues atribuir al poder de esa misma acción
el solevantamiento del suelo y la dilatación progresiva de las islas,
bancos y bajos fondos como agentes que ccmcurren á consumar
aquella irrupción, descomponiendo con la combinación de loi^
aluviones, de los sedimentoso despojos que arrastran , las con-
fluencias de los grandes raudales donde se estagnan, como resul-
tado de las diversas fuerzas que se asestan contra ellos; cual \o
comprueba el progresivo embaucamiento del Plata, que transfor-
nuirá ea lo futuro sus propias condiciones hydraulicas^ y las de
las bocas de las dos grandes arterias que le dan existencia .
§in.
Hemos dicho ya, que el curso natural de los canales del Uru-*
guay, extendiendo sus aguas en las altas crecientes y en lal^ que
ocasionalmente son causadas por las lluvias mas ó menos copiosas
en las diversas temperaturas de los paralelos de su curso, aglome-
ran en las mas altas infieuones de su suelo, ó ya en los obstáculos
que encuentran sus corrientes^ la tierras, las arenas y los restos
animales y vegetales que crean A fundamento donde van á depo»
sitarse nuevas materias, levantando lentamente su nivel hasta con-
vertirse en islas y aterrados de una composición vigorosa, mejo-
rada constantemente con las dunas, los stratas de los limos^ de
leños y resacas que imprimen al suelo una gala y nerviosidad ex-
cepcional, sostenida y desarrollada por la peremae humedad que
la alimenta y que acaban al fin por dominar la superficie de
las aguas, resistiendo al embate de sus corrientes.
El primer agente que contribuye á esa transformación, es la
104 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
aparición de algunas plantas acuáticas en esos bancos ó placeres,
cuando en las grandes bajantes, durante los estios, quedan ligera*
mente encubiertos por las aguas, ó descubren la faz mas culmi-
nante de su superficie recibiendo el calórico y el aire que muy
pronto hacen germinar en ellos al junco y al saranM ú a otras
plantas de la familia acantacea; y tras de estos, á la carda j al ceibo^
que desde entonces convidan con un mas sólido cimiento á toe*
nuevos despojos que deben alimentar ese asiento precusor de una
vegetación rica y esmerada.
Las dunas y huracanes combinados con los limos y resacas que
renuevan incensantemente las avulsiones periódicas, perfeccionan
con los tiempos las propiedades vegetales del suelo, que alzándose
mas y mas, y gozando de los cambios admosfencos, ofrece mayo-
res atractivos á la vegetación arbórea que se muestra desde en-
tonces engalanada con nuevas matas, árboles y arbustos, entre
los que descoUan primero, el canelón y el molUy el sauce^ y el lau-
rel en las partes mas bajas de esas capas feraces; y en las mas al-
tas, el tala y espiniJlo^ al lado del guainyú del guayacan y ñangar-
fdré.
En las islas de mas antigua formación hacia el interior del rio
y en latitudes mas templadas, encuentranse arboledas de condi-
ción privilegiada como el yp¿ y el yangueranaj el tambetarí y el
batinga^ mezclados con cocoteros ó palmas elevadas, asociadas de
corpulentos yatahysj que brindan al navegante con el robusto
racimo del dátil Uruguayo.
El cauce del Uruguay desde que empieza á recibir sus mayores
tributarios, está sembrado de muchos y muy variados accidentes
de esta naturaleza, particularmente en el paralelo de los 33® donde
forma un verdadero archipiélago, rodeado de playas d ve bancos
y cruzado por canalizos, y arroyuelos, que son el verdadero delta
de este rio, con configuraciones caprichosas.
Muchas de estas islas reúnen condiciones mas ó menos valora-
bles según las propiedades de su organización, ó la situación espe-
cial que ocupan, cuando no por su relación con las poblaciones
DE tA BSPÚBUCA ORIENTAL DEL URUGUAY 105
ribere&as ó por el nivel que han alcanzado sobre la superficie de
las aguas que las salva de las avulsiones estacionales.
La generalidad de ellas está expuesta, sin embargo, á los efectoi
de esas creoientes irregulares , á las que solo alcanzan á sobrepo-
nerse las copas de las selvas mas elevadas, que vuelven á apa-
recer adornadas de verdor y lozanía con el resto de la vegetación
menos robusta que ha sufrido esa pasagera inmersión.
Esa misma vegetación, siempre en pugna con las aguas, acaba
frecuentemente por dominarlas, desarollandose y prosperando en
medio de ellas como el agente mas poderoso de su vigor y fron-
dosidad; en tanto que con sus despojos y sus savias se prepara
lentamente para no desaparecer en aquel conflicto.
.Uv.
Las primeras islas que por la elevación de su suelo y la gala
de sus bosques muestran una grande importancia en la navega-
ción del alto Uruguay, son las que dominan la embocadura del
rio Cuareinij dividiendo por su situación en dos brazos el canal
del mismo Uruguay. El del lado occidental, ancho y explayado,
representa su verdadero cauce; y el opuesto, estrecho y profundo,
formado en gran parte por el desagüe de aquel rio, es el mas fre-
cuentado por los transportes del cabotaje, que encuentran en él
de 12 á 16 pies de sonda; mientras que en el otro, solo pueden
navegar los que no calen mas de 5 á 6, cuando bajan las aguas.
La principal de ellas, cuyos bordes encajonan su desagüe, tiene
media milla de longitud sobre una amplitud variable, desde 100
á 300 varas. Las otras dos, en contacto inmediato por el lado del
Sud, son mas bajas y anegables, particularmente en los veriles
que miran al medio día.
Cercanaá la confluencia de Tacumbú^ existe otra, de menor im-
portancia, en las adyacencias de la costa oriental, y que desapa-
rece eu las avenidas.
14
106 DBSOBIPCION OBOGRlnCA DEL TSBBITORIO
Al Norte del desagüe del arroyuelo nombrado el TigrCy se mues-
tra algunas veces, en las épocas de seca, una sucesión de rocas
quarzosas, conocida por restinga de San Gregorio^ y que deja expe-
dita la navegación por los diversos canalizos que dan paso á las
aguas con 6 á 8 pies de sonda.
En esie logar se vadea el rio por las carabanas y transeúntes
que pasan de una á la otra ribera en esas épocas. Con el mismo
nombre se vé mas abajo, una pequeña isla cubierta de arboledas,
de 200 á 300 varas de extensión y que no es inundable por la al-
tura de sus tierras, adyacente también á la margen izquierda del
canal.
En frente de las barras de los arroyos Paredón y Ceybaly («'^pare-
cen dos mas, bajas y montuosas, de escasas dimensiones, conoci-
das con el nombre de ese curso de agua, la primera; y la segunda
con el de Isla redonda j en inmediato contacto con la misma ribera.
Hasta este punto las sondas dan por término medio 14 á 20
pies de profundidad.
Algo mas al sud sigue otra isla de mayor extensión, llamada de
las VaeaSy mas elevada y firme, con excelentes pastos y maderas
de calidad superior á las que se encuentran en los bosques de las
anteriores, quedando hacia el Oeste el mas fuerte de los brazos
del rio.
Al lado del antiguo pueblo de Belén, se alzan dos mas pe
quenas, de tierras altas y arbdiedas tupidas, en contacto con la
margen Oriental.
Siguen para el sud del nuevo -pueblo Constitución dos islas, co-
nocidas por del Herrero j de alto nivel, y pobladas, de montes que
proveen á las necesidades de esa población; continuando los
canales hasta aquí con aquella hondura, no obstante que haya lu-
gares en que no es menor de 23 pies.
Estas islas, no distantes de la catarata, anuncian desde yá, por
la escasa sonda del rio y los torbellinos de las aguas, la descompo-
sición de sus planos inferiores, al observarse el esfuerzo que ha-
DJS LA RSPÚBUOA ORIENTAL DEL URUGUAY 107
cén para sobreponerse á un nivel que asciende lentamente, hasta
que termina en el escabroso arrecife, originando á su lado tres
pequeños islotes de suelo» bajos y poca vegetación .
Pasado este obstáculo, se tropieza con otro de menores dimen-
siones que atraviesa el lecho del rio, frente á la confluencia del
arroyo San AntoniOy con un veril rocalloso, interrumpid© en su
giro y que deja percibir diseminados en diversas direcciones los
peñascos y las breñas, desprendidas las unas de las otras, sin le-
vantar un farallón continuado y sin oponer á las crecientes un em-
barazo uniforme que las obligue á lanzarse por sobre ellas. El cho-
que parcial y simultaneo de las aguas, produce sin embargo un
éoo ronco é imponente que se dilatan alguna distancia. Este arre-
cife es conocido por el SáUo chico.
En las inmediaciones de la villa del Saíf j, a lyacente al Norte, »
hay otra isla montuosa y anegable, separada por un estrecho
brazo de la margen izquierda y de mayor medida que las ante-
riores.
En frente al desagUe del rio Daiman^ se observan dos aterrados.
Uñidos al parecer en las altas avenidas, pero que en las ba-.
jantes dejan ver un pequeño canalizo que los divide entre sí. Son
frondosos é inundables en parte, dividiendo el curso de los canales
en dos brazos de sondas equivalentes y no menores de 25 á 3ft
pies.
De ellos se desprende diagonalmente hacia el mediodia una res-
tinga que solo presenta un angosto pasage y que impide la nave-
gación cuando no reinan los vientos del sud en las épocas comunes.
A este obstáculo es al qu3 nos hemos referido hablando anterior-
mente de la desventajosa situación que ocupa aquella factoría con
relación á la navegación del alto Uruguay.
Siguiendo el giro de los canales, notansé muy luego, sobre las
confluencias de los arroyos Chapicuy^ Capivarij y Guabiyú^ dos islas
en cada una de ellas, de variables dimensiones, cubiertas dé bos-
ques y con niveles altos que estrechan la amplitud del canal, que
108 OBBCBIPaON G$100RÁFI(U OBL TBBBITOBIO
serpentea por en medio de esos tres grupos, dividiendo su domi-
nio entre los- dos paises ribereños. En el del centro, la sonda es
de 24 á 28 pies.
Inmediato á los desagües del SattcCj del Malo y del San Joséy si-
guen tres grupos ma&, de igual número y condiciones, mas adic-
tos, los dos últimos, á la margen derecha, siendo, en el primero,
de mayor sonda el canal que orilla la ribera opuesta.
Al enfrentar la barra del Rio Quégnay^ fórmase otra mas her-
mosa y eitensa, adyacente á la margen izquierda, de 1 ,500 á 1 ,600
varas de longitud, sobre una amplitud dd 200 á 300 en las altas
aguas, y que reúne ventajosas condiciones por su situación, sus
arbolados, sus gramiúeas y sus tierras; no obstante que en esos
períodos, se cubra una parte de ella. Esta isla, y otra mas pe-
queña, en contacto hacia el sud, reciben el nombre de aquel rio.
Entre los desagües del San Francisco y del Sacra y en el centro
del cauce, aparecen otras dos de un suelo poco elevado y desnudas
de bosques por el continuado corte que han hecho de ellos los ha-
bitantes de esos contornos. Sin disminuir de sonda el canal pasa
al Este de la primera; y en la de mas abajo, por la margen opuesta.
La villa de Paymndá aparece del lado meridional del primero de
esos arroyos en unas colinas que dominan los accesos de la ribera
á una milLi de distancia.
En la embocadura del Arroyó Negra y para abajo de la ciudad
del Uruguay y encuéntrase una sucesión de numerosas islas de dis-
tintas magnitudes, adyacentes todas a la margen derecha, con ter-
renos bajos y bañados, pobladas de arboledas y plantas, que dan al
canal un giro pronunciado, con una sonda de 20 á 30 pies y cuya
amplitud no baja de una milla, término medio. La mayor de ellas
medirá como 7 millas de longitud, teniendo a sus extremos dos
menores, de tres cada una, próximamente.
DB LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL ÜRU0UAY 109
§v.
Al frente de otro arroyuelo nombrado las Isletos j se prescrita
un grupo eíi que sobresalen dos bellas islas de 2 y 3 millas de ex-
tensión, que se alejan de la margen izquierda, por donde gira el
principal eanal, ioon 20, 40 y 45 pies de fondo.
Sin ser intierrumpidos esos accidentes, aparece algo mas al sud
de la embocadura del Román Grande^ un extenso y verdadero ar-
chipiélago que empieza por formar el pasage conocido de las Tres
Bocas j en razón de la estructura diagonal de sus abras que dan
entrada a otros tantos canalizos de profundidad y amplitud bas-
tante para el tránsito del cabotage que frecuenta esas costas.
No es dudoso que el principal de todos sea el mas central,
cuya profundidad varia desde 80 á 45 pies, quedando adyacentes
a la margen Í7.quierda dos de las mayores, de 3 á 4 millas de
largo, separadas por un angosto y bondo riacho, que tampoco
tiene menos de 20 pies de sonda.
El de la izquierda, llamado Cand de los Prácticos^ adyacente á
la isla de San Lorenzo ^ tiene un fondo capaz de competir con el
del centro, no obstante que disminuya en determinados pasos basta
16 y 17 pies, independientemente del poco ámbito que ofrece en
todo su giro. £1 mas central divide evidentemente el dominio de
esas islas.
Ese encadenamiento crece en número y variedad al pronun-
ciarse la vuelta dilatada que hace el rio hacia el Occidente hasta
recibir el cauce del Gualeguai/i obligado por las altas colinas del
Bipicuá y Fray Bentos — ^últimos eslabones de la cadena de Haedo^
— » cuyas faldas roza con violencia, ensanchándose notablemente
hasta brindar con un fondo de 30 a 40 pies á la navegación de
alto bordo.
Esas islas de una milla de extensión cada una próximamente,
no SUORIPGIOK GBOOaÁFIOA. DBl TfiRBITOEIO
parecen acompañar en an mismo sentido á las dos márgenes del
rio, distantes una de otra algo mas de 12,000 pies. Bajas y mon-
tuosas, desaparecen en parte en las altas crecientes, corriendo el
canal de mas hondura por entre ambas, y dejando tres de las ma-
yores adyacentes á la ribera izquierda.
Siguen encadenados á estas infinitos otros islotes, en añnidad
con la opuesta, circundados por fuertes brazos en todas direccio-
nes; siendo el mayor el que corre mas cercano a la costa Oriental.
§ VI.
Es en ese paralelo, donde al pronunciarse aquel contorno repen-
tino, el Uruguay se desnuda de sus islas para pres3ntar la impo-
nente perspectiva de un extenso lago, dulce y tranquilo, embelle-
cido con las lejanas vistas que describen sus márgenes al fin del
horizonte, el ánimo se dilata y recibe nuevas impresiones al salir
de la opresión que infunde el laberinto de sinuosos canales, com-
binado con la complicada masa de sus islas y florestas, de sus
selvas y juncales que comparten su cauce en ese Delta de varieda-
des y perspectivas tan amenas.
Mas diversificadas y extensas, minutos antes de llegar al para-
lelo de los 33?, la belleza de esa creación inculta. y desierta va
desapareciendo á medida que los veriles de aquella sinuosidad
se enderezan al Poniente.
Al penetrarse por ese horizonte de aguas sin ser interrumpido
por ningún accidente aparente, diriase que alli fuera en remotas
edades el asiento de un gran golfo hasta donde se extendieran las
aguas del Estuario, y adonde terminando también su curso, depo-
sitara las suyas el grandioso Uruguay.
Pásase por la idea esa presunción al ofuscarse la vista en las
interminables planicies de la margen occidental, bajas y brumo-
sas, innundables y plagadas de ciénagas, que se extienden desde
el Guaiegiíay hasta el Guazú^ sobresaliendo- en la textura de esa
ancha faja, tierras de acarreo, de aluviones y de una composición
ligera y reciente, que mas se vegetAliza, cuanto mas se alza el suelo
hacia el interior, mostrando el solevantamiento succesivo de
sus márgenes. Sea, como es natural, que la lentitud de esa ac-
ción no es tan poderosa para oponerse al vigor de las corrientes:
sea que el empuje de las aguas y el influjo de las mareas, agitadas
por los vientos meridionales, destruya los fundam^itos de cual-
quiera organización sub-acuatica; sea en fin, que sus rápidas y
continuas oscilaciones, bajando, subiendo y retrogradando ince-
santemente contribuyan á mantener limpio el álveo del rio, pro-
bado está, que alli es adonde empieza el delía del Uruguay, si asi
puede llamarse; y que desde esa altura, sus canales descienden
mas de 70 millas despejados de islas y placeres, si se exceptúa al-
guna que otra que para no estorbar el giro de esas fuerzas parces
como que se apartara de su camino y se recostase hacia las riberas
orientales, sobre cuyos veriles, altos y prominentes, se estrellan y
amortiguan esos movimientos irregulares.
Aquel pequeño deltaj rodeado de aguas profundas, y tranquilas,
presenta escenas de animación é interés que exalta la asombrosa
feracidad de su suelo, la frondosidad de sus bosques, seculares
muchos de ellos, regados por manantiales y arroyuelos, que ma-
nan y serpentean por los accidentes insensibles de su suelo y que
son otros tantos v^ículos que se eneadenan con los mismos cana-
les aumentando la viabilidad en todos sentidos.
Mas bajas y bañadasdesde que descienden hacia la embocadura
del rio, y admide la acción de las mareas exteriores parece retar-
dar su organización, están consiguientemente expuestas á una su--
mersion total, ó parcial, según la altura á que alcanzan las aguas
en las mayores avulsiones, quedando, en muchas de ellas estagna-
das en pequeñas lagunillas, que se mantienen hasta que la evapo*
ración las aniquila^
112 DESCRIPCIÓN OBOGRlnCA DEL TERRITORIO
§ vn.
Después de terminar el último encadenamiento de pequeñas is-
lotes acaba también aquella notable sinuosidad, cobrando el rio
desde entonces el curso primitivo que desde los 30* conduce sus
canales, decididamente al Sud.
Sin disminuir la profundidad de su sonda el cauce se estrecha im-
perceptiblemente para volver á explayarse muy luego hasta la em-
bocadura del Rio Negro, sin ser interrumpido el giro central de su
canal mas que por algunos bancos movibles que se desfiguran
constantemente por la fuerza de las corrientes y por las dunas,
las arenas y los limos que alteran sus formas y entorpecerían la
navegación á no ser reformado el balizamiento de sus veriles
después de pasados algunos de los periodos de sus creces.
La constante desfiguración á que están expuestos esos mismos
bancos, particularmente los que se encuentran cercanos á la embo-
cadura del rio, hacen indispensable la reforma periódica de las
costas hydrográficas, en especial aquellas que se' destinan al servi-
cio de su navegación.
Desde esa notable sinuosidad, el cauce se comparte en dos
brazos, costeando el uno la ribera oriental, llamado de los Caraco*
leSj y el otro por el centro, con mayor sonda, algo mas adherido á
la margen opuesta.
En la boca de aquel rio estrechan su desagüe dos importantes
islas conocidas por del Viscaino y los Gallegos^ de altas tierras y
espesas selvas, dividida la primera de la península de Uaedo por
un angosto y hondo riachuelo llamado el Yagtuirí Chico; y la se-
gunda, mas separada de la ribera opuesta, deja entre ambas otro
canalizo el Yaguar y Grande] corriendo por el costado meridional
el cauce principal cuya imponente embocadura muestra alli mas
de una milla de amplitud. Por ella entran los transportes que se
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 113
dirijen á los pueblos situados en sus costas; y por aquel, los que
coa igual destino bajan del alto Uruguay.
Los angostos riachos que dividen esas islas, indican que ellas
han formado parte de aquella misma peninsula, de la que se com^
prende han sido desprendidas por las éprrientes y avenidas de las
aguas al «hdcar con las inflexiones depresivas de su primitiva su-
perficie.
En ellas, como en las que existen mas arriba, se descubren en-
tre los benques algunas cabanas solitarias con gentes ocupadas
en las faenas del carbón y de la leña^ con que proveen á las pobla-
ciones de ambos litorales; permaneciendo en sus trabajos basta
que se anuncian las crecientes que los expulsan al continente.
Continua desde allí el canal con una profundidad de 40 á 4¿>
pies en demanda de las costas orientales con las cuales forma un
estrecho pasage al enfrentar con la punta de San Salvador y desde
donde vuelve a separarse hacia la ribera opuesta, ostentando en*
tonces un mar de aguas de ó á G millas de extensión para buscar,
muy luego su contacto con las del Ártnal y de Chaparro^ en que
su sonda ensefia, en partes, desde 50 hasta 60 pies, disminuyendo
el ancho del rio hasta una milla en este último punto.
Siempre mas cercano á la ribera izquierda, sigue aumentando
de profundidad por el influjo que ejercen sobre el cauce las re-
pentinas sinuosidades de la ribera occidental, que desde alli
lo encajonan hasta la altura de la Punta Gorda , no dejándole mas
de 2 millas de amplitud. Desde ese paraje los canales empiezan á
cobrar un aspecto mas imponente con una profundidad de 70 i 80
pies, pasando tanjente al borde occidental de la Isla del Juncal^ que
solo deja bajos fondos entre ella y la margen izquierda del rio.
Esta isla, aplanada é inundable por todos sus bordes, mide me-
dia milla de ancho en las bajantes sobre una de longitud, teniendo
en su centro algunos arbolados sobre un insensible albardon que
levanta su suelo.
Merced al descenso que muestran desde aquel pequeño calxx
los niveles de la costa Oriental hasta el de Martin vhico^ sus íiguas
1.)
114 DESORIPCION GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
impulsadas por las corrientes perpendiculares del gran Paraná se
internan hacia ella, ensanchando su cauce la concurrencia del
mayor de sus brazos en el paralelo de los 34°, donde ese gran-
dioso accidente presenta uno de los panoramas mas imponentes y
magestuosos de cuantos ofrece lív^eografía de la América Meri-
dional.
Las numerosas bocas que abren las corrientes de ése rio en las
tierras bajas de la margen occidental para reunirse con las aguas
del Uruguay formando con él, diez millas mas abajo, el grande
Estuario del Plata, lo engalanan al término de su camino con un
cauce de 8 á 10 millas de extensión, y que al formar horizonte,
solo se descubren dos pequeñas islas de formas oblongas, llanas y
montuosas con 400 á 500 varas de longitud (I), adyacentes ambas
á la costa Oriental. La exigüidad de sus condiciones hacen resal-
tar el contraste que a la vista ostenta la de Martin García^ la mas
importante de cuantas existen en ese rio, y que enseñoreándose
sobre su embocadura domina completamente con las crestas de sus
colinas la navegación fluvial de esas dos grandes arterias.
Desde la confluencia de aquel brazo, — único para la navegación
de alto bordo, — el cauce del rio disminuyéiido de profundidad
hasta 30 pies se desvia de los bancos y placeres de las bocas mas
meridionales, que se abren paso per las tierras bajas de la margen
derecha, cruzando diagonalmente hasta rozar las faldas de los as-
peros mamelones de aquella isla, cuyas baterias colocadas en sus
golas, cierran el paso en todas direcciones.
Debida esa situación al exiguo fondo que se encuentra en las
cercanias de esas embocaduras, rodeadas de placeres, que se ex-
tienden hacia las costas Orientales bajando repentinamente sus
niveles al tocar los bordes opuestos de aquel peñasco contra los
cuales se precipitan tantas corrientes combinadas, esos canales.
(I) La isla Sola y las Hermanas. La primera, baja y anegadiza va cobrando un sucesivo
ascendiente sobre los canales con el alzamiento de su nivel. La mayor de las Dos Herma-
^AS, hsice iguales progresos; y hoy mismo es preciso que las avulsiones sean extraordina-
rias para qnc cubran la parte mas alta que mira al roediodia.
DE LA REPÚBLICA OlUENTAL DEL URUGUAY í\¡}
por SUS condicíoaes hydrográfícas^ han concentrado en esa direc-
ción todo su poder^ dejando entre ella y la margen izquierda, un
pasaje bajio, explayado y sin sonda, que no permite flotar á ningún
bajel que cale mas de 4 á 5 pies de agua.
Asi es que su situación, refiriéndose uP único regulador del dor
minio fluvial, que es el curso reconocido del principal canal de los
rios, demuestra inconlestablemente, que el de la isla de Mariin
Garda pertenece al territorio de la margen izquierda del Uruguay.
Las conmociones mas ó menos violentas, generales ó parciales,
que han podido tener lugar en esta porción del continente, y las
modificaciones que sufre la superficie siempre variable, causado
por diversos fenómenos, como los fuegos subterráneos, las inunda-
ciones, los terremotos, etc., son causas que reunidas, bíin podido
contribuir en tiempos remotos á la desorganización de esa fracción
de la ribera y á la forma que desde entonces tomará el cauce.
E$ta isla de una milia de diámetro próximamente y de un con-
torno casi circular, con una composición granítica y quarzosa^ en
la que se descubren algunas menas del carbonate calíceo^ particu-
larmente en los pedregosos veriles del Sud, cubierta en su centro
con una costra vegetal y toda arable, sembrada de bosques fron-
dosos en un suelo dominante, es la llave de esa navegación y el
punto mas importante de cuantos se encuentran en todos los
afluentes del-' Plata (1).
El influjo que ejercen las islas del Uruguay en su navegación,
demuestra la necesidad de determinar con propiedad la hidro-
grafía de esa grande arteria fluvial engalanada con todos los pro-
digios de la vegetación, y que lleva consigo tantos gérmenes de
porvenir para pueblos naturalmente agrícolas y comerciales inte-
resados en deslindar su dominio.
Esta exigencia ha de ser mas premiosa, cuando la importancia
de la posesión de aquellas que se^ encuentran en las aguas de la
(I) Eslá situada la parie mas alta de la isla, donde existe la batería, en los 31. ® 11*9*'
de latitud y en los 58^ 13* 10*' de longitud occidental.
Ií6 DESCRIPCIÓN OEOORÁFICA DEL TERRirORia
República, sea \alof ada en sus justes proporcione8>.yá por que las^
propias conveniencias del Estado asi lo demanden, como por que^
la industria y el comercio, cobrando mayores desarrollos, hagan
resaltar la necesidad de redoblar los cuidados en la fiscalización
y resguardo del activo tráfico que fomentan esos canales combi-
nada con la defensa y seguridad de la frontera fluviaK
§ VIH.
Tales son con sus ligeros detalles las grandes mazas de ese cua-
dro inmenso, que en sus variedades indescriptibles, y en la diver-
sidad de sus formas, presentan un espectáculo delicioso é impo-
nente, adornando á esa dilatada región con la gracia y los colores
de sus infinitos accidentes.
I^os grupos siempre nuevos de ülbardones y monticulos que ba-
ñan por sus faldas las olas del rio, asombradas por copos de ra-
majes que se inclinan sobre las aguas y que rozan suavemente sus
corrientes: las crestas cónicas ó truncadas de las colinas cubiertas
dé verdor y de los matices de una vegetación luxuriosa y galante,
que amenizan los arbolados y plantas que asoman en sus faldas,
suaves, unas ve<^es, precipitadas otras, cuando no talladas aplomo
para calmar el poder de las ondas agitadas por los torbellinos ó
los vientos : el encadenamiento de collados y cerrezuelos que se
levantan en la margen Oriental como una barrera invencible solo
interrumpida por el desagüe de algún rio, de algún torrente ó de
un tranquilo arroyuelo, y que muestra en el complexo de su estruc-
lura el aspecto de un anfiteatro diversificado c(mi el lumínico y las
sombras, y con las alternativas de sus caprichosas inflexiones: se
tendria entonces un conjunto dibujado con tintes y colores tan
bien combinados, que serian capaces de comunicar al pensamiento
una verdadera ebriedad, ó un profundo deleite.
Descolla entre ese eslabonamiento de bellos oteros y colinas al
lado del desagüe del Hervidero, un monticulo que con el nombre de
1>£ LA KEPÚBLICA ORIENTAL DEL URÜOUAT ll7
Meseta de Artigas, domioa los collados \ecÍQOs y que servio de Be¡r
fed&e al venerando Patriarca de la Independencia Oriental,
euiando'desde allí dirijia las primeras cruzadas de su libertad.
Las confluencias de las aguas del Daiman y del Queguay^ las del
Arapey y del Cuareim^ con sus lomadas tendidas hasta sus bordes;
la espesura de sus florestas y la amenidad de sus vegas; sus enca-
denados mamelones, con las cascadas que de ellos descienden por
enti*e imponentes farallones socabados por el peremne impulso de
las corrientes ; sus bosques apiñados ó sembrados sobre los húme-
dos veriles de esas bocas ; los pequeños prados que entre sus claros
circunscriben las selvas con mil' accidentes en las galas de su ve-
getación; los valles que serpentean encajonados entre las faces de
esas mismas colinas, unido todo al vigor de los suelos y á la
dulzura del clima, se tendrá también una de las muchas variantes
de aquel imponente cuadro cuyo paisage es un verdadero kaleidos^
c»po^ bello y magestuoso.
Notables por sus especialidades las embocaduras de esos ríos,
no lo son menos por su variedad las numerosas islas, que como
hemos visto, comparten su lecho, especialmente las de las con-
fluencias del Cuareimj del Sauce j Guabiyú y Qtíeguay^ cuya exten-
sión, tierras, montes y pastos, las hacen sobresalir en sus condi-
ciones, marcándoles una reconocida importancia en la navegación
de esa zona del rio.
En ellas, como en las márgenes á que están adheridas, la robustez
de la vegetación participa de toda la lozania y frondosidad de los
climas intertropicales, presentando frecuentemente la margen oc*
cidental, — llana y sin accidentes, — tupidos cortinados de arbola-
dos que oponen un muro impenetrable á sus desbordes.
Los ñandubayes y chañares^ los talas y algarrobos que vegetan en
terrenos húmedos y entre la bruma de los rios, se ven confundi-
dos y agrupados con los curupiSj los molles y los sauces^ los guayar
boSy los salsa fraás^ los guaviyuses y araráaSy al lado de los caporo-
coas y espinílloSj de los copales y guagacanes de un consumo privi-
legiado, los unos, como combustibles por su dura febrosidad y la
118 DESCRIPCIÓN GfiOGRÁFIOA DEL TfiUHITORIO
i^alidad especial de sus savias, y los otros como aplicables á las
construcciones sólidas y durables, y para obras de adorno en ^
neral.
Con las elevadas palmeras y yatahys de frutos apetecibles, cre-
cen también el fuerte virará j el lapachillo y el laurel; sin que sean
estraños en los rios de mas. al mediodia algunos tarumanes^ cedros
y quebrachos de maderas consistentes é incorruptibles.
Esos mismos montes encierran otras variedades que no pueden
recibir mas que determinadas aplicaciones en la industria rural,
y que se encuentran confundidas en las islas en medio de la inten-
sidad de las sombras que ellos proyectan y que parecerian eternas
ó no ser interrumpidas por intervalos cuando el astro de la luz se
aproxima al trópico meridional.
En esa variable producción, figuran en las tierras húmedas y
de depresivos niveles, los blandos ceybales^ mezclados raras veces:,
con los codiciables cabumbas yzocaraaSj con el incorruptible batinga
y del duro ypée que se destinan á construcciones de reconocida
utilidad. Estas últimas especies que son comunes en las bajas la-
titudes, llegan á aparecer escasamente en alguno que otro de los
bosques que acompañan los rios mas boreales del territorio ; asi
como en otros cursos de agua donde la fuerza de la vegetación se
dilata a largos espacios fuera de sus márgenes, con especialidad
en las planicies bañadas, ó cenagosas, a donde alcanzan sus des-
bordaciones estacionales y, muy particularmente, en las confluen-
cias de los rios y arroyos.
El taruman árbol robusto y corpulento como el ombú y el higue-
rofij y tan apreciable como el sauce negro por su duración secular,
se encuentra de cuando en cuando en los montes del alto Uruguay y
del Cuureim; no obstante sea muy común en las costas y barras de
los rios y arroyos que desaguan en el Merim.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URl'CUAY \Í9
§ix.
Bajando del paralelo de los 30^ y alejándonos de los mas templa-
dos para entrar en los contomos graves y esmerados que el Uru-
guay presenta en la zona mas meridional, aunque en ella asome
el influjo de temperaturas menos gratas y mas inconstantes; las
islas de ese rio y sus selvas cubren mavores espacios, debido á la
concurrencia de afluentes mas poderosos, a la magestuosa tran-
quilidad de sus corrientes, y al abajamiento progresivo de la su-
perficie hacia la región que fertiliza el Plata y sus tributarios.
Las islas que enfrentan con la ciudad del Uruguay y con los de-
sagües del Arroyo Negro y del Osuna, con los del Campichuelo y del
Román j hasta llegar á las mas extensas que desde el San Lorenzo al
Bopicuá componen el Delta de ese rio, con suelos mas bajos y canales
mas hondos, limitados por veriles inconsistentes y variables, están
sujetos á inmersiones frecuentes de que no se libertan mas que al-
gunos bordes de los mas septentrionales cuyas capas se solevantan
periódicamente y vigorizan con mayores alimentos á la vegeta-
ción arbórea.
En las grandes islas de los últimos paralelos, esa vegetación pre-
senta, sin embargo, un verdadero mosaico lleno de vida, matizado
de variedades infinitas, que solo pueden apreciarse al introducirse
en medio de ellas por los oteros mas, ó menos, sensibles que se
centralizan en las de mayores proporciones y al descubrirse las flo-
restas, las lagunillas, los arroyuelos y manantiales que acumulan
sus suaves accidentes, sembrados de cañaverales j de palmeras ycey-
baleSy de ñangapires yjuncaksj que dan una idea de la precocidad
de los glutenes y stratas que las alimentan, y de los bordados de
verdura que se cubren de flores á su sombra.
En ellas, la soledad, la tibieza y el peVfume del aire, la nove-
dad y la gracia de esa vegetación tan bella y esmerada y cuyas
120 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
imajenes parecen nadar en las aguas transparentes del gran lecbo>
unido todo, al ruido de sus corrientes, á los efectos de la luz y de
las sombras, con las impresiones que nacen de esos contrastes^
componen uno de los mas agradables y mas amenos paisajes que
se encuentran desde donde manan los primeros hilos de agua de
sus remotas fuentes.
E!\TO DE PAYSANDII.
Longitud Occid.
de Greeanjch.
Ni
YÍe Haedo
-rto)
Q, Uruguay
del inisino nombre)
1 el Uruguay (extremo occidental rte la Isla
pgiinri Grande]
: (yilxipuedes en la cuchilla de Ilaedo. . . .
', Qi\ la contluencia de los (los Queguaijs. .
SiEMO DE SORIAÑO.
32° 9'
31» 40'
3a" )7'
32' 2T
33 > T
21'
O'
31" »■
A
B
lí
\ií(' en el [iü Negro.
I
33» 13'
33' 23'
33- 30'
33" 5'
33" 20'
33" 10'
33° iO'
12' 25"
30' 25"
ir 10'
' 6' 35"
' 20' 25"
■ 10' 15"
' 25' 51"
> 25' 5B"
■ 24' 2'
; debiendo »ia embargo idterliree, que mucba* alluris mcridiuias t alguno* Inguloa ho-
-^gr coDñüDza, por las coDlraríedades qiic présenla n«cuealenwDle la esiadon de la» agoas.
' IrajMIo por laBadjaMncias deán mismo meridiano, ofrtcian seguridades leipectoi laa
™gant« de las latitudes que se deducen de la catIb de ese rio explorado hasta la ■Hura á*
iiigfludet observadas por la Comisión, por no poderse apreciar cod exactitud las d« aquel
DE LA BEPÚBLICA ORIENTAL DEL URÜQUAY 121
§"•
La estadística civil de los litorales del Ürugnáy, al Norte del
rio Negro, no puede ser apreciada por el único cetídcí de 852 que
posee la República y que se resiente de notable^ defieenciás, tanto
en el computo de la población que existia entoncéáf, cuanto en el
í)alance de la propiedad rural y urbana y en el del capitaí que re-
j)resenta la ganadería en sus diferentes especies.
En presencia de los progresos materiales que íiá hecho el pais
desde aquella época; del aumento de su poblacioíií, de los ensan-
(!hes que han cobrado su comercio, sus producciones y su indus-
tria, á la par qué las construcciones civiles é industríales se han
mulliplicado en todas direcciones, sensible es que ía Estadística
departamental no pueda aparecer en todas sus condiciones en re-
lación con el incremento que hoy representa el inventarío del ca-
pital nacional. Kl aumento progresivo del valor de la propiedad
territorial ; la situación especial que ocupan aquellas secciones
del Estado en contacto con sus fronteras continentales; el ac-
tivo comercio que se mantiene por la grande artería fluvial
coa los mercados del alto y bajo Uruguay, al lado del tráfico
constante en ganadería con los territorios vecinos, particular-
mente con la provincia Rio Grandense, de la cual se ha esta-
blecido en ellas con sus capitales y bienes, una parte importante
de su población pastoril, ha influido poderosamente para que
osa zona progrese en proporción mas aventajada que las demás
de la República.
Habiendo tenido ocasión en la demarcación de las fronteras, de
visitar esos territorios y estudiarlos, aunque ligeramente en sus
diferentes condiciones, hemos reunido datos especiales que nos
inspiran alguna confianza, muchos adquiridos personalmente, al-
gunos de las autoridades Iccalesy nopqcos de vecinos instruidos y
conocedores de aquellos distritos, que creemos oportuno consignar
16
134 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA. DEL TEiUaTOI^O
I ni.
La Receptoría del Salto^ como Aduana de depósitos en las mur-
genes del Uruguay, es ^\ púcleo mercantil de mayor importancia
f^n esos litorales. Las rentas eventuales en el año que ha terminado
produjeron 110^000 y tantos pesos i las directas 14,905 A pesos.
- La introducción de k^ producciones Blrasileras, como la Yerba
y el Tabaco, que son las nías importantes, ascendió en el mismo
periodoá 72,412 arrpbas portuguesas, la primera; y á 18,200 el
segundo, que unidos a otros artículos menos notables, hacen subir
la importancia de esa pinicedencia á mas de 300,000 pesos. Las
mercancías y manu£(]^cturas estrangeras que se exportan de esos
depósitos para las posesiones del Brasil y de la Confedera-
ción Argentina del Alt^ Uruguay, alcanzaron a 550,000 pesos;
y la extracción para consumo, tanto de mercancias, como
de producciones estrangeras, se avalúa en 270^000. En el mismo
periodo los derechos policiales produjeron 5,982 pesos 69 reis, es^
decir: desde 1 ® de Enero hasta fin de Febrero de 1859. La Con-
i fe ^^
tribucion directa, 7,152 pesos 204 reis. El impuesto municipal
16,873 pesos 195 rei§; y desde Marzo hasta fin dé Agosto inclusive
los ingresos de la 1 ^ procedencia, fueron de 6, 137 pesos 560 reis
y los de la última, de 4^22 pesos 730 reis.
En el aüo 1859 descae 1** de Marzo hasta 1** de Fe-
brero de 1860 disnpiit\uyo el monto de lasrentas^
eventuales á / 77,683 290
alteración alguna, estando suspendida la enajenación de loa terrenos fisealea por una ley
cáPeci&l.
El número de ganados en 'esos territorios, emana de los datos presentados por el Go-
bierno al Cuerpo Legislativo en la Memoria Ministerial del a&o 1839, con referencia ai que
existia en 1858, trasmitidos por las autoridades locales. A esas cifras se agregan las de la
producción correspondiente al año anterior.
Las que son referentes á los establecimientos comerciales, á los de artes y ofidos,iHc.,
ee ftmdan en las patentes expodidas en los mismos aftos por la administración del ramo
en la Capital,
DE LA KEPÜBUOA ORIENTAL DEL URUGUAY 125
En igual periodo las directas dieron un valor equi-
valente al del año anterior de 14,712 560
El impuesto municipal ascendió á 22,822 545
Los ramos policiales, produjeron 9,098 520
Los derechos de abasta . • 5,004
Los de guias y pasaportes ........ 624 320
Los gastos de Administración y otros diversos, fue-
ron de 23,307 108
Veesé pues, que esosrecursos ofrecen álá Administración de ei^
distrito, la posibilidad de costear por si misma sus gastos internos
y los que demande el sosten de la educación primaria, con la
esperanza de que su aumento progresivo le proporcionará los ne-
cesarios para plantear muchas mejoras locales reclamadas por las
exijencias de la población y del comercio, que se desarrolla rápi-
damente auxiliado por el espiritu de asociación que ha vencido ya
muy oérias dificultades para sostener la navegación fluvial y la
rápida comunicación con los ricos mercados de ese litoral.
El recargo que se impuso por las leyes Aduaneras de la Con-
federación Argentina, y que acaba de ser derogado, á las importa-
ciones procedentes de paises estrangeros, en los cuales estuvo
comprehendida esta República con los Puertos y Costas limítro-
fes de aquel Rio, influyó poderosamente para que el monto de
las exportaciones que se hacian de aquel depósito, se elevase, á
mayores valores, á medida que se reconocía la imposibilidad de
fiscalizar su introducción y prevenir el tráfico ilícito que era con-
siguiente, favorecido por la vasta ostensión de sus fronteras, en
inmediato contacto por esa via fluvial.
En el Departamento de Paysandú, limitado por las málvenos de
ese Rio, en una extensión de 120 millas, participando de la parte
mas privilegiada de su curso, el Pueblo cabeza de esaseccion, se
encuentra habilitado para recibir directamente las importaciones
estrangeras y exportar sus producciones;y cuando las introduccio-
nes no satifacen las exijencias del consumo de su territorio, se
t
126 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
provee directamente de las otras Aduanas de Depósito, por me*
dio del cabotaje del Rio ó por la via terrestre.
La importación total en Paysaudú en i 858, ascendió ál .320,000
pesos ^habiendo entrado 332 Buques con 9,144 Toneladas, y salir
do 31» con 8,524.
Los derechos de Aduanas y los de la Capitania
del Puerto produjeron en el mismo periodo. . § 18,374 137
Los de Policía en las Secciones del Departamento. 5,533 680
La Contribución directa 3,109
£l impuesto Departamental 6,232 370
El derecho de Sellos y Patentes 11,503
El Municipal 517 160
El de Correos 380
Et de herencias transversales 553 570
Que hacen el total de. . . . 46,303 317
Los gastos é irrogaciones en general ascendieron á 31 ,740 155
En 1859 las rentas de su Receptor ia desde 1® de
Marzo hasta igual fechado 1860 subieron á 20,733 262
La contribución directa á . . 7,797 288
El impuesto Departamental 14,944 211
Los ramos Policiales 1,096 100
Los derechos de abasto 4,441
Los de guias y pasaportes 1 ,598
Los gastos de Administración y otros diversos
fueron de, 7,736 275
Algunas caleras trabajadas en este Departamento, produjeron
en ese periodo, 39,600 Fanegas de Cal.
Las fabricas de Ladrillos, confeccionaron 786,740.
La harina elaborada y consumida, ascendió á 29,000 arrobas
habiéndose empleado en las cementeras 1,303 fanegas de semilla
de trigo.
La mortalidad de la Villa de Paysandú y su Egido ha sido de
un 3 ^ pVo^s <lGcir de 143 almas el mismo año.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL ÜRCGUAY^ 127
La Estadística criminal presenta poco mas de un delito por ca-
da 100 habitantes.
Entraron en el Departamento en dicho año, 838 individuos y
salieron 546, quedando en él, 292.
En la importación falta conocerse el valor de raercaderias in-
troducidas á consumo por las costas del Dayman con procedencia
de los depósitos del Salto, y de las que se envían por tierra desde
la Capital; y en la exportación, el valor del ganado de corte extraído
para fuera del Departamento, asi como el de la leña y carbón ,
^ue sale sin ser fiscalizado de las Islas y Costas del Rio.
Se hechan de menos en esa renta, los derechos que deben pro*
ducir los cuerambres y otros frutos introducidos á ese territorio
y también los de la estraccion del ganado de corte para los Pue-
blos del Interior.
]ji Contribución directa de estas secciones como en las de toda
la Repúl)lica, no podrá ser bien apreciada en tanto no sean me-
jor conocidos los valores que representan los predios urbanos
y la propiedad rural, asi como los capitales semovientes y sus
producciones. En cuanto á los últimos, posible seria presupo-
nerse la cifra a que debería alcanzar ese impuesto, una vez conoci-
dos los Capitales que represéntala ganadería y consiguientemente
sus productos; mas, con respecto a los primeros, las dificultades
serian infinitas mientras no se creasen las Instituciones destina-
das á formalizar el inventario de la riqueza nacional y á seguir
sus movimientos periódicamente.
El Departamento de Soriano que ocupa las costas del bajo Uru-
guay en el espacio de 34 á 35 millas, no tiene ningún puerto ha-
bilitado, acudiendo para su consumo interno á los depósitos de
aquellos mercados á donde dirije sus propias producciones
por medio del tráfico terrestre, ó por el cabotaje del Rio; pero
es de esperarse que el aumento de los productos y consumos
cobrando la industria y la población mayores ensanches, lo colo-
quen en breve -en aptitud de gozar deesas ventajas.
128 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
La Receptoría de Mercedes produjo por derechos
de tránsito hasta 1^ de Marzo de 1859 . . . 3,987 785
Los derechos policiales en el Departamento en el
mismo periodo 482 320
La contribución directa 3,791 514
El impuesto departamental 2,572 614
En 1859, desde P de Marzo hasta Febrero inclu-
sive, la misma Receptoría dio 2,932 694
La de Dolores, ó San Salvador, en el mismo año,
económico 965 183
El impuesto departamental . . . ^ . . . 12,231 305
La contribución directa 6,S56 051
Lo3 derechos de abasto 6,293
Los de guias y pasaportes. .,.,... 656
Los ramos policiales 480 400
Los de registros de escrituras 207 100
'<3C3^'
CAPITULO IX.
LITORALES »EIi rLATAi
DBr ARTAIHEIVTOS »E LA COLONIA Y SAN JOSÉ.
topografía »R AMIIOS TERRII^ORIOS.
eOlVRICIONES HIDROGRÁFICAS DE LOS CANALES DEL niSHIO RIOt
SUS PROPIEDADES «EOLéOlCAS.
§1-
Desde que se enfrenta con las primeras bocas del Gran Paraná
las tierras que acompañan las costas orientales hasta la ciu-
dad del Sacramento j cruzadas por la cadena de colinas áeSan Juan^
postrer eslabonamiento de la arteria originaria al terminar su giro
en ese paralelo, son mas onduladas que las que riegan los numero-
sos afluentes que caen de la de San Salvador después de despren-
derse de esas mismas alturas.
Surcados los campos por las aguas que manan de esas colinas,
y por las que despide la áspera sucesión de collados que de ella se
separa en las vertientes de ese rio y penetra en el recinto de aque-
lla ciudad , forman convergentemente el cauce de varios canales,
que como el San Juan^ ondo y orillado de bosques, originan otros
bellos contrastes en los golpes de vista de la primera zona de los
litorales del Plata, poblados de frondosas selvas, en afinidad
con la confluencia de aquellos rios.
Aparece dos millas abajo el desagüe del Sauee^ el pueblo de la
Nueva Palmiray antes Higwrñas (1), en donde se han reunido co-
mo 800 habitantes, atraídos por el activo tráfico de esas costas y
{{) Enla latitad de 33. ^ 3' 15", y en la longitud Occidental de Greenwich de 58 » 21*49"
17
.130 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
por las producciones de su territorio, como por su proximidad al
principal canal del Paraná; único que facilita la entrada á buques
de alto bordo.
Estos, como los que se emplean en el cabotage de los dos rios,
recalan frecuentemente, á la extensa. j profunda ensenada que
domina ese pueblo para esperar en ella los vientos de los cua-
drantes del iriediodia j entrar en el ancho seno que abre la
concurrencia de sus n^imerosas boca«, ó remontar los estrechos
giros délas del Gran Paraná.
Esta ventajosa situación influyó, sin duda, para que en tiempos
atrás se estableciera en ella la Receptoria principal del Uruguay,
que atrajo las poblaciones vecinas, y robusteció ese núcleo sucep-
tible de un rápido acrecentamiento por el influjo que ejercerá con
los tiempos en la navegación fluvial, habilitado quesea con las
franquicias que ha de exijir el desarrollo del comercio y de la
industria.
No son menos valorables las ventajas del puerto, que algunas
millas mas abajo, presenta el desagüe del arroyo de las BacaSj
donde existe el pueblo del Carmelo (1), rodeado de ondos canales
de campos feraces, de bosques estensos que contienen maderas
útiles para diversas construcciones, de tierras con exposiciones
adecuadas para el cultivo de los farináceos en general y de muchas
plantas industriales que se producen casi expontáneamente.
Mas al interior, y en las inmediaciones de estos pueblos, se en-
cuentra uno mas que fué mayor en su origen, situado en la costa
del arroyo de las Vivaras 3i& ó 7 millas arriba de su desagüe (2),
y que conserva este nombre desde la fundación de una capilla le-
vantada ulliú principios del siglo, á cuyo alrededor se reunieron
algunos habitantes ocupados del pastoreo que se fomenta en esos
campos bañados por los últimos afluentes del mismo Uruguay.
Con la mayor parte de esa población se han fomentado los pue-
(1) Está situado en 33^ 50' 20" de laUiod, y de los 58<=> IJ5* I" de longitud.
(2) Se encuentra en 83 o 56*. 9*' de latitud y en los 58^ 13' 2" de longitud.
DE LA REPl'jBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 131
blos situados en la ribera, donde han ido á buscar mayores elemen-
tos de movilidad y trabajo.
Al mismo tiempo que la sucesión de alturas conocidas por cu-
chilla de h Colonia se interna con sus agrios perfiles hacia el Sud,
estrechando el gran lecho del rio hasta divisar desde sus últimas
cimas las planicies de la margen Arjentina, y formar la punta de
San Pedro ^ la mas saliente de la ribera Oriental, donde existe la
antigua ciudad del Sacramento, manan de las laderas que miran
al naciente gran número de arroyuelos que forman diferentes cau-
ces, que como el Sauce, el Coya y otros mt^chos, vacian sus aguas
en el Estuario, é imprimen á esos terrenos, matizados de alterna-
das inflexiones, un aspecto áspero y doblado, dotado de una irri-
gación fecunda, engalanada de prados y valles de una vegetación
procaz, que se ostenta en sus arboledas y pastizales.
Aquella Ciudad(t), en el estremo de ese Cabo, presenta una po-
sición militar y mercantil de la mas alta importancia en el Rio de
la Plata por sus fáciles relaciones con los pueblos occidentales,
por su influjo en la navegación de tantos canales, que desde el cen-
tro de América Meridional vienen á reunirse á su vista, y por las
condiciones felices del territorio que la rodea, dominando á ese li-
toral predestinado á un incalculable porvenir.
Asi lo comprendieron lo3 Gobiernos de España y Portugal, que
se disputaron su dominio por mas de una centuria.
Su población no excederá actualmente de 1,000 habitantes.
Ocupando una península doblada y estrecha, en que domina la
composición granítica, accesible por una gola agria y angosta,
véese que sus alrededores no prometen mayores ventajas á las la-
bores agrícolas, en tantono se sale de los contornos de su ensenada
y se penetra en las fajas adyacentes, que mudan de organización
al acercarse á la antigua Capilla de San Carlos, adonde terminan
los aluviones y las tierras ligeras, y aparecen las costras vegetales
de las vegas y altillanos de la zona exterior.
(I) En lalilad de 3«^ 2B' ir, y en los 57® 50* 21" de longitud.
132 DESCRIPCIÓN geo:íráfu:a i>el TBUKiraiua
g"-
La Cuchilla Grande antes de compartir sus últimas ramifica-
ciones al Plata, representadas en los eslabones de San Juan y la
Colonia j vierte nuevas aguas^ como las del Pichinangé y del Rosa-
río, que vienen á convergir con las que se originan en las caidas
orientales del último, formando reunidos el lecho del rio que He*
va este nombre.
En su confluencia con el Colla, está situada la aventajada Villa
del Rosario (1), rodeada de canales flotables, de fértiles campiñas, y
de una población industriosa, donde acaba de encontrar un asien-
to la primera Colonia extrangera, que aunque reducida en sus prin-
cipios, va a arrojar las cimientes de un prospero porvenir, plan-
teando alli el taller de sus labores agrícolas, bajo la dirección de
una sociedad de capitalistas inteligentes y patriotas.
Ese rio navegable basta 12 6 13 millas de su embocadura, coa
bordes bajos y cenagosos hasta tres mil varas al interior, va acom-
pañado de extensos bosques que producen maderas apreciables y
que se extienden en forma de sotos hacia los valles y planicies ve-
cinas, desde donde empiezan á ser mas altos y doblados sus nive-
les, sin que en sus ondas capas mantillosas descollé ninguna com-
posición ingrata. Entre estas maderas, se encuentra el ypee ó /a-
pachíllOy el laurel negro y el tambetarfjy abundando en los campos
adyacentes el candel y la chirca tan útiles como combustibles.
El ofrece un seguro y cómodo abrigo á la navegación costanera,
con unasondamediade 10 á 14 pies en épocas comunes, que lo
ponen en contacto con los mercados del bajo litoral, y con los ter-
ritorios productores que lo rodean hacia el mediodía*
La Villa del Rosario con 1600 habitantes, próximamente, será
(í) Está situada en el paralelo de 3i « 17* 30", y en U longitud de 5T« 23' «".
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 138
mas tarde ud centro YÍtal de comercio é industria, si la inmigra-
ción atraída con tantos estimulos explota a su lado esos gérmenes
de fortuna.
Al enfrentar con las ver tientes del Arroyo Grande^ se segrega de
la cadena común otro ramal de lomadas no menos altas y quebra**
das, llamado cuchilla de San Jo9¿j que se interna hacia el 2. ^
cuadrante, despidiendo muy cerca de su origen las primeras fuen-
tes del Cufréj que como los demás que manan de esas elevaciones,
desagua en el Plata y limita el Departamento déla Colonia por el
lado oriental.
Ese arroyo que no es fuerte en su sonda y muy escasa en su
barra, riega tierras de una composición esmerada, atravesando
como el del Rosario, por superficies de un escabroso nivel, en que
se levantan colinas, cerrezuelos y montículos, que muestran la
diversa textura de sus faces, agrias y precipitadas las unas, suaves
y llanas las otras, según es mas ó menos remoto el nudo en que
se ramifican; ó mas ó menos compactas las capas arcillosas por
donde surcan las inumerables vertientes que nacen de los repetidos
accidentes de planos tan encontrados.
Las ramificaciones de cuchillas secundarias que separan entre si
el curso de esos ríos y arroyos, y que á su vez son el germen de
tantos otros manantiales, contribuyen á las alternativas de la su-
perficie, y a la elevación de esa zona sobre las aguas del rio, ha-
cia el cual corren con estrepitosa corriente todos los que vienen de
la cadena originaria «
§ ni.
A estrechar el cabo de la Colonia la embocadura de los impo^
nentes canales, que mas propiamente formarían allí su verdadera
conflueácia, las márgenes de ese litoral, organizadas con una tex-
tura consistente y dominante, influyen poderosamente para con-
tener el embate de las corrientes del gran Paraná, que vienen á es-
134 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA D£L TERRITORIO
(reliarse contra ellas y desviar su giro* á los cuadrantes del Sud
para revolver de desde alli hacia el Oriente, donde cambiando de
composición orgánica, abren campo á las grandes creces del Estua-
rio, llevando desde ese paralelo una dirección pronunciada hasta
confundirse con las aguas del Occeano..
A la combinación de esos accidentes es probablemente debida
la formación de las varias islas que se hallan agrupadas al derre-
dor de ese cabo, y que muestran haber sido desprendidas del con-
tinente á que están adheridas por el constante influjo de las cor-
rientes combinadas con ta acción irregular de las mareas.
Está fundada suposición es de todo punto aplicable á la forma-
ción de la isla de Martin Garcia^ que como las Hermanas^ luSola y
el Juncal^ adyacentes ala ribera Oriental, presentan signos eviden-
tes de haberla integrado en épocas remotas; mayormente, si se
observa, la peculiar estructura de aquella isla, la dirección y com-
posición del banco, que de sus bordes meridionales sigue en el
sentido de las corrientes hasta buscar el contacto del postrer esla-
bón de la cuchilla de San Juan, como para mostrar, que es un des-
pojo visible del esfuerzo secular de las aguas, queal fin han podido
abrirse paso por una rompiente correntosa y sin sonda, que la se-
para del continente, — el canal del Imfiernillo.
Las demás islas que rodean aquella bahia parecen de una com-
posición idéntica a la de Martin Garda j si bien el nivel de sus
tierras sea mas depresivo, no obstante que nunca lo dominan com-
pletamente las altas crecientes, ni las que originan los vientos de
los cuadrantes del Sud cuando reinan con tenacidad, deteniendo el
curso de las aguas.
De un fácil acceso, apesar de los bancos que las cercan y cu-
biertas de arbolados, abrigan al puerto de la Colonia de los vientos
del 3® y 4® cuadrante, y ofrecen un cómodo arrivo al cabotaje
de los rios, especialmente las conocidas por Islas de Hornos^ cer-
ca délas cuales, como de la punta de Santa Ritay se sondan hasta
25 y 30 pies.
Desde alli los canales que siguen al Nord-Oeste, buscando la
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 135
confluencia de los dos ríos, manifiestan igual profundidad hasta
encontrar el estrecho pasage de Marlin Garciaj donde disminuye
hasta 14 y 16, cuando no hay vientos del S. y S. O., ó que apa-
recen fuertes bajantes.
Sisniiendo en su descenso las corrientes del rio, se encuentra el
extenso banco de Ortiz que comparte en dos brazos el gran canal,
dejando el mayor entre su yeril meridional y la margen derecha,
que mantiene aquella sonda, y aun la aumenta á 30 y 35 pies; en
tanto que en el opuesto, mas estrecho y tortuoso, solo ofrece en de-
terminados puntos, siguiendo las sinuosidades de la costa,. un an-
gosto tránsito, con un fondo medio de 12 á 16 piés^ que se apoca
lentamente hacia el centro de ese mismo banco.
En los contornos de la costa, altos y barrancosos, en partes,
bajos y arenosos en general, se abren varios senos, ó ensenadas,
como las de Artilleros^ de Cufré y el Rosario^ que abrigan en sus
recaladas á los transportes menores que frecuentan este canal,
particularmente las embocaduras de los diversos arroyos, como el
/{¿acAue/o, 5at¿ce y otros, á donde arri van muchas veces buscando
un abrigo.
g IV.
La cuchilla de San José^ después de dar origen á las aguas del
Cufréj y aumentarlas con diversos tributarios por su ribera izquier-
da, continua sus giros calmando sus niveles, hasta confundirlos
con el desagüe de Santa Lwia en el Plata; habiendo vertido antes
las fuentes del Pavón y del Pereira^ que llevando un curso casi
perpendicular entre ambos, afluyen cercanos al gran rio, cuyos
bordes son bajos y arenosos hasta la punta de Jesús Maria^ adonde
subdividiendose en varios brazos y canalizos, forman las diversas
islas y embocaduras conocidfisipoT del Arazaty^ que cubren y aban-
donan accidentalmente las mareas, manteniendo una irrigación que
duplica la feracidad de las tierras» y la fuerza déla vegetación, en
136 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
los prados y las selvas que los circundan, y á donde no alcanzan
todavía las sales que el Occeano mezcla en su reflujo con las
aguas del Plata.
Surcan por campos levemente doblados al acercarse a las már-
genes de este rio en que dominan capas vegetales de una produc-
ción fecunda robustecida por la irrigación de las altas desbordacio-
nes del Estuario, y quedisminuyen dedensidad yde vigora medida
que se buscan sus vertientes en las faldas meridionales de aquellas
colinas.
Tomando un giro repentino esa sucesión de elevaciones desde las
cabeceras de aquellos arroyos, atrae para sus faldas boreales a los
canales del San* José, que después de acercarse hacia ellas en si*
nuosidades caprichosas, revuelven paralelamente hacia las riberas
del rio, buscando su desagüe en las amenas vegas por donde
corre el frondoso lecho del Santa Lucia j que vagando por las flo-
restas, cruza invisible por entre un vasto conjunto de bosques si-
lenciosos que proyectan las sombras de sus ramajes sobre las pra-
deras que lo embellecen por una y otra de sus márgenes.
Los contornos de esos canales forman con las costas del Plata
un rincón ó península de condiciones valorables para la agricul-
tura, la industria y la pastura, por la composición de sus tierras,
las proporciones de sus vegas, la importancia de sus montes cer-
cados de anchos cauces navegables, y regados por arroyuelos que
afluyen en ellos en todas direcciones» originados en los suaves de-
clives délos diversos eslabonamientos de albardones que concluyen
en su confluencia.
Después del extenso seno que han formado las corrientes de
aquel rio en las tierras bajas y siliosas comprendidas entre las
puntas del Sauce y de Jesús Maria^ la ribera cambia de textura, y
opone á sus desbordaciones una sucesión no interrumpida de bar-
rancos tajados muchos á pique, en que domina la composición
arcillosa, combinada en partes con la shistoso^aniticay que forma
en ellas un farallón escarpado y consistente desde 80 á 100 pies
de altura que no alcanzan á vencer ni sus m^iyores creces ni las
DR h\ UEPÚBUCA ORIENTAL DBL UIUGUAY 137
mareas exteriores que empiezan á sentirse ya en ese meridiano con
\ientos recios del segundo cuadrante.
Desde el último de aquellos cabos esas barreras conocidas al
principió por de San Gregorio, mas abajo por áe Mauricio j y al fin
por de Santa Lucia, llegan hasta 1 ú 11 millas antes de la embo-
cadura dé este rio, acompañadas, las primeras, de bajos fondos y
placeres y cuyos veriles no se extienden al interior del rio, ni em-
barazan su navegación; ofreciendo, por el contrario, mayor am-
plitud y mayor sonda á medida que el banco de Or/¿« estrecha
sus perfiles para desaparecer á esa altura; al mismo tiempo que
las costas toman un sesgo imperceptible, que las aleja sucesiva-
mente del mismo obstáculo, formando el ancho seno que presenta
su desagüe.
Esta embocadura por su margen derecha es baja y esplaya-
da, resaltando la composición siliosa, á la vez que se desprende
de ella el banco que precisa con el contomo saliente de la ribe"
ra opuesta —punta del Espinillo — la entrada del canal, cuya sonda
media en el estado común de las aguas, no es menor de 14 á 15
pies, aumentando hasta 20 y 22, con las crecientes y vientos me-
ridionales.
Ese desagüe se presenta con el aspecto de una ancha ba-
hia, dividida antes de estrecharse sus margenes, poruña isla, — la
del Tt^re, — que comparte el canal en dos brazos con la mitad, mas
ó menos, de aquella profundidad. Pasado ese accidente, el fondo
es mayor hasta la confluencia dei rio San José, en donde disminu-
ye notablemente para no admitir mas que transportes de 5 á 6
pies hasta el pueblo dé Santa Lucia, y aun mas arriba, donde los
bosques y las corrientes interrumpirían la navegación. Muy po-
sible seria canalizar ese cauce hasta esa altura, y abrir uno de
los vehículos más activos que prótejiesenel desarrollo del comer-
cio y de la industria de eáa importante sección del territorio.
Aquel banco es la demostración mas evidente del encontrado
movimiento de las mareas del Plata, combinado con las corrientes
18
138 DESCRIPCIÓN GEOQRÍFICA DEL TERRITORIO
de ese río, que aglomeran en su barra las arenas ;y los limos
que originan su formación.
Entre las puntas de JeiU8 María y la de San Gregcria^ láveosla
aparece sembrada de médanos, muchos de ellos, de 30 á 40 pies
de altura, volviendo «á ^presentarse con esta misma condicien en el
desagüe de los. arroyos Mauricio y Tigre^ donde algunas planicies
arenosas interceptan aquella sucesión de escarpadas barrancas,
cuyo nivel decrece, asi que se aproximan á la confluencia del snis-
mo Rio.
.1 V.
Desde las cabeceras del Arroyo Grande^ la cadena culmi-
nante revuelve por un giro repentino hacia el mediodia,
coa contomos variables, cambiando de dirección en sentido
opuesto á las 20 millas de esa sinuosidad para formar con
otros giros mas irregulares un angosto seno, en el cual vierten di^
vergentemente de sus cúspides los numerosos manantiales que
dan origen al rio San José] en tanto ijue por las pendientes occi-
dentales, altas y ásperas, arroja otras muchas vertientes que
4igrandan considerablemente su cauce.
Casi al frente de ellas, y en encentrados sentidos, nacen del
eodo que forma aquella vuelta, otros hilos de agua que se con-
vierten peco a poco en canalizos y arroyuelos, que saltando por
peñascos y barrancos, formados por los altos y ásperos monticu-
los conocidos por Sierra del Mal-abrigOy improvisan pequeñas cas-
eadasen planos menos doblados y se concentran al finen el canal del
Guaycurúy arroyo cwrentoso y hondo, que por la n^rgen occiden-
tal, es el principal afluente del San Jasé.
Hasta esa confluencia el Rio atraviesa por entre planicies de
suaves inflexiones, festonando hacia el fondo de los valles
que orillan sus riberas una verdadera guirnalda de sauces y
alisoSy de quebraelws y gtuibiyuceSj que sombrean sus bordes;
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 139
en tanto que no asoman las rampas escarpadas, desnudas^
y de n^os perfiles, de las áridas asperezas de üfaAdma, que siguen
por las costas meridionales del Gtuiycurá, alzando sucesivamente
sus cuellos hasta encadenarse con aquellas quebradas «n los pri«-
meros derrames dé este arroyo.
Esa zona montañosa que se extiende desde las márgenes del
San Joséj siguiendo la cadena de alturas de su - nombre, hasta su
nexo en las vertientes del RamriOy mana de sus faldas orienta-*
les otros arroyuelos, comoel Mahama y Coront/ía,t separados entre
ñ por -agrios ramales de colinas, entre las que descollan algunos
cerros escabrosos, como los del Mahoma y eV Pelado, cuyas faldas
liafta el primero de esos arroyos, descubriéndose cercano á
las vertientes del segundo el cerrezuelo de 5/i;i /os/, mas en con-
tacto^con su margen derecha.
Esas alturas no escedén de^ 300 pies sobre sus bases, no bajando
de ISOO con relación á las aguas del Plata. .
Desde el origen de esas aguas, las colinas revuelven en deman-
da de-sus riberas, estrechándolas y acompañándolas de cerca,
desde las cabeceras del Péreyra hasta su desagüe en el Sania Lvr-
ciáj arrojando por sus faces reversas numerosos canalizos, que dan
á su lecho un carácter imponente, y que hace visible su flotabili-
dad á muchas millas mas al mediodía de ese paralelo.
Por lá margen oriental descienden de la Cuchilla Grande otros
afluentes mas fuertes y numerosos, que riegan extensas planicies y
valles agradabas de una vegetación poderosa, surcados en senti-
dos divergentes por diversos canalizos, que se desprenden de los
suaves collados que separan el cursoile esos arroyos.
Este campa de ligeras inflexiones^ de tierras precoces, en que
se descubren profundas capas mantUlosas de una composición ro*
busta, y en que laproduccion de los farináceos, y plantas alimen^»
ticias está en relación con el vigor de sus pastos y sus montes,
gozan de una situación aventajada, por su contacto con los princi-
pales mercados del litoral, con las ciudades y rios que favorecen
140 DESCRIPCIÓN (JLX)aRAFlCA DKL TERRITORIO
8U viabilidad, animan el comercio, y aumentan el valor de la pro-
ducción.
Casi al frente del desagüe del último, y en la margen derec^ia
del rio, sobre colinas de un a perspectiva dominante, está fundía
la ciudad de San José^ poblada con. 4 á 5000 habitantes, rcprer
sentando un centro de civilización^ de industria y de comercio
que lleva consigo aparejadas esperanzas infalibles de un futuro li*-
songero, por las condiciones privilegiadas dq su situación,. por la
facilidad de sus relaciones con los centros mercantiles, por la ri-
queza y feracidad de los campos que la rodean.
En la deheza de esa población, como en las posesiones vecinas^
se hacen plantaciones de cereales, de hortalizas, y plantas legu-
minosas, aplicables al consumo interno, que atestiguan con sus
abundantes productos las propiedades físicas de esas tierras.
La ciudad de San José (1), construida sobre una traza regular,
con extensos terrenos comunales, dedicados a la labranza, contiene
edificios valorables y uniformes en su construcción^ que le impri-
men un aspecto agradable, y que mandan una idea aventajada de
la condición del pueblo, cuyos intereses materiales prometen al-
canzar un veloz desenvolvimiento con la acumulación de brazos
«
dedicados a las aplicaciones industriales, que en todos respectos^
presentan fuertes incentivos en los campos circunvecinos.
Conservan la misma condición los campos que desde esa ciudad
siguen adyacentes por las costas de San José hasta su desagüe en
el Santa Lucia^ particularmente las que recorre el Cagancha^ últi*
mo de sus afluentes, que tiene su origen en las alturas del Pinta--
dOy eslabón alto y escabroso que se aparta de la cadena principal^
y se interna hacia aquella confluencia, compartiendo las aguas en
opuestas direcciones.
Esa sucesión de colinas, que en su camino hacia el mediodia
levantan progresivamente sus crestas, hasta que se eslabonan con la
(1) Se encuentra en latitud austral de 34« 18' 50", y en el meridiano de 5*^ 38* 'I5"
al occidente de Greenwich.
DE LA REPüULICA ORIENTAL DEL üllUGüAY J4t
cadena originaria al frente de las cabeceras del Maciel^ vierte por
sus caidas orientales, agrias y dobladas, multiplicados afluentes
que descienden al Santa Lucia^ cruzando por tierras onduladas,
de planos precipitados y alternados, especialmente en la zona que
recorren los innumerables arroyuelos que componen el lecho del
arroyo de la Virgen^ que tiene sus fuentes en las faldas reversas
4
de las alturas en que manan las del mismo Caganeha^ en sentidos
encontrados.
Desde aquel núcleo, y siguiendo por las pendientes boreales de
la arteria generatriz, filtran en ellas, por espacio de 30 millas,
incontables manantiales, que fortalecidos con la afluencia suce-
siva de otros mayores, llenan, al fin, el barrancoso y ancho cauce
del Maciel, uno de los mayores afluentes del Yy.
Igual origen tienen mas al occidente los fuertes canales del Po-
rongos y Sarandi^ que se unen cercanos á su confluencia
con el mismo rio, después de recibir délos altos ramales de cu-
chillas que separan su curso ingentes tributarios que riegan va-
lles entrecortados por anchos mamelones y que imprimen á la su-
perficie inflexiones de una amena perspectiva, matizada con las
arboledas que acompañan sus margenes, cuando no forman fron-
dosas isletas en las quebradas por dónde improvisan sus sinuo-
sidades tantas corrientes de variables y alegres giros.
Llegase, continuando por la dirección de aquellas pendientes,
al seno que pronuncia hacia el mediodía la cadena principal en
ese paralelo, para vertir de los contomos de esa vuelta repentina,
las fuentes del San José y del Arroyo Grande por cada una de sus
caras convergentes.
Inmediata á las que miran al poniente, en las vertientes del de
La Guardia^ se levantan dos cerrezuélos llamados de Ojolmi que
descubren un horizonte dilatado por la altura de sus bases, bien
que no cuenten sobre ellas mas de 480 pies, plroximamente»
En el extremo Norte de aquel mismo seno, se separa otro esla-
bonamiento de colinas, conocidas por cuchilla de Marrinchóy
143 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
que acaba su camino en las margenes del Rio Negro, entre las
embocaduras del Yy y Arrayo Grande] vertiendo antes de sus caí-
das orientales otro arroyo que lleva el mismo nombre, y cuyo
cauce agrandan diversos canalizos que brotan de aquellas mismas
alturas, y de los albardones que se interponen entre su curso y el
de otros afluentes menores del Yy. Por el lado (puesto deesas ele-
vaciones descienden á aquel curso de agua otros muchos
riegos, que completan la red de derrames que hacen especta-
bles las condiciones de este rio, y anuncian las ventajas que de él
reportarían las poblaciones que se establezcan en sus márgenes.
En la cuchilla que se interna entre el Sauee y PoroTi^o^ existe el pe-
queño pueblo de la SatUitima Trinidad {í)j({\xe se mantiene estacio-
nario, con una población de 500 a 600 habitantes, en medio de un
districto muy animado por la abundante ganadería que se fomen-
ta en sus contornos, circundados de una fecunda irrigación en
todos 'sentidos.
La situación poco aventajada de ese pueblo, y el atractivo que
presentan las de otros centros de población que se encuentran
próximos, favorecidos por fuertes canales y orillados por extensas
selvas en medio de tierras igualmente fecundas, atraen con prefe-
rencia los brazos y capitales que buscan en ellos las vías mas fre-
cuentadas de comunicación y de comercio.
8 VI
Echando una mirada sobre las condiciones geológicas de esas
dos secciones territoriales, se ha observado que en la faja com-
prendida entre los arroyos Sauce y Jtian GonzaleZy la cilice abun-
da en parages diversos, adyacentes á la ribera, haciéndolos me-
nos productivos, y aun estériles en partes.
(I) Situado en latitud dé 33 « 39' 4". 6n los 56« 92' 25" occidental de Greenwich.
I)K LA RKPáBLICA OUIEXTAL DEL CRrGUAT 143
Esas manehas de tierras terciarias tío atraviesan la margen iz-
quierda del último de ellos, destinado á contener con sus escarpados
cañales y sus montes la invasión de las arenas, que deteniéndose
allí, dejan que aparezca la composición primitiva descollando en
ella una combinación graniHe(hshi$tosa({UQyi^oTÍzsL las capas ara-
bles con la irrigación de los arroyuelos que afluyen á ese caucc«
Esa superficie mejora visiblemente á medida que se aproxima
á las caídas de las colinas de San Juan^ en cuyos alrededores las
capas de sedimentos^ ó tetrenas seeundarioSy redoblan su fertilidad,
sin que aumente la composición granitiea ; no obstante se descu-
bra en las quebradas y en las crestas de los albardones el quarzo
porphidoj aislado y sin ramificaciones, rodeado algunas veces de
vetas amarillentas, y de otras que anuncian el yeso y el mármol.
Aquella misma composición se extiende hasta las faldas rever-
sas de esa cuchilla en dirección á las costas del rio San JuaUj
donde se levantan cercanos á su desagüe, y en contacto con el
íLTroyo del Migueletey algunos cerros graníticos cuyas alturas no
esceden de 400 pies sobre las aguas del rio.
Esas combinaciones suponen la existencia de capas, ó estados^
de diversas organizaciones.
Las costas de esa parte del bajo Uruguay y algunas de sus fa-
jas adyacentes reúnen todas las condiciones de la composición fer-
eiaria-y notándose, sin embargo, algunos depósitos de aluviones,
arrastrados por las corrientes de las aguas como consecuencia de
la acción destructiva que ellas ejercen, como los fenómenos at-
mosféricos, sobre las costras de la tierra.
Igual composición aparece en las barras de los afluentes mas
caudalosos del mismo rio en la zona superior.
Las tierras de acarreo en sus adyacencias están combinadas y
organizadas con stratos sedimentosos que representan la descompo-
sición de materias vegetales y animales y también délas cpie cons»
tituyea los terrenos primarios y secundarios.
Otras fajas mas al interior enseñan' la mar^a y eXyeso que supo-
144 DESciupcroN GBoanAFicA del territorio
lien terrenos sedimentario?, en contacto con ásperos montículos y
altas quebradas, donde el quarzo y el sienito manifiestan organi
zaciones que se remontan a los suelos primitivos.
También se encuentran tierras de es^ misma composición en
que existe el quarzo phorphirieo^ combinadas con otras capas de
rocas ^rerfoceo* y marmóreas y con materias procedentes de despo-
jos primitivos que muestran una composición secundaria.
En medio de estas organizaciones no se descubre ninguna de
esas cristalizaciones phorphiricas ó qtiarzosas que solo parecen te-
ner su asiento en la región del mediodía bañada por el Cnareim
y Arapey.
De formación muy parecida son las tierras que siguen hacia las
\ertientes del San Juan, resaltando mas en los dobleces de las co-
linas y promontorios, el granito^ sin que sean extrañas en alguno
de esos accidentes, las capas pedregosas, que anuncian menas de
la misma formación del gneiss (1 ).
El cerro de las Arm^is^ que aparece con mayor altura mas arriba
de la embocadura del San Luis en el arroyo San Juan^ y algunas
colinas altas cercanas al Miguelete, manifiestan una textura seme-
jante con aristas algo mas espesas, y de mayor elevación.
Desde San Juan al Sacramento , la formación que mas prevale-
ce es la de una especie de tosca combinada con bancos de arena
gredosa, aplicables á la confección de la loza y la terralla; pero
en los alrededores de esa ciudad, vuelve á prevalecer la organiza-
ción del gneiss^ dilatándose mas alia del arroyo del Riachuelo y eñ
donde aparecen hondas vetas que recorren la superficie de lasmas
altas colinas, imprimiendo á las tierras un carácter áspero, aun-
que fértil y nervioso, particularmente en los bajos y en los prados,
(I) Eatrando €n la ooioposidon del gneiM, el feldspato, el quarzo y la micA) que son
también las partes eonsUtutivas. del cranito, las mazas de uno y otro, se dl^stingoen en
estos logares por la diferente colocaddn de sus miembros. El greiss se pronuncia easi
siempre en h^ de nnatei mas ó menos uniforme y llana; y el grakito, en flraccioned ir-
rpliulares y caprichosas, como se observa en las crestas de e^as cofinas.
W LA: ««FÓBtlCA OUIKNTAL DEL UUCG L.VY j45
dond» w meumifira á cada pato el humus qu« arrastraa ias ^¿^
4a& veloces de Uw aguas.
fiay Itt^es, sin embargo, evoque lar falta de niaiíantíales hace
4|ue las tierras se resientan de sequedad, apocando la vegetación y
los pastos.
■
Desde ése curreyo siguienlio las costas del Jlosario mejoran TÍ«
siUemento 4^ ealidad, asomando con frecuencia profundas y diU^
4adiit eftpfm^egras y ferruginosas, que ostentan una sobresaliente
fegelafiioa en el eultíyo de los cereales y otros farináceos.
Desde la Villa del Rotar iú para la costa del Calla ^ la superfieie se
maestra mas pedregosa y agria, reapareciendo la formación det
fjMM eM mayor vigor» Es.ta circunstancia hace presumir con
fil»d«meBle que esta tona encierra multitud de rocas de compor
fíeioD metaUlóra, .como parecen coroborarlo algunos quarzoi y
granes auríferos j encontradas, según se afirma, en los cerros df
Mahoma^ en ias cabeceras del Pichinango y IdiPahriia. Son visibles
enesM logares las muestras de la existencia de vetas ferreos y de
pUma^ y mas generalee todavía las de i(5anteras marmóreas.
£a)ae caídos inmiediatas de la enchina Grande^ donde esos ar-
nyiM t^nen sa ^ngen, se ven pedrones aislados, coa coloeaeionM
raM9» entre los cuales al^^uno parodia en pequera escala poy au
ÍM}ismcio9 i la pkajenide de Píza, coa una altura 4e 30 á 35 pié»,
y m Éuya cariosa Mtractura ee descubren las propiedades del pfta^
fin las veftiesites de dfslm^ réapare^n los bancos de tierra gte-
decA eemfcinnda een ia tosca, formando unaeadena no interram*
pidadeniny pac* am^dit^d, rodeada de tierras pegraa y manti-
lieisa»^ i^sfrtiqínít iBámM, }as márgenes del ^ Negro y lo atraviesa
tu 1m iuiediaeiDOes .de la eonfluencia del Ky; volvjiendo á
de^oi^btríne^ een ka midmas condiciones en la ribera opuesta, de
dwdei^tijráaM eaidine, acon]|pn&aBdo iL corta diataneia lasá^oar
tea orienAalea dd Saifíipbedis^ basta extinguirle en lae puntas del
Omitan §ahf^ iae cetinas de üasi^.
La composición de esta vete, en Mlraordinaria exteneiep, y la
18
146 DKSCRTPCION r:i;oonÁntA del territorio
singularidad de su giro por entre capas de una organización
completamente heterogienea. indican uno de aquellos raros capri-
chos de la naturaleza, queexigirian estudios formales para resol-
ver los infinitos problemas geológicos, que por todos lados se des-
cubren en los variados accidentes de ese territorio.
En las cuencas y los valles, como én las planioiea cercanas i los
cursos de agua, domina en la composición de las tierras la xiliee en
la proporción de un 40 á 45 p.%, combinada con de^^Jos de ma-
terias orgánicas, con los humuSy ó vegetales descompuestos, con
una escasa porción áel carbonate caliceo y arcilla] representando
todos una cantidad equivalente en esa misma composición.
En los terrenos altos, la arcilla areriQsa^ mas ó menos fina ócom-
pacta^ figura en un 40 á 50 p.^o» asociada con los mantilloi^ con
los restos animales y vegetales, con la arena sili4)8aj con exiguas
porciones del mismo carbonato de calj entrando las de los prime*
ros por un 24 á 28 p,% en el todo de esa organización*
Con ligeras ecepciones, son de condición idéntica las tierras
adyacentes al rio Uruguay, en la parte alta y baja de su cursó,,
ofreciendo, t^omo la de los litorales del Plata, exposiciones muy
adecuadas para el cultivo de muchas plantas industriales, espe-
cialmente de la yerbormctte y del tabacOy reccmdcido de excelente
calidad en los terrenos del Norte del Rio Negro, cuyas zonas por
sus condiciones físicas, no rehusarian la aclimatación de muchos
productos intertropicales, atendida la excelencia de esas combi-
naciones c(ue favorecerían á la vez las senoeñteras del úñil y del
iéy como lo muestran algunos ensayos recientes hechos con suceso.
De aquí es, que según la exposición y los abrigos, resulta la di-
versidad de temperaturas y de climas parciales, mayormente,
cuando pcNr su posición transversal á la dirección de los vientos
generales, algunas ramificaciones de colinas, altas y dobladas, re-
eU[)en mejor que otras el aliento délos calores del mediodia, absor-
viendo la humedad que siempre viene acopipa&ada con \o% vien-
tos de los primeros cuadrantes para resistir á las sequedadee del
Estío y mantener fecundos gérmenes de cuUtro. ^ *
DK LA. RKPi!bLICA OniENTAL DEL ÜRTCÜAY H7
En iaa terrazaft, ó altillañuráSi de una naturaleza virgen que se
eDcúentran resguardadas de accidentes mas elevados, y que pare-
eeu conservar la físonomia de las edades geológicas que preceden
4
ila nuestra, cual aquellos que se encuentran en la cuchilla Grande
en et paralelo donde ella divide aguas z\ Monzón, al Cufré y al Üo*
taríOj colocados á mas de 1500 pies sobredi nivel del Plata, no
seria aventurado asegurar que serian susceptibles de admitir ti
cultivo del tabaco y algodón, y aun también, del banano y de la
cañaj como en las hondonadas y valles mas ó menos profundos.
Al acercarse alas coitas de Santa Lucia, se miran en su margen
derecha, desde la confluencia del San Joséhasíi su embocadura
en el Plata, algunas fajas de tierras salitrosas cubiertas de glute-
nes y mantillos que impregnan el lecho de los manantiales, con-
virtiéndolos en impotables.. Se comprende que venciendo las al-
tas mareas del rio la cinta de dunas que guarnece la ribera,
alcanzan cuando son extraordinarias, á es^jarramarsc, por las ve-
gas adyacentes, dejando al retirarse, espaciosamente, algunas
aguas es tagnad as después de infiltrar el suelo con las sales deque
vienen impregnadas.
Esa infiltración combinada con la descomj osicion de las mr*-
terias animales y vegetales, forma con los tiempos, costras, ó ca-
pas, mas ó menos, densas de üccido de polaza im¡ regnadas de ac-
eido de nitrogenium-^ que pro^lucen un nitrato preferente al de soda
para la confección déla póhora, y para otras aplicaciones de
importancia en la industria y la medicina*
El salitre que se encuentra frecuentemente en costras suj.erfi-
cíales, unido á los nitratos deeal y de magnesia, y con raices mas ó
menos profui^as en las (ierras húmedas, ó bañadas, está expuesto
á ser disuelto por las lluvias, para acumularse después, en for-
mas mas sólidas en las capas superficiales, por razoil de la capi-
laridad de las mismas tierras.
El beneficio del salitre seria alli, como en otros puntos de las
costas del Plata, de un expediente, no diflcil, vista la densidad
y extensión de las capas que.cubrcn ostensiblemente la vsuporficier
148 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA U£L TEHRITOBIO
cuya extracción y purificación podría hacerse sin mayores gravá-
menes, una vez que el aumento de brazos influyera en la disminu*
cion de los salarios, que harian hoy irrealizable la explotación de
ése producto, del cual sé extrae el accUlo nítrico que sinre para \á
preparación del accida aulfuricoy y que eonsiitoiria por si iBÍ9m0
la importancia de esa industria.
DS LA RKrUBUCA ORIENTAL DEL URUGUAY
U9,
SITVACIO:VKS eSOCtRACICAS.
DErAHTAVEIliTO »B LA COLONIA.
•MMUtAO.
M^MMh
rfiid*iAa**i
Pueblo de la Nueva Palmira (costa del Uruguay).
M. del Carmelo (W.) ....
Id. de las Viveras {interior). .
Punta Gotdá {Uruguay). .
Isla del Juncal {istremo N.) (Id.). . .
Id. Dos Hermanan (een^drf^ídmo'j/Of} (Id.) . .
Isb de Martin Garcia {(¡esembareadero} (Id.). .
Embocaduradel arroyo San Juau(Id<del Piata)« «
Id. de) de San Pedro (Id.) ^ * * .
lÁétáeüormi (la del Ñor te) (Id.). . . .
Ciudad del Sacramento (desembaraidsro) (Id .) .
Villa del Rosario (Interior).
Eknbocadura del Sauce (Rio de la Plata).
Id. del arroyo del Rosario (Id.) . .
Id. del de Cufré (Id.) . .
DEPARTAMEKTd HE MUl JOSÉ.
Pnnta de Jesús María (Id.) . .
Embocadura del rio Santa Lucia (extremo occi^
dental) (Rio de la Plata). .
Id. id. (extremo oriento/) (Id.) . .
Confluencia del río SaifJoséen el de Santa Lucia.
Ciudad de San José (plaza Mayor)
Vilbi de la Sintisima Trínidad (Porongos). . .
Cdttfluencia del Yy en el Rio Negro
Nn^deo de la cocbUla it Pintado con la Grande. .
Latitud.
Loogltad.
irf*i
33«5ri5"
3:?5{r2(r
3:i?5e* 5"
83? 54' 30"
asfss'ao"
84? 6*10"
3491 r 8"
34? 16' 4"
85920' 5"
34? 24* 6"
3492S' 6"
349 17' 30"
34?25'21"
34? 24' 30"
34? 25' 80"
58"'?4'40"
48? < 5* 3"
589 14' 2"
88?i5'15"
589S4'55"
58? i 8 20"
58? id'
58. £3'
58 55 35"
58? 17' 25"
57? 50' 28"
57? 18' 56"
67? 25' 25"
57? a r 60"
57? e'SS"
34? 39' 5"569í;2'55"
34?47'10"
34? 50' 5"
34? 36' 10"
34? 18' 30"
33?32' 4*
34? 4' 10"
33956' 10".57?£e' 25
56??1' 5"
569 í 5' 30"
56?£ 2' 55"
56?o8'15"
»^ei»
LMposidoiMs geogr&ficas del bajo Uruguay, desde el pueblo de vOsva pkímiílk >ás(4 la
Üla M Martin ftAKéiA^ deiermiaadas por la Comisión de Limites ae acaerdaa con lAtdel
capitán Scllivan, con diferencias menos sensibles que las encontrada} en otros paralelos
dei mismo.rio, respecto á las longitudes.
Las que sicuen hasta la ciudad de San José son parte del catálogo de observaciones he-
^baiéa él RIÓ dé la Plata por «1 8r. MaUspiita; perteneeiendo alguna*» ála^ oompÜAdan en
•I Manual de Navegación del mism rio por el Sr. Boq^arct, de la n arlna francesa.
II lltielAo dé las cuehíllas d* Pitttaá6 ) Orandé, Idkida ftica él arro>o qué Ueva 4íl aom-
brede la primera y ^ dé maobl, afluente del Yy. fué determinada por la misma Comi-
8i4A éü ka Maslt4> A la frontera; y te» dos lüiitoM attMoiét, i^t mo dé lea A^mm*
sores del EMado, á virtud de encargo especial del Departamento Topográfico, en 1834.
l&O
DESCRlPaOÜ ti£0(;BÍnCA 0£t XXBltrEOItXO .
CUADRO ESTADlSTlCa
DS LOS
•EPJUtTMÍElITO 0£ U COLONIA.
Areá territorial en le^s g:oográiicas. ÜS^
Población nacional y e^lrangera en ei departamento . 1 0,250
propiedad territorial en leguas cttadradai. ... 169
EstaUecim¡eniiD.s de pastoreo 2i)9
Edificios públicos en. los pueblos . 16
Gasas de azotea toda el Deparlamento 287
ídem de otras construcciones 974
Almacenes por mayor y menor 22
Ganas de negocio al menudeo* ......... 73
Tiendas de géneros . . . . « 10
Máqmnas y molinos para moler granos 11
Hornos de ladrillo id 1
Fabricas, talleres y otros establecimientos de ar-
les y oficios 53
Galeras 3
Saladeros y Mataderos en el departamento. ... 8
Chacras y quintas en los egidos de los pueblos. . 16
Vacuno. . * 274,000
Caballar 68,000
Lanar • . 387,000
Mular 1,800
Cerdo 2,700
Cabrio. . I,20J
OESMMSÉ.
4324
11,400
313
325
4
184
1,005
14
70
15
19
5
56
H
13
54
347,000
51,000
214,000
8,210
10,400
600
. OBSERVACIONES.— Según la área del Departamento de la
Colonia, 8u población inclusa la de esa ciudad y la de los pueblos
de su jurisdicción, está en relación de 48 1 de habitantes por. le-
gua cuadrada; j la del de San José en la de 26^, en igual «uper-
ficieu
DE LA EErÍBUCA OIIIEMAL DEL UnUGÜAT 151
La población estrangera en el primero, se calcula én 1400 á
1 500 habitantes; y en el segundo, en 2000 á 2 i 00.
Aquel Departamento ocupa 93 millas de costas sobre el
Uruguay y el Plata; y el de San José, 69 millas sobre este últi-
mo rio. ...
Ll valor de las importaciones por la via terrestre de la primera
de esas seccionesá la capital, ascendió en t858á 107,000pesos/tan-
toen ganados en pié, como en pieles, lanas, crines, sebjs, etc. En
el año 1859, esa importación representa un valor equivalente,
sin incluir la introducción de los mismos productos por el cabota-
ge del rio en uno y otro periodo.
La importación de iguales productos del Departamento de San
jDsé, subió al valor de 180,000 posos en el primero de esos años:
y el segundo al de 210,000, según informes obtenidos en las ofi-
cinas respectivas.
Las aduanas de la Colonia y Nueva Palmira^ produjeron por de-
rechos de tránsito en 1858, desde 1 .^ de Marzo basta fin de 1859,
la primera, 2468 pesos 412 rs.; la segunda, 921 pesos 179 rs.
En este último año hasta igual fecha de 1860, la déla Colonia rin-
dió 1407 pesos 476 rs. La de Nueva Palmira^ 939 pesos 303 rs. La
del Carmelo j 831 pesos 351 rs.
«
Los derechos Policiales de ese Departamento en el primer pe-
riodo ascendieron á f 982 290
Los déla Contribución directa á 2061 760
El impuesto Municipal á. r 7436 600
Desde 1 . ^ de Marzo de 1 859 basta Febrero inclu-
sive de 1860, los ramos Policiales dieron . . 718 690
El derecho de Abasto < . . . . 3732
El de Guias y Pasaportes ....... < 699 130
La Contribución directa. ......;. 3357 116
El impuesto Departamental . ^ ¿ . . ^ . 6769 505
La cosecha de trigo en el afio 1 858 se calculó en 7 i 8000 fane^
gas. La del maix en 3200 á ^400.
t&S DKZñCRIPOION GBOURIFICA DBL TERRITORIO
En 18S9,€l trigo reeojido disminnjó á 6200 fanegas; y el
maiz aumentó á 4200.
En el Departamento de San José, I03 derechos Policiales en el
primero de aquellos años hasta febrero inclusive de 1859 produ^
jeron / 950 480
La Coatribucioa directa 3640
El Derecho Municipal 7636 123
Desde esa fecha hasta 1. ^ de Mar^o de 13C0
Loi derechos Policiales 301 160
L03 de Abasto. ........... 2318
Los de Guías y Pasaportes 156 670
El de Hegistro de Escrituras 187 4OO
El de Contribución Directa ....... 4944 205
El impuesto Departamental 9276 799
En cereales ese mismo Departamento produjo en el 1 . ® de esos
periodos 14 á 1 5,000 fanegas de trigo y 4 á 5,000 de maiz.
En el último añp, $e recojieron 18 a 19,000 fanegas de trigo, y
5 á 6;000 de mai;.
FIN DE LA PRIMERA PARTE.
CAPITULO X.
INTEBIOBES DEL ESTADA
DEPABTAMEKTO DE LA FLaBIDA.
TOPO«BAFIA DE SU TEBBITORIO/
•BSBBTACiaüVES «BOLOGICAB.
§1
iLa estructura geográfica de estos campos ligados con los del
Departamento de San José^ no ofrece como límite de sus condicio-
nes, ninguii accidente notable que las altere.
Separados ambos, hacia el mediodia y al extremo opuesto, por
los fuertes canales del Santa Liiáa y del Yy^ las propiedades de
sus tierras y sus riegos, de su vegetación arbórea y áe sus pastos,
presentan una afínidad remarcable, aunque coa exposiciones
opuestas, con declives encontrados, con sombras y luces distintas,
producidas por el diverso giro que toman las corrientes despedi-
das en sentidos divergentes por la Grande cuchilla que comparte
las aguas hacia el uno ú el otro de esos frondosos recipientes.
Ese alto eslabón, antes de revolver repentinamente hacia el
poniente, al acercarse al paralelo de los 34"*, para formar desde
alli ese variado encadenamiento de suaves prominencias, que
crea á sus flancos el extenso sistema de irrigación que va á extin-
guirse en los cauces del Rio Negro^ del Uruguay y del Plata, des-
pide, un grado mas al Norte, las fuentes del caudaloso Fy, que
desde ese paralelo constituye un lecho profundo y rápido, ince-
santemente robustecido co:i la concurrencia de los canales que
manan de sus faces occidentales antes de pronunciar aquel nota-
ble contorno.
20
154 DESCRIPCIÓN 6E0GRÁFICA DEL TERRITOmO
Los flancos de esa cadena en su giro para el Sud, muestran
desde aquella altura, texturas diversas que imprimen á sus feces
orientales un aspecto áspero y severo, lavadas y surcadas en sus
precipitados declives por la profusión de derrames que bajan en
todas direcciones hacia el Gran Lago; en tanto que de sus faldas
occidentales, extensas y llanas, de planos mas uniformes y de sue-
los mas vigorosos por la consistencia de las costras arables de que
nopueden despojarlas el lavado incesante de las aguas que sur-
can la faz de esas tierras onduladas, se deslizan ingentes derra-
mes que corren por entre espesos matorrales, ó p&r debajo del
follage de las selvas, y que sin ser tan permanentes y profundos,
llevan al mismo rio con su copioso contingente las condiciones de
su fuerza, de su importancia y flotabilidad, que aparecen mayo-
res desde las confluencias del Mansavilhgra y del Timóte.
Ellos, como el Valentín y el Monzón^ como el Yllescas y el P«-
cadOj cruzando lentamente por valles y llanuras encajonadas entre
un conjunto de suaves y extensas colinas que separan sus lechos,
y el de los innumerables arroyuelosque los vivifican, se muestran
rodeadas de una vegetación activa, alimentada por costras vigo-
rosas que descubren profundas capas vejetales, reforzadas cons-
tantemente por los mantillos y los limos que crea la descomposi-
ción progresiva de las materias orgánicas esparramadas en las
vegas y planicies por las avulsiones de sus aguas.
Los montes y prados que matizan los bordes de esos canales al
rededor de los cuales se ven diseminados montículos y albardones
agrupados y ásperos, aislados, ó desprendidos, de los demás sis-
temas culminantes, con una tez liza y uniforme dominando los
llanos y las vegas que asoman de repente entre los pliegues de un
suelo diversificado en sus accidentes, que se calman de un modo
insensible al descubrirse á lo lejos los bordes del cauce en que to-
dos desaparecen, imprimen a esas campiñas bellos rasgos y ma-
tices, que son comunes á las diversas zonas que encierran en su
curso los afluentes de ese rio.
Regando tierras de una feracida J remarcable, engalanadas con
I)E LA REPÚBLICA ORIENTAL DBL URCGCAT 1¿5
.uaa vegetación que mide su \igor por la consisteucia de las ca-
pas arables, que aumeotan de proporción rápidamente por las
propiedades orgánicas y accidentales de la superficie, las costas
meridionales del Fy, y las de todos sus tributarios desde las ás-
peras alturas de los 33* en que brotan sus numerosas fuentes,
presentan en su giro un paisage de galas invalorables por la esr
cala que alli alcanzará el cultivo de las producciones mas estima-
jdas en las labores agricolas.
s»-
Tras de esos afluentes siguen hasta su confluencia aumentando
el caudal de sus aguas el Castro^ el Sarandí^ el Macidy que riegan
tierras de una condición idéntica, y que reciben en su rápida mar-
cha innumerables afluentes, formando los primeros, al reunirse
cerca de su confluencia, un ancho canal, lento en su curso, que se
desliza encerrado entre rocas, limitado en otros parages, tan solo
por orillas bajas y cenagosas que abren paso á las aguas en las
épocas de sus creces.
El rio Fy, tortuoso y precipitado en las 150 millas de su carre-
ra, aunque amortiguada por algunos bancos siliosos que la detie-
nen en determinados giros; torrentoso y profundo, cuando es ce-
ñido por rocas escarpadas; ancho y recto, cuando decrece el nivel
de sus márgenes, ó que seesplaya en lagunas y esteros, abriéndo-
se camino muy luego al través de los prados improvisados por sus
inesperadas sinuosidades, asombradas casi siempre porlosramages
de las selvas que se dilatan bástalas vegas que las rodean: regando <
ricos territorios cubiertos de un manto de verdura, embalsamado
por espesas florestas que enlazan sus copas formando arcadas de
verdor de la una á U otra de sus orillas: presentando en las con-
fluencias de sus correntosos y ondos afluentes cejas de bosques,
amplias y tupidas, que se extienden por< entre sus riberas for-
156 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
mando grupos de arbolados que amenizan los valles y las cuen-
cas que comprimen entre sus faldas las lomas eslabonadas
con la cadena originaria; ese rio, que cruza muchas veces in-
visible, ó silencioso, por entre albardones y collados matizados
de Oasis y de plantas en que sobresalen los cañaverales y los molleSj
los laurekSj guábiyuces y arrayanes^ mezclados todos en las cuen-
cas húmedas con los juncales^ sarandkes y ceibales tejidos por sus
numerosas lianas, presenta un pasage animado y na interrumpi-
do de un carácter solitario é imponente, variado y ameno, que
inspira emociones nuevas y inesperadas.
El cauce del Fy, después de salvada su embocadura, extensa y
dividida por aterrados y bancos que comparten sus canales, tiene
una profundidad hasta enfrentar con la villa de San Pedro na
menor de 6 á 8 pies, término medio, en épocas normales, midien-
do sus corrientes una velocidad de 7 á 8,000 varas por hora en
los parages donde su amplitud no excede de 200 á 300 ; y
cuando es mayor, y se explayan sus canales, disminuye propor-
cionalmente, presentando un vado posible tan solo en los fuertes
estios y en determinados lugares.
Desde aquella altura, el Yy en sus vueltas y sinuosidades hacia
el Oriente ofrece perspectivas y condiciones aproximadas á las
del Rio Negro hasta el lugar en que ambos mezclan sus aguas,. pre-
sentando desde entonces una via fluvial de incalculables espe-
ranzas.
Desde allí, las escenas rústicas y campestres que ofrecen los
accidentes siempre nuevos, renovados con frecuencia, en el pro-
longado curso de ese canal, con sus planicies y sus abras disemi-
nadas entre las alturas, ó al lado de sus riberas, con sus bosques
y tortuosas sendas que vagan por entre los claros de las selvas,
por las faldas de las colinas, por el fondo de las valles, en busca
de una venta, ó de una población vecina, con sus escarpadas
márgenes que oponen un dique invencible á*sus desbordes, reali-
zan el bello ideal de los cuadros silvestres de la naturaleza que es
imposible no sentir v apreciar si la disposición del animo y el
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL UBUGDAT 15Í
curso de las ideas no son indiferentes al conjunto de espectáculo^
semejantes.
§ 111.
La Cuchilla Grande, después de formar con las dos arterias que
se apartan al Poniente por los 33® y 34®, la extensa hoja, ó valle,
del Yy, regado por tantos derrames encontrados que lo cruzan en
direcciones diversas y que constituyen la fuerza de su lecho, si-
gue arrojando nuevas vertientes de sus caidas meridionales que
se combinan con las que despide al Occidente el eslabón monta-
ñoso, que desde el último de esos paralelos se desprende hacia
el Cabo de Santa Maria-, y también con lasque en sentido conver-
gente bajan del áspero ramal del Pintado para formar, todos reu-
nidos, el hermoso canal del Santa Lucia.
Desde ese gran seno construido por aquellas cadenas culmi-
nantes, con faces y exposiciones encontradas que miran á todos
los cuadrantes, se precipitan ingentes vertientes en las mismas
direcciones para formar los mas bajos niveles el ondo curso de
€se rio, que robustecen en mayor proporción las que descienden
hacia el lado boreal de las faldas de la cuchilla principal.
Entre todos esos cursos de agua sobresale por la abundancia
de las suyas el Santa Lucia chico^ que trae una corriente encía*'
vadá entre dos altos ramales de espesas colinas, del Pintado el
uno, y el otro, que con su propio nombre se aparta de aquella
misma cadena a la altura de las fuentes del Timóte,
El Santa Lucia chico recibe de esos sistemas de alturas los ar-
royos del Pintado y de la Cruz^ del Sarandí y Tornero ^ que afluyen
juntos al Santa Lucia Grande^ en tanto que por las caras re-
versas, y por las que miran á los vientos del Sud, le afluyen di-
rectamente otros mas numerosos, como el Arias^ el Chamizo^
y Casupá^ el Gaetan^ el Soldado y el Metal con diversos mas de
menor escala que bañan y fertilizan con sus limos capas vigo-
158 »£flCMIPC10N GEOGRÁFICA BEL TERRITOEIO
rosas de tierras de pan llevar, ceñidos de arbolados, improvi-
sando pequeños valles, prados sembrados de altas y tupidas
yervas, vegas pintorescas, cascadas ruidosas, que dibujan pers-
pectivas, cuyas partes integrantes se hallan tan bien ligadas
en sus proporciones y matices, que el todo de esa naturaleza sil-
vestre, con los ganados que pacen en sus campiñas, con sus tor-
tuosas sendas, con sus monticulos y colinas, con sus aguas puras
y azuladas, con sus estancias y sus chozas diseminadas por sub
bordes, ó a la sombra de uno de esos árboles seculares y gigantes-
cos, que cual viejos fantasmas levantan sus copas, tanto en la
cima de un albardon, ó de una colina, como en los llanos y las
praderas; forman escenas bellas y amenas, que hacen de esos ter-
ritorios una de las partes mas adornadas por la naturaleza en las
zonas meridionales.
Todos los afluentes de esos ríos que manan de las dos faces de
la cuchilla Grande, como lo general de los cursos de agua, son
mas ó menos, permanentes según la fuerza de. los estios y la ma-
yor ó menor caída de las aguas meteóricas, ó ya de los declives
de sus propios lechos, que las dejan concentrar ó deslizar, cuando
corren por planos alternados, ó por llanuras y planicies en que
se estancan formando ciénagas y esteros para levantar en segui-
da sus niveles y extenderse en valles, mas ó menos, altos, anchos,
d prolongados.
Limitajdas sus avulsiones por los movimientos i^epetidos del
suelo, etlas encuentran una oposición constante en los pliegues de
tas colinas, que en un sistema tan vasto de irrigación, no pueden
dejar de ser tan multiplicados, como lo es la profusión de ma-
nantiales y derrames que se escapan de ellas en todos sentidos,
ciñendo sus sinuosidades y desbordes.
Asi es que la diversificacion de esas altemajtivas solo dá lugar
á la ¿^parición da los prados y llanuras entre los contornos de
los ríos y los declives de las alturas que los rodean, á nms ó
meojoa distancia^ cuando no sobre el plano uniforme de sus
VB LA REPÚBLICA. ORIENTAL DEL URt«OAT i 59
erestas que coa Frecuencia se pierde en un horizonte de proporcio-
nes variables é indecisas.
En el curso del Sarandi y del Maciel^ las llanuras contiguas á
sus márgenes son mas extensas que en otros, particularmente en
las cercanías de sus confluencias, levantándose sus colinas á ma-
yores niveles desde la mediauia de su giro hasta sus fuentes. Y á
medida que se siguen las costas del Yy hacia su desagüe, los
valles cobran mayores espacios al lado de ellas, disminuyendo de
proporciones al subirse por las adyacencias de sus afluentes.
No asi en les demás que bajan al Oriente, y que surcando
por tierras altas, sus aguas descienden con mas violencia, estre-
chados, é comprimidos, entre los dobleces de los sistemas culmi*^
nantes mas diversificados en sus inflexiones, como ásperos y agrios
en sus flancos y sus cimas.
En las cabeceras del PescadOj arroyo ondo y correntoso, esas on-
dulaciones son mas pronunciadas, convirtiéndose en montículos
de faces ásperas y quebradas que toman el nombre de cerros con
la denominación de ese canal.
Mas al Sud, en las medianias del IllescaSf y ya próximos á las
primeras caídas del Mansavillagraj se ven otros cerrezuelos de ma-
yor elevación y de idéntica textura, por cuyos faldas, como perlas
de aquellos, se precipitan inagotables manantiales que van á au-
mentar el lecho de esas aguas y la violencia de sus corrientes.
£1 Mansavillagraj afluente mayor del ly, de condiciones nota-
bles por el cúmulo de derrames que vienen á su canal, como por
la extensión de las campiñas que riegan en sus largos y multipli •
cados giros, fecunda tierras fuertes y arables en las que no se in-
terrumpe ni el poder ni la frondosidad de la vegetación, llevando
desde sus fuentes revestidas sus márgenes de bosques y florestas
que hacen de su curso la cinta mas amena de cuantas bañan los
tributarios de ese rio.
Los principales de ellos son flotables algunas millas arriba de
sus barras, en las cuales no aparecen ni aterrados ni bancos que
detengan sus corrientes, seguramente por la inclinación de los sue-
160 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRlTORId
los por donde se arrastran con violencia y por el nuevo impulso
que reciben al caer en ese torrentoso canal .
§ IV.
A 4 millas al Este de la embocadura de Maciel^ existe en las cos-
tas del mismo rio el pueblo de San Pedro (1) residencia de las au*
toridades del Departamento vecino del Entre Yy y Rio Negro ^ por
no existir en él ningún otro que presida la administración de ese
territorio separado tan solo por su ribera, ni sirva de vehiculo al
movimiento de la industria y de las necesidades de la población
diseminada entre ambos canales.
Los capitales, las fincas y el comercio que fomenta ese pueblo
depende en gran parte de los habitantes de esa misma sección en
la que tienen sus establecimientos rurales; siendo la menoría de
aquellos que se encuentran arraigados dentro de los límites de la
jurisdicción de la Florida.
Ocupa una situación aventajada y bella sobre collados que
dominan sus accesos, tapizados de verdor y de foUages y rodea-
do por el mediodia de los frondosos bosques que se extienden
hasta sus faldas y fecundan las avulsiones periódicas del ancho
canal que la baña.
Construida sobre una traza regular de secciones cuadradas y
con calles proporcionadas que comparten los cuadrantes, encier-
ra muchos edificios de buena arquitectura con algunos destinados
al culto, á la instrucción y la justicia.
Su población ascenderá á 1,500 habitantes próximamente, sin
excluir los que labran las tierras de su egido, donde se hacen
abundantes cementeras de cereales que bastan para el consumo de
su población y la de los territorios vecinos. En sus quintas y
(I) Se encuentra en la latitod de 33^ 25', 5' y en la longitud occidental de Creen wich
de 56» 40*55".
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY l6l
■
chacras se producen con gran desarrollo los farináceos, las le-
gutnbres y muchas plantas industriales.
La posición casi céntrica que ocupa ese pueblo con relación á
los contornos de todo el territorio, colocado en el camino mas
central para loe departamentos del Mediodia, al lado del mejor
paso que ofrece ese rio para vadearse en las crecientes por me-
dio de los bateles y balsas que auxilian él tránsito del comercio,
de los transportes y ganados, le atraen una concurrencia frecuen-
te que lo convierten en uno de los centros mercantiles de mas
importancia en el tráfico terrestre, llamado á alcanzar mayor
desarrollo para tiempos no remotos.
La fecundidad de las tierras adyacentes á las costas del
Maciel y del Yy^ la exuberancia en la producción de los gra-
nos, la gala de la vegetación arbórea, la templanza y pureza
de su atmosfera, la benignidad de la temperatura en ese pa-
ralelo, y la exposición favorable del suelo hasta para la aclima-
tación y cultivo de los productos tropicales, es una situación de
condiciones tan felices que atraerá á la población industriosa, y á
la que sin asiento permanente busque ocupaciones provechosas.
En esas inmediaciones existió una Colonia militar que echó las
bases de un núcleo de población en las primeras épocas de la In-
dependencia déla República compuesta de naturales de la anti-
gua provincia de las Misiones Orientales que emigraron de ellas
al terminarse la guerra con el Imperio vecino en 1828.
La organización puramente marcial de ese pueblo, la natura-
leza de su propia índole, y los sacudimientos frecuentes del or-
den público que se atravesaron entonces y mas tarde, y á los cua-
les se prestaron por sus propias tendencias, ó por el influjo de
los que los promovieron, alejó el porvenir que habrian alcanzado
con el empleo del trabajo y de las labores agricolas para las cuales
poseian innatas analogias, emanadas de la educación y los hábi-
tos quehabian conservado del régimen teocrático de las antiguas
reducciones Jesuíticas .
Esas causas han contribuido á que una porción de esa tribu se
21
1G2 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
encuentre hoy desparramada en todo el territorio, ocupando sus
brazos en los trabajos rurales, mientras que el resto ha desapare-
cido en procura de sus antiguos lares atraidos por afinidades que
no podian olvidar.
V.
Dijimos que de las faces meridionales de la cuchilla Grande
brotaba una irrigación tan fecunda y variada como diversos son
los ramales culminantes que atraviesan la zona que contornea el
curso del Santa Lucia y el giro que lleva al Ocaso esa misma ca-
dena; y que de todo ese conjunto sobresalia por las condicio-
nes de sus canales, por la composición de la superficie que
surcaban sus incontables derrames, los del Santa Lucia chico^ que
al extinguirse en el Grande, duplican sus proporciones, y empie-
zan á improvisar nuevos prados que amenizan ese ledbo navega-
ble hasta su desagüe en el Plata.
Antes de unirse. esos canales se encuentra el pueblo cabeza de
ese territorio sobre las risueñas colinas que se alzan al lado de
sus márgenes circundadas de vegas y praderas, de campiñas do-
bladas y de variados matices que justifican el bello nombre de Vi-
lla de la Florida que ha recibido desde su fundación (1).
Edificada también sobre una planta cuadrangular, con vias
cómodas y amplias, sus edificios son uniformes y de un aspecto
agradable, conteniendo una población de 1,200 a 1,300 habitan-
tes, con terrenos comunales, que aunque de corta extensión, son
considerados como muy privilegiados por su adyacencia á la ri-
bera, donde dan sobresalientes productos, tanto en los cereales,
como en las plantas leguminosas que se cultivan en ellos.
(1) En la latitud de 34 » 12' 80" y en la longitud de 56 o 13' 50*' al Occidente de Gre
enwich.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URCOCAY 163
Los alegres rasgos que presentan las perspectivas de esa pobla-
ción y del conjunto de su propia deheza, ó ya los mas leja-
nos de la ribera formados por las colinas que se abajan y se le-
vantan encerrando valles que circulan entre sus bordes, ó
abriendo planicies festonadas por recintos de arbolados que im-
provisan laberintos de arbustos agrupados ó diseminados, entre
un mosaico de vegetación y de verdura; los cerrezuelos que al
frente de ella asoman sus cuellos en la orilla opuesta, enseño-
reándose sobre un llano cubierto de céspedes y granaineas que
muestran un paisage risueño y luminoso-, las plantas, los árboles,
y los copos de ramages nacidas por si mismas en los declives
graníticos de sus faldas, ó en las húmedas praderas que bañan y
fertilizan con sus glutenes los desbordes de sus corrientes, ó sus
olas: la dulzura y la templanza de su atmosfera con la nerviosi-
dad y vida de esa vegetación, con el descenso lento ó suave, cuan-
do no precipitado ó ruidoso, de los hilos de agua que manan de las
faldas llanas, ó escabrosas de sus albardones y colinas, presen-
tan golpes de vista verdaderamente aéreos, y también cuadros tan
bien acabados, como lo son las escenas de la naturaleza de que
puede ampararse la vista del hombre al cruzar por los varios pa-
noramas que ostentan otras superficies adornadas con iguales co-
loridos.
Las corrientes de ese arroyo, encajonado y ondo, miden desde
4 á 4^ millas por hora en el rápido descenso que llevan entre bar-
raneas escarpadas, y pocas veces, comprimidas tan solo por on-
dos llanos y bajios que dan paso álos riegos que vivifican las pla-
nicies y las selvas.
gvi.
La fecundidad de las tierras éntrela Cuchilla Grande y Yy esta
comprobada por el espesor de las capas negras mantillosas no me-
nor de 20 á 25 pulgadas^ debajo de las cuales se suceden otras
164 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
amarillentas y gredosas en que sobresale la combinación de la
arcilla y de otras materias calcáreas, cuya descomposición las vi
goriza notablemente.
Esa textura primitiva é intacta que domina por las costas me*
ridionales del Rio Negro abajo se extiende por las fajas que eos*
tean al Yy y sus afluentes hacia su origen, sobresaliendo las cos-
tras calcáreas, ligadas algunas veces en los niveles mas altos con
tierras gredosas, mas ó menos compactas y ondas, combinadas
con la descomposición de los limos.
£1 exceso de liquenen y slratas mantillosos^ apoca la fertilidad
de las tierras, creando sobre su epidermis una atmósfera sobre-
cargada de decido carbónico^ que para cultivarlas, es indispensa-
ble neutralizar con materias que tengan la propiedad de absor-
verlo, cual la cal cáustica j ó los abonos, qu^ combinados con el
accidoy confeccionan carbonatos de sosa y de potaza.
La proporción en que deben entrar los mantillos en la compo-
sición de las tierras arables no debe exceder de un 6 á 8 p.®/o
Esa descomposición es mayor asi que se desciende á las plani-
cies, ó los llanos, mas cercanos á la confluencia de esas corrien-
tes donde la aglomeración de los glutenes concurre á que los man-
tillos tengan mayor profundidad robustecidos perennemente por
los restos vegetales y animales.
En las faldas de la cuchilla, en las cimas de las colinas, y en
algunas lenguas de tierra que penetran por entre los afluentes del
mismo Fí/, descolla la composición í/raní/ica complicada con alka-
lis minerales y capas decadentes de esa misma roca, y también de
la del humus j que dan al suelo un vigor que es necesario reprimir
en el cultivo de las plantas y de los granos, removiendo y dando á
las tierras una composición adecuada.
En algunos lugares se observa que el granito penetra, ó se com-
bina, con rocas arenosas de una composición felspática yqtiarzosa.
La abundancia de esos ///Hos y slratasen las márgenes del Fy,
particularmente en los alrededores do las barras de sus afluentes,
el espesor de las tierras alkalinas y mantillosas llega frecuente-
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 165
mente hasta 28 y 30 pulgadas, continuando mas abajo las calca-
reas y esquisitas.
En las caídas meridionales de aquella cuchilla se ven también
costras de una tierra plástica colorida por el oxido de hierrOy que
dan á la vegetación un procaz desarrollo. Esta descomposición es
común á la mayor parte de los terrenos que bañan los afluentes
del Santa Lucia por su margen derecha.
Siguiendo su curso hacia sus^ vertientes, especialmente por las
mas occidentales, y también por los flancos de las quebradas del
Pintado^ veense desparramados pedrones y mazas &úgneisSy ais-
lados unas veces, ó encadenados otras, con densas laxas mas ó me-
nos invisibles que penetran en las profundidades del suelo, y que
aparecen como desalojadas de su primitivo asiento por la acción
de la temperatura y de las aguas.
A su lado y entre las hendiduras de esas moles, vegetan arbus-
tos y plantas fecundadas por el oxido de hierro de que están im-
pregnadas las tierras y que tienen la propiedad de atraer y fijar el
aire de la atmosfera en forma de amoniaco.
Las costas del Santa Lucia ^ como las del Yy^ y aun el lecho de
estos ríos, están también cubiertas Afágranito^ que contienen gran-
des proporciones de ese rm%mo oxido y del feldspato unido con el hu-
mu8y que hacen de esa zona una de las mas feraces del territorio,
debido todo á esa vigorosa composición.
Nótanse en medio de ellas algunos manantiales que buscan con
avidez los ganados, y que probablemente deben suorigen á ciertos
lechos de tierras plásticas alkalinas y de piedras arenosas que ta-
ladran las aguas al salir de otras mas inferiores.
En los valles de niveles mas bajos donde el agua se encuentra
cerca de la superficie, es común la organización de suelos en que
nbunávicXcespedeyla turba tax\ apreciable como combustible en
los campos escasos de bosques.
En las caldas de Santa Lucia j como al Sud del Yy se encuen-
tran costras de una tierra vidriosa ó galena, impregnadas del felds-
166 BESCRIPCION GEOGBÁFI€á DEL TERRITORIO
pato da plomo de un color rogizo por el mucho occido de hierro^ que
supone la existencia de este mineral en las capas inferiores.
En nuestro ligero transito por esos campos hemos creido descubrir
entre las rocas que deben considerarse como pertenecientes al pe-
riodo primitivo ^ que el^n^í^^esla mas dominante de todas, parti-
cularmente en las faldas boreales de la arteria matriz que vier-
ten aguas al mismo Yy.
En las caidas del MaMavillagray en las del PeseadOy y en las
medianias del Timóte^ es visible cfaeelgneiss y sus stratas están
cruzados transversalmente algunas veces; y otras, en sentidos que
mas se inclinan á la horizontal, por venas, ó vetas, de granito y
pegmatilo sin stratificarsey de un color pardo obscuro,, diversifica-
dos por los elementos combinados del feldspatOy del quarzo y de la
mica en cuyas laxas cobra algunas veces un color amarillento,
en otras, mas obscuro, ónegrusco, transformándose en blanque-
cinas en las fracciones, ó granos, del feldspato. Nos fué muy sen-
sible no poseer en esos fugaces momentos los medios de analizar
mejor estas rocas, afín de determinar sus partes constitutivas y
sus verdaderas proporciones, en la que nos pareció no obstante
sobresalir el quarzo por su excesiva dureza y pesantez.
Esa proporción en otras rocas desaparecia, desde que no se des-
cubrían ninguna» partículas quarzosaSy y que exteriormente se
mostraban todas las condiciones áelgneiss común.
En el curso de esacuchilla, y algo mas al Oeste de aquellos
canales, el gneiss quarzosOj con algunas variedades, al parecer
de feldspato cristalizado intercalado entre sus mazas, domina en
muchas de las fajas de esazona; ó al menos, enlos promontorios,
ó grupos, en que sobresalen esas rocas, su tez aparece esencial-
mente quarzosay por no presentar la posibilidad de separarse en
laxas, ó camadas regulares, como cuando se halla combinada la
mica en mayores proporciones.
Al cruzar el paso dis Polancos del Yy, y también en parages
cercanos á los arroyos de Castro^ Sarandí, y cabeceras del Maciel,
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 167
hemos creído distinguir otras variedades del gneiss] tales como
el graphitozo y el porphiroidíco. En el primero^ son mas visibles
los cristales del fddspato incrustados en las mazas; ó que desapa-
recían en otras, de las cuales habían sido desalojadas de su pri-
mitivo asiento. En el s^undo, en que no se descubría la mica del
gneisSj como creímos reconocerlo en los fragmentos desparrama-
dos en los bordes del rio y en las cercanías de ese mismo paso.
Estos territorios, merecen muy particularmente exploraciones
mas detenidas para aclarar esos puntos importantes de sus es-
pecialidades geológicas.
CAPITULO XI.
TEBftITOBIOS COHPBENDIDOS EIVTRE EL RIO SANTA LUCIA Y LAS
COSTAS DEL PLATA t CONDICIONES DE ESE LITORAL i
LA CAPITAL DE LA REPÚBLICA Y LOS PUEBLOS SITUADOS
DENTBO DE ESOS LIMITES.
OBSEBVACIONES «EOLOJICASs POSICIONES GEOCIBAFICASi
CUADBOS estadísticos.
§í.
El arroyo de Solis que por el naciente, y el Santa Lucia por los
demás cuadrantes, contornean hasta sus barras en el Plata los
departamentos de Montevideo, y Canelones , tienen ambos su ori-
gen en las asperezas en que se transforman los ramales de la cu-
chilla Grande al dirij irse, el uno, hacia los litorales del Cabo de
Santa Maria, y el otro, en dirección á la peninsula en donde tiene
su asiento la Capital de la República.
Desde ese núcleo montañoso en que esos tramos toman direc-
ciones divergentes formando la zona mas fragosa del territorio,
se desprenden de las faces opuestas, y en sentidos encontrados,
los primeros arroyuelos que crean el tortuoso cauce de Solis y el
bello Santa Lucia .
Los afluentes de este rio que con sus innumerables manantia-
les, tienen ese origen, como el Bejiga^ los Talas y los dos Canelo-
neSy arrastran un curso lento y tranquilo por un extenso valle li-
geramente ondulado por suaves y explayadas lomadas, enclavado
entre las márgenes de aquel canal y los giros diversos de ese mis-
mo eslabón de la cadena matriz.
22
170 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
Atravesando por esas fértiles campiñas, esos arroyos las bañan
profusamente con sus desbordaciones estacionales, que se dilatan
á largas distancias, mientras no las detienen las débiles inflexio-
nes que separan sus canales.
Los flancos de ese ramal, alternados y doblados, hasta una, ó
dos millas, en su descenso, cesan de serlo mas al mediodia des-
pués de manar de sus pliegues y quebradas aquellas aguas, mas
numerosas y fuertes á medida que se sigue por sobre sus crestas
hacia el núcleo de su arranque.
Disminuyen de altura lentamente en su transcurso hacia el Oc-
cidente para compartirse en tres ramificaciones en el punto donde
tienen las vertientes en sus faces encontradas los arroyos de las
Piedras^ Canelón Chico y Toledo. De ellos, el uno, se encamina
hacia el desagüe del Canelón Grande,, el otro, á la confluencia del
Santa Lucia en el Estuario^ y el último, al extremo meridional de
la bahia de Montevideo, formando con sus últimas colinas la pun-
ta de San José.
La separación de esos brazos imprimen desde alli mayores mo-
vimientos al suelo, cuyas alternativas son mas frecuentes del lado
meridional, descendiendo por sus caidas hacia las márgenes del
Santa Lucia y del Plata.
Calman en parte esas inflexiones inmediatamente después que
de la primera de esas cuchillas filtran las vertientes del Colorado
y Brujas^ y que por sus faldas orientales, nacen otras que engro-
san el lecho del Canelón chico ^ que se presenta esplayado y con
exiguos bordes, rodeado de ciénagas y esteros, en lugares diversos
de su curso.
El espacio que encierra este canal, y el mayor del de los Cane-
lones^ es menos inflexivo y de un nivel inferior á los terrenos ad-
yacentes, que abajan progresivamente los suyos hacia las costas
del Santa Lucia.
Con escepcion de las barras de todos esos arroyos, su mono-
tono curso se vé desnudo de arbolados y plantas, á no ser algunas
reducidas isletas de sauces^ molles y talas que se encuentran dise-
» i
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 171
minadas en sus bordes y que han sido salvadas de la destrucción
de los bosques que en tiempos no remotos, daban á esas campiñas
el aspecto de verdaderas praderas.
Esos campos, bajos comparativamente con los que le rodean,
comprendidos entre aquellas alturas y las costas del Plata; y del
lado opuesto, por la gran cuchilla y el cauce del mismo Santa Lu-
cia^ están dotados de tierras feraces que dan abundantes frutos en
toda especie de farináceos, como en las plantas leguminosas. La
costra arable es profunda y consistente, mayor y mas densa en los
contomos de ese rio, donde las avulsiones periódicas realzan sus
condiciones, como en los mas caudalosos que cruzan el territorio
en otros paralelos»
5"-
El Santa Lucia ^ov su margen izquierda presenta las mismas
escenas de animación y variedad que por la opuesta. Las líneas
serpentales y caprichosas de su álveo, cerrado muchas veces entre
barrancos obscuros y rectos que sombrean los bosques que ocul-
tan sus despeñaderos: en otros, donde las faldas extendidas y sua-
ves de la» colinas abren blandamente un paso tranquilo á las
aguas para recibir el baño de sus olas dejándolas explayar por an-
gostas cuencas tapizadas de pastizales y gramíneas: mas lejos, en
que el cauce comprimido por albardones ásperos y altos, se le vó
encajonado entre bordes inaccesibles y a plomo, por medio de los
cuales sus ruidosas corrientes van muy luego á amortiguarse en
las planicies, que al alejarse esas colinas de su ribera, dan
cabida entre sus flancos; y mas lejos, al fin, donde enriquecido el
lecho con el tributo de sus mas fuertes afluentes cobra un aspecto
grave, tranquilo é imponente, serpenteando por campiñas de
alternativas menos violentas que descubren cercanas á su lado an-
chas praderas y vegas de una consolante perspectiva, ameniza-
das con los arbolados y el follagc de plantas silvestres r us «tíen-
172 DESCRIPCIÓN GEOGBÍFICíI DEL TERRITORIO
den sus sombras hasta los llanos que acompañan sus collados;
esos matices con la combinación de tintes tan variados hacen del
curso del Santa Lucia un no interrumpido panorama de aspecto
agreste y solitario en unas zonas, ameno y misterioso en otras,
luminoso y risueño en muchas, particularmente al acabarse su
carrera en el Estuario, donde sus anchos canales rodeados de
prados que á lo lejos se confunden entre las largas lineas relum-
brantes de los aluviones y la cilice, las mirada» se pierden entre
el cielo y las aguas del gran Rio infundiendo dulces y poéticas
meditaciones, impresiones sublimes y placenteras (I).
En un suelo de tierras, que cual una esponja, amasada por la
descomposición perenne de los stratas de los limos que dan á sus
mantillos un vigor que solo debilita la lujuriante vegetación que
en ellos se nutre, mientras no vuelve el paso de las aguas á reani-
mar con usura ese lujo de la naturaleza, renovado con las crecien-
tes y las lluvias, la producción arbórea enseña galas escojidas que
extingue sin cesar el corte inmoderado del leñatero, y la faena
extirpadora del carbonero, que son ambas el flagelo mortal de
esas selvas virgenes y ricas.
La mole imponente y limpia del álveo del Santa Lucia en esa
faja sembrada con los atractivos de esa riqueza vegetal, con sus
aguas puras y azuladas, tan justamente celebradas por su salubri-
dad: la profusión y nerviosidad de sus producciones, la pureza y
templanza del aire en las precoces campiñas que recorre, reflejan
con todos sus dones sobre la población agricola que en su mar-
gen izquierda se alza en medio de una sabana de perspectivas
alhagüeñas y de un verdor constante, y cuyos dilatados espa-
cios surcados por el arado integran una parte de las tierras
que contribuyen á aumentar el verdadero granero del Plata.
La villa de Santa Lucia edificada sobre una delincación acomo-
(1) El curso de ese rio siguiendo sus contornos se extiende hasta 100 millab de longitud.
La velocidad de sus corrientes miden, término medio, 4) millas por hora hasta llegar á
la confluencia del Sam Jóse; y 3^, desde alli hasta su desagüe.
DE Lá REPÚBLICA ORIENTAL DEL URCGUAT 173
dada á las sombras y que neutraliza la fuerza de los vientos car-
dinales, de cuadrados regulares, con vias cómodas y niveladas
presenta en el conjunto de sus edificios, de sus quintas y sus
huertos un alegre aspecto al lado de las praderas del rio que son
en los Estios el solaz y el centro de los goces de una gran parte
de la población acomodada de la Capital (1).
Exiguo todavia, el número de sus habitantes, pues que no es-
cederá de 800, próximamente, una parte de ellos se dedica á la
labor del suelo que la circunda y en donde la producción toma
algunas veces proporciones sorprendentes, si para buscarla se
surcan las adyacencias del rio dentro del dominio de las avul-
siones.
Las cercanias de otros centros de población en la dirección de
las vias mas centrales del territorio, en lugares donde mas se
rozan el trafico y el trabajo han concurrido para que ese pueblo,
no reúna todavia los brazos y la población que acecha resultados
mas positivos en el movimiento de comercio y de los trabajos
de la industria y de las artes.
Los incentivos de su situación han atraido á ella no obstante
muchos de los pobladores de la antigua villa de San Juan Bautista
que han contribuido á la estagnación ó decadencia de este antiguo
pueblo, concurriendo á ella, no menos, el creciente desarrollo del
deSa;i Isidro^ que se encuentra casi equidistante al otro de sus ex-
tremos, dando por resultado que sus barrios no contengan mas de
1,600 habitantes, aun cuando deba considerarse en doble |el nú-
mero de los agricultores que cultivan su extensa y feraz deheza.
No obstante estas consideraciones, las especialidades de esa
posición en medio de territorios productores que se extienden
hasta los litorales del Plata, cercanos sus pueblos á los puertos, y
al mayor de sus ñiercados, conteniendo sus districtos una pobla-
ción de mas de 20,000 habitantes que participa inmediatamente
(I) Este pveblo está situado ea el paralelo de. 34 ^ 27' 3*' y en la longitud Occidental
de Creen wicH 56® 13'S5'
t»»
174 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
del movimiento y la animación que parte del focas de la indus-
tria y del comercio, rodeado por su territorio en todas direccio-
nes, y por el cual atraviesan en diversos sentidos los radios de
viabilidad que se dirijen á todas las secciones del Estado; la villa
de San Juan Bautista reunirá siempre condiciones ventajosas co-
mo centro de las labores agrícolas, y como posici(m topográfica
de preferencias reconocidas (1).
Ocupada por una población homogénea á la de la capital y que
muestra todos los caracteres de la civilización y la cultura se
halla edificada sobre una traza idéntica á las anteriores de cua-
drados también regulares, con un hermoso templo y con otros
edificios secundarios para la justicia y la instrucción.
Mas en contacto con la Capital, y á 11 millas hacia el N. N. E.,
al lado de un arroyuelo correntoso y limpio, aparece sobre alto*
mamelones que dominan sus accesos, doblados en todas direccio-
nes y de alhagables perspectivas, el pueblo ya citado de Sanlsidro{2)
circundado como aquel de una numerosa población agrícola, que
explota con suceso las feraces campiñas que la rodean por el me-
diodía. Es de alli también, donde las abundantes cosechas de ce-
reales acaban de surtir los depósitos de la capital, que no solo
bastan para su propio consumo, sino que corresponden con el
superabundante á las exigencias de la exportación.
Esa población encierra como 1 ,000 habitantes con un templo
capaz que se encuentra en construcción, y con los demás acceso-
rios que cada dia mejora la riqueza del brazo agrónomo que la
impulsa á un rápido progreso.
(1) Se encuentra en la latitud de34<3 81' fO" y en la longitud de56<3 7*55" al O. dd
meridiano de Greenwich.
(2) Está en el paralelo de 34 ^ 43' 50" y en el meridiano de 56 ^ 8' 35" al occidente del
mismo.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 175
§ III.
La sucesión de collados que trae el nombre de cuchilla de Mon-
tevideo desde el nudo escabroso en que se aparta repentinamente
hacia el Ocaso al derramar las fuentes del Solis^ descubre faces
ásperas y altas del lado meridional, mas dobladas todavía donde
asoman los monticulos del Berdun y Pedernal que aumentan sus
aguas con los incontables manantiales que se precipitan de sus
bases.
El arroyo de Solis conserva el nombre del ilustre descubridor
del Plata por haber perdido la vida á manos de los indígenas
al pisar en 1516 las playas cercanas á su embocadura, cuando
emprendía por segunda vez el reconocimiento de ese hermoso Río.
Los repentinos dobleces de las cuchillas, ó bien la incesante al-
ternativa de sus inflexiones, renuevan de tal modo las ramifica-
ciones de esa irigacion y conducen los primeros canales del Solis
entre las ondulaciones de sus raices por direcciones tan incom-
prensibles, que sin conocerse el término de esa red de derrames, se
diría que esos accidentes intentarían parodiar en ínfima escala
á otros semejantes y mas grandiosos que existen en la región del
Ecuador, donde tienen sus cabeceras el Orinoco y el Casiquiarcj
causados por los contrastes inesperados de sus niveles, y los en-
contrados movimientos de su suelo.
A esa altura aquel ramal culminante se abre en varios brazos
cuyos estremos van á calmarse en las márgenes del Estuario,
apareciendo en su arranque, como en la generalidad de su cami-
no, con igual textura y elevación al separar las aguas de los dos
SoliSj hacia cuyos lechos mandan otro tejido de canalizos que ha-
cen mas variado el lujo de la vegetación de esas campiñas, que
de todos lados enseñan bellezas naturales en medio de una at-
mosfera embalsamada por las florestas que fecundan sus riegos.
Antes de acabar sus declives se comparte esa cuchilla en dos
176 DESCRIPCIÓN GEOGHÁFICA DEL TERRITORIO
eslabones pequeños, que se extienden hacia la confluencia de esos
canales en el Plata, improvisando en sus ondulaciones dos peque-
ños promontorios idénticos en sus formas con el nombre de Pie-
dras de afilar que lleva el arroyuelo que vierte de sus accidentes.
Mas al Oeste, manando esa cuchilla los arroyos de PandOj del
Sauce y de Toledo, se deslizan de ella otras ramificaciones de esos
collados que se internan en la misma dirección, separando sus
aguas y aumentándolas sin cesar, hasta que se uniforman con las
tierras bajas que se encuentran en la faja adyacente á la ribera;
sin embargo de que entre los últimos de esos arroyos son altas y
sus dobleces notables, presentando el aspecto* de un estenso valle
cubierto de un manto de verdura, que se pierde entre la cinta de
dunas que bordea el gran Rio y que gana terreno sobre las tierras
altas.
En la margen derecha del Pando y a las 5 millas de su desa-
güe se encuentra la villa del mismo nombre planteada sobre co-
llados dominantes que presentan un golpe de vista alegre y va-
riado, ceñido por las vueltas volubles de un manantial de aguas
cristalinas, que del lado occidental concurre a aumentarlos atrac-
tivos de esa situación (1).
La planta de ese pueblo que sigue en sus proporciones el mis-
mo sistema de todas las demás, con vias de comunicación diri-
gidas en el mejor sentido, encierra una población de 1000 habi-
tantes, aplicada en lo general á las labores agrícolas, no solo en
su radio municipal, sino en los terrenos que siguen hacia las costas
del Solis, y del Toledo por el lado opuesto, que contienen tierras
fuertes y muy productivas, con esposiciones diversas que dan á
la vegetación facultades precoces, y particularmente á la pastura
que sin embargo, parece debilitada por la afluencia de los ganados
que mantienen en ellas las numerosas poblaciones establecidas en
las costas de esos arroyos, y cuyos montes van siendo aniquila-
(I) En la latitadde34o 42' 15" Sud. En el meridiano de los55o 43' 35" al Occi
dente de Greenwich.
DE LA BEPÚBLICA ORIENTAL DKL ÜBUGCAY 177
do9 á 8U vez por sus propias exigencias y las de esa misma in-
dustria.
Estas causas, y la bondad de los campos que comprende esa
sección del territorio, asociados de condiciones felices por su si-
tuación para levantarla a mayores proporciones, han aumentado
considerablemente los valores de la propiedad rural que gozando
de calidades preferentes, como tierras de cultivo, se aplican rá-
pidamente al de las cementeras de mas consumo, subdividiéndose
mas y mas y cobrando mayor estimación.
Las labores agrícolas altamente favorecidas por las condiciones
del suelo y del clima y su ventajosa situación, acabarán por ale-
jar los límites del pastoreo que ya no cuenta mas que muy deter-
minados dominios en los extremos de ese territorio, y que á no
dudarlo, abandonará en breve por sus propias conveniencias para
obtener mayores valores con su repartimiento.
Como auiiliares de esa industria veensé en medio de las pobla-
ciones y en las costas de los arroyos multiplicadas máquinas de
molerlos granos, impulsadas por el agua y el viento, y mas ge-
neralmente por la fuerza animal.
giv.
Desde que se pasan los arroyos de las Piedras y Toledo en di-
recciones convergentes para entrar en los alrededores de la Ciu-
dad Capital cruzados por mas cortos canales, que riegan tierras
de igual fecundidad, las escenas se animan rápidamente, y las
bellezas silvestres se presentan adornadas en un nuevo cuadro con
los rasgos y los tintes que les presta el movimiento vivificante de
la industria y del trabajo, que muestra en escala ascendente, la
veloz transformación de esa superficie matizada con jardines ,
quintas, huertas y talleres, que amenizan las alegres perspectivas
que el Mangüy el Miguelete y Pantanoso presentan desde sus altas
colinas al descubrirse el variado panorama en que se enseñorean
23
178 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
las crestas de su Cerro y sus monticulos^ las cúspides de sus torrea
y belvederes.
Antes de engolfarse las miradas en ese alhagüeño conjunto de
Tida^ de civilización y porvenir, no es posible apartarlas de las
risueñas campiñas que atraviesan los últimos collados de la arte-
ria originaria vertiendo por sus faces orientales inagotables ma-
nantiales hacia la margen cercana del Estuario; y por la opuesta ^
tantos otros mas, que van á engrosar el lecho del Santa Lucia en
sus últimos giros, ó á confundirse en el ancho seno que han con-
quistado sus corrientes para construir la hermosa rada de Mon-
tevideo.
Los tres ramales de cuchillas que desde las vertientes de las
Piedras y Toledo se comparten, en distintas direcciones, el ma-
yor y mas alto, de faldas suaves y extendidas, se interna hacia la
confluencia del Santa Luda^ formando el extremo oriental de su
embocadura.
Desde aquel núcleo empieza á derramar aguas hacia él primero
de esos arroyos, vertiendo al mismo tiempo, por sus faldas rever^
sas, las de aquellos, que por el lado oriental, depositan las suyas
en la bahia, ó en las corrientes del Plata, en el espacio que media
entre ellas y aquella confluencia.
Las tierras que riegan esos cursos de agua se encuentran diver-
sificadas en sus accidentes con las colinas y albardones que los
separan, y de cuyos dobleces se deslizan infinitos canalizos que
fecundizan los plantíos y los montes que se cultivan en sus bordes,
al par de las diversas especies de cimientes y plantas alimenti-
cias, que proveen al consumo de la capital y de las poblaciones
vecinas.
Esa pequeña zona matizada con el verdor de sus canteros y sus
vallados de pitaSj ó alrabarás^ con sus foUages, sus sombras, sus
flores y plantas, con sus tupidos arbolados en abrigadas y húme-
das vegas, con sus cacerios y lugares, en medio de los prados que
se ven envueltos en los flancos de sus risueñas colínas, forman el
mas ameno jardin de las márgenes del Plata.
DE LA nBFÚBJLICA ORICMTAf^ DEf. Uai'GUAY 179
Esas perspeclivas y ese lujo de Yegetacion 9e dilato^ por la faja
adyaceDte al Sania Lucia desde 9u embocadura hasta el curso de
las Piedras^ y por la que, costeando el Plata, sigue k^sta el desa-
güe del Pantanoio, donde la organización y textura de sus capa^
Tegetales, y la excelencia de sus producciones, especialmente de
los cereales, muestran, con sus molinos, pus labore;^ y sembreos,
el desarrollo de la industria agricola.
En el cabo mas oriental de ese seno de tierras lujuriantes en
que el nivel de sus lomadas se sobrepone dulcemente al de los va-
lles q{ie siguen por la vera de los profundos cauces que los circun-
dan, se levanta el majestuoso monte que domina en un extenso
radío el horizonte del gran Rio, y el de las campiñas que por todos
lados amenizan los golpes de vista de esa reunión graciosa en que
resaltan tos variados tintes de sus diversos detalles.
A ese cono Uveramente truncado de 477 pies de altura*, le com-
pletan, en la ultima sección de su cima, los perfiles del faro que
lo elevan hasta 595 pies sobre el nivel de las aguas (1). El de-
clive lento-de sus faldas abraza los contornos orientales de la rada,
formando de un lado las restingas rocallosas que oprimen la en -
trada sus canales, extendiéndose cori sus faces reversa^ hasta dos
mil varas en todas direcciones.
Desde los taluzesde esas faldas se descubren los giros capri-
chosos del ramal de colínas, que de las fuentes de} Miguelete y dei
Manga^ vieaen formando un continuado anfiteatro y vertiendo
sucesivamente diversos arroyuelos que se dirijen por una parte ¿
estagnarse en las planicies donde se extienden los exteros de Car^
raseo^ ya cercanos al desagUe de Toledo] y por la otra, algunos
mas, que aumentan el lecho del Miguelete^ entre cuyos contornos,
y al lado de sus huertas y jardines, descollandos montieulos de 385
pies de altura sobre aquel mismo nivel, que muestran encima de
sus cuellos los fragmentos de un reducto, y las velas de un molino.
(I) La luz de ese faro es visible durante 30" en cada 3' de intervalo; y puede avistarse
hasta 25 ó 30 millas de distancia.
180 DESCRIPCIÓN GBOGAÁFlCil DEL TERRITORIO
Esas prominencias, y esas ruinas, con sus manantiales, sus
valles y quebradas, llevan cada una un recuerdo imperecedero,
cuando no muestran lag huellas de un suceso grandioso, ó de una
tradición histórica, que ora sobrecoge, ó postra el animo, con mi
sentimiento fatídico, ó una terrible leyenda, ó ya lo elevan á la
altura de los hechos inmortales de las luchas gloriosas de la Li-
bertad.
g V.
Siguiendo por las altas inflexiones de esos collados, se entra
en la ancha y recta carretela que a las 3 millas antes de llegar á
los suburbios de la capital, se dirije á ella, concentrando desde
alli los caminos que vienen de los litorales del Este y de otras
secciones mas centrales del territorio, aglomerándose en ese nu*
cleo de activo movimiento, multitud de establecimientos comer-
ciales, casas de recreo, con sus huertas y jardines, fábricas y ta-
lleres industriales, que presentan una sucesión de construcciones
modernas sobre el eje de esa misma calzada, proyectando á sus
flancos calles perpendiculares que descienden por las pendientes
suaves de los oteros, manando de ellas nuevos riegos, que embe-
llecen la vegetación que los adorna.
Esa reciente población que lleva el nombre de Villa de la Union
reúne mas de 3,000 habitantes, y cuenta entre sus bellos edificios
con un hermoso templo, un amplio Liceo y otros establecimien-
tos públicos destinados á su administración interna. Puramente
comercial y fabril está llamada á prosperar velozmente lleván-
dose á cabo la construcción proyectada de un camino de hierro
que por la misma carretela ligue sus comunicaciones con la ca-
pital del Estado.
' Continuando siempre desde alli el camino principal por los es-
pacios culminantes de esas alturas, vá atrayendo así los que pro-
ceden de los litorales del Oeste y de los pueblos del Mediodía,
DK Li ttEPÚBLICA ORIENTAL Mh IRUGIAY 181
concentrando en menor, ó eii igual escala, nuevos núcleos de ar-
tes y trabajo que muestran sus adelantos con el aumento de las
construcciones civiles, que en esa via, como en los bordes orien-
tales de la bahia (1), cobran sucesivamente mas bellas propor*
cíones, á medida que esas colinas van á esconderse en las olas
del rio al pronunciar el áspero veril de la punta de San José que
estrecha la boca de la misma rada.
Es allí, donde terminando ese eslabón su inconmensurable car-
rera forma una península aguda y estrecha, combatida en sus
flancos por las rompientes del rio y de la bahia, y en la cual co-
mo en un anfiteatro de dobles caras, se levanta la Ciudad de Mon-
tevideo sobre una planta adaptada á su organización y á sus formas.
Los muros que encerraban su primitiva traza, limitada por el
sistema de defensa que hacia de ella una fuerte plaza de armas,
con un reducido recinto bajo el dominio de la Metrópoli, que no
podía acomodarse al nuevo ser independiente del Estado, fueron
desde entonces derribadas para facilitar la extensión y desarrollo
á que la conducían las sobresalientes condiciones de su incompa-
rable situación.
Esa traza, cuvo eje tenia que prolongarse siguiendo los giros
de los mas altos niveles de aquellos mamelones, recibió una nueva
forma con arreglo á sus accidentes, para conciliar, en lo posible,
sus propiedades hijiénicas, con el compartimiento de las luces y
las sombras y la mejor dirección de sus derrames, haciendo
menos sensibles los efectos de los vientos cardinales, constan-
tes y violentos en estos paralelos en la estación de las lluvias.
Desde luego, la nueva planta (2) tiene como base la prolonga-
ción de aquella calzada hasta el limite mas central y elevado de
las antiguas fortificaciones, donde se forma el núcleo de su unión,
y donde los accidentes de la península pronuncian la parte mas
(1) El Cordón y la Aguadaj el uno con 2,000 habitantes, y la otra con 1,800 próxima-
mente.
(2) Proyectada y delineada por el autor, .en los aflos de 32 y 33.
182 DESCRIPCIÓN CEOCRÍFICA l>£L TEÜRlTOaiQ
angosta de su gola, conservando las mismas proporciones con que
viene dividiendo los lugares y los pueblos que ocupan su antigua
deheza, dominando siempre las alturas de ese collado.
Las calles laterales que cortan esa via central en ángulos rec-
tos, y que acaban en los veriles da las dos aguas, asi como las
que acompañan en sentido longitudinal las últimas colinas en el
circuito de la antigua ciudad, delinean en ambas cuadrados regu-
lares de á 100 varas de lado con 1 2 y 16 de luz, formando un án-
gulo imperceptible con la meridiana que daña la teoria de las lu-
ces, y no neutraliza el embate de los vientos reinantes, quebran^
do en los ángulos de esas secciones^*.
£1 conjunto de ellas se extiende desde aquel cabo hasta 3,000^
varas al exterior siguiendo las inflexiones de esa península, cuya
amplitud variable como las sinuosidades de la ensenada y la
ribera, mide una distancia desde 500 varas hasta 1,600, al Ue-
gar á la parte mas ancha de su garganta, donde manan los ar-
royuelos de Santa Bárbara y las Albacas^ que limitan la regulari*
dad de esa delíneacion, con la cual se ligan alli, sobre la prolon-
gación de la via céntrica, las poblaciones del Cordón^ que conser-
van en sus transversales un paralelísimo aproximado; á la vez,
que entonces se separa en sentido opuesto por lo^ bordes del fon-
do de la babia otra calzada que la pone en contacto con la linea
de cacerios que ciñen la carretela de la Agitada hasta los puentes
dcA Arroyo seco y MigueleU (1),
La superficie de la Ciudad, presenta un plano mas culminante
en el extremo oriental de su planta donde se proyecta la última
de sus plazas {Ca^aucha)^ descendiendo suavemente hacia la unión
de la antigua donde se conservan los muros de la vieja ciudadela
que como Bazar j ó como Mercado principal, forma el nexo mas
central, mas ruidoso y animador del movimiento social (2).
(1) Véanse en el AUas el plano de la Ciudad, y lacerta del Departamento de Montevideo.
(2) La primera de esas situaciones donde se encuentra el frontis del Cementerio Britá-
nico mide HO á H9 pies sobre el i^iveljde la» ajo^uas. La segunda, en 1^ entrada exterior del
Mercado, 77 á 78 pies.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 183
Esos niveles declinan con la misma lentitud hasta los bastiones
del fuerte de San José y primer reducto que levantaron sus funda-
dores para garantir su ocupación á principios del siglo XVIII, en
el extremo de esa lengua de tierra donde los uniforma con el de
los canales que rozan sus escarpas.
Las faldas de esas colinas aunque de una textura regular y
uniforme muestran en sus declives hacía las dos riberas un án.
guio que alcanza hasta los 1 2®, comprendido entre ellas y la línea
horizontal proyectada paralelamente del mas alto de sus niveles,
á partir de aquel extremo, hasta el limite exterior de su planta en
las vertientes de esos arroyuelos.
§ VI.
La eiudad de Montevideo, como Capital de la República y re-
sidencia de los Poderes Constitucionales, reúne en su seno edifi-
cios, templos y monumentos públicos, que dominan con sus tor-
res (2), sus belvederes y glorietas un conjunto de perspectivas di-
versificadas por la suave inclinación de sus colinas combatidas
por las olas, ó ya por los contrastes del alto anfiteatro que descubren
sus faces hacia todos los radios del horizonte, matizado con las
alegres y puras escenas que presenta la azulada sábana de las
aguas, en la que todo es reflejo y movilidad, con los efectos va^
riados del viento y de las olas surcadas por las velas que se desli-
zan por entre un bosque de mástiles, 6 ya por los vapores, que
en medio de ellos, despiden sus gases en espirales; todo ese cua-
dro de rasgos y coloridos tan atrayentes infunde en todas las ho-
ras del dia y de la noche alhagUeñas y bellas impresiones.
Las enfilaciones de ese panorama que por instantes se vé re-
novar con los nuevos golpes de vista que le dibujan sus calles y
(S) ÍA» cúspides de las torres tienea 148 pies de elevtdon sobre el piso de la Iglesia, y
225 sobre el plano de la babia.
184 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
las cúpulas de sus edificios, el Cerro y sus CerrilloSy con el movi-
miento combinado del pueblo y del comercio, es otra de las es-
cenas que predispone agradablemente el animo del que por la
primera vez visita ese conjunto predestiniído á ser un emporio
de goces y riquezas.
I^as escenas acumuladas en esos espacios se transforman con
mayores dimensiones en un nuevo conjunto de perspectivas, que
al frente y á los flancos de ese frontispicio, proyectan las cimas
de ese morro (1) y de esos monticulos (2) que perfilan el círculo
de la rada, en cuyas laderas se miran diseminados edificios de
recreo, pequeños templos (3), fábricas, talleres y otros estableci-
mientos industriales que impulsan el desarrollo del comercio
de las artes, y en que todo es animación y movilidad, en medio
de los sembrados, de los árboles y los matices de una vegetación
robusta, que ofrecen un gracioso paisage nadando al parecer en
las transparencias de un lago con todas sus imágenes, sus som-
bras y sus luces.
Ese bello conjunto es mas vivo y animado, cuando al empezar
el crepúsculo vespertino, el cielo y las aguas se cubren de toda su
pomjm y calma presurosamente el movimiento, el ruido y el tra-
bajo del día que imprime la industria y el comercio en esa vasta
rada, como en sus plazas, en sus calles y alhamedas.
En ellas se vé que los talleres y fábricas florecen rápidamente;
y que los establecimientos comerciales cobran mayores ensanches
cada día: que la masa de sus edificios presenta una fisonomía
moderna, no sin gracia y sin poesía, matizada de arbolados, jar-
dines, y mas que todo, que el poder irresistible de progreso, au-
siliado de los beneficios de la paz, impulsa al pueblo hacia las
conquistas pacificas de la industria para vincular en ella su dicha
(1) Distante su faro de las torres del templo 10,908 pies al N. 0. 79 ^ 20'
(2) El Bastíon del S. E. de la antigaa fortificaeion del CcamTo db la Victoria, se .en-
cuentra distante de la puerta principal del mismo templo, 21,690 pies al N. E. 17 ^ 40.
(3) El de la Aguada tiene su piso elevado sobro la rada 64 píes 4 pulgadas. E) del Paso
del Molino 31 pies.
DE LÁ REPÚBLICA ORIENTAL BEL URUGUAY 185
material; presentando su sociedad un tipo modelado sobre el de
las mas cultas de la Europa, á la vez que con sus aventajados ins-
tintos, se muestra tan civilizada y agradable, como hospitalaria
y generosa.
Ceñida á reducido^ Umiles, y sin libertad para estenderse hacia
los UtoraleS) la ciudad maritima eleva 9U3 construcciones lias
unas sobra Iba otras, criminando incesantemente á confundirle
con las poblaciones anexas que llama á su seno impulsada por el
desenvolvimiento de sus intereses materiales.
Montevideo, como focus de la civilización y de los progresos
sociales, es el punto de mira que observan los pueblos del Estado
para mejorar sus costumbres, su educación y sus hábitos; po-
niéndose en acción desde su seno los elementos que fomentan la
industria y explotan los veneros de riqueza que deparan la pros-
peridad de sus fértiles campiñas.
Como centro mercantil y politico imprime el ma3 poderoso im-
pulso 4 todas las mejoras materiales y administrativas de las
secciones del Estado; en tanto que las reconocidas ventajas de su
situación, favoreoida por esa rada de tan fácil acceso, influirán
siempre para que mantenga un preferente dominio en la navega*
cion, en el comercio y en el movimiento industrial del Plata.
Como la esipresion mas visible de la índole y del carácter na-
cional, convida y atrae la ^migraeion extrangera para entrelaisar
su pabellón OQU el de todos los pueblos que quieran acompañarla
por la senda del progreso hasta llegar coq los tiempos á levantar
los trofeos de la industria, de la agricultura y de las artes, apro-
vechando de lag terribles Iqceion^s, que en los supremos trances
de su historia, causaron al pueblo oriental tan grandes y dolorosas
angustias, y que lo hubieran eneorvado bayo el peso de sus in-
fortunios, á no haber sido tan congtanto y tan heroico en la defen-
sa do sus libertades, y ^u nombre.
•^rmrm
04
186 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
§VII.
La Punta del Espinilla, que forma el veril oriental de la emboca-
dura del Rio Santa Lucia construida por las últimas colínas del ra-
mal que se aparta de la arteria originaria á la altura de las ver-
tientes del Toledo y Piedras, oculta sus mas depresivos niveles en
el fondo de las aguas del Plata, internándose invisible dentro de
BUS canales para formar un banco que se avanza hacia el S. S. O.
mas de mil varas.
Al concluir ese aterrado, el rio empieza á mostrar una sorfd a
de 12 á 14 pies.
Desde ese punto la costa sigue en forma de un anfiteatro de
caldas lentas hacia el lado meridional, mas prolongadas cuanto
mas se aleja aquel eslabón en su camino hacia el primer cuadrante;
y que se toca con la 'Punta 4e Yeguas, ocho millas distante de la
del Espinilla^ al S. 62^ E.
Entre ambas situaciones, la costa es áspera y sinuosa forman-
do diversos arrecifes que se internan en las aguas, alternados de
playas arenosas de corta extensión adyacentes á los desagües de
varios arroyuelos que descienden de aquellas alturas.
Los mas salientes de esos arrecifes, bajos y cubiertos en partes
en la subida de las aguas, son mas visibles los que forman las
puntas del Castro y Pedernal.
La sonda de los canales adyacentes aumenta lentamente hasta
encontrarse á una milla de distancia 20 á 22 pies.
Las rocas peligrosas de la Panela que han sido obgeto de rei-
teradas observaciones por las marinas estrangeras para marcar
Hu configuración y verdadera situación geográfica, dejan entre
ellas y la ribera un canal tortuoso de amplitud variable con 15
á 20 pies, por el cual pueden pasar en caso de absoluta necesi-
dad los buques que no excedan de ese calado. Muy probable es,
que esos peñascos, cercanos hacia el Sud de aquella punta, sean
BE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URÜGOAY 187
>
ud despojo de ese mismo eslabón de colinas desprendido por la
fuerza de las corrientes.
La punta de Yeguas^ que dista de la del Espinillo 10 á 11 mi-
llas, y la mas saliente de todas las intermediarias, es acantilada
en partes, rodeada de arrecifes y escollos, configurando en el ex-
tremo Sud una pequeña península, baja y escabrosa, que se co-
munica con los mamelones adyacentes al Cerro por una gola es-
playada,^ sembrada de médanos, -cuyas arenas^ suben poco á poco
por sus^ faldas, presentando un punta de marcación que se descu-
bi^ á"lo lejos .
A 2} millas mas al E.~, otra sinuosidad de la ribera, que es
parte integrante de las &ldas meridionales del Cerro, y que es-
trecha con sus arrecifes la embocadura de la rada por la parte
oriental, tiene menos agua que aquella al lado de sus veriles,
siendo necesario alejarse de ellos como un tercio de milla para
encontrar un fondo de 18 á 25 pies.
El canal de la entrada al puerto tiene t6 á 17 pies de fondo
como á las 500 varas de la punta de San José en dirección al O.
N. O., y como 14 á 15 piésen la del N. N. O. á distancia de 600
y 800 varas de la misma punta. En la primera dé esas marcacio-
nes, fondean los buques de mayor calado, y en lá 'segunda, los
de menor porte. En esta, el fondeadero «s cómodo y abrigado,
con fondo lama, en lo general. Los buques mayores quedan mas
distantes en una sonda de 25 piés^ marcando el Cerro al N. 23^ O.
E^n el canal contiguo al antiguo Baño de loi Padrea existen unas
pozas con 18 á 20 pies de fondo.
Con los vientos del tercer cuadrante, quedan generalmente neu-
tralizadas las mareas, creciendo las aguas desde 6 á 12 pies, y
bajando otro tanto, cuando reinan los del primero.
El interesante Mantel de Navegación del Rio de la Plata que he-
mos consultado para constatar algunos datos relativos á los ar-
rumbamientos y las sondas^ tratando de las mareas, dice: « que
«el nivel del agua no depende, por punto general, del nivel del
«rio, y si de la dirección de las aguas. Que estas vienen hacia el
188 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL tCUlTORIO
«puerto con loe vientOB del segundo y tercer cuadrante^ crccieudo
«por consiguiente; y que salen y siguen el tnr^o^ del rio con los
•del primero y cuarto, disminuyendo entonces el fondo. »
La amplitud de la entrada entre las dos puntas de San José y
€err0) arrumbadas al N. 63^ O., es de 3^800 varas, próxima-
BSente.
El perímetro circula)* de la bahia en forma de berrá.dura, mide
por sus contornos muy cerca de diez mil varas.
Sus mayores diámetros proyectados, por egemplo^ desde la
barra del Pantanoso hasta el muelle de la Aduana, y desde la del
Arrotfü Seco hasta el desembarcadero del Cerro, miden, el primera
3)600 varas, y el segundo 4,400.
La Ida de lUitas distante del mismo nmelle 3000 varas al N. O.
formada de peñas y laxas del gneiss de un escaso nivel sobre las^
aguas, está circundada de bajos fondos enU*e los cuales se descu-
bren las piedras llamadas de la Sabina , distantes 400 varas al S.
20^ al E., dejando, sin embargo, entre ella y la isla, un canalizo,,
ó freo, de 9 á 10 pies de profundidad.
Aquel mismo autor hablando de la capacidad y condiciones^ del
puerto, y el rápido descrecimiento de su fondo, dice: ^A la esca-
sez de agua cada día mayor, se agrega la lama suelta, especie de
limo que lo invade de continuo y de que se compone el fondo, que
si bien es ventajoso para cuando los buques varan, solo permite
entrar ya en él á los de poco calada. E» rápido y bien palpable el
descrecimiento déla sonda del puerto» Hecha una minuciosa com-
paración de las verificadas por las comisiones hidrográficas
Españolas á fines del siglo pasado y principios del presente,
osn las que se e&tampan en el plano del mismo puerto levantado
en 1849 por el señor ff. Dillon de la marina británica, se nota,
que M la linea que une la punta de San Jes¿ con la del Cerro, ha
decrecido en el centro de 4 á 5 pies, y de 2 á 3 en sus extremi*
dades. En la linea de sondas que une la punta de San José con la
del Sud-estc, ha disminuido 5 pies en el centro^ 4 eu los má»
osreanod del Cerro, y unos 3, en las inmediaciones de la ciudad.'^
DE Lk aEPÉBLlGi ORIEOTAL DEL VAUGtAT 189
< Igual disminución se nota á proporción que de penetra en el
puerto, pudiendo establecérsela de 6 pies en todo su litoral. El
único sitio donde se mantiene un fondo mas constante es en las
inmediaciones de la punta de San Jús¿^ conservándose una con«
cha reducida como de media milla de estension con 13 á 14 pies
de agua en la que fondean los buques de algún calado. Este de^
crecimiento de fondo que se ha operado en medio siglo indica el
incesante trabajo de las aguas del rio y cual ha de ser el término
del puerto de Montevideo sino se acude auna limpieza constan te. >
Agregaremos que una de las causas á que puede atribuirse tam-
bién el comblamiento subcesivo de los canales, es sin duda, que
el movimiento diurno de circulación de las mareáSi aiguiendo
la dirección que llev^m las sinuosidades de los canales que
se comparten á su entrada por entre las bases del Cerro y
los veriles de la Isla, siguiendo el msyot^ por entte ella y
los bordes de la península, producen el choque natural de sus
fuerzas en el fondo de la rada, deéde donde revuelven unidas
por ésa última via bajando eon mas, ó menos precipitación,
si son auxiliadas por los vientos de los cuadrantes Orienta^
les, ó contrariadas por los opuestos. En este último caso,
acarreando en su retorno los restos vegetales y animales, que
desprenden de las costas y que aumentan los deriumes de la ciu*
dad y de los buques estacionados en el fondeadero, llevan ese
caudal de materias que depositan en el eenüv del canal cuando
las detienen en su curso los vientos del O. S. O.} y que aun cuan-
do las auxilien los del primer cuadrante^ no tienen tiraipo bas-
tante para arrojarlas en el cauce del Rio, sorprendidas en sus
bajantes por el nuevo reflujo que las obliga revolver sobre sus
pasos.
El retardo de- esas bajantes se agrava doblemente, cuando gi-
rando por los verileado la misma ciudad, tienen que chocar á su
entrada y salida contra los aterrados y los macisoi de las cons-
truieciones salientes, que han invadido é invaden cada dia mas, el
lecho natural de las aguas, perturbando su curso y retardando la
t^Xl mj^Mtrr.í^p^ 4£/x^fttrKA msl nxmfrouo
r/fuy^$íft,'un% At: 1m niftrea« en I//3 eslremos de esa enaenaJa* qae dá
tjmup rmnlUiulo VtrupMí tfm la eétaLsnsícion parcial de sus faenas.
el qim \fp% r^iánffS de la ^kla animal j vegetal no puedan ser ex-
\ré:\ulfm fuera de su embocadura, causando el eomblamiento sub-
eesiYo de los amsAf:s^ y la desaparicicm de la sonda qoe ann les
queda.
|vm.
Doblando la punta de San JaU^ la costa continua siendo agria
y peAascosa, formando en el extremo meridional de la ciudad una
sinuosidad saliente que improvisa una pequeña ensenada como
de 1,500 varas deancho, llamada la Caleta^ y en cuya medianía,
hay otra de mertores dimensiones rodeada de una playa arraosa,.
c^)noe¡da por \o»poziío$.
£ri seguida de aquella punta, se pronuncia otra lengua de tierra-
avanzarla y aguda, 3 millas al S. 33^ E. de la de San José, co-
nocida de los marinos por Punta Brava de Carretas, dominada pmr
una colína extensa y de pendientes suaves, que en sus extremos
desprende una pequeña restinga que cubren las mareas, y que
presenta un peligro constante á la navegación, aun cuando cerca
do sus veriles se encuentre un fondo de 25 á 30 pies.
Dos millas mas afuera, como al S. SO^' E., se ven las piedras
llamadas del Buen viage^ á flor de agua, y con una sonda de 14
pies & su alrededor, facilitando entre ellas y aquella restinga un
fondeadero cómodo para buques que no calen mayor agua.
A cuatro y media millas de la Pun*a Brava sigue al N. 69* E.
la del Buceo ^ formada por una sucesión de altas colinas, cuyas fal-
das angostándose sucesivamente penetran en el rio hasta mi va-
ras, mostrando en sus estremos un arrecife escabroso que cubren
las mareas. Desde esa punta se véá f de milla hacia el S. 86® O.
un islote llamado do la Luz^ sondeándose entre él y la costa,
1 8 y 20 pies do agua.
DE U ftEPÚBUCA ORIENTAL DEL URUGIAY 191
Algunas pequeñas playas que forman la ensenada Hamada de
las Basuras^ separadas por varios arrecifes, se interponen entre
las puntas del Buceo y de Carretas^ hallándose cercano al mas oc-
cidental un reducido islote que los marinos llaman de Meldrosa^
que deja entre ella y la playa, un canal de veinte y tantos pies de
profundidad.
A mas de 6 millas de la punta del Btu^ y al S. 70* O. existe
un bajo de mil y mas varas de extensión, que deja entre la costa y
el veril del Norte, un canal con 18 á 24 pies; y en el opuesto 30 y
36; demorando á 2^ millas al E. las píaseos de la isla de Car-
letas ^ mayor que la anterior é innundable en las altas mareas,
quedando entre esta y aquella un canal de amplitud regular que
ciñen las restingas de una y otra.
A 12^ millas al£. 3* S. de las de Carretas está situada la Isla
de Flores^ que se alza sobre peñascos graníticos^ distante de la
costa como 5 millas y con una extensión de 8^000 y tantos pies
en el sentido de su mayor longitud, que vá de N- O. á S. O., y en
cuyos estremos, como en su parte mas central^ se pronuncian tres
pequeñas eminencias, de las cuales la mayor y la mas occidental,
tiene un nivel de 46 \ pies sobre las aguas en donde se ha cons-
truido el faro de eclipses que hace su revolución total en tres mi-
nutos con 2 intervalos de obscuridad, que duran medio minuto el
uno, y uno y medio el otro; elevándose el focus luminoso 144 so-
bre el mismo nivel, que es visible en todas direcciones hasta 15
millas de distancia (1).
A t2^ millas del faro de la Isla demora al S. '3* E. el extremo
N. del Banco Inglés, cuya rompiente constante se encuentra se-
gún los reconocimientos del Sr. Oyarvide en latitud de 35* 12'
^5" Sud, y en longitud de 55* 54' 38"; habiendo en la ampli-
tud del canal una sonda muy variable desde 25 hasta 40 pies.
A iO millas de aquella rompiente demora alE. 3* N. el extremo
oriental del Banco de Arquimedes formando entre ambos otro ca-
/
(I) Las carias inglesas solo dan 1 14 pies sobre el nivel del rio.
192 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORÍO
nal de 30 & 36 piéa.de fondo que disminuye al acercarse á sus
veriles.
Desde la punta del Butto la costa que sigue al Este con varia*
bles sinuosidades, es baja y arenosa hasta encontrar la playa y
ensenada de Sonto Rom^ que demora al N. de la lúa de Flores , Id
cual es acantilada y cubierta de medaños, con un fondo de 4
brazas hasta la punta de piedras negras que está al N. 63^ E. de la
del Buceo. •
A 10 millas de esta punta, se demarca la de las Piedras de afi-
lar al N. 89*^ E.y formada por las altas colinas del áspero ramal
que divide aguas á los dos canales de Solis^ apareciendo entre
ambas otra ensenada bordeada de arenas, en cuya mediania se
interna al rio un pequeño cabo pedregoso conocido en las Cartas
Españolas por de Pedro Lopez^ que, á su vez, contornea, entre los
arrecifes en que se divide, otro saco también arenoso, desa-
guando en medio de ambos cabos el arroyo de Solis chico^ que
solo tiene en su barra 3 á 4 pies de agua.
Desde los escollos que circundan aquella punta, la costa sigue
siempre siendo siliosa, rodeada de dunas y con dirección al
Este, próximamente, hasta encontrar á las 9 millas la emboca-
dura del arroyo Solis Grande, que presenta una amplitud de mas
de 200 varas, obstruida toda ella por bancos de arena, que solo
permiten la entrada á transportes menores que no calen mas de
4 pies de agua (1).
(i) En esta última parte de la descripción del litoral^ nos beraos referido también,
respecto á las marcaciones y las sondan, al Manual de navegación antes citado, el
cual aparece conforme, en la parla Topográfica, con los planos de esas costas levantados
en épocas rocientcs al efpctu^ varios deslindes de las propiedades territoriales ubicadas
en ellas.
DE LA REPÚBLICA ORICNTAL DEL CRUGCAV 193
OBSBBTACIOMfiS €Í1:01.0G!CAlS.
§ IX.
En los terrenos al Sud de Santa Lucia, particularmente en las
fajas cercanas á sus márgenes, vuelve la tierra plástica á mos-
trarse colorida por el oxUh de hierro, y á imprimir al suelo, como
se ha dicho antes, condiciones vegetales que se observan en el de-
sarrollo de las plantas, de las sementeras y arbolados, robaste-
cidos por los limos impregnados en mas, ó menos, proporciones
del carbonato de cal y del ázoe. Sus capas superficiales son mas
vigorosas á medida que se sube por las costas del rio hacia sus
primeros afluentes, en donde seria también forzoso reprimirlas
para el cultivo de los farináceos en general.
El granito j complicado en su composición, y que contiene mu-
chos alkalis minerales, produce un suelo fértil bajo favorables
circunstancias, mayormente cuando aparecen capas decadentes de
humus y de esta misma roca, cual se ven frecuentemente en I03
terrenos ceñidos por aquel rio y la cuchilla de Montevideo, señala-
damente en los que son adyacentes al giro de sus afluentes.
Del lado meridional de ese mismo eslabón, tanto en sus pen-
dientes, como en el descenso de los canales quo bañan los lito-
rales del Plata, desde Toledo á Solis, puede decirse, que la forma-
ción dominante de las tierras es la granítica, mezclándose fre-
cuentemente el gneisSy que da á las rocíis condiciones excelentes
para las construcciones arquitectónicas.
Esa formación, se muestra frecuentemente cubierta por aluvio-
nes compuestos de humus, de arena y rodillos que imprimen á las
tierras determinada fertilidad, según entra en su composición
mayor, ó menor cantidad de la una, íi otra de esas materias.
Creemos haber observado en algunas de las fajas, que desde las
25
194 PCscaiFciorc geográfica del tbbritobio
costas de Santa Lucia se enderezan bácia la villa de CaneloneSj qoo
en ellaa no penetra el aluvión^ puesto que se descubre una especie
de piedra úlioaa en la cual se mezcla el granito en muchos lugares;
apareciendo en otros, algunas rocas granujosas de un carácter
idéntico, aunque sin pcirticulas de mica^ clasificables mas propia-
mente como piedras arenosas^ en las que el feldspato está combinado
con partículas guarzosas.
En el arroyo del Manga^ según lo afirma el ilustre naturalista
Dr. Larraüaga, aparece el qnarzo blanco^ marmoreado C3n vetai
negras; siendo las rocas mas iguales, mas convexas y menos an-
gulosas que el feldspato^ con un grano mas fino y negrusí?o, Y
agrega, que en ese curso de agua, se enconti*ó una geoda con su
matriz llena de calcidonia blanca.
La formación de la roca siliosa contiene en general, como es
sabido, la piedra de cal de antigua y reciente composición, tam-
bién el anhydrito y la sa/; pero la certidumbre de la existencia de
estos miembros puede solamente comprobarse por exploraciones
debajo de los lechos de esas mismas rocas.
Los terrenos formados por esas mazas son comunmente estéri
les para ciertas producciones por la ausencia de substancias al-
kalinas y su excesiva sequedad; pero son de exiguas dimensio-
nes las fajas ó manchas, que en esos terrenos tienen una compo-
sición semejante.
Bajando hacia el Sud, al enfrentar con la confluencia del rió
San Joséj y dirij ¡endose desde ella hacia el Este en busca de las
vertientes del Canelón chico ^ del Colorado y Piedras ^ nos ha pareci-
do entrar, según la textura y composición de las capas superficia-
les, en los dominios del aluvión; no obstante verse de cuando en
cuando algunas rocas siliosas combinadas con el granito^ y no
pocas, en que el mismo feldspato vuelve á aparecer conglo-
merado con el quarzo. En otros parages se vé una arcilla plás-
tica de un color pardusco que parece integrar la composición de
la arcilla negra; y n'o es estraño hallar el cimento calcáreo sin nin-
guna stratificacion en la margen izquierda del Santa Lucia^ y en las
DB Li REPÚBLICA ORIE?(TiL DEL tJECGUAT 195
de los arroyos de Tio Ignacio y Brujas] j muy particularmente en
las faldas del Cerro de donde se estrajeron las piedras de aquella
especie con que se construyeron las portadas de la antigua ciuda*
déla, del Cabildo y las gradas del presbiterio de la Catedral. Esas
rocas tienen mucha parte de granito^ y se puede extraer muy bue-
na cal, desmenuzándolas para calzinarlas. En esos mismos luga-
res es común el pedernal^ diversificado en su diafanidad y colo-
rido, unas veces es perfectamente negro, y otras revestido de
una materia cretacea\ apareciendo también en mazas mas gran-
des de color blanquecino.
El conglomerado Bilioso^ mas ó menos compacto, se extiende on
diferentes direcciones desde esos cursos de agua,- mostrándose
unas veces en la superficie, ó ya en camadas inferiores, como se
ha notado en algunas escavaciones de poca profundidad.
En el Rio Sania Lucia como en el de Pando y sus caldas, se
encuentran muchas pirita» de hierro sulfurado, en figuras cúbicas
con estrias en varias direcciones, y también dentro de piedras ar-
cillosas, sueltas ó aisladas. En el interior muestran un color do-
rado, habiendo algunas que han perdido todo su azufre, y que
apenas pueden considerarse como fragmentos de sulfúreo de hierro.
Ese mismo hierro piritoso, se halla al mismo tiempo en el Cerro, de
forma común y pardusco, en matriz quarzosoy de grano fino y
may salpicado de algunas pequeñas cristalizaciones^ incrustado
en las venas schistosas que abundan en él.
§ X.
Pasando los arroyos Colorado y Piedras empieza á sobresalir la
formación granilica combinándose con el gneiss en mas altas pro*
porciones, á medida que se sigue hacia las costas del Manga, del
Miguekte y Pantanoso.
En las cercanías de estos canales las capas primordiales de
196 DESCRIPCIÓN GCOGRÍFJCÁ DEL TERRlTORia
esas rocas aparecen cubiertas por una tierra arcillosa, mas, o
menos ligera, ó compacta, impregnada de los limos y alternada»
con otras capas al parecer de micacito stratifbrme.
Penetrando en la peninsula de Montevideo, se descubre á pri-
mera vista, que las colinas en que se levanía la ciudad están or-
ganizadas desde sus raices de peñas, ó bancos de gneiss] notán^-
dose en las que bañan las aguas á uno y otro de sus flancos, par-
ticularmente en las del lado meridional, que sus stratas están
generalmente colocados en sentidos transversales, verticalmente
con frecuencia, y no pocas, con tendencias hacia la horizontal,
cuando no con inclinaciones caprichosas.
En la parte culminante de esa cuchilla, y en las ondulaciones
de sus faces^ las laxas del gneiss están cubiertas por tierras arci-
llosas de variable espesor, y con mas, ó menos facultades vege-
tales, según las proporciones en que el humus y los mantillos en-
tran á combinarse con ellas, y sin que sea estraña en su conjunto
alguna mezcla de conchilla menuda de formación reciente.
En los contornos orientales de la rada, la costra arcillosa desa-
parece debajo de los montones de la cilice que ha depositado su-
cesivamente el flujo y reflujo de las aguas, acumulándola en pe-
queños medaños, ó alzando el veril de sus bordes, entre cuyas ba-
ses bañadas por las corrientes asoman las capas primitivas de la
arcilla en laxas compactas y profundas.
La acumulación de la cilice entre los desagües del Arroyo Seco
y Miguelete es mayor y mas densa, reapareciendo la tierra arci-
llosa con combinaciones calcáreas y con capas mas consistentes
en las adyacencias del Pantanoso^ indicando todas las condicio-
nes de los terrenos terciarios.
Aquella misma peninsula, y sus alrededores, muestran toda la
organización de los terrenos primitivos.
Tratándose de su intima extructura y disposición hemos creido
muy oportuno preferir á nuestras propias observaciones lae que
después de un estudio especial y muy esmerado de esa superficie^
VE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY Í97
practicó en 1851 el hábil geólogo Mr. de GranvalUj durante su
corta residencia en el Plata (1).
« Bajo el punto de vista de su antigüedad, dice ese profesor,
bis rocas de ios alrededores de Montevideo, pueden clasificarse
en las tres categorías siguientes:
« 1* Rocas pertenecientes al periodo primitivo.
« 2^ Rocas de terrenos terciarios, ó Limm pampeano (2).
« 3^ Rocas de depósitos modernos, calcáreo conchilloso.
• Se ha dicho que esa ciudad se encontraba edificada sobre un
bancd de gneiss, roca que pertenece esencialmente á los terrenos
primitivos stratiformes de Mr. Cordier-, pero en medio de los stra-
tas del gnei$8 se ven aparecer venas, ó laxas, transversales de peg^
matilo y de granito no stratifícado. Se observan también, capas
intercaladas de díorito y de amphibolito] y lo que es aun mas re-
marcable, esta última roca se presenta á la vez en los estados in^
feriores en stratas y conjuntos sin stratificarse.
« El gneiss es la roca dominante de los terrenos primitivos
stratificados de las cercanias de Montevideo; y ya se sabe que
esta roca se compone esencialmente de feldspato y de mica en laxas
distintas; y generalmente, de un poco de quarzo^ como elemento
aoeesorio. Los granos del feldspalo en las muestras recogidas en
la Punta de San José, en la Estanzuela^ y cerca de la Aguada^ son
de un blanco mate, ó alabastrino, de color rosado, ó de un pardo
amarillento; mientras que las laxas de la mica son comunmente
de color negro ó amarillo obscuro. Las proporciones de estos dos
elementos son muy variables, lo mismo que las del quarzOy circuns;^
tancia muy importante en el punto de vista industrial, pues que
la mas, ó menos dureza de la roca depende de la proporción mas,
ó menos grande de esta última.
(1) Debemos el conocimiento del interesante manuscrito en que están consignadas
esas esploiadones á la amistad del ilustrado doctor Leona rd, que le conservaba inédito
en su poder.
(2) El terreno TUCiARto lo califica y denomina el viagero D'Orbigny como limón* pam-
peano. (El autor).
196 DCflCRIFClOri GEOGfiinCÁ DEL TERBlTOftlO
« Asi pues, puede admitirse desde luego en el gneiss de Monr
tevideo las variedades siguientes:
« 1'. Gmeiss comcn, conteniendo poco, ó nada, de quarzo. Esta
variedad se explota en diferentes puntos de la Ntieva Ciudad\ y e^
remarcable por su tendencia a abrirse paralelamente en el plan
de estratificación; dejándose por lo mismo trabajar muy fácil-
mente, bien en lozas, ó cuerpos regulares, en brocales para pozos
ó algibes, y en otras formas convenientes para las construcciones
civiles.
« 2'. GisEiss QUARzoso, dc condiciones contrarias al anterior.
Esta variedad contiene abundantemente el quarzo en carnadas, ó
en venas; asi es, que tiene mayor dureza á punto de ser imposi-
ble el tallarlo, ó separarlo en fajas ó planchas delgadas; siendo
indispensable extraerlo por medio de minas, de modo que los
fragmentos irregulares que se obtienen por ese medio solo pue-
den emplearse para cimientos de casas, ó para el empedrado de
vias públicas.
3* Gneiss phorphiroidico. — Esta tercera variedad es caracte*
rizada por la presencia de cristales de feldspalo diseminadas en la
maza. Se lo reconoce fácilmente en los macizos de las rocas que
bordean la ribera desde el Cementerio hasta la punta de San Joséy
por los agujeros que criban la superficie exterior de esta roca*
< Ellos estuvieron primitivamente ocupados por los cristales
del feldspatOy destruidos por la influencia de los agentes atmos-
féricos, y probablemente, también, por la acción de las aguas del
Rio.
« 4* Gneiss grafitoso. — Se ha hallado en los guijarros des-
prendidos en la playa, fragmentos de gneiss ^ en que el grafito esca*
mosOj reemplaza en partes á la mica ; y es muy probable que esta
roca exista en alguna parte de los contornos de la ciudad, bien
que no se haya encontrado su colocación, ó su lecho (1).
(I) EsU roca, creemos haberla distinguido en los veriles de la costa del Sad en pequeAa
fraedones j en menas inferiores de escasa proftindidad. (Nota vil Atrrcn) .
DE LA REPÚBLICA OBIEiNTAL DEL URUGUAT 199
< Gneiss gbenatifero. — Se observa en una gran cantidad pe-
queñas gránalas ferruginosa^^ sobre todo en el gneiss de la base del
Cerro: y es probable, que a la descomposición de este último mi-
neral deba atribuirse la cobracion negra, ó gris, de hierro, que
presentan ciertas capas de gneiss ó de pegmatilo cerca de la
Agriada.
« Las diversas variedades del gneiss pertenecen, como es sa-
bido, á la grande familia de las rocas feldspalicaSj porque el felds^
pato unido á la mica constituye el elemento principal de estas ro-
cas ; y cuando en kigar del feldspalo es el quarzo el que se mezcla
á las laxas de la mica^ predominando este último mineral, resultan
rocas muy diferentes que forman la familia de las rocas micáceas.
Estas rocas son muy comunes en las cercanias de Montevideo y se
presentan bajo de formas muy bellas y variadas, de las cuales
solo se enumerarán las principales.
« Hyalomiete. — En afinidad con el gneiss y las rocas micaceaSy
se le encuentra en las caidas meridionales del Cerro; asi como
muestras muy bellas de la especie designada por los SSres. Cor-
dier^ Brougnian, de la del hyalomiete. Esta roca es una asociación
de laxas de mica y granos de qtiarzo, perfectamente ocultos, sin
presentar ningún signo exterior. Su estructura es granitoidica^ con
relación á los dos elementos que la constituyen.
• Se encuentra con frecuencia la turmalina y la granata dise-
minadas en los hyalomietes del Cerro, como elementos acciden-
tales;
.« MicAciTO. — El micacito ó la mica selenita^ es otra roca mi*
catea bastante común [al pie del Cerro. Se compone también
de mica y quarzOj pero dispuesta de otra manera que en la especie
precedente. Su estructura e^ schistoidea y presenta, á la vez, mu-
chas variedades.
« DioRiTos. — Al lado de las rocas micáceas^ y frecuentemente,
en medio de los slralas del gneiss^ se encuentra cerca de Monte-
TÍdeo otra clase de rocas stratificadas ; tales son los dioritos. Estos
pertenecen á la familia de las rocas amphibolicaSf porque se com-
200 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
ponen esencialmente de amphiboleo y de feldspato^ en proporciones
próximamente iguales.
■ Su estructura es siempre granujosa, pero difieren mucho bajo
la relación del colorido y del adorno, de los dos elementos que las
componen. Asi es, que hemos hallado en medio de los stratas del
gneiss, cerca del CementeriOy una variedad de textura granujosa;
conteniendo mica negra muy brillante, [diorito viicaceo). Es proba-
blemente á esta variedad á la que M. D'Orbigny llama el gneiss
negro de Montevideo.
< En la bahía, cerca del Pantanoso, se encuentra un bellísimo
diorilo granitoidieOy en el cual el feldspato granoso de color rosa se
muestra agradablemente atigrado por las manchas verdes del am-^
phiboleo actniola. •
gxi.
Acabamos de enumerar las rocas principales que forman el
terreno primitivo stralificado de Montevideo. Nos queda aun que
agregar algunas palabras sobre las que no muestran ninguna
huella de stratifícacion, ó si se quiere, de disposición en capas.
Estas últimas pertenecen á dos familias muy diferentes ; — la fa-
milia de las rocas feldspaticas, y la de las rocas amphibólicas.
« Granitos. — Es á la familia de las rocas feldspaticas que se
relacionan los granitos y los pegmatilos de los alrededores de la
Ciudad. Ergranito se encuentra en pequeños grupos diseminados
en medio de los stratas del gneiss que se extienden desde el Ce-
menterio hasta la punta de San José. En esta localidad presenta un
aspecto rogizo, debido á la coloración del feldspato granoso que
entra en la composición. Los granos del quarzo son de un blanco
vidrioso; y la mica figura en piezas bastante grandes, algunas
veces, y generalmente, con el color de un negro metálico brillante.
El gneiss del Cerro contiene siempre la mica blanca^ ó amari-
llenta.
DE U REPÚBLICA ORIEMAL DEL inUGLAY 201
« Pegmatilos. — Lo8 pegmatilos son mucho mas comunes en
Montevideo que el granito, y se les encuentra en medio del {¡neiss
micáceo. Los del gneiss se muestran ordinariamente en forma de
pequeñas laxas cortando la dirección de las capas que lo cubren
bajo de un ángulo muy oblicuo.
. « IjOs cristales del feldspato y del quarzo que lo forman están
generalmente muy comprimidos y no exceden del \olumen del
pnño de la mano. Su coloración varia dol rojo al blanco mate:
su estructura es granular.
f Los pegmatilos de las rocas micáceas presentan otros caracte-
res. La variedad ma^ remarcable es la de una gruesa vena me-
tálica que se encuentra en las caidas meridionales del Cerro,
próxima al punto de unión de las micacitas y de los dioritos stra-
tiformes. Ella se compone de nudos de quarzo y de cristales de
feldspato luminoso, cuyo volumen excede muchas veces al de una
bala de á 24.
• Estos dos minerales son de color blanco, y no se les distin-
gue á primera vista sino por su particular brillantez.
« Se hallan en la misma localidad otras variedades de pegma-
filos gráficos, porque los granos del quarzo están dispuestos en lí-
neas quebradas, imitando los caracteres hebraicos. Entre ellas se
vé un bello pegmatilo turmalinifero conteniendo nudos, ó pepitas,
de turmalina negra compacta y del grosor del puño: un pegmalilo
ferruginoso, en el cual el feldspato se halla colorido de amarillo
por incrustaciones de hydiato de hierro: y un pegmatilo negro que
debe su coloración parcial, como es probable, al manganesio.
« AMPniBOLiTo. — La reunión mas considerable de rocas amphi-
boticas es la que forma la casi totalidad de la eminencia cónica
del morro. AUi se pueden observar dos especies de rocas que no
difieren la una de la otra mas que por la diferente proporción de
RUS elementos constitutivos.
• La !•, — LA pioRtTA, es, como ya se ha dicho, una memela de
partes iguales de feldspato y de amphibolio: — la 2", de amphibolito
está formada casi enteramente por esc mineral. Esta circunstan-
26
202 DESr.BIPCIOIS GEOGRÁFirA DEL TEnRITORIO
cia basta para comunicarle propiedades físicas que le son propias.
Es una roca compacta muy dura, y por consiguiente susceptible
de recibir un bello pulimiento: su color es de un negro ferrugi-
noso, y dá con la percucion un sonido metálico análogo al del
hierro fundido.
■ Bajo la relación de la estructura pueden distinguirse dos va-
riedades; el amphibolito stratiformey y el amphibolilo que no lo es,
{sans delit).
' El A:>n>inBOLiTO del Cerro, después de haber desaparecido bajo
la capa del limón pampeano que cubre la base de esta eminencia,
vuelve á aparecer asociado al diorito cerca de la embocadura-idel
Pantanoso, y continua al través del arroyo Miguelete hasta el Cer-
rito, al que forma enteramente con la misma materia.
« Se ha observado igual condición en las tierras que siguen
mas lejos en esa dirección.
« Tales son las rocas diversas que caracterizan el terreno cris-
talino de Montevideo. Las que se encuentran stratificadas tienen
sus capas acomodadas casi verticalmente como las ojas de un li-
bro cerrado cortado perpendicularmente.
• Entre estas últimas rocas, el granito y el pegmatilo no han
debido tomar parte en el trastorno de las rocas stratificadas • . . .
« Los dioritos y los amphiholitos, rocas negras, mezcladas de
amphibolito y de albitOy se distinguen á primera vista de las fclds'^
páticas por todos los caracteres físicos ya descriptos, presentán-
dose, ademas, en masas considerables que determinan los puntos
culminantes del suelo de Montevideo. En fin; sus elementos cris-
talinos muy atenuados, se encuentran en cierto modo confundidos,
á término que en el amphibolito compacto no se le distinguiría á
primera vista; lo que le dá la apariencia, y casi la homogenidad,
del bamlto. Es pues positivo que el desahogo de las rocas amphi^
bolicas ha debido tener lugar en una época en que la consolida-
ción del gneiss estaba terminada después de mucho tiempo. Se
comprende, desde luego, que ellas no han podido aparecer, sino
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URDGDAT 203
enderezando las capas ya consolidadas, abriendo en ellas muchas
hendiduras por entre las cuales han aparecido en forma de montí-
culos, ó conos rebajados, como se ve en el Cerro y en el Cerrito. •
§X1I.
t Llmon pampeano. — Los terrenos primitivos de las cercanías de
esta ciudad, que acaban de pasarse en revista, se encuentran en
parte recubiertos por otra serie de terrenos que se han formado
por medio de las aguas, llamándose por esta razón terrenos de
sedimento.
« Se sabe que lo que los caracteriza, y sirve para distinguirlos
de los terrenos precedentes, es la presencia de los restos de la
vida organicn, tanto vegetales como animales en medio délas di-
versas capas que los constituyen, tales son los restos fósiles que
en* sí mismos llevan la prueba incontestable de la formación su-
cesiva del globo, por la certidumbre ya creada de que esas plan-
tas, ó estos animales^ han debido vivir en la superficie antes de
ser sepultados en sus profundidades.
« La capa, ó costra sedimentaria que cubre el gneiss y los peg- '
matilos de la Banda Oriental forma un banco, mas, ó menos es-
peso de arcilla amarillenta, encerrando una grande cantidad de
concreciones calcariferas de un pardo pálido. Esta costra señalada
ya por Mr. Chevallier ha sido mas particularmente o])áervada por
el Sr. D'Orbigny en las pampas de la Confederación Argentina,
cuyo suelo lo forma por todas partes. Este naturalista le dá el
nombre de Limón Pampeano (Limón Pampeen), que ha adoptado
con preferencia al de arcilla pampeana (Argile pampeenne) que ha-
bía empleado precedentemente.
« Véanse los caracteres esenciales que presenta en las cercanías
de la bahía de Montevideo.
« La ARCILLA amarillenta que lo constituye en gran parte, pre-
204 DESCIlIPCIO?í GEOGRÁFICA DEL TERRlTOniO
aenta todas las propiedades de la arcilla plástica común, que hace
c )n el agua una parte terracea, que conserva la forma que se le
imprime, utilizándose por lo mismo para la confección de la ler-
ralla, etc. »
« Las concreciones calcaliferas están diseminadas sin orden
en la arcilla, y presentan toda suerte de formas bizarras é irre-
gulares. La mas común es la de raices tuberculosas y de spheroi-
des irregulares, generalmente del volumen de una nuez: su color
exterior es el gris ceniciento; pero en las cavidades interiores,
que contienen algunas, y que parecen debidas á la contracción
de la masa, el color es pardo. Estas concreciones hacen eferve-
cencia en los áccidos, pero no se disuelven sino en partes: el re-
siduo es una arcilla rojiza, análoga á la arcilla misma que sirve
de soroque.
t Se ha intentado sacar partido de ellas para la fabricación
de la cal, para cuyo efecto se creó un horno en el establecimiento
del Sr. Doincll, en la embocadura del Pantanoso, alimentado por
concreciones de esa materia nmy abundantes en ese lugar.
« La cal que se obtiene por la calcinación, es de una calidad
muy mediocre, á causa de la arcilla que domina en exceso.
« El lecho de las concreciones calcaliferas cubre algunas veces
á las capas de un verdadero calcáreo compacto que parecen re-
sultar de su descomposición en su propio asiento. Tal se observa
en el fondo de la bahia cerca dala embocadura de Carrasco en que
el mismo calcáreo aparece en descubierto. Ella es mucho mas
pesada que las de las mismas concreciones, y contiene en sus
porosidades pequeños cristales de carbonato de cal, y aun granos
de quarzo, y de fddspato que se encuentran como aglutinados.
• Se observan también incrustaciones de indisticos negros que
parecen proceder del occido de manganesio-, y esta roca proveerla,
sin duda, de una cal bien superior á la precedente. Todo hace
creer que existen lechos, ó camadas, abundantes á corta distan-
cia de esa localidad.
« Se encuentra, muchas veces, en los alrededores de la ciudad,
DE LA REFÍDLirA 0R1£NTAL DEL DRCGUAY 205
una arcilla negra compacta, que forma en la superficie del suelo
una costra dura, quebradiza, y de un espesor variable de 6 hasta
treinta y mas pulgadas.
< La posición superficial de esta arcilla puede tomarse á pri-
mera vista por el humus ó estiércol negro^ del cual no tiene ningún
carácter: forma una pasta con el agua, tiene mucha suavidad y se
endurece prontamente por la coacción. Cuando está seca, presenta
un negro pálido, pero frotándola toma un brillo metálico. Di-
suelta en el agua, y extendida sobre una tabla dura, toma con el
pulimíento un brillo muy vivo: tizna el papel con un color ne-
grusco, ó de un pardo gris. Estos caracteres indican la presencia
de una grande proj)orcion de grafito terroso^ y asi es, que esta ar-
cilla negra podria ser aplicable para la fabricación de crisoles re-
fractarios y de otros utensilios capaces de resistir á un gran ca-
lor.
La ARCILLA NEGRA sc cucuentra algunas veces separada de la ar-
cilla plástica ordinaria por una arcilla parda que parece estar pe-
netrada de una gran cantidad de hidrato de hierro. Esta última
puede observarse en el litoral del fondo de la bahia al Norte de
la Aguada, donde aparece como marmorizada con pequeñas ar-
borizaciones negras que parecen debidas á las infiltraciones del
manganesio^ presentando, muchas ' veces, el hierro hidrato en pe-
queños glóbulos, ó granos sferoidales, del volumen de una nuez.
« Este mineral en los lugares lavados por las aguas pluviales
es completamente superficial y se encuentra entonces diseminado
en la superficie del suelo. Por lo demás, es poco abundante para
dar lugar á una explotación lucrativa.
< Bien que la masa terrosa del limón pampeano, con sus mo-
dulas de cimientos calcáreos, no presente una stratificacion mar-
cada, como lo ha observado Mr. d'Orbigny, se han notado strc^
tas de sílice y de conglomerado cilioso^ cortando esta masa obli-
cuamente sobro un l»arranco que bordea el lecho del arroyo de las
Brujas, en el paso de la Cadena. Las cilices de colores variados,
rubias, negras, y blancas, hacen una ligera efervecencia con el
20C DEscnircio?( geogbáfica del teaaitoaio
nacido clorhidrycOj como las de las cercanías de París. Están ge-
neralmente cariados, y sus vacíos llenos de una especie de arga-
masa rogiza. Los conglomerados cílíosos están constituidos por
una pasta ciliosa, ó especie de gris rojo, en el cual está agluti-
nada la cilíce de la misma naturaleza que la que antes se ha in-
dicado. Forman una capa de ¿ milla de espesor que se profun-
diza en la barranca por un ángulo de 30^, próximamente. Esta
capa se continua indudablemente á lo lejos, y no seria difícil vol-
ver á encontrarla con la ayuda de algunas escavaciones poco pro-
fundas. Su textura parece prestarse para la molienda de granos,
y bajo de este concepto su explotación podría ser muy provechosa.
« Uno de los caracteres mas curiosos del limón pampeano de
Montevideo es la presencia de los grandes huesos fósiles que se
han descubierto en alguna que otra época. Entre los mas comu-
nes que se han hallado, están los del Tatiiguens, que se encuentra
con preferencia en las cercanías, y en las márgenes del Rio Ne-
gro. Es á un individuo de esta especie (Dasipüs gigantecs), al que
pertenecen los restos fósiles encontrados en 1857 sobre los bordes
del arroyo Pedernal^ afluente del Sta. Lucia^ por los Sres. Isabelle
y Vilardebó, y colocados por ellos en el Museo de Montevideo (1).
• A juzgar por las dimensiones de esos restos, el individuo á
que han pertenecido, debía tener poco mas ó menos, dos veces
el grosor de un buey de mediana talla. En efecto, el diámetro
del orificio del canal sagrado es de ocho centímetros, que es mas
ó menos, el doble de un buey; luego, los individuos de tallas tan
gigantescas, lo mismo que los hipopótamos de nuestra época, y en
(I) otros restos fósiles de la misma especie, y también de la del Megaterium y Masto-
donte, han sido hallados en las costas del rio de Lujan y otros puntos de la mar-
gen derecha del Plata. Los del Megaterium que existen en el Museo de París fueron reco-
nocidos y clasificados por el sabio Dr. Larrañaga de acuerdo con el ilustre Cuvier, conti-
nuador de Buffon.
El esqueleto del Mastodonte depositado en el de Madrid fué enviado desde Buenos Ai-
res en tiempo del virrey nato del Marques de Loreto. (El autor).
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URLGUAY 207
general, todos los grandes pachydenos, no han podido \ivir mas
que en los grandes esteros donde encontraban agua y las sustan-
cias indispensables para su subsistencia; y en efecto, todo conduce
á creer, que una grande parte del suelo de la América Meridional
ha sido cubierto en cierta época por una inmensa sábana de agua
dulce, en el seno de la cual se han depositado después -las ar-
cillas y las concreciones calcáreas del limón pampeano, que han
sepultado los huesos gigantescos á que nos referimos. Estos últi-
mos restos de un reino animal, bien diferente del actual, van á
servirnos para determinar la época precisa del limón pampeano,*
§xin.
Sobre este tópico el profesor Granvalle agrega diversas consi-
deraciones de un alto interés para la ciencia, que ocuparian un
lugar distinguido en una dis?rtacion académica; y concluye el
articulo con las siguientes observaciones:
« Hemos hablado ya del graphito que se halla diseminado
abundantemente en la arcilla del limón pampeano en estado de gra-
phito terroso. Este mineral proviene, sin duda, de la descomposi-
ción en su propio lecho del gneiss graphitoso que parece ser muy
común en muchos parag?s del territorio. Se cita particularmente
la cuenca, ó valle, (bassin) del Rio Negro, cuya denominación pa-
rece que procede de esta circunstancia, que seria muy importante
certificar, puesto que el graphito es de una grande utilidad para
determinadas aplicaciones de la industria y de las artes.
« El calcáreo es, como se ha visto ya en el terreno en cuestión,
y se halla en formas diversas; primera, en estado de calcáreo com-
pacto de granos gruesos y estructura poco unida, tal como se en-
cuentra en la Aguada. En esta localidad presenta frecuentemente
incrustraciones de andristicas negras que parecen debidas al oxido
de manganesio: segunda, en estado de calcáreo arcilloso en las con-
creciones de que se ha hablado, conteniendo una proporción fuerte
208 w:scnipcioM GEOGnÁFn:A del TERRiTonio
que se deposita con la acción de los accidos: tercera, en el estado
en fin, de calcáreo lapizado, como se encuentra en las costas del
arroyo de las Piedras, en donde se presenta bajo de la forma de
ojaldras schistoidas de un blanco sucio, ó amarillento, delesna-
bles, y diseminadas sin orden en medio de la arcilla rojiza del
liinon pampeano. Es sabido cuales son los usos importantes del
calcáreo bajo de estas diversas formas, tales como para la con-
fección de la cal, del cimiento hidráulico y otras diversas a{>lica-
ciones.
« Otro mineral, no menos útil que el calcáreo, parece existir
con bastante abundancia en las capas arcillosas del limo7i pam-
peano. Este mineral es el yeso del cual hemos encontrado gruesos
fragmentos cristalizados en el cauce del Arroyo Seco, casi á las
puertas de Montevideo. Estos fragmentos no sabemos si provie-
nen del lim4)n pampeano, ó bien, de la tercera capa del terreno gua-
ranitico que Mr. d'Orbigny ha descrii»to bajo el nombre de forma-
ción de arcilla yesoza por no haber encontrado el asiento de los
fragmentos en cuestión. Ello es, que la existencia de estos frag-
mentos en un pais que recibe del exterior íoJo el yeso que con-
sume, es un hecho muy importante para no atraer la atención de
los mineralogistas, llamados á completar mas tarde, la explota*
cion del suelo Oriental . »
Mr. de Granvalle termina su importante memoria con consi-
deraciones relativas á los aluviones modernos, y al origen y for-
mación de los aluviones pluviales que se cubren, ó se combinan,
con las capas del limón pampeano; concluyendo por examinar las
conexiones de los terrenos de los alrededores de esta capital con
los de los paises vecinos, sus actuales relieves y las revoluciones
que han podido modificarlos.
§ xi\.
«(ITVACIO^Eg» GEOGRÁFICAS».
DEPARTAMENTO DE LA FLQ3I0A.
Villa de San Pedro (Durazno)
Paso del Rey (rio Yy)
Cerros del Pescado (el mas oriental). .
Núcleo que forman las cuchillas Grande con
la de MinaSy en las vertientes de Man-
savillagra y Chamizo
Villa de la Florida
Paso de Pache (rio de Santa Lucia). . . .
DEPARTAMENTO DE CANELONES.
Pueblo de Santa Lucia
Villa de San Juan Bautista (1) (Canelones) .
Pueblo de San Isidro (Las Piedras). . . .
Id. de Pando
DEPARTAMENTO DE MONTEVIDEO.
Capilla del Peñarol. . . •
Embocadura del arroyo Pantanoso en la bahia.
Id. del Miguelete id. . .
Cerro Grande de Montevideo (faro)
Cerrito de la Victoria
Punta de Yeguas
Rocas de la Panela
Villa de la Union (Colegio)
Villa de la Aguada (Capilla)
Pueblo del Cordón (Id.)
Ciudad de Montevideo (Iglesia Matriz). . .
Isla de Ralas. .'
Punta de Carretas (islote)
Isla de Flores (faro)
Punta del Buceo :
Punta occidental de la playa de Santa Rosa.
Lalílud Sud
5'
33 25'
33" 17' 5'
33 15' 30'
33° 49' 10'
34 12' 30'
34 26' 20'
31 29' 5"
34 31' 10"
34 43' 50"
34 42' 1 5"
34
34
34
34
34
34
34^
oí '
34-
34
34-
34
34
34
34
34"
47' 10"
51' 50"
51' 55"
53' 2"
51' 8"
53' 2"
54' 35"
54' 10"
53' 5"
53' 10"
54' 38"
52' 3"
56' 8"
56' 19"
54' 10"
51' 5"
Longitud occi-
dental del me-
ridiano de
Greenwich.
I
56° 40' 55"
55 49' 5"
55 16' 25"
55 20' 55"
56 13' 50"
56 11' 55"
56 13' 55"
56- 7' 55"
56' 8' 35"
55 49' 35"
56 8' 55" '
56 14' 10"
56 13' 25"
56' 16' 22"
56' 9" 25"
56 13' 55" I
56 27' 44"
58 8' 25"
56 12' 40"
56 1 2' 20"
56" 13' 25"
56 14' 49"
56 9' 55"
55 56' 25"
55 54' 55" I
55 51' 25"!
27
210 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
Algunas de las situaciones que se refieren á los litorales del Plata
y sus adyacencias han sido extraidas del Manual de Navegación
del mismo rio, y también, del catálogo de observaciones del Sr.
Malaspina] habiéndose deducido otras de las cartas marinas de
los Sres. Barral y Heywood.
Lasque son referentes al interior del territoriohan sido practica-
das por la Comisión de Limites en su ida y regreso á las fronte-
ras; y algunas deducidas de la Carta Topográfica de la República.
La longitud de Montevideo ha sido determinada por varios Geó-
grafos en diversas épocas.
El comisario de Limites por parte de la España D. José Vare-
te, la observó en 1789 en el fuerte de San José, fijando ese punto
en la latitud de 34» 54' 38*'; y en la longitud de 50» 1' 22" al O.
del meridiano de S. Fernando, ó lo que es lo mismo, con rela-
ción al de Greenwich, de 56« 13' 38".
El Manual de Navegación recientemente publicado en Madrid,
establécela 56M3' 2".
El capitán FUz Roy^ de la corbeta explotadora La Beagle, que
colocó su observatorio en 1831 en la Isla de Ratas, fijó la longi-
tud dé Montevideo, refiriéndola á la Iglesia Matriz, en 56® 13' 24"
El Conocimiento de los Tiempos publicado anualmente en Pa-
rís, dala de 56o i3> |2'\
Otras observaciones hechas por diversas autoridades extran-
geras, y las que nosotros mismos hemos verificado en años ante-
riores, parecen confirmar la de 56® 13' 25", que coincide con la de
los demás observadores, refiriendo las distancias de los puntos de
observación á la situación de la Iglesia Matriz.
En esta situación geográfica está fundada la determinación del
primer meridiano de la República que ha servido de base á la
Carta Esférica de su territorio, cuya formación emprendió el au-
tor en 1830, y que después de mejorada y corregida en varias
ediciones sucesivas, ha aparecido en la última, con la perfección
á que es posible aspirar en el estado en que se encuentran los co-
DE U REPÚBLICA OKIENTAL DRL CBUGOÁT 3 ti
nocimiontos geográficos de esta parte de la América Meridional.
La variación de la brújula en 1 830 en Montevideo era
de 12^ 42' NE.
En 1847. ... de ir 50' I\E.
En 1858. ... de 10' 44' NE.
NOTA-— La punta de cvrretas se ha esl-ablecido coa arreglo á las cartas Españolas.
Las Francesas, la colocan en latitud de 34 <^ 56' 00" S.; y en longitud de 56 «^ 10*46" %í
O de Greenwch
Lah Inglesas, en latitud de 34 o 56' 10" S.; y en longitud de 56 « 9*00" al O. del mismo
meridiano
Para la roc^ de la Panel.v estat>lecemos la situación que le dá la carta de Mr. Bar*
RAL de f83l.
Según Oyarirde, y otras comisiones Españolas, se encuentra en latitud 34 ^ 55'00"; r
longitud 56 « 27' 28".
La carta del Almirantazgo ingles por Hoywood, con teferehciá al meridiano de Monto-
video, en 34«>54'30": y longitud 56® 27' i8".
Las cartas del Depósito Hidrográfico de Madrid de 1812 y 1837, en latitud 34 ^ 5t' 30" y
longitud 56 o 26' 38".
Mr. Boucarut, según la situación deducida de la carta de Mr. Barral, en latitud de 34®
54' 37" y 56® 27* 7" de longitud.
El mismo, por la de la carta del Almirantazgo, por Heywod, en 34 ® 51' 55" y 56 ® 26'
n^* de longitud.
La carta de 1 857 del mismo Almirantazgo en latitud de 34 ® 54' 40" y 56 « 26* 5" de long.
Las Españolas de 1831 y i837 en latitud 6. de 34 ® 54' 30** y 56® 27' 8" de longitud.
La situación Geográfica de la Punta y Bajo de Piedras de Atilar, la del Faro de la Isl&
de Flores, la del extremo Meridional del Banco Ingles, las hemos establecido conforma á
las cartas Españolas de f 831 y 1837.
Las FrauLCi^as de 1831, sitúan la primera de esas posiciones en latitud S. da 84®
47* 15" y ea 55® 31* 00'* de longitud O. de Greenwich.
£i Faro de la Isla de Flores eu 34 ® 56' 19" y 55® 56' 25" de longitud.
El mismo extremo del Banco Ingles en 35® 12* 00'* y 55® 54' 37" ídem.
Las Inglesas: La Punta, en latitud S. 34 ® 47' 55 y ü5 ® 29* 16" ider
La Isla (faro) en 34® 57* 00 " y 55® 56' 00' idem.
II Banco [extremo meridional] en 35® 13' 30" y 55® 54* 30*' idtir
(2^^kQ
311
DESCKIPCIO.X GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
CUADRO estadístico.
DICIEMBRE DE 1859.
Estensioo territorial en leguas geográficas (cuadradas)
Población nacional y estrangera
Edificios públicos en los pueblos
Gasas de azotea en id
Id. en las secciones exteriores
Id. de otras construcciones en todo el departamento
Almacenes por mayor en los pueblos
Id. por menor y pulperías en todas las secciones.
Tiendas id
Fábricas, talleres y otros establecimientos de artes
y oficios en todas las secciones
Caleras
Atahonas
Máquinas de moler granos
Molinos
Fondas y posadas, cafées y villares en los pueblos. .
Hornos de ladrillos en todo el departamento. . . .
Mataderos ó carnicerías para el abasto
Tiendas volantes ,
Chacras y quintas en los pueblos y egidos. . . .
Diligencias
CAÑADOS.
455
13,960
3
69
24
410
6
83
7
36
3
17
4
27
5
14
9
3
Vacunos 600,000
Caballares 136,000
Lanares 1,200,000
Malares. 6,000
Cerdos 8,500
Cabrios ; 390
178
21,230
H
252
87,1
1,863
11
439
27
66
2
131
8
3
7
25
12
46|
41
96,000
13,500
85,000
1,800
9,700
420
Los datos que se consignan en este cuadro tienen igual proce-
dencia que los de los anteriores. Los que se refieren á la pobla-
ción ycapitales rurales é industriales se han extraido de diversas
publicaciones hechas en los diarios de la capital, combinados con
el cómputo de los que presentaban los padrones de 1853, y otroa
documentos oficiales.
DE LA RCrUBUCA ORIENTAL DEL URUGUAY
213
Loi demás que no tienen ese origen loa hemos obtenido direc-
tamente de personas competentes, residentes en los pueblos de
esas secciones territoriales; y muchos adquiridos personalmente
en nuestro tránsito por ellas; pudiendo, por ahora, considerarse
esc conjunto de cifras como las mas aproximadas á la verdad,
en tanto no vengan á rectificarlas los nuevos censos estadisticos
que han empezado á levantarse.
Según cálculo aproximado de la población que tiene el depar-
tamento de \di Florida y ella se encuentra en razón de 30 f habi-
tante por legua cuadrada, incluyendo la de- sus pueblos y egidos.
El trigo sembrado en 1859 ascendió á 3,800 fanegas, habién-
do3e cosechado de 46 á 48,000 fanegas.
En el maiz se calculaban recogidas como 10,000 fanegas próxi-
mamente.
De ese departamento se introdujeron en el mismo periodo en el
mercado de la capital
30,000 . .
animales vacunos
6,000 . .
. yeguarizos
5,000 .
. lanares
17,000 . .
. cueros vacunos
7,000 . .
. iJem caballares
14,000 . .
. lanares
4,000 . .
. Ídem de cria
88,000 . .
. ídem lana merina y mestiza
20,000 . .
. Ídem criolla
9,200 . .
. fanegas de trigo
2,350 . .
. Ídem maiz
1,500 . .
arrobas de bacina
350 . .
fanegas carbón
El impuesto municipal desde 1.® de enero de 1858 hasta fin
de febrero de 1859 produjo . . . . / 10,352 694
La contribución directa . . 3,684 196
Las rentas policiales. . 557 510
. jjí 982
268
560
331
160
103
100
. 5,738 .300
. 8,528
741
314 DESCRIPCIÓN GEOGHÁFICA DEL TERRITORIO
Desde 1. ® de marzo de 1859 hasta fin de febrero de 1860,
rindieron
Los derechos de abasto .
Los de guias y pasaportes .
Sos ramos policiales.
Los de registros y escrituras
La contribución directa.
El impuesto departamental.
La población del departamento de Canelones debe computarse
en razón de 1 1 9 j habitantes por legua cuadrada, comprendida
también la de sus pueblos y dehezas.
La parte de la jurisdicción que alcanza el litoral del Plata en-
tre las embocaduras de Toledo y Solis Grande^ medida desde uno
hasta otro de los meridianos que pasan por ambospuntos, abraza
47 2 niillas de costa; ó bien, 69 millas siguiendo sus diversas
sinuosidades.
En las diferentes Secciones de ese Departamento se sembraron
en el año 1858, 28,960^ fanegas de trigo que produjeron mas de
330,000; de las cuales se entrodujeron á la capital mas de la mitad
de esa cosecha tanto para el consumo, como para la comfeccion
y exportación de harinas.
En 1859, se sembró una cantidad equivalente, ascendiéndolas
cosechas de una de 350,000, fanegas, según informes obtenidos
del mejor origen.
Repecto á las cementeras de maiz, aunque hay alguna incerti-
dumbre en las cifras, se calcularon recojidas en ese periodo de 40 á
50 mil fanegas, habiendo introducido las dos terceras partes,
en el Departamento de Montevideo.
La cosecha de otros farináceos fué abundante en algunas espe-
cies, y exigua en otros, computándose las de aquellas demás con-
sumo, como porotos, papas, alberjas, habas, batatas etc. de 2,500
á 3,000 fanegas.
De este Departamento esencialmente agricultor no figura en es-
cala notable la introducción de frutos de la industruia pastoril eu
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL rRCGUAT 21.>
el año que ha terminado. Según los datos, algo deficientes, que se
poseen, aparecen conducidos de su territorio para el de la capital.
9,800 animales vacunos.
1,200 caballares.
1,120 lanares.
6,200 cueros vacunos.
600 caballares.
4,300 . . . . . lanares.
300 ácrin.
1,400 id. lana finaymeztiza.
7,600 fanegas de harina.
2.300 id. id. carbón.
Los derechos policiales desde el 1** de Enero de 1858 hasta fin
de Febrero de 1859, produjeron jjí 805 460
Los de la contribución directa < 3,236 196
Los del impuesto municipal » 10,316 656
* Desde 1® de Marzo de 1859 hasta fin de Febrero de 1860, rin-
dieron.
Los derechos policiales ff 453 330
El de abasto 3,600 .
El .de guias y pasaportes 758 290
La contribución directa. * 3,008 300
El impuesto Departamental » 9,923 381
§ XX.
LITORALES DEL PLATA.
CUADRO ESTADISTCO EN DICIEMBRE DE 1859.
DePARTAMEISTO de MüMTVlDEO.
Su área en millas geográficas 2¿5 — 25 leguas cuadradas,
Población nacional. .
Idftm cxtrangera,
ídem de color .
Tolale^.
agen
Edificios públicos.
Casas de azotea
ídem de otras construcciones . . .
Casas de comercio y de registros .
Almacenes por nia>ór
ídem pormenor
riendas, mercerías y librerías . . ,
Escritores de corretage, casas de remate,
cías de comercio y maritimos . . .
Liccosy colegios de educación primaria
Fábricas, talleres y otros establecimientos de
tes y oflcios
Barracas y depósitos de frutos del país
Compañías y empresas industriales.
Imprentas y litografías
Templos
Teatros y establecimientos de recreo
llospitafes y canias de sanidad . .
Mercados piíblicos
Saladeros y mataderos para el abasto
Chacras \ "quintas
ar
21,500
18,200
í,900
41,600
22
3,908
229
104
43
120
128
39
38
623
66
27
8
7
8
4
2
O
2,920
1.680
250
4,850
3
240
52
1
2
16
4
1
2
46
3
1
i
i
3
14
1,640
1,990
4,100
380
850
3,200
120
210
3,050
1,290
2,140
8,590
2
3
1
152
371
1,398
47
174
1
1,883
1
1
14
12
37
2
6
!
2
2
2
3
11
20
9
1
2
1
1
4
1
1
1
1
1
1
2
2
2
4
16
19
257
32J50
24,310
3,770
60,130
3l'
6,069,
2,385
106
47i
119'
142;
41
47¡
I
6791
72,
27
8
14
11 =
5
7'
ro
306
GANADOS PARA SERVICIOS INDUSTRIALES.
Bueyes de labranza > acarreo en las secciones exteriores 2,700
Vacasen ídem . ^ , . 1,0¿0
Caballos en la Capital, y su Departamento 3,300
Muías en idem idem 8^0
Cerdos para consumo , 3,900
Cabras 480
Lanares 1,8íí0
DK i.A heimblici orirntal del irucuat 217
El censo de la población del Departamento de Montevideo, le-
Tantadoea 1835, presentava la cifra dé 23,404 habitantes.
El de 1853, la de 33,994 id.
Calculado el aumento natural de la población en los 7 años
transcurridos hasta la fecha, con la inmigración entrada en ese
periódico por el puerto de la Capital, que se computa en 27,000
personas, según los mejores datos obtenidos por diferentes con-
ductos, inclusos los que han aparecido en las publicaciones perió-
dicas; teniéndose presente, también, el regreso al pais de una
parte de la que habia emigrado á los Estados vecinos, por razón
de las conmociones interiores en épocas pasadas, se verá que la
cifra en que hoy se le coloca representa mas próximamente su es-
tado actual, ó su monto provable, que de cualquier modo que se
mire, aparecia dificiente en todos respectos; mayormente cuando
la inmigración estrangera que «ntró por el puerto de Montevideo,
desde 1835, hasta 1842, ascendió á 48,000 almas, y que la que
ha continuado desde el 52, en que terminó la guerra de los nueve
años, se ha acercado á aquel guarismo; bien que su crecimiento
en los primnros años, haya sido lento, y mas rápido en los últi-
mos, como lo comprueba la entrada en 1857, que alcanzó á
4,942 individuos, y la del 58, á 6,346.
I^a parte referente a la estadistíca municipal, ó urbana, esta
fundada en gran parte, sobre nuestras propias observaciones, ha-
biendo tenido presente las cifras del último censo, y el número
de permisos consedidos, en algunos años solamente, para levantar
nuevos edificios, asi como el de las patentes expedidas en los
de 58 y 59 para los establecimientos de comercio por mayor y
menor, paralas fábricas, depósitos, talleres industriales, etc.
No pudiendo pues investigarse hasta que no se perfeccione el
nuevo censo, las leyes á que se halla sometido el desarrollo grn-
dualdela sociedad, y los demás hechos que podrian deducirse
de él, dando resultados importantes para el porvenir del Es-
tado, nos priva de consignar en este cuadro, el computo rela-
tivo al crecimiento de nuestra población, y la proporción, en
28
21K DCSCRIPCIO?! GEOGRÁllCi DEL TERRITORIO
que se encuentra la porción \iril y útil de ella con el resto de
SU3 habitantes; y también, el estudio de los diversos elementos
de que se compone bajo del punto de vista natural y social; pues
es sabido que la población de un pais cualquiera, *'es la espresion
de su poder y riqueza, revelando su rápido incremento el bienes-
tar presente y su futura prosperidad/'
Ha sido siempre una preciosa investigación la que puede dedu-
cirse del desenvolvimiento de la población relativamente alexeso
en que siempre aparece, por una ley providencial de la naturale-
za, el nacimiento femenino sobre el de los varones, y la razonen
que ambos se encuentran.
Con esa base, hecha la clasificación de la población por edades
se arriba al conocimiento de la parte activa que puede aplicarse
al trabajo y á la defensa de una nación; asi como, la que nece-
sita protección y apoyo para existir.
Ese mismo censo nos dará la posibilidad de clasificar los es-
tados civiles en que ella se encuentra dividida, ó bien, la pro-
porción en que estuvieran los casados, los viudos y solteros con
relación á la población en general; no siendo menos importantes
los datos que conduscan á determinar la porción de sus habitan-
tes que existan imposibilitados por cansas, é imperfecciones, fisi-
cas é intelectuales.
gxxi.
La declaración de capitales en 1858 en el Departamento de Mon-
tevideo, ascendió á pesos 19:311.848; produciendo el impuesto
340:23,600; no obtante, haberse dejado de hacer algunas decla-
raciones, que se ivan llevando á efecto, á medida que se presen-
taban los interesados á verificarlas que les correspondía en 1 859.
De consiguiente, puede calcularse con fundamento que la con-
tribución directa devió producir en aquel periodo de 80 á 82 mil
pesos.
DE LA REPÚBLICA OKIKM'AL DEL CUUCCAT 219
El impuesto muaicipal, según datos oficiales, ascendió en el
mismo año á jjí 5,056,608, y las rentas policiales á 20,000.
Las de la Aduana de la Capital, durante la Administración
del Directorio produjeron desde 1. ® de Enero hasta 10 de Se-
tiembre jf 336.548,108, equivalente á 56,000 pesos mensuales,
próximamente; y desde esa fecha hasta 31 de diciembre, bajo la
administración del Gobierno,! .536.539,488, ó lo que es lo mis-
mo, 100,000 pesos al mes, mas ó menos; ascendiendo en los 10
meses a jjí 873.087,596. Ysi á esta suma se agregan 101,264^^650
que produjeron los meses de Enero y Febrero del mismo año, el
producto total de la renta ascendió á § 974,352,446.
Se comprende desde luego, que en ese periodo los ingresos
eventuales sufrieron alguna disminución, desde que está demos-
trado, que en 1856 se liquidaron g 1.308,666,502, y en 1,857
1.480,716,340, y que deducidas las afectaciones mensuales que
gravitaban sobre esa renta, importantes 39,438, debieron que-
dar líquidos para atender á los gastos ordinarios 70 y tantos mil
pesos cada mes.
Esas afectaciones, desde que la Administración de la renta
volvió al dominio del Estado, pasaron á la del Papel Sellado yPa-
tentes, que asciende — término medio — á 300,000 pesos anuales.
La renta de Correos en 1857 produjo 24,288^^662 .
En 1858 jff 28,961,332.
La importación de mercancías y productos extrangeros hecha
por los puertos de la República en el mismo año, subió á mas de
seis millones de pesos.
La exportación de frutos del pais para el exterior, cual se de-
muestra en la planilla correspondiente, se calcula en cuatro y
medio millones de pesos. La del interior de los Rios, á Buenos
Aires y Confederación Arjentina, de producciones también nacio-
nales, ascendió a mas de dos millones de pesos.
El movimiento mercantil ha sido sostenido en el mismo afio
de 1,858, por 723 buques entrados de ultramar, midiendo
162,773 toneladas.
S20 DESCHIPCION GEOGllÁFICA DKL TERHITORIO
Por 1,078 Ídem de cabotaje, midiendo 88,043 toneladas que
hacen el total de 1,701 buques con 250,8t6 toneladas.
En este número figuran 86 buques Brasileros con 17,081 tone-
ladas, que exportaron jf 1 .014,000 en carnes, cueros y otras pro-
ducciones nacionales.
1 10 buques Franceses con 35,203 toneladas, que introdujeron
en manufacturas, artefactos etc. etc., ff 1.608,791, exportando
en frutos del país por el valor áeff 2.653,770.
123 buques Españoles representando 33,788 toneladas, que in-
trodujeron en productos delaPeninsula y Mediterráneo jjíl .019,754
y exportaron la suma, próximamente, de 400,000 pesos en
los artículos siguientes: — Cueros vacunos 10,288; carne tasajo
76,000 arrobas, 4,000 idem sebo.
265 buques Ingleses con 84,718 toneladas; que exportaron
1.200,000 pesos en productos nacionales; no siendo posible cal-
cular el valor de la importación por falta de datos oficiales.
20 buques Sardos con 4,429 toneladas.
19 buques de otras nacionalidades con 7,554 toneladas,
Los buques Españoles y Sardos condujeron 1,936 pasageros.
En el mismo año 58 entraron por el puerto de Montevideo
8,359 individuos; y salieron 5,914: quedando en el pais 2,446.
Se abrieron en ese período 180 casas de comercio, de artes y
oficios.
Y al fin de ese año existían en el Departamento de Montevideo
14 saladeros, ademas de los Corrales de abasto público.
En este período se construyeron y reedificaron 62 edificios par-
ticulares.
Se expidieron 930 patentes para carruages.
Las defunciones en la Capital ascendieron á 1,032 individuos
y los nacimientos á 1,314.
Entraron en las cárceles de la misma 1,129 presos y salieron
1,110; quedando 19 en Enero del año actual.
En el Hospital de la Caridad, entraron en ese mismo período
1,647, y salieron 1,320; y fallecieron 299.
DE LA REPÚBLICA OBIENTAL DEL URUGUAY 2'2 1
La declaración de capitales en 1 ,859 para la contribución di-
recta en el Departamento de Montevideo, ascendió á jjí 19,587,926.
Produciendo de consiguiente el impuesto del 2
por mil If 39,175 680
La contribución territorial, la directa y la mu-
nicipal en ese mismo año en todos lo$ demás
departamentos del Estado, sin incluir los
de Tacuarembó y Maldonado, produjo . . 363,219
LaAduanadeMontevideoporderechosgenerales 1 .608,792 721
Las Receptorías de los departamentos . . . 135,053 63 i
La Renta del Papel sellado y Patentes. . 266,639 260
Los ramos policiales y de pasaportes en la
Capital 17,930 36:>
j»
Total del producto de las rentas Eventuales y
directas . ; jjí 2.430,811 260
La suma total de la importación extrangera por las Aduanas
de la República en el año 1,859 ascendió á mas de 6 millones en
que se calculó la del ano anterior.
En esas introducciones figura la España por el
valor de . : ^ 674,801
El Brasil por el de 1.584,956
La Italia por 499,625
La Inglaterra, próximamente, por 1.500,000
La Francia por mas de 1.000,000
Otros mercados Europeos, y también la Confedera-
ción Argentina próximamente por 850,000
La exportación de frutos del pais, se avalora en ciuco millo-
nes, mas ú menos, de los cuales se estrageron
Para puertos Españoles jjí 1.170,707
Para los de lialia 528,669
Para Inglaterra 1.800,000
Para los de Francia, próximamente 700,000
Para otros Exlrangeros y Argentinos, idem . . . 800,000
222 l)ESCRlPCIO?í GEOGRÁFICA DEL TKnillTORlO
En el año 1859, entraron pasageros, al puerto de Montevideo:
De España 498
De Italia 835
De Francia, Inglaterra y otras nacionalidades . . 3,028
Total. . . 4,361
Salieron en el mismo año 30,92
En los cuatro últimos años desde 1856 á á 1859
inclusive entraron inmigrantes de las Provincias
Españolas 987
En el Departamento de la Capital tuvieron lugar
en el último año, Bautismos 1,872
Defunciones 1,272
Matrimonios 348
Entraron en las cárceles por diferentes deli tos, indi-
viduos 1,274
Y salieron 1,078
En las secciones exteriores se sembraron fanegas
de trigo 3,620
Y se cosecharon 33,440
De maiz 490; y recogidas, próximamente . . . 2,900
Se introdujeron por las tabladas para saladeros y consumos
de 310 á 320,000 cabezas de ganado vacuno.
Se exportaron para el Brasil, la Habana y Mediterráneo, próxi-
mamente, medio millón de arrobas de carne salada.
La exportación del corriente año de 1860, se calcula que ascen-
derá á mayores capitales particularmente en carnes beneficiadas,
desde que el Brasil solo consume 250,000 mil arrobas, indepen-
dientemente de la Habana y otros mercados extrangeros. Debe
pues esperarse que para esas faenas serán necesarias muy cerca
de medio millón de cabezas de ganado vacuno; y que la exporta-
ción de cueros no será menos de 800 á 900,000, inclusos los ca-
ballares y los demás que proceden del consumo de los departa-
mentos del interior.
Ese progreso industrial, aumentará considerablemente lasren-
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL I'RCGIAY 223
tas eventuales, que coa los ingresos directos y los de otras pro-
cedencias, ascenderá á 3 millones de pesos, con el cual habrá un
superabunte sobre los egresos del Erario, que según la ley del úl-
timo presupuesto, asciende á 2.473,509 H 798 cent.
DEUDA PUBLICA.
De los documentos oficíales transmitidos por el gobierno al
C. L. en el último periodo, resulta-
Quelas situaciones sobre las rentas de Aduana suman g 767,000
Que el servicio é interés anual de la deuda fundada
es de 400,000
Que los créditos por convertirse no inclusos en la
deuda fundada, alcanzan á 1.378,755
Que los intereses del primer semestre de la misma
deuda importan 117,202
Que el importe de la amortización de dicha deuda
es de 20,487
Que lo amortizado han sido 61,850
Quedando reducida toda la deuda fundada á. 3.916,507
Qne la cantidad total de bonos en circulación es de 84.406,438
Délos cuales 80.079,238 están fundados y en cir-
culación 14.327,200
CAPITULO XII.
LIT0BJLLB9 BEL PLATJl T BEL OCCEJlNB.
9VS MOlWTAftjLS, SV9 BIOS, T SUS PUEBLOS*
ESTBEBIO MEBIBIOWAIi BEL LJLCSO BfEBIK.
JLNTICIUJlS FOBTIFICACIONES EN ESJl FBBWTEBii.
CONBICIBNES BIBBIHSBAFICAS BE AQUELLOS CANALES.
OBSERVACIONES OEOLÓOICAS.
§ «•
Desde las cabezeras del Solís empieza la región montafiosa es-
labonada en una dirección pronunciada hacia las adyacencias del
Cabo, conservando un paraclismo aproximado con el giro de sus
costas, hasta que sus últimos ramales se estinguen en los exten-
sos Esteros de India Muerta y San Miguel^ arrojando antes de una
de sus faces ingentes raudales hacia el Plata y el Occeano, y
otros mas copiosos y robustos, que van á aumentar por las opues-
tas los ondos canales del Merim.
Al separarse esa áspera cadena de la arteria matriz en las ver-
tientes de aquel rio desprende hacia las costas del Extuario otros
ramales igualmente prominentes y agrios, que dividen las cor-
rientes que de ella descienden con rapidez, en sentidos conver-
gentes.
El primero que desde aquel núcleo sigue en esa dirección for-
mando con sus últimas colinas el cabo de la Punta Negra, manda
en opuestos sentidos numerosos canalizos al Solis y Pan de Azú-
car, pronunciando en sus faldas, ó ya en sus cimas, algunos pro-
montorios escabrosos, cónicos unos, truncados otros, como el
29
226 ^ DESCRIPCIOIS CEOCniFICA DEL TERRITORIO
Tupambahij el Betétj las Animas^ el Inglés y el Pan de Azúcar^
que estienden sus pendientes hacia las amenas praderas de esos
arroyos, brotando de entre sus ondulaciones manantiales y cas-
cadas cristalinas que riegan el hermoso \alle enclavado entre am-
bos, y las caidas dilatadas de esa cadena que en sus tortuosos gi-
ros tiene mas de 30 millas de estension, desde su arranque hasta
su desaparición en las riberas del gran Rio.
El Pan de Azúcar notable por su elevación y aislamiento en los
extremos de esas montañas, como por la regularidad de sus for-
mas, representa un cono imperceptiblemente truncado, de pen-
dientes ásperas y extensas, vegetando en ellas muchas plantas y
arbustos de variedades diversas (1).
Del lado occidental de este ramal se destacan otros eslabones
montañosos, menos quebrados y altos, que comparten y aumen-
tan los derrames que ensanchan por ese lado el cauce del So-
lis, en tanto que por la faz opuesta se desprenden otros de textura
mas agria, con aspecto imponente y rasgos mas severos, que se
introducen hacia el Sud por entre los contornos de los canales del
Pan de Azúcar, del Sau^e y Maldonado, que reciben en ellos sus
venientes, con escepcion del último que las trae desde las caidas
meridionales de la cadena principal. Rápidos en sus corrientes
en la proporción de 4 á 5 millas por hora , la calman repentina-
mente al encontrar la cinta de dunas que han levantado las gran-
des abulsiones del Estuario en la faja adyacente a sus márgenes,
donde se vé que sus aguas se estagnan y apocan, formando des-
pués un bello Lago de 3.™ de amplitud sobre 6.™ de longitud, que
en las épocas de sus creces las rompe, no sin trabajo, por medio
de un arroyuelo que desaparece en los Estios, pero que le sirve
de vehículo para mantener sus comunicaciones con el Plata.
(I) La altura del Tupambahi es de 1)300 píes próximamente sobre las aguas del Plata.
La del Betet de 1,500. La del Pan de Azúcar de 1,461. La del de las Animas, de 1,887, y
la del Ingés 669 pies. La medida de los tres últimos morros ha sido rectificada recieote-
mente por el distinguido marino Comandante del vapor francés Visson al practicar el re-
eonociroiento del puerto de Maldonado y costas adyacentes hasta el cabo de Castillos.
DE LA REpCdLICA ORIENTAL DEL LRCGCAY 227
Esa laguna conocida por del Sauce^ es explayada y baja, dila-
tándose en las estaciones lluviosas hasta las impenetrables ciéna-
gas que la rodean; no obstante, que en la parte mas céntrica se
encuentre un fondo de 17 á 1 8 pies de agua.
La mas oriental de esas ramificaciones, que la circunda por el
lado oriental y aumenta notablemente su lecho con infinitos arro-
yuelos que manan de sus flancos, termina su carrera al levantar
el prominente cabo de la Ballena^ que con sus negras aristas siñe
la extensa rada de Maldonado por la parte occidental.
Otro eslabón de inflexiones doblemente salientes, y mucho mas
escabrosas, baja en seguida de las Sierras, siguiendo á cada ins-
tante el curso del Maldonado y San Carlos^ a cuyos cauces manda
innumerables derrames, que dan á sus corrientes una velocidad
casi idéntica á la de aquellos, terminando sus volubles alternati-
vas en la confluencia de esos frondosos arroyos, cerca de la cual
empie7.an los alegres paisages que presentan las campiñas en que
está situada la villa de San Carlos^ sobre las colinas que los se-
paran.
Desde allí, unidos sus lechos, se encaminan á perderse en el
laverinto de aluviones de la margen del Plata, por entre el
cual se abre un paso lento y laborioso hasta sus canales,
después de haber regado la feraz dehéeza de la antigua Ciu-
dad de Maldonado que sq encuentra rodeada de esa superficie
flotante cuyas olas cegando cada dia las vegas y los prados que
la circundan la amagan con una invasión que hace progresos
alarmantes, conquistando sin cesar sus suburvios meridionales,
y borrando, con la desaparición de sus calles y sus casas, los per-
files de su antigua traza.
Modelada sobre cuadrados regulares, con excelentes y cómodos
edificios; con vias amplias dirigidas en el mejor sentido: favore-
cida por el contacto de una gran rada* cerca de cuyos veriles pue-
den echar el ancla los mayores bajeles; esa ciudad, luchando per-
manente con los inconvenientes de su incalificable situación, se
mira condenada á una estagnación desconsolante que paraliza su
228 l>ESCfilPCIO«% GEOGRÁriCÁ DEL TERBITORIO
desajToUo apesar de la feracidad y belleza de sus campiñas que
por si solas alimentan su desfalleciente vitalidad con el cultivo en
alta escala de las labores agricolas.
La fundación de este pueblo, como las de otros del territorio,
se resiente de las inconveniencias de las localidades que fueron
elegidas; y no se alcanza á comprender como la ciudad de Maldo-
nado que tiene á su vista las alegres colinas de la Península del
Este*, dominando su puerto con condiciones idénticas á la de Mon-
tevideo aunque con distintas esposiciones, no fué preferida para
su asiento^ desde que sus propias condiciones habrían auxiliado
sus progresos.
En tal situación, ese pueblo no cuenta con mas de mil habi-
tantes, que reunidos á los agricultores de su Egido, ascenderá al
doble.
La existencia de la villa de San Carlos á 7."^ mas al interior,
y en cuyo hermoso Egido se cultivan los cereales en igual, ó ma-
yor proporción, habitada por ganaderos capitalistas, y con un
movimienfo mercantil é industrial mas activo y valorable, con
curre también para que la población prefiera esa residencia, mas
en contacto con los pueblos del interior.
Sobre una planta de proporciones semejantes á la de Maldonado
esa villa contiene como 1,200 habitantes, con un buen templo y
otros edificios públicos, inscripta en una deheza de tierras ro-
bustas, cultivada por una población agrícola y laboriosa, que le
deparaba mayores adelantos ¿ no haber sido interrumpidos por
los lamentables sacudimientos del orden público que tanta in-
fluencia ejercieron en el destino de esos pueblos.
§ "•
En el hermoso >alle que riega y divide el curso del Maldonado j
se alzan algunos montículos que ofrecen amenos golpes de vista
matizados con los sembrados que ocupan sus llanas pendientes,
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL IRGGIAY 229
<
que miden una exigua altura sobre las ondulaciones de las plani-
cies vecinas, cruzadas por ortos arroyuelos que ferlalizan las
vegas que comprimen entre sus pliegues.
Mas lejos, y hacia el mediodia, otros mas altos y de crestas es-
carpadas descollan sobre las cimas del áspero eslabón que separa
los canales del San Carlos j de aquel mismo rio, con una altura de
800, y 900 pies sobre el nivel del Plata (1), desde cuyos bordes
abriéndose el horizonte, bajo y vaporoso que cubre ese golfo, se
divisan hacia el mediodia, hasta donde alcanzan las miradas, las
lineas ennegrecidas de las lejanas montañas donde tienen sus
fuentes amontonadas las unas sobre las otras, envueltas, ó vela-
das por tupidos arbolados que se levantan entre las breñas, ó por
entre trozos gigantescos reanudados los unos con los otros por es-
labones de promontorios separados por barrancos sin fondo^
á donde parece oirse el ruido de un torrente, ó de una cascada,
que se desploma con estrépito hacia los recipientes que llevan las
aguas por entre las ondulaciones de sus faldas hacia los valles y
planicies donde terminan.
Esas perspectivas son mas agrestes y solitarias al penetrar ha-
cia aquella cadena, en la cual se anudan esos accidentes, y en
doade las escenas son mas tétricas é imponentes con los grupos
siempre nuevos que alzan sus cuellos, en medio de un cielo puro
y profundo, sobre los valles y llanuras encajonadas en sus flan-
cos y á donde vuelve á verse el cultivo de sus feraces tierras
en medio de los ganados que pacen en las praderas.
Los infinitos ramales montañosos que en su origen se alzan á
mas de 1,800 pies sobre las agQasdel Plata y que penetran hacia
sus riberas calmando velozmente sus niveles al acercarse á las
planicies bajas y húmedas que lo circundan, manan cuantiosas
vertientes que engrosan el lecho del San Carlos duplicándolo en
cortos espacios; en tanto, que por las caras que miran hacia el
(I) Esos cerros llevan el nombre de Maldonado, de los Reyes ; de Nu>ez, encontrán-
dose este último en las cercanías de aquel pueblo.
230 DESCRIPCIÓN GEOOAÁFICA DEL TERAiTORIO
oriente se desploinaa otros no menos numerosos que originan los
correntosos arroyos de José Ignacio y de Garzón , que acaban por
depositar sus aguas en las hermosas Lagunas rodeadas por las
arenas del Estuario, cuyas barreras no pueden contener sus filtros,
cuando las crecientes colman con profusión el álveo que llega á
ser casi tangente á sus márgenes.
Alli los tintes de aquel cuadro cambian de colorido con los ras-
gos que proyectan los perfiles de los valles surcados lentamente
por esos canales, orillados de una vegetación tupida y lujuriosa,
con gramíneas y ramilletes de plantas que improvisan alegres flo-
restas, en medio de tierras que se vigorizan sin cesar con la re-
novación de los glutenes que arrastran las corrientes al cruzar
las tierras altas despojándolas de sus capas vegetales.
De esos lagos, conocidos con los nombres de los arroyos que
los crean, — el 1°. manifiesta una amplitud de 4 á 5"*. por 8 á 9
de largo en épocas normales, con una sonda de 6 hasta 15 pies en
su centro, limitado en lo general por bordes bajos y cenagosos que
dejan descrío al internarse en los extensos medanales que acom-
pañan las costas cercanas al cabo de Sania Marta, y que como los
demás embarazan su desagüe.
El otro, (de Garzón), de menores dimensiones, pero de costas
mas firmes y de mayor profundidad, mide 6™. de longitud, te-
niendo un desagüe mas visible por [medio de multiplicados cana-
lizos que en las altas abulsiones corren por entre las faldas de los
montículos de aluvión que siguen siempre por las márgenes del
Plata.
Desde las vertientes de los arroyuelos que dan existencia á ese
Lago, la cadena montañosa, mas fiexible y áspera en sus giros,
mas doblada y surcada por profundos derrames, revuelye repen-
tinamente hacia el mediodía, conservando un paralelismo aproxi-
mado á las costas del Occeano; al mismo tiempo que de sus fa-
ces boreales manan los mayores y mas numerosos tributarios del
rio Cebollati, representados por el Ayguá y el Alférez^ que reci-
ben á su vez de otrss tramos culminantes, que se internan por
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL TRCGCAY 231
entre ambos, diversos sistemas de irrigación que cruzan los va-
lles mas amenos de la zona oriental.
Al pronunciarse, esa vuelta, se separan en dirección al mis-
mo cabo dos ramales menos altos, aunque mas variados en sus
inflexiones y en el nivel de sus cimas, mas ondulosos, tortuosos y
quebrados, que arrojan de todos sus lados un tejido de corrientes
tan diversificadas y caprichosas, como encontradas y variables
son sus sinuosidades, hasta que el cúmulo de sus torrentosos le-
chos, corriendo en opuestos sentidos al fondo del valle, que limi-
tan con sus laderas, las trasforma en una gran Laguna que forma
horizonte en todas condiciones y que lleva sus bordes hasta la im-
penetrable barrera que en el mismo Cabo levantan las cilices des-
de sus estremidades.
Con las desbordaciones de las aguas ese recipiente se agota len-
tamente buscando por entre ellas un desagüe en el Océano, que
cesa en los Estíos cuando empiezan las evaporaciones que reducen
su lecho en proporción con lo que disminuyen también las mis-
mas corrientes que lo alimentan. A iguales efectos están sugetas
las demás Lagunas adyacentes á las últimas riberas del Plata.
Ese gran recipiente, conocido con el nombre de Laguna de jRo-
cha con referencia al principal de sus afluentes, sobre el cual está
situada la villa del mismo nombre, que domina desde sus colinas
todo ese sistema de canalización y la sábana resplandeciente que
crean con sus depósitos, tiene una forma oblonga, alcanzando la
loiTgitud de su mayor diámetro hasta 1 2 y 1 3"* en la direcion del
N.O. al S. E., con una amplitud de 5 á 6 en la parte mas central,
y que disminuye sucesivamente siguiendo sus contornos hacia la
ribera del mar, separados, en ese extremo, por un leve espacio.
La profundidad es también mayor en su centro, disminuyendo
rápidameute hacia sus bordes. En las estaciones lluviosas la
sonda no es menor de 14 á 16 pies, término medio.
Todo ese sistema de canalizos y arroyuelos de giros limitados á
una escasa extensión, riega territorios fértiles y de un vigor tan
232 DESCRIPCIÓN CEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
visible como es el que muestra la vegetación arbórea que bafian
sus corrientes.
La Villa de Rochan situada en medio de ellos, y en una locali •
dad privilegiada por la amenidad de sus vistas y la variedad de
sus alrededores, sostiene y fomenta las labores agricolas, que co-
mo en todo ese litoral, dan productos pingües y precoces, al par
de los que se obtienen en la pastura favorecida con la multiplici-
dad de esos riegos, con sus bosques y los dobleces del suelo,
que la procacidad de la producción compensa con usura los tra-
bajos de esa industria.
Alli las cementeras y plantios se dan en fuertes proporciones
aun sin la preparación conveniente de las tierras y con el empleo
de procederes en su cultivo y su cosecha que desmejoran los re.
sultados de la producción y contribuyen á que la industria agrí-
cola se encuentre tan retardada en el desarrollo á que la estimula
la feracidad del suelo y las bondades del clima.
Ese pueblo planteado sobre una delincación semejante á los
demás reúne muy buenos edificios y una población de 1,400 ha-
bitantes. Entretiene un activo comercio con los establecimientos
fronterizos de esa parte del territorio, haciéndose -en él fuertes
depósitos de mercancias extrangeras para proveer á sus consumos
desde que no pueden ser satisfechos por los mdrcados brasileros,
por las largas distancias que tienen que atravesar sus transpor-
tes, como por la diferencia de las tarifas que rigen el sistema
aduanero de uno y otro pais.
gm.
Al enderezar su camino la cadena montañosa hacia el medio
dia se comparte al mismo tiempo en dos ramificaciones de igual
textura y acritud, — la una, acompañando los ondos cauces del
Alférez y Aygtiáy que, con otros afluentes mas ó menos extensos,
componen el del frondoso CeboUaty cuyo álveo levanta y atraviesa
DE LA REPÚBLir.A ORIENTAL DEL URUGUAY 233
en la confluencia de esos rios con el último y mas alto de sus es-
labones; y la otra, que cruzando en dirección al primer cua-
drante termina en el Itsmo de Santa Teresa^ en donde acercándose
al Océano con sus postreros ramales, abaja sus cuellos hasta
confundirlos con los impenetrables Esteros del San Miguel en los
cuales desaparecen, a su vez, los raudales que manan de sus fa-
ces septentrionales.
En esa carrera, y desde las alturas que nutren los últimos der-
rames que descienden ala hermosa Laguna de Rocha por la faz
oriental, empieza a manar otro sistema de irrigación mas regu-
lar y menos complicado, compuesto de multitud de arroyuelos de
un cauce mas tranquilo, por tierras menos onduladas, que alcan-
za hasta el extremo occidental de la Sierra de los Difuntos^ crean-
do ese cúmulo de vertientes otro recipiente mas estenso y pro-
fundo que el anterior en el gran valle que circunscriben los bra-
zos de ese mismo ramal y las costas del Océano.
En él las leves ondulaciones que apenas separan el curso de
0303 copiosos riegos, desaparecen desde las medianias del mismo
I^go en todas direcciones, convirtiéndose en llanuras y prados
que se prolongan hasta la garganta del Itsmo de Santa Teresa^
oprimido por las costas de la Laguna de los Difuntos, creada por
los derrames de la sierra del mismo nombre y las riberas del mar.
En la cima de las alturas donde tienen sus fuentes los prime-
ros canalizos de esa red de vertientes, y también los del India
Muerta en sus faces reversas, que limitan por el occidente el veril
del grande Estero, se levantan varios morros que representan una
altura de 680 pies sobre las aguas del Lago; á la vez, que en sus
inmediaciones, algo mas al Sud, se vén otros, que no alcanzan á
ese nivel, pero que miden 440 pies sobre aquel mismo plano.
La Laguna de Castillos do forma casi circular, tiene, en su ma-
yor longitud del N. O. al S. E. de 1 1 á 12 millas, y en el diáme-
tro opuesto de 8 á 9 millas, con un fondo medio en el centro de
10 á 12 pies en épocas comunes. De bordes altos y firmes en los
contornos del mediodía, no lo son en el extremo opuesto donde
30
234 DrsnRircio?i gf.ográficí del TEnnrronio
las tierras ligeras combinadas con las cilices que penetran alin-
tcrior desde la margen del (océano, dan lugar á que se exparra-
men las aguas en los tiempos lluviosos, y abran un fácil desagüe
por medio de un canalizo correntoso y permanente, cuya barra
sirve de vehiculu para que se comunique el flujo y reflujo de las
mareas que inchan su lecho con los vientos meridionales y hacen
impotables sus aguas.
Al lado de ese desagüe domina un bello montículo de aristas
regulares, al que los navegantes dan el nombre de Buena Vistay y
cuyas faldas se dilatan hacia el Océano formando un cabo ag4ido
y elevado, conocido por la punta de Castillos grandes, rodeado de
pequeños islotes y arrecifes que se internan en las aguas.
iV.
En dirección al Itsnio, los campos presentan una tez uniforme y
nivelada que se pierde en los confines del horizonte, limitado al
oriente por los profundos arenales que oponen una barrera á las
altas mareas del Atlántico; y del otro lado, por la sierra de los
Difuntos f que recostándose hacia sus riberas, estrecha los accesos
de esa garganta y vá á undir sus últimas inflexiones en el impo-
nente piélago de ciénagas y esteros que rodean sus pendientes
por el occidente; constituyendo con los derrames que caen de sus
faces encontradas el hermoso Lago que ha heredado el tétrico
nombre da esas montañas, abrazado en sus veriles orientales por
diversos montículos que le arrojan un cúmulo de pequeños ma-
nantiales y que presentan un conjunto imponente y grave, cuando
no ameno y delicioso, al descubrirse entre la diversificacion ca-
prichosa de esos accidentes la antigua fortificación de Santa Te-
resa, que ocupa á la salida de ese Itsmo una de esas posiciones
privilegiadas que tanto recomienda el arte de la guerra para la
defensa y seguridad de las fronteras de un Estado.
Fundada en. 1753, y perfeccionada su construcción cuando el
DE U REPÚBLICA ORIENTAL DEL IRCGIAY 235
general Ceballos volvía, años después, de sus campañas sobre
el Yacuy y Rio Grande^ esa plaza de armas domina el tráúsito
preciso de ese estrecho, cuya amplitud no excede de 2,500 va-
ras. Sus fuertes y sólidos bastiones ocupan un mamelón que cu-
bre y cruza con sus fuegos las már2;encs de esas barreras natu-
rales, recorriendo ambas, casi paralelamente una extensión d«
mas de 20 millas.
De la fortificación hacia las costas cercanas del Océano, en
cualquiera dirección que se les busque entre el primer y tercer
cuadrante, se encuentra una cadena de densas é intransitables
dunas que solo pueden salvarse siguiendo por la vera de las aguas
en las bajas mareas, ó ya por la.s sendas que de uno y otro lado
,co3tean sus baluartes.
Distan las costas inabordables del Lago mil varas mas ó me-
nos de la fortificación en la menor distancia que alli forma el
Itsmo, prolongándose este 16 á 18 millas hacia el Sud, y 6 á 7
para el Norte. Su amplitud vá siendo. mayor progresivamente
dentro de esos mismos límites.
En su extremo meridional rodeado el Lago de cerros y altas
colinas, sus riberas solo distan de 3á 4,000 varas délas del mar,
pronunciándose alli su entrada, ó angostura^ como la denominan
los habitantes de aquellos lugares.
Esas mismas alturas la circundan por sus costas occidentales
hasta desaparecer en el horizonte vaporoso de esas inmensas cíe-
nagas, en donde encuentra su origen el caudaloso San Miguel^
cuyo curso al Norte termina en el extremo meridional de los cana-
les del Merím.
El fuert3 de Santa Teresa se presenta como una de aquellas
obras de defensa en que la ciencia y el arte ostentan un verdadero
modelo en su línea.
Calculados con habilidad sus fuegos sobre la base del exacto
conocimiento de los variados niveles de los contornos á que de-
ben ser dirigidos, el perimetro de las obras encierra una superfi-
cie de 11 á 12,000 varas cuadradas, en el cual están ligadas, con
23C DESCRIPCIÓN Gi:o(inÁricA dhl Ti:niuTonio
no menos estudio, cinco bastiones capaces de contener 60 piezas
de artilleria, constituyendo el complexo de la obra un pentágono
irregular, cual podría construirse en la diversidad de accidentes
en que abunda esa posición verdaderamente escepcional y única.
Sus perfiles delicadamente tallados en pií^dra de silleria de la
especie granítica^ cortada con arreglo al taluz que en su altura
debe tener la escarpa, dan á las caras y ángulos flanqueados de
sus bastiones una regularidad y solidez propia de la bondad de
los materiales y de la rigurosa exactitud de la construcción.
Con un taluz exterior de 16 pies de altura sobre la perpendi-
cular, las bases de la berma siguen en sus perfiles las irregulari-
dades del suelo cubierto de canteras del gneiss sobre cuyos fun-
damentos se apoya con una luz, ó ancbura, de 14 á 16 pulgadas.
Las crestas do sus cortinas, y los merlones de sus baluartes,
asentados sobre cordones perfectamente tallados, presentan una
altura de 5 j)ies en la faz externa, y de i en la interior, ademas
délas banquetas que las circundan por el recinto.
Los terrados de las cortinas, las explanadas de los baluartes,
formadas y cubiertas con lajas de granito: las hornallas para ba-
las rojas, las garitas, y otras oficinas destinadas al servicio de la
guarnición, independientemente de las demás obras internas,
edificado todo de piedra de talla, dan á las obras una propiedad
y delicadeza en el trabajo que hacen doblemente lamentable el
estado de abandono y sucesiva ruina á que está condenado ese
precioso monumento de la época colonial.
Serian muy altos sus valores si fueran á emprenderse en estos
tiempos trabajos semejantes, que apesar de los muy exiguos que
era probable tuvieran entonces los materiales y los brazos, aven-
turado seria asignarles una cifra menor de la que figuró en el
presupuesto de la antigua Cindadela de Montevideo.
Las obras interiores compuestas de una grande cuadra que pue-
de contener 400 plazas con habitaciones independientes y conti-
guas para Plana mayor y Oficiales: de otra destinada para Hospi-
tal y (iapilla; y de una tercera, para depósitos de guerra y sub-
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 237
sistencias, cubiertas del lado del Norte con un fuerte espaldón
que los garante de los proyectiles que pudieran arrojarse de algu-
nas alturas exteriores, que sin ser dominantes ofenderían proba-
blemente las obras de esa parte de la fortificación.
Este defecto, si tal puede llamarse, emanado del exigUo nivel de
uno de los bastiones del pentogono, es de una reparación poco
onerosa, sin que por ello disminuya el mérito de esa parte de las
defensas.
Construidas de ladrillo y cal, y otras de granito, ligadas con
fuertes mezclas, ofrecen la facilidad de rehabilitarse sin mayores
erogaciones.
Los antiguos fozos que antes formaban una sólida contra-es-
carpa con 12 y 14 pies de profundidad, y 30 á 32 de amplitud,
han sido comblados con los tiempos, no ofreciendo en algunos
parages mas que una insensible diferiencia de nivel que emana
de las canteras que en determinados lugares hicieron muy dificil
las escavaciones.
La entrada principal, con dimensiones adecuadas y con ador-
nos arquitectónicos, está situada en la cortina que defiende la
parte del Oeste, teniendo en la opuesta la oculta puerta del 8ocorr0
de una construcción bien calculada.
Las obras exteriores consisten en dos cortaduras que arrancan
la primera, de uno délos baluartes del Oeste, y termina en la ri-
bera de los impenetrables esteros donde concluye también la La-
guna de los Difuntos. En el espacio que ella recorre se hallan co-
locados dos rebellines que defienden todos sus accesos en puntos
calculados según las alternativas de la superficie para impedir el
tránsito por aquellas sinuosidades que desde los baluartes del
fuerte no pueden descubrirse. Cada uno de ellos es capaz de con-
tener 2 ó tres piezas de posición sostenidas con fuegos cruzados
de los parapetos que forman las cortaduras que los ligan, ha-
ciendo que el tránsito por los flancos de aquella sea muy dificil
estando esas obras en buen estado de defensa sin el empleo de un
sistemado y fuerte ataque para forzarlas. Esta cortadura tendrá
238 DESCAIPCiON GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
en toda su longitud de 700 á 800 varas siguiendo sus diversos
contornos.
La que liga el flanco derecho y que tiene origen en otro de los
baluartes de la cara que mira al mar, acaba á 600 varas en la
cDsta de otra pequeña Laguna de agua potable, teniendo coloca-
dos á distancia proporcionada dos rebellines mas que aumentan
sus defensas.
Este recipiente rodeado de altos médanos está interceptado de
las mareas del Océano por otras cerrilladas de arena que con di-
ficultad pueden transitarse, y cuyas ondonadas no podrían des-
cubrir los fuegos de la fortificación, no obstante que sus avenidas
estén despejadas.
Es de creerse que la movilidad constante de las dunas de
aquella costa ha cambiado ^l aspecto y la condición de esas loca-
lidades, después que se levantaron esas importantes obras.
Aquel pequeño Lago situado á tiro de fusil de la fortaleza pro-
\ée permanentemente de agua á la guarnición y á los animales do
su servicio, ademas de la cisterna que tiene en su recinto.
§ V.
Las llanuras de Caslillos y del Itsmo, asi como los terrenos
cercanos al Fuerte, son de tierras privilegiadas para la agricultu-
ra y pastoreo produciendo abundantes cosechas de cereales, par-
ticularmente los del Norte, adyacentes al grande Estero, cuya su-
perficie está sembrada de alturas y cerrezuelos de un aspecto pin-
toresco, presentando sus costas, rinconadas, ó potreros, de con-
diciones muy valorables para la cria de ganados.
Las tierras comprendidas entre esa posición y la línea divisoria,
que parte del Chuy al arroyo de San Miguel^ muestran igual tex-
tura y condiciones, mejorando en su calidad á medida que vuelve
á estrecharse el Itsmo y se alzan sus niveles hacia el mediodía.
Siendo insensibles los de las costas del Chuy sobre el Océano,
DE Í.A REPLBLtCA ORIENTAL DEÍ. jeni'GliY 239
el tranquilo curso de este arroyo, por terrenos bajos y húmedos,
solo se descubre al acercarse á sus bordes despoblados y bajos, no
obstante, que á mayores distancias sean visibles los altos méda-
nos que rodean su desagüe en el Atlántico.
En las inmediaciones de Santa Teresa algunas sinuosidades sa-
lientes, se internan en el mar, y forman unpequeñocabo llamado
los Castillos Chicos, del que sé desprenden varias isletas y peñas-
cos, en donde, como en el Cabo de Santa Maria, se asilan los car-
dúmenes de focasj que huyendo de los hielos de la Tierra del
Fuego y de los temporales del Sud, ofrecen en ellas una ahu:>
dante pesca en los meses de invierno.
Esas desiertas comarcas que favorece el contacto del extremo
meridional del ^/mm, yla forzosa comunicacian por ellas con
los mercados de la Provincia limitrofe, están destinadas por las
especialidades de su situación á ser con el tiempo, y á medida
que se aumenten los capitales y los brazos, un núcleo de indus-
tria y de comercio de ia mayor importancia. Ligando por un fá-
cil y corto canal el cauce del Chuy con el de San Miguely — que es
navegable á muchas millas arriba de su desagüe en el mismo
lago, — seria incalculable el porvenir de ese litoral predestinado á
imprimir un desarrollo colosal á la agricultura y á la industria,
en tanto que la feracidad de sus tierras auxiliaria poderosamente
el asiento de colonias agrícolas reclamadas con preferencia en las
fronteras del Estado.
Cuando con los tiempos se realicen esas esperanzas con el de-
semvolvimiento progresivo de los elementos que constituyen el
bien estar de los pueblos, se encarará, entonces, la posibilidad
que presentan las condiciones naturales de ese territorio para
practicar una cortadura, ó un canal, que al través del corto espa-
cio que forma la garganta de ese Itsmo, uniese al Océano el ex-
tremo austral del J^ago de los Difuntos^ agotándose por él las in-
mensas ciénagas que lo circundan, y abriendo un puerto exterior
á la navegación fluvial de esa región cruzada de tantos cauces
flotables, que forman una r«d de fecunda viabilidad.
240 DESCRIPCIOiN GEOGRÁFICA DEL TERBITORIO
Entonces, también, se estudiaría la ejecución del antiguo pen-
samiento tendente á ligar la navegación del Merim con esas mis-
mas Lagunas, canalizando sin grandes costos el cauce superior
del mismo San Miguel y los baüados de donde emana, — que son
la continuación de aquellos, — y cuyas corrientes se inclinan len-
tamente hacia el gran Lago.
gvi.
El arroyo de San Miguel dominado en sus accesos por el fuerte
del mismo nombre, descubre sus propias ventajas en la facilidad
de canalizarlo desde su embocadura hasta sus vertientes en los ba-
ñados de Santa Teresa, que son el gran recipiente de las aguas es-
tacionales, y de las que bajan de las elevaciones que la circundan,
robustecidas por las desbordaciooes periódicas de las lagunas que
se ligan con ellas en niveles uniformes por la parte boreal.
Ese mismo fuerte, ventajosamente colocado en el extremo Norte
de la Serrania que lleva su nombre y á 600 y mas varas del paso
principal, que tiene bajo sus fuegos, es un cuadrado cuyos
ángulos están defendidos por cuatro bastiones capaces de jugar
cada uno 6 piezas de plaza, y con accesos escabrosos y precisos
que hacen mas fuerte la posición.
Con obras interiores en el reverso de las cortinas que forman
el cuadrado, pudiendo las unas, prestar alojamiento cómodo á
200 hombres, y servir, otras, para Hospital, Depósitos, Oratorio,
y alojamientos de preferencia, construidas todas de cal y piedra,
ademas de una abundante cisterna que alimenta un manantial
del mismo cerro y el desagüe de todos los terrados, el conjunto
de esta fortificación está construido con arte y solidez.
Las faces de los baluartes y cortinas revestidas con las piedras
que ofrecen las canteras del mismo cerrezuelo, con el carácter de
un granito blanco y rogizo, talladas solamente en el taluz exte-
rior, y ligadas con consistentes mezclas caliceas, presenta bellos
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL BEL URUGUAY 241
perfiles, con todas las condiciones de las obras que se califican
como permanentes en la arquitectura militar.
Dominando el único paso del rio que liga las relaciones de laii
poblaciones del Ytsmo, de una y otra parte de la Linea divisoria,
con las de los campos adyacentes á las costas occidentales del
Merim, y del litoral del Sul, esta situación está llamada áser uno
de los asientos mas preferentes para la inmigración estrangera.
Sensible es que el ruinoso estado en que se encuentran estas
obras haga inrreparable mas tarde su restablecimiento, posible
todavía sin mayores errogaciones. Su conservación seria una ne-
cesidad vital para el resguardo de esa parte importante de los li-
mites del Estado, no menos que de los intereses fiscales, cuya re-
caudación ellas solas pueden garantir por su contacto con los rios
que desaguan en el lago y que forman en él otros tantos puertos,
que serán mas frecuentados y productivos, á medida que prospe-
rando la industria se aumsnten sus produoiones.
gvii.
La sierra de San Miguel que aparece desligada de los ramales
montañosos que abrazan entre sus declives á esa gran cuenca ce-
nagoza alimentada con sus derrames por las aguas pluviales que
no tienen salida en ninguna dirección, corre con diversos giros
entre los radios del tercer Quadraate, desde sus ultimas infleccio-
nes en la fortificación de San Miguel, hasta las sercanias del pin-
toresco 5an Luis (1).
El de la Yndia Muer la, acompañado por su margen izquierda
del mas occidental de esos ramales, desfigura su cauce á las 30
(2) En esa Sierra, que desde su orijen ea el roismo fuerte, costea por el Sud el cun^
del San jMigl'el, se levantan varios cerrezuclos de formas diversas, que miden sobre el ni '
vel del mar, los dos primeros situados al Norte, HO y 170 pies-, j bs que siguen encadena-
dos en esa dirección, 270, 290; y 315 el ma^ elevado, ennocido pir el Carb).nero, distante
nje\e millas v rae«líA de la costa.
31
242 DESCRIPCIO?l GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
millas de sus fuentes, y lo esparrama al llegar al centro de esos
mismos esteros en los momentos en que se desvia esa sucesión de
elevaciones hacia las riberas del caudaloso Cebollaly] pero muy
luego veesé, que en la dirección que traia vuelve poco á poco á con-
centrar sus aguas y á reaparecer mas animado y robusto con bor-
des pronunciados y lecho mas uniform*^; sondando, desde enton-
ces, una profundidad de 8, a 13, pies, — 30 millas antes de su
desagüe en el Merim, — en cuyas sercanias la duplica, facilitíuido
la lentitud de sus corrientes su entrada y navegación hasta esa
altura.
La reaparición de ese canal, convertido desde allí en el rio San
LuiSj es uno de los mas pintorescos y amenos en medio de una su-
perficie imcomparable por la fecundidad de sus tierras, por el
nervio de su vegetación y por las bellas y variadas perspectivas
que se descubren en to Jo su curso engalanado de densos bosques
que encierran maderas valorables, entre las que descoUan con
los laureles y quebrachos ^ las productivas palmeras y yaribazes^ que
en si mismas ofrecen multiplicados atractivos, adornando sus
contornos con un conjunto de situaciones las mas fizueñas y
felices.
ISo seria posible cntreveér y calcular el porvenir que ellas de-
pararian á brasos intelijentes y laboriozos.
A 4™ de su confluencia, le aflnye otro frondozo arroyo que tie
ne sus cabezeras en el extramo occidental déla sierra de 5ayiil//jfMe/,
y que aumenta notablem?nte sus aguas marcando su sonda la po-
siblidad de na^vegardo histo 6 ó 7™. de su confluencia con los
vientos del medio dia (I).
Desde la barra del San Luis, ascendiendo suavemente el nivel
de las tierras hacia las faldas de la montaña, contienen las des-
borJaciones del Lago, obligándolo su extructura, á que sus aguas
»c extiendan y penetren con sinuosidades pintorescas, cuando
(1) Este arroyo llamado antes de la^ Palmas, es conocido actualmente en esa frontera
cr,n la denominarinn de Isl\ Nf.crv.
DE Lk REPÚBLICi Or.IEATAL DEL IKIGIAT 243
reinan aquellos vientos hacia, las tierras bajas que surcan las
corrientes del frondoso San Miguel para formar en su desagüe
unaaucha rompiente, ó ya una ria, que los primeros descubri-
dores llamaron Laguna de Famfa y que tiene el nombre del fuerte
qne se enseñorea sobre todos sus accesos.
El cauce de este Rio, navegable, como se ha dicho, hasta mas
arriba de esa posición, corriendo con sinuosidades variables y re-
pentinas á las que no abandona una selva espesa y no interrumpi-
da, está sugeto, como todos los demás que desaguan en los confines
meridionales del Lago, y aun por sus costas occidentales, á las
alternativas de los vientos dominantes. Con los del primero y se-
gundo Quadrante se llenan sus lechos, retroceden las corrientes,
suben las aguas en sus barras, se desbordan cuando son tenaces,
innundan los valles y praderas, bañan los bosques y crean este-
ros en las vegas cercanas que se evaporan, ó se agotan, conloa
\ientos occidentales que los hacen variar rápidamente, tornando
imposible en algunos la entrada por sus desagües, especialmente
en el del San Miguel^ que solo conserva un hilo de aguas en lo»
Estios, cuando en esas circunstancias, muestra también su fondo,
la misma Laguna en que deposita su cauce.
Desde el San Luis al Cehollaly, las tierras adyacentes á las ri-
beras del Lago ofrecen un nivel uniforme, y aun inferior al de
ellas mismas en determinados lugares mas al interior; y de aquí
es, que sus propias avulsiones, combinadas con las del mismo
Cebollaty y de otros canali/os que le afluyen en ese intervalo, in-
vaden una extensa superficie que la insensibilidad de sus doble-
ces contribuyen á que se estagnen, aumentándose con las lluvias
algunos Esteros mas, ó menos, accesibles que recorren en las épo-
cas de seca los ganados que pacen esos campos.
Las costas orientales, que desde la confluencia del San Miguel
pertenecen ya al dominio del Imperio, y que estrechan con sus va-
riables giros la amplitud del Itsmo, ocupadas con muchas y muy
valiosas propiedades rurales, no están expuestas por su mayor
nivel á esas innundacioncs estacionales, que inutilizan e pasto-
2Í4 DESCRIPCIÓN GFOGRÁriCA VIH TERllITORIO
reo y el cuUrvo de las tierras haciendo imposible su tránsito.
Los campos de esa faja, enclavada entre el Lago y el Oc<:eano,
•on de una vegetación escasa, de tierras ligeras y poco vigorosas.
gVIIl.
Las costas Occidentales del Merim, bajas y explayadas, como
ya se ha dicho, verileadas alternativamenta por algunas dunas
y albardones que oponen una frágil barrera á sus avulsiones, pro-
nuncia en el intermedio de aquella distancia varias puntas, ó ca-
bos, de tierras firmes, que se internan hasta lo mas ondo de sus
canales, sembrados de arboledas y plantas que hacen muy mar-
cable su situación para el derrotero de los transportes que nave-
gan sus estremos meridionales.
Accidentalmente inundadas por las aguas cuando reinan con
constancia los vientos orientales, la vegetación se desarrolla en
ellas vigorosamente; y mas, en las que estrechan la embocadura
del San Luis cubiertas de densos y frondosos bosques, regados
periódicamente con las crecientes de ese hermoso rio, que alcan-
zan hasta mas allá de los valles adheridos á su curso, matizados
con isletas y grupos de arbolados que les dan el aspecto de verda-
deras praderas.
Al depositar en el Lago sus aguas con lenta y tranquila cor-
riente, muchas veces es repelida por el embate desús canales con-
movidas por aquellos vientos, obligándolas á inchar rápidamen-
te y á esparramarse por las vegas vecinas creando en una de
ellas un extenso deposito de aguas manzas y permanentes, que
se comunica con el rio por una rompiente encajonada y profun-
da, circundado por algunos collados, que con sus faldas dulces y
extendidas, pobladas de una galante vegetación, evitan que se
comfundan con la laguna sercana del San Miguel.
De forma circular y de bordes insensibles, ese deposito, lla-
mado Laguna Blanca, mide en su mayor diámetro 3 jjí varas,
DE LA BEPCBLICA ORIENTAL DEL IRUGCJAY 24¿
proximameDte, con una sonda en su centro de 6 hasta 10 pies,
alimentada por las obsilaciones de las aguas del Lago, y por el
concurso de un fuerte estero, con lecho pronunciado, que le aflu-
ye por el costado del sud.
Desde la barra de San Luis la ribera forma una curba prolon-
gada de escaso seno en la que alternando los montecillos de cili-
ce cubiertos de juncos y zarzas con algunos albardones de caídas
suaves, que algunas veces rozan con violencia los canales creando
bordes mas firmes con escarpas bajas y precipitadas, cubiertas
de verdor y de foUages, se llega á la punta de Pelotas^ distante
10™ rumbo directo, al N. 17.** O., y que recibe esta denomina-
ción de un corto y ondo riacho, asombrado de arazáos^ de molles
y Barzales^ en el que se abrigan los buques del cabotaje que no
calan mas de 6, á 8 pies cuando reinan los vientos del primer
Qu adran te.
Esta punta contornea un recodo profundo por el lado boreal
que les ofrece una mejor recalada cuando se encuentran sorpren-
didos por fuertes temporales en el centro del Lago, formando en
seguida otra ensenada igualmente marcada que cierran por el
Norte los perfiles de otro cabo denominado del Magro, distante 3"
del anterior en esa dirección.
Desde él la costa construye otra nueva ensenada mas estensa y
despejada^ de bordes amenos y variados que termina en la pun-
ta de Cehollaty en contacto por el lado septentrional con la embo-
cadura de este hermoso rio, distante de la anterio 6", próxima-
mente, al N. 29 ® O., y que tiene de seno como 2" en su mayor
amplitud .
Esa punta, como todas las que le preceden, se internan al La-
go hasta rozar los veriles del gran canal que gira por su centro
mas, ó menos, equidistante de ambas margenes, sondándose en
el desde 12 á 16 pies de fondo, y algo menos, subcesivamente,
hacia las playas que bordean esos mismos senos por el lado
Occidental.
Desde úSan Li/w^hasta el cabo del Magro ^ su mayor sonda con-
246 DESCniPCION GEOGñÍFlCl DEL TERIUTOItlO
tiauá siempre compartiendo el álveo á 2.™ y 3." de las mismas
riveras con 16, 20 y 25 pies de ondura, conservándose con mía
leve disminución hacia los bordes Orientales, que aparecen desde
alli firmes y elevados, monótono?, y sus accidentes, por la estruc-
tura recta y desamparada conque se enderezan hacia alNorte, no
estando exenta esa navegación de algunos contrastes cuando los
cambios repentinos de los vientos originan alguna perturbación
en los canales.
Algo mas al mediodia de aquella punta, extendiéndose las aguas
hacia las planicies húmedas y bajas déla margen occidental, em-
pieza el Lago áíibrazar un magnifico horizonte, y á com})artirse
su canal en dos grandes ramificaciones de menor fondo y no me-
nos amplias que parecen recostarse simultáneamente á cada una
de sus riberas en sus giros hacia el Sud, ya casi invisibles en ese
paralelo, manteniendo una profundidad variable y subordinada
al influjo de los vientos dominantes aunque nunca menor, en su
término medio, de 14á 18 pies en el que roza aquella margen, y
de 16 á 20 en el opuesto.
De la punta de Cebollaty se mira al N. 26**. G., y á 4,500 de
distancia el frondoso é imponente desagüe de este rio cercado de
bosques y prados de una amenidad incomparable, de vegas pinto-
rescas que sombrean elevadas y obscuras selvas entretejidas y con-
fundidas con las que se levantan en las islas de su hermoso delta,
y en donde la naturaleza repleta de vida y de galas acumula to-
dos sus dones en medio de un laberinto de vegetación que per-
fuma el aire y en que todas sus imágenes reflejan en las aguas
:^eladaspor un tejido de arbolados y de plantas que se alzan des
de el pié de sus barrancos, presentando esas escenas de la natura-
leza un conjunto alhagüeño y magestuoso.
Ese cuadro, nuevo en sus rasgos y matices, se realza con nue-
vas formas y perspectivas al internarse por entre las rompientes,
las vueltas, los recodos y giros encontrados del cauce, que antes
de desaparecer en el Lago, abraza entre sus canales como para
sumerjirlos, ó innundarlos, con sus galas, ádos extensosy corpu-
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL CRlcrAT 2Í7
lentos collados que oprime y rodea por su margen meridional con
brazos robustos, que en la época de las creces se desbordan, rie-
gan y vigorizan su suelo reduciéndolo á exigüuas dimensiones; en
tanto, que el todo de esa confluencia presenta, entonces, una cuen-
ca de aguas mansas y tranquilas en la que asoman como nadando
en medio de ellas las copas mas altas de la selva que gimen, al
parecer, bajo la innundacion sacudidas y combatidas por las cor-
rientes y las olas.
Las vistas que desde el extremo Oriental de ese delta presenta
el Merim en todas direcciones son tan expléndidas como impo-
nentes al contemplarse los atractivos, con que en su seno, como
en sus bordes, está adornada esa deslumbrante sábana de aguas
que rebervera é innunda con su reflexión las llanuras y campiñas
que sus olas agitadas por los vientos humedecen por instantes, y
revuelven mas tranquilas con ecos y sonidos prolongados hacia la
una ó la otra de sus riberas, cuando no tornan á recostarse en el
centro del álveo. La animación de esas escenas silvestres en que
el aire, las aguas, los peces, el cielo y los bosques imspiran inpre-
siones sublimes y religiosas; donde los animales que pacen los
valles y los esteros, y los pájaros do mil colores queo^jacan la at-
mósfera con sus bandadas, parece como que entonaran un himno
de gratitud á la naturaleza, dan á esas perspectivas coloridas ton
tantas bellezas, con tanto brillo y movilidad el conjunto de un
panorama inimitable en sus sombras, en sus rasgos y sus tintes,
infundiendo en el ánimo una dulce y poética meditación.
Después de mostrar el Cebollaíy esa mole imponente de aguas
cristalinas y dulces que le acarrea el incontable número de sus
afluentes desde las colinas, las quebradas, y los cerros que exis-
ten en los diversos paralelos de sus fuentes, distantes como 80™.
de su desagüe, su curso hacia ellas conserva una amplitud de 500
a 600 varas con un fondo medio de 10 á 14 pies hasta las bocas
del Parao y Ullimar^ rios fuertes y correntosos, orillados de bos-
ques, que se le unen casi al fin de su carrera, y sin que ningún
banco, restinga, ni placer interrumpa su curso hasta esa altura.
248 BESCRIPCION OEOGRÁFICA DEL TERRITOniO
poblados de islas, y navegables sin mas dificultad que la que pue-
den oponer las corrientes, que miden de 4 á 6™. de velocidad por
hora.
No pierde el rio esa condicionen el espacio de 30™., aguas
arriba, aunque sea menor progresivamente ei volumen de su le-
cho hasta el paralelo al menos del Godoy y de Baumale, arroyos
que le afluyen por su margen izquierda, y en donde el fondo, cí-
lioso^ en lo general, es profundo en las épocas de las aguas, bien
que en los Estíos disminuya notablemente dando vado por diver-
sos pasos y aumente la velocidad de las corrientes, que en esos
parages excede de 6 á 7™. por hora. Las crecientes en esa distan-
cia suben hasta 12 y 14 pies en las estaciones mas lluviosas.
Los campos inscriptos entre su curso y las costas del mismo
Lago hasta llegar á los límites de las grandes ciénagas del San
Miguel é India Muerta son bajos y llanos, ondulados muy ligera-
mente por suaves albardones que no impiden que las desborda-
cisnes convergentes de las aguas abracen una área considerable,
vivificando las tierras cuyo vigor representa la vegetación arbó-
rea y la densidad y. fuerza de los pastos que dan á los productos
de la ganadería t^ondiciones privilegiadas.
El rio Cebolhti, que debe considerarse como uno de los mas
fuertes del territorio, ofrece en su confluencia con el Lago, el me-
jor puerto de todos cuantos le forman sus tributarios. Sus rive-
ras están destinadas á atraer la población y la agricultura, y á
convertirse en centros fecundos de industria y de comercio.
Las tierras muestran ondas capas mantillosas sobrepuestas á
otras mas profundas en que las gredas plásticas y arcillosas con
la humedad perenne de esos riegos concurren con las esposicio-
nes generales de la superficie áque en ellas sea admisible la acli-
matación de arboles y plantas tropicales, cual lo son en la ver-
tiente oriental, otras industriales del mismo origen, y muy valo-
rables, como la yerba male^ el algodoriy el arrozy la cañOj el tabaco^
d azafrán de esquisita calidad, el sorgho ya introducido y culti-
vado con un privilegio especial.
DE LA RErÚBLICA ORIENTAL DEL ÜRDGCAY 249
§IX.
Siguiendo las margenes del Plata desde el desagüe del Solis
hacia el 2.® Quadranle, ellas forman una curbidad de 5.™ de ex-
tensión hasta la punta llamada de la Sierra adonde terminan las
pendientes del Cerro délos Burros^ de cuyas bases se origina una
restinga que acompaña los perfiles de la costa hasta mas al Oeste
de la comQuenciá de aquel rio.
Desde la punta de la Sierray como 6.™ al S. S. O., se descubre
otra sinuosidad saliente, conocida por del YmaUj que forma la
ensenada, ó puerto, del Ynglés con 18 hasta 20 pies de sonda ser-
ca de sus veriles; viéndose, en seguida, dos puntas mas, la Negra
y la Rasa^ de contornos ásperos y altos, y que reunidas abrazan
3^.™ de extensión, mediando entre unas y otras dos playas lim-
pias y acantilados con 20 y 25 pies de sonda.
Sigue la costa al E. poblada de m danos que penetran hasta las
faldas de los cerros, que, á 10.™ en la misma dirección, se inter-
nan al Estuario, formando el cabo de la Ballena^ que es el extre-
mo Occidental de la rada de Maldonado, pronunciándose entre
ella y la Rasa otra ensenada que toma el nombre de la Laguna que
desagua entre ambas, — el Potrero^ — distante su contorno meri-
dional 4."^ al N. O. de la misma punta, próximamente.
En -esos dos pequeños cabos concluyen, como se ha dicho, los
ezlabones mas ásperos que vienen de la cuchilla Grande, levan-
tándose sobre sus crestas varios promontorios y cerros sercanos
á las costas, como el de los Toros^ adyacente á la margen Oc-
cidental de aquella Laguna, el Cerro Chico, ademas del del Yuglés,
que tanto auxilian con sus demarcaciones las recaladas de los bu-
ques que entran en el Plata.
Desde la punta de la Ballena empiesa aquella ensenada cuyo
perímetro tiene 5.™ de extensión hasta la del Este, que la ciñe
del lado oriental, encontrándose en la parle mas central de las
32.
250 DESCRIPCIO?( GCOGRÁFICA DEL TERRITORIO
colinas que la circundan al interior la cuidad de Maldonado á 1.™
pro\imamente de la playa (I).
La Isla de Gorrirti que se encuentra mas en contacto con la Pe-
nínsula del Este, déla cual está dividida por un estrecho canal, se
prolonga en su mayor diámetro hacia el N. N. O., formando con
la punta de la Ballena la principal embocadura de la ensenada de
lj."de amplitud; desprendiendo del extremo occidental un ar-
recife que se interna media milla hacia el N. O. con 20 pies
de sonda.
Desde esta punta, que es alta y escarpada, cercada de peñas
que han desprendido de sus bases las grandes avulsiones del Pla-
ta, la costa de la ensenada es acantilada y revestida de monticu.
los de arena; teniendo en sus cercanias un foade de 40 á 50 pies,
hasta que á H™ se interrumpe la monolonia de las dunas por ui
arrecife de piedra», desde el cual se prolonga hacia el S. S. O. un
banco rocalloso de 400 á 500 varas deestension. En las inmedia-
ciones de ese arrecife, y hacia el N., se vé la pequeña Laguna de
Franco^ rodeada de terrenos bajos y pantanosos.
La Bahia de Maldonade, abierta por el S. O, tiene su principa\
entrada por él canal Occidental, espacioso y profundo, limitado
por aquel arrecife y la punta de la Ballena] estando reconocido
que su mejor fondeadero es al N. de la Isla, quando su extremo sep-
tenteional demora al S. 22**. O, y la misma punta al N. 70, O, en
donde hay un fondo arena de 32 pies de agua.
El otro canal conocido por la Boca chica^ entre la Isla y la Pe-
nínsula, obstruido por los bancos de Este y de Parker^ es poco
frecuentado por su estrechez y la fuerza de las corrientes, apesar
de encontrarse un fondo de 30 á 38 pies de agua entre el 1 .^ de
esos bancos y la costa; y de 60 á 70, entre el 2® y la Isla.
La punta del Este^ formada en sus confines por un alto collado
(I) Su siluacion domina el nivel déla bahia en 273 pies, según medidas tomadas por
Yngenieros Espafioles.
Algunas cuadras al O. de la ciudad desagua el arroyuelo del Molino, en el cual hacen su
aguada los buques que fondean en esa rada.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL TRIGCAY 251
■
de mas de 1."* de largo, y cuyos contornos pedregosos bañan las
aguas, tiene en su centro extensos medenales que llegan hasta la
garganta de la Península, dejándole una amplitud de 1 200 á 1 30 O
varas. Esas dunas, que rodean los perfiles de la bahia, alcanzan
hasta los comfines de la Ciudad por el lado oriental.
El nuevo faro construido en el extremo Sud de ese collado se
aiza 154 pies sobre el nivel del canal, según medidas tomadas
pir el comandante del vapor francés tVisson» .
Desde el extremo Occidental de la punta se interna hacia las
aguas en dirección del O. S. O. una restinga de 1000 varas de
Isngitud, próximamente.
La Isla de Gorriti de 1.™ de largo de N. á S., y que resguarda
al fondeadero de la ensenada, dista de la punta igual distancia al
N. O. Su máxima amplitud no exede de 6 á 700, varas; teniendo
por el lado del O. un pequeño recodo explayado y arenoso, con
el resto de sus veriles rocallosos y agrios.
Desde 1777, existieron en ella algunas Baterías y Cuarteles que
después fueron abandonados, y que la dominación Brasilera res-
tableció en 825, durante la ocupación de ese puerto. Algunos
vestigios de esas obras indican todavía el lugar que ocuparon
en el centro de la Isla.
Las mareas de esa rada, crecen con los vientos del 2.** Quadrau-
te, y bajan con los opuestos; siendo su dirección ordinaria del N.
O. al S. E. cuando suben, y vice versa, cuando se vacian, l^as
mayores se elevan basta 9. y 10 pies.
§ X».
La Isla de Lobos que se descubre desde 15.™ del exterior está
á la vista de la Ciudad de Maldonado, demorando su centro del
nuevo Faro al S. 43 i^ E., de la cual se separa un canal de 8500
varas de ancho. Su perímetro es casi cuadrilongo, midiendo sus
mayores lados 2500 á 3000 pies, y los menoros, de 2000 á 2300
252 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
hacia el centro de los cuadrantes, con una organisacion toda pe-
ñascosa, de tierras áridas, con veriles ásperos en lo general, y
mas altos en sus extremidades que en su centro.
Del lado Oriental despide una cadena de escollos que se inter-
na en las aguas hasta J" al E., sondándose á su alrrededor desde
38 á 45 pies de fondo.
El canal entre la costa y la Isla, que facilita el paso a los bu-
ques de mayor calado, es correntoso y profundo, con un fondo
medio de 80 á 100 pies.
Desde la punta del Este, sigue la ribera hacia al primer
quadran te formando una curbidad insensible al interior de las tier-
ras con bordes baxos y ciliozos hasta que á la distancias de 5.™ al
N. 57.®E. se encuentra una sinuosidad, baxa también, y poco
saliente, sircundada de piedras, que solo se descubren en las ba-
jantes, conocida por la punta de Maldonado, con referencia al ar-
royo del mismo nombre que desagua entre las restingas que la
rodean.
La de José YgnaciOj ó de Carretas^ á 1 3.™ en la misma dirección
de la anterior, está ligada con ella por una costa recta, baxa y
acompañada de me J anos, que hace asu lado un pequeño recodo,
ó saco, en la parte que mira al Oeste.
Desde esta punta hasta una milla al S. se interna al canal un
placer pedregoso, sobre el cual hay un fondo de 40 á 50* pies de
agua; demorando de ella el extremo Oriental de la Laguna de José
Ignacio, 2 millas al O. 2**. N.- Esa punta, llamada también de Pie-
dras, es peñascosa en sus ext.emos, teniendo á su espalda un mon-
tículo de arena bastante elevado que le hace presentar un frente de
f de milla dividido en dos espigones que desprenden otros tan-
tos arrecifes, uno al E.,'y otro en sentido opuesto, de 1,000 varas
da estension próximamente.
Desde esta punta á la del Este se encuentra un fondo de 50á 60
pies hasta 8 millas al interior del Rio.
Siguiendo la costa en demanda del Cabo de Santa María, dis-
tante 30 millas al N. 65®. E., se halla á 5 ó 6 millas la Laguna
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 2oí>
de GarzoTij á la que está adyacente por el lado Occidental otro pe-
queño depósito de aguas estacionales, llamado Laguna Blanca.
Las playas son limpias y ondables presentando leves ondula-
ciones acompañadas de altos arenales que terminan en el san-
gradero invisible de la de Rocha^ cuya margen meridional, para-
lela a la ribera, solo dista de ella 6 á 7 cuadras, separada por una
costa de dunas explayadas, demorando el Cabo de su extremo
oriental 6^ millas al E.
Desde ella se alza lentamente al nivel de las tierras adyacentes
á la ribera, observándose á las 4 millas, y casi á espaldas del
mismo Cabo una loma elevada, que en sus faldas se comparte en
tres barrancos muy visibles, particularmente el mas lejano del
N. E., invadidos rápidamente por los medanales de la ribera que
alcanzan ya hasta la quebrada mas occidental.
La punta que forma el Cabo desciende de una lomada que pro-
longa sus declives hacia las aguas, internándose como 1 milla al
S. S.E. Es baja y bastante pronunciada, sembrada de dunas que
se convierten en una restinga saliente y pedregosa, rodeada de un
banco de igual textura que se prolonga al Sudde 200 á 300 varas.
Aparecen adyacentes, hacia el N. 40®. E. dos islotes rasos
y rocallosos, distantes 4 á 5 cuadras uno de otro, conocidos,
el mas meridional, con el nombre de Espinosa ó Tuna-, y el
otro, por Isla de la Paloma, formando ambos un pequeño puer-
to y ligados cada uno á dos sinuosidades salientes que demoran
al N. 20®, E. del Cabo, distante la última una milla próxima-
mente.
La primera de esas islas que se levanta muy poco sobre el ni-
vel del agua, es todaciliosa, orillada de rocas y cubierta de plan-
tas y tunales. La otra, que es mayor y que mide 500 varas de
largo y 600 de ancho, está organizada con tierras mas vegetales
y de mayor nivel, despidiendo las dos hacia el E. una restinga
de 500 y mas varas en la cual quiebran con violencia las rom-
pientes cuando reinan los vientos de ese cuadrante. Ambas islas
estrechan la entrada de ese reducido puerto á 200 varas mas ó
254 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
menos; viéndose en medio de la mayor un gran cactus que se
descubre de 5 á 6 millas de distancia.
El reducido fondeadero que ofrecen esos islotes presenta una
forma casi circular de mil y mas varas de diámetro con un fondo
de 1 2 á 15 pies.
Delapuntade/os^7(jfnac/o hasta el mismo Cabo, se sondan 50 y
60 pies, siguiendo la costa ámenos de una milla de distancia (1).
§XI.
A4^ millas al N. 18^ E. del Cabo asoma una punta de piedras
de forma circular, y poco pronunciada, conocida por pwnto Rubia
ódeljRoáeo, que procede en delive de una colina barrancosa y
alta, aplanada en su cima, y de una composición toda arcillosa,
en cuya tez resaltan manchones rojizos de greda plástica quese di-
visan desde muy lejos y álos cuales debe esa denominación.
(I) Muchos de los detalles que consigaamos en este y en el anterior articulo referentes
á los arrumba mieatos y navegación de las costas orientales, están basados en el ya citado
Manual de Navegación de Mr. Boucarut, que es el trabajo mas completo é interesante de
cuantos han aparecido hasta el día, después de haber sido adicionado por los ilustrados
marinos Españoles que han hecho en el texto anotaciones muy importantes.
Los numerosos datos topográficos de esas costas que hemos consultado para hacer
su descripciou, reunidos á^nuestras propias observaciones en diversas épocas, noscon-
firman en la exactitud de esas anotaciones, salvas algunas diferiencios poco notables en
los detalles Topográficos de esa parte del litoral del Rio.
Llega aqui la oportunidad de consignar una observación importante respecto al ver-
'dadero limite oriental de su embocadura .
Los Geógrafos Españoles, qne mas detenidamente exploraron sus costas después del des-
cubrimiento, están conformes, cono lo están otros Geógrafos extrangeros, en la impropie-
dad Gegráfica con que se ha denominado á la pd.nta de Rocha como Cabo de Sant4 Ma-
ría, ó como extremo de la confluencia üel mismo Estuario, desconociendo las condiciones
que reúne las del E|ste de la rada de Maldonado para ser calificada con mas propiedad co-
mo el verdadero.término de su margen septentrional.
Considerada efectivamente la estructura general de las costas, su composición orgánica
y muy parUcularmente, la dirección, que de.>de el desagüe del Uruguay, llevan en su con-
junto hacia el S. E. próximamente, hasta encontrar la del Este, >de doude revuelve caú
un quadrante entero hacia el N. O., se vé de un modo evidente que e-^a^ contorno mas sa-
liente y pronunciado de la margen ixquierda, es el verdadero limite septentrional del Plata.
DE LA REPÍBLir.A ORIKNTAL DEL inCGUAY 25o
Entre ella y el cabo media una playa sin accidentes formando
al ladu de él una sinuosidad entrante y algo circular de f de mi-
lla de saco, después de la cual la ribera, casi en linea recta, apa-
rece muy desabrigada quebrando en ella con violencia las mareas
hasta que se llega á la punta del Polonia^ distante 28 millas al N.
48®. E. del mismo Cabo. Entre uno y otra, y á menos de una mi-
lla de la costa se sondan 50 y hasta 65 pies- Esta punta está do-
minada por un collado cuya cresta mide 132 pies sobre las aguas.
En contacto con esta, hay dos islotes bajos y escabrosos, con
otro mas, distante al E, 2,400 \aras, conocidos por islas de Tor-
res, á los cuales cubren las aguas cuando reinan .vientos recios
del Sud. De los primeros, el mas cercano á la punta, llamado Isla
Rasa, dista muy cerca de 600 varas; y el otro como 900, habien-
do entre ellos y la misma punta, un fondo de 30 y 40 pies. Los
circunda un banco rocalloso que deja entre lo3 dos un estrecho
canal con 14 a 18 pies de sonda.
Desde el Polonio al cerro de Buena Vista, inmediato al desagüe
de la Laguna de Castillos, la costa es mas alta, revestida de montí-
culos de arena que presentan un nivel mas pendiente, sembrados
Y si á eslo se agrega, que el llamado Cabo de Santa María, no es roas que una punta do
médanos que se interna de un modo poco sensible hacia las aguas, y que fígura exigua-
mente éntrelas binuosidades de la costa, que se enderezan desde la de Maldonado deter-
minadamente al N. E., se convendrá con la exacta observación de los mismos Geografosj
dequedebeentendersepor bocadel Rio de la Plata el espacio de mar comprendido entre
el Cabo de San Antonio en la margen meridional y la pinta del Este en la opuesta, dis-
tante una de otra 125 millas al S. 49. ® 40' O, marcada desde esa misma posición.
De niveles mas altos y de tierras mas firmes y consistentes, como que participa de la
organización de los ramales montai\osos que se apartan de la cadena originaria y termi-
nan en contacto con esa misma punta, ella con sus perfiles adyacentes del lado Occiden-
tal, penetra en los canales del Rio hasta tocar casi el paralelo de los 35. ^ , mientras la de
Rocha se recoje ó interna hacia el mediodía 21* á 22".
Y finalmente, ^* sí la salobridad de las aguas, como lo dicen los Marinos traductores de
esa misma obra, fuera el principio que determinará la división ó clasificación de Rio y
de Mar, la embocadura del Plata aun pasaría mas al Occidente de los límites que acabamos
de indicar. Pero el limite de las mareas varia á menudo segnn que el estado del Río seaalto
ó bajo, llegando las agua:) saladas hasta el meridiano de Santa Lucia en el primer caso, y
avanzando las dulces mas al Este en el segundo, en términos de que tal cual vez es po-
table en el puerto de Montevideo."
2t)f) DESCRIPCIÓN GEOCnÁFlCA DFJ. TERRITORIO
muchos de maciegas y juncales, tangentes en general á las mis-
mas playas.
Esa misma punta que dista del cerro 3 millas escasas al N. 9®.
E. está formada por varios peñascos escabrosos desde los cuales
sigue una costa circular y despejada con 25 á 30 pies de fondo
en sus cercanías, y con 50 á 60 á una milla adentro, hasta que se
encuentra con el primer espigón mas saliente de la punta de Cas-
tillos Grandes. Esta punta forma un frontón de 1 milla de largo
deis. O. al N. O., estando colocada en su centro esa montaña,
que mide, como se ha dicho, 210 pies de altura sobre las aguas,
y es un punto de marcación de grande utilidad para las arrivadas
del exterior, tanto por sus formas, cuanto por su contacto con la
ribera.
El cerro de Buena Vista, cuya tez es toda ciliosa y verdecida
con algunas maciegas, pronuncia en sus declives las puntas pe-
dregosas que forman el frontón, y dos mas intermedias rodeadas
de restingas, separadas por playas arenosas de corta extensión
que se internan menos á las aguas, siendo análogas á la sólida
organización de sus bases, y terminando en un montículo de
arena, escarpado por su faz occidental.
Del espigón mas meridional de ese cabo demora al N. 74®. E.
y a li millas de distancia próximamente, el Islote de Castillos, que
toma este nombre de un pedron elevado, que en forma de pirá-
mide truncada aparece colocado sobre un reducido mamelón pe-
ñascoso y despejado que mide sobre las aguas 3 pies de altura.
Al N. de la misma punta próximamente se encuentra otro
islote de menores proporciones, llamado Ysh de tierra, separada
de la costa 400 á 500 varas; existiendo entre ambas un canal
despejado de 40 á 50 píes de fondo; y otro, entre esta y la cos-
ta, de 20 á 30 pies.
Al N. 40.^ O. de la punta mas boreal que pronuncian las
faldas de la montaña, y á 1¿™. próximamente, se halla el San-
gradero de la Laguna de Castillos, formando con aquella un reco-
do, ó arqueo, que se llama generalmente Ensenada de Castillos»
DE LA REPÚnuri ORIENTAL DEL tRlGUAY 257
abrigada de los vientos de los Quadrantes meridionales, y que
presenta un mejor fondeadero en las inmediaciones de esa mis-
ma punta, con 20 y 25 pies de fondo.
Sigue desde ella la costa al N. formando un seno casi imper-
ceptible hasta que decididamente toma la dirección del N. E, ve-
rileada en parto por estensos medanales, altos y tapizados de jun-
cales y maciegas, ó desnudos, en otras, de toda vegetación, par-
ticularmente en las sercanias de la punta de la Coronillay ó sea,
de Castillos — chicos, distante 23 á 24™.
Esta punta rocallosa y árida, adyacente al Fuerte de Santa
Tereza, despide hacia al S. S. E. algunos peñascos, que aparecen
como encadenados quando bajan las mareas, y cubiertos en su
mayor parte, cuando suben.
Desde esas rocas la costa forma una curvidad entrante que con-
tornea un seno de 5.™ de estension y 2, de saco en su centro,
continuando después rectamente al N. E. acompañada de altos
medanales que concluyen en la comfluencia del Chuy — distante
15.™ de la punta de la Coronillay á donde empiezan los limites de
la República por el lado del Atlántico.
gXII.
ObserTaelones Geológicas.
Los collados y colinas, los cerros y montañas que se anudan en
esa cadena áspera y elevada que desprende diversos ezlabones,
mas ó menos prominentes y quebrados, hacia los últimos con-
tornos del Plata, presentan en determinadas zonas una organisa-
cion granitico schistosa de una compozicion quimica generalmen-
te simple, resaltando en otras el gneiss, el quarzo conglomerados
con el seyniíOj la mica y el porphido guarsifero y arcilloso^ y tam-
bién con otras rocas calcáreas de las imfinitas variedades en que
ellas se dividen y entre las que figuran con preferencia los mar-
33.
2)8 DESCRIPCIOn GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
<
moles estatuarios y de adorno, tan comunes en las canteras del
Solis y Pan de Azúcar.
En los terrenos terciarios con que están constituidos los valles
que ciñen los últimos pliegues de aquellas montañas cercanos á
los margenes del mismo Rio y adyacentes á los arroyos Sauce,
San Carlos y MaldonadOy se ha observado que en ellos parecen
también comprenderse muchas rocas de la familia calcárea, con
la greda, la arcilla y otros depósitos superiores á los terrenos
cretáceos, cuyas capas se dirijen horizontalmente; al mismo
tiempo que esas mismas peñas son menos compactas y también
delesnables.
Es en las tierras de esa composición y en otras análogas, don-
de la maza terrosa reúne muchos de los caracteres del Limón Pam-
peano con sus modulas de cimiento calcáreo sin stratifcacion
marcada, y que se estiende hasta las vertientes, no lejanas, de
San Luciay adonde se han encontrado los grandes huesos fósiles
del Dasipus y Tatuguens, y también restos mammiferos que se cree
pertenecer á la especie de los Palmtheruims, y Mastodontes, in-
dependientemente de otros con afinidades positivas á las espe-
cias actuales.
En esos mismos terrenos, como en los aluviones modernos que
orillan los margenes del Plata hasta los confines del N. E., son co-
munes las conchas marinas y fluviátiles sin ninguna analogia
con las que son conocidas como secundarias, siendo muy abun-
dantes los guijarros rodizos entre los capas de tierras ligeras
stratificadas mas, ó menos, irregularmente; y también los conglo-
merados ciliosos y stratas de cilice colocados diagonalmente y cons-
tituidos en una pasta de la misma naturaleza, ó especie de gris
rojo, muy parecido al que se encuentra en los bordes del arroyo
de las Brujas'
En las adyacencias de la Babia de Maldonado, de la punta de
la Ballena, y del pnerto del Ynglés, como en algunos puntos de
esas costas, se descubren varios asientos de concreciones calcali
feras, en medio de las que sobresalen, ó dejan entreverse de cuan-
DE LA REPtfiLIGÁ ORIENTAL DEL IRÚGUAT 2¿9
do en cuando, las capas de un verdadero calcáreo compacto, mas
pesado y consistente, aglutinado con arcillas guarzosas y feldspa-
ticas y granos cristalinos del carbonate de cal. En las alturas con-
tinúan apareciendo siempre pedrones del gneiss y ios schistos
mesclados con menas marmóreas, en que también se encuentra
la mica y el amphiboleo.
Se \ée á la vez en los mismos parajes algunos manchones de
arcilla negra, suave al tacto y compacta cuando se humedece, con
tendencia á endurecerse inmediatamente, anunciando su compo-
sición la existencia dol graphitó terrazo en altas proporciones,
como que fuera el resultado de la descomposición áelgeniss gra¡h
hitosOj que se distingue en los cerros y montañas vecinas.
En las capas calcáreas de los valles y las costas adyacentes á
esas localidades, aparece nna especie de calcáreo lapizado algo
amarillo y desmenuzable, mescladado con una arcilla rogiza que
se asemeja, sino es la misma, á la que entra en la composición
del limón de M. D'Orhigni] tan útil para diversas aplicaciones
industriales, y designad amenté para la valórable comfeccion del
cimiento hidráulico de un empleo indispensable en esa clase
de obras.
g XIII.
Subiendo desde las costas hacia las tierras altas y mas dobla-
das que siguen á anudarse con las ásperas Sierras del Carapé y
las Minas^ se observa que las costras sedimentarias de los valles
y planicies reposan sobre otras mas solidas de los terrenos primi-
tivos que no contienen ningún vestigio de restos orgánicos, repo-
sando sobre grandes bancos del gneiss y graniticos o ya schistoso
que cubren la faz de esas alturas, ó la de esos mismos valles
cuando gozan de situaciones mas culminantes.
En ellos, como en la cima de los montes, aparecen entre las
rocas Ígneas, ya guarzozas, feldspaticas y micaceasy algunas otrai
\
260 tEsciiircio?^ cEocniFicA del TEnñiTonio
con granos cristalinos, como la serpentina el amphiboleo, el fierro
oxidulado y el talco, que muestran en su asociación algunas afini-
dades mas, ó menos intimas ó yá, caracteres repulsivos que los
alejan de su propia aligación.
Esas afinidades y esas antipatías mineralógicas son comunes
en la composición de rocas semejantes, como por ejemplo, en la
del granito donde abunda el guarzOy escaseando en los porphiros,
y siendo muy raro en los tracytos; ó bien, cuando en el amplíbo-
leoy en el feldspato y la esmeralda, ó sea el perídoto, se repelen
mutuamente sus partículas.
Es una creencia muy admitida entre los Geólogos, que esas re-
pulsiones é intimidades son inherentes á la naturaleza, ó compo-
sición orgánica de esas materias, ó bien, el resultadado del esta-
do particular del globo en ciertas épocas.
En las cadenas mas elevadas de aquellas mismas montañas se
'véen en sus crestas y pendientes algunos grupos ó promontorios,
al parecer sin stratificacion alguna, de rocas ígneas en formas
masizas arremedando, por el aspecto de sus aristas, las escarpas
de un muro, los contornos de una cúpula, o yálosperfiles de una
torre. Entre sus grietase hendiduras vegetan arboles corpulentos y
vigorozos. También, signos evidentes y abundantes {\e\manganesioy
minerales ferreos en estado de grande oxidación; asi como de peñas-
cos shistosos, — que parecen muy comunes, — compuestos de (/fiar-
zo y de mica que gradualmente cobran las propiedades del gneiss.
Las rocas ígneas se hallan, a la vez, conformas parecidas en
las faldas, ó en las raices de los cerros y sierras, cuando no en
las ramficaciones escabrosas que de ellos se separan hacia las
cabidas meridionales; presentándose muchas veces con aristas
hendidas, ó con faces planas, en los cuellos de los montículos y
colinas de un alto nivel sobre las aguas del Plata y del Océano,
especialmente en los que se internan por entre los giros de los
arroyos San Carlos y Maldonado.
Al estudiarse con alguna calma la epidermis de esas monta-
ñas, se comprende, desde luego, que las mazas Ígneas cuando
t)C LA REPÚBLICA OBIEMAL DEL (JHt'tiUAY 261
};areeen enclavadas en terrenos sedimentarios de antigua forma-
ción, su stratificacion se muestra cru^.ada por menas, ó vetas me-
tálicas de profundidad variable que recorren grandes espacios;
y que cuando los mismos sedimentos adquieren mayor espesor,
se nota en algunos parajes que los granitos, considerados como
las mas antiguas de las rocas ígneas quedan cubiertas por sus
capas, ó disminuyen sus apariencias externas.
En los tramos montañosos de Castillos, de las Animas, de San
Miguel y los Difuntos, el granito se presenta en muchos parajes
con las propiedades del gneiss, como resultado de la colocación
de las laminas de la mica en sentidos paralelos y en una misma
dirección, con colores argenteados, verdes ó negruscos, siendo
en ellos algo común el gtiarzo de granos grizes ó blancos.
Los revestimientos de los baluartes y cortinas de las fortifica-
ciones de Santa Tereza y San Miguel, están construidas con el gra-
nito de esas montañas.
En otras rocas de esas cadenas desaparece la mica y se presen-
ta el granito graphico^ en el que los granos de guarzo son un tan-
to cristalinos, encontrándose, también un guarzo negrusco y
duro que se extiende en capas profundas.
En las rocas graniticas de la Sierra de los Difuntos, parece en-
treverse una composición syenitica en que la mica es reemplazada
por feldospatos de colores que le dan una bella apariencia.
Algunas rocas porphiricas que se vén entre las schistosas y gra-
níticas en los ramales montañosos que se internan por entre los
giros del Maldonado y del Solis, encierran, según creemos, la
ágata guarzosa con listas verdosas que deven proceder del oxido
cobre, cuyo mineral no puede ser estraño en esa composición,
cuando en el porphido quarzífero se han notado iguales vetas.
En los llanos y planicies, las tierras tienen una composición
vigorosa alimentada por la aglomeración constante de restos ve-
getales y animales que acarrean las corrientes que bajan de las
alturas, particularmente en las costas de los rios donde los limos
y stratas las robustecen con agentes mas poderosos.
262 DESCRIPCIÓN CEOGRÁFia DEL TEKRlTORtO
Asi es, que la vegetacioa arbórea, es frondosa y galante, desar-
rollándose lujuriosamente y en proporciones prepoces las plantas
y los granos, especialmente los cereales.
Las capas mantillosas en esas localidades tienen considerable
espesor, cual se observa en las escabaciones y en los barrancos
de las riberas, y que en caso de cultivo seria necesario reprimir.
En las faldas de los mamelones y collados su consistencia es
menor, descubriéndose, muy luego, otras capas gredaceas con-
vinadas con la arcilla y con calcáreos de un espesor variable y
mas ó menos compactas.
Acercándose áesas bollas, ó cuencas, de aluviones que acom
pañan las costas del Plata, las tieraas son mas ligeras, y ciliosas,
notándose algunos depósitos arenáceos marinos compuestos de
pequeñas conchillas y desús fracmentos, aglomeradas por sustan-
cias calcáreas, representando todas las condiciones de los terre-
nos terciarios.
La variada organisacion Geológica de esa zona tan ventajosa-
mente preparada para admitir la mejor parte del catalogo de las
produciones industriales mas valorables, exigiría estudios muy
serios para apreciar en sus imíinitas variedades las sobresalien-
tes condiciones de que está dotada, particularmente de sus
propiedades mineralógicas de que tan solo podemos consignar
algunos ligeros detalles obtenidos en observaciones fugases ó
pasageras.
DI LA nEPUBMGA ORIENTAL DEL IRUGLAY
263
§XVI.
P08ICI0MES GEOGRÁFICAS.
Centro de la Sierra de las Animas. . . (*)
Cerro de Pan de x\zucar (a)
Punta Negra, entre la Punta Rasa y la del
Imán (b)
Ciudad de Maldonado, (La Torre). ...(*)
Punta del Este, (nuevo faro) (c)
Isla de Gorriti (antigua batería) (d)
Isla de Lobos (antiguo faro) (e)
Villa de San Carlos (atrio de la Iglesia). (*)
Cerro de Carapé (f)
Morro de la Silla-Chica (f)
ídem de San Ignacio (rj
Cabo de Santa Maria (g)
Bajo del Polonío (en el centro) (h)
Isla de Castillos Grandes (i)
Cerro de Buena Vista (k)
Cerro de Chafalote (1)
Cerro de Navarro (rj
Fuerte de Santa Teresa (*)
Pico mas alto déla Sierra de los Difuntos (*)
Barra del Chuy (primer marco divisorio) (*)
Paso principal del mismo arroyo (2<* marco) ()
Id". Id", del arroyo San Miguel(3«'' marco)!*)
Fuerte del mismo nombre f)
Confluencia del arroyo San Miguel en la
Laguna (cuarto marco) (*)
ídem del Rio CcboUati, en idera, (extremo
Süd) O
Latitud austral
34^ 45' 00"
34" 47' 40"
34' 54' 30"
34* 54' 50"
34» 58' 20"
34 55' 42"
35» 1'30"
34» 47' 50"
34» 39' 00"
34» 31' 30"
34» 32' 30"
34» 39' 00"
34° 27' 00"
34' 20' 50"
34» 21' 12"
34» 19' 30"
34° 6' 00"
33» 58' 56"
34» 5' 30"
33» 43' 10"
33» 39' 52"
33» 39' 40"
33» 40' 00"
33» 34' 13"
33» 9' 10"
Longitud occi-
dental del me-
ridiano de
Grcenwich.
55 17' 16'
55- 10' 12'
55 41' 16"
54» 57' 38"
54» 56' 30"
54° 59' 48"
54» 53' 40"
54» 53' 25"
54» 55' 16"
54» 28' 38"
5 i» 38' 38"
54o 4'38"
53» 47' 8"
53» 43' 16"
53» 45' 28"
54° 50' 38"
53» 50' 38"
53» 34' 6"
53» 44' 58"
53» 25' 5"
53^ 28' 42"
53° 34' 6"
53» 38' 10"
53» 34' 10 "
53 ' 40' 55"
264 DEscnipr.io?( geográfica del TEnntTonio
NOTAS.
(a) El Manual de Navegación lo coloca en latitud S. 349 48' 30''
y en ó59 12' 16 de longitud.
(bj Según las Cartas Españolas de 831 y 1837.
Las Francesas de 1831, en 34? 46' 50"; y 55? 42' 45" ídem.
Las Inglesas de 1857 en latitud 34? 47*00" y 55? 42' 30"idem.
(c) Ideal, Ídem. Esta situación es la que se le ha asignado ofi-
cialmente por la Capitania del Puerto.
El mismo Manual de Navegación refiriéndose á observaciones
de 1803, en el lug¿ir que ocupaba entonces el Cuerpo de Guardia,
establece esta punta en 34? 57' 42" y 54? 55' 6" long.
Las Cartas Francesas de 1831, en 34? 57' 20" y 54? 58' 37' id.
Las Españolas, en 34? 57' 40" y54> 48' 38" idem.
La Carta de la República le dá la misma situación que la de-
terminada por el Depósito Hidrográfico de Madrid, que era la que
Reconsideraba de mayor confianza cuando se dio principio á su
construcción por el autor en 1831, y que últimamente ha sido
rectificada por las cartas Inglesas conocidas en 1859, y las obser-
vaciones del comandante del Visson á principios de 1860.
(d) Manual de Navegación — En la misma Carta de la Repú-
blica, la Isla está situada con arreglo á la posición Geográfica que
asignaban ala punta del Este las del Instituto Español; y se ob-
serva, en cuanto á la longitud, que el texto del mismo Manual, asi
como las cartas Francesas é Inglesas, hacen pasar el Meridiaue á
6' y 8' mas al O. que el que aquellas determinan.
(e) Esta situación es la que designan en cuanto á la longitud
el dicho Manual y las Cartas'Francesas; encontrándose conformes
con algunos trabajos recientes no conocidos en aquella época.
El Sr. Oyarvide, autor de las sondas del Rio de la Plata, coloca
la Isla en latitud 35? T 18" y en 54? 50' 40", longitud.
La carta del Almirantazgo Inglé> de 1857, en 35? 1' 40" y en
54? 52' 15".
*► El Manual de Navegación y las Cartas Francesas de 1831, en
359 00' 51" y en 547 53' 40'-
DE Li REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 265
Estando conformes todas esas observaciones, con leves diferen-
cias, en cuanto á la distancia del Ecuador, se comprende que las
que aparecen en las distancias del Meridiano de comparación,
ó sea en las longitudes, deben atribuirse esencialmente álos mé-
todos empleados para determinarlas y al estado de subcesiva per-
fección áque han llegado los relojes marinos y los instrumentos
de reflexión.
(f) Manual de Navegación.
(F) ídem idem.
(f) ídem idem.
(g) Cartas Españolas. — Las Comisiones Hidrográficas de la
misma nación por observaciones hechas en 1804, sitúan el Cabo
en latitud 349 31' 14", y en 54? 8' 38".
El Manual de Navegación y las Cartas Francesas en 34? 39' 1"
y 56? 9' 37".
Las Inglesasen 34? 38' 30", y 54?9' 1".
(h) Cartas del Depósito Hidrográfico.
(i) ídem idem idem.
Las Francesas y el Manual, en 34? 24' 30", y 53? 40' 57".
La del Almirantazgo Inglés, en n4?25' 00" y 53? 38' 00".
(k) Oyarvide.
(I y Y) Manual de Navegación.
(*) Las situaciones que llevan esta señal fueron determinadas
por la Comisión de Límites déla República, en 1853 y 1853.
Según las observaciones del Sr. de Mouchez comandante del
vapor Visson, el centro de lalslade Lobos está situada en 35? 1' 47'»
y 54? 57' 7".
La punta del Este de Maldonado (nuevo faro), en 34? 58' 15" y
54? 58' 23".
La de José Ignacio (en la altura), en 34? 50' 58", y 54? 39' 24".
El Cabo de Santa Maria (idem), en 34? 39' 42", y 54? 10' 23".
La punta del Polonio (idem), en 34? 26' C" y 53? 48' 25".
El Cabode Castillos (sobreelCerrodeBuena V¡sta),en34?2r 19"
y 53? 48' 23.
34.
266 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
Estando en esas observaciones espresadas las longitudes solo
por las diferencias en tiempo con referencia al Meridiano de Mon-
tevideo, hemos calculado los que resultan con relación al de Gre-
enwich, bajo la base de que la longitud Occidental de esta ciudad
es de 669 13' 25".
Las diferencias en tiempo, marcadas por dicho Astrónomo, son
para la primera de esas posiciones de 5' 18", 4 Var^^.al N. E. 12?
Para la segudda 5' 2" 6.
Para la tercera 6' 17", 2.
Para el Cabo de Santa Maria 8' 14", O, Var. N.E. 109.
Para la quinta 9' 40", 2. idem ydem 8? 35'.
Para lañltima9' 42", 2. -
Estos importantes datos, que contribuirán á perfeccionar la
Geografía de las Costas de la República, los debemos á la ca-
ballerosidad del señor Almirante Vizconde de Chavannes, que co-
mandó últimamente la Estación Francesa en el Plata, y á la cual
pertenecia el vapor Visson.
CAPITULO XIH.
•
TERRITORIO DEL REPARTAIHEÜITO DE HUVAS.
CADENAS DE ELE¥A€IONES«
SUS CERROS, SUS RÍOS T SUS RéSf|IJES.
ACCIDENTES NOTARLES DE LA TOPOGRAFÍA DE ESA SECACIÓN.
CALIDAD DE SUSTIERRAS. SUS PRODUCCIONES.
ORSER¥ACIONES GEOLÓGICAS,
CUADROS estadísticos.
§ I
Al cruzar hacia el mediodía las Sierras del Carapé y Minas pa-
'ra entrar en los campos mas ásperos y doblados de la vertiente
oriental, la imaginación se sorprende y maravilla al descubrir
el cúmulo de paisages que en todas direcciones presenta el
prolongado laberinto de derrames que se precipitan con violencia
hacia los valles para formar con el potente ingreso de sus aguas
los frondosos rios del Cebollaty y Ulimar convertidos desde en-
tonces en otras tantas arterias repletas de vida, alimentadas por
una red de irrigación, tan vasta y enrredada, como lo son los
movimientos ondulados del suelo impresos por las ásperas coli-
nas, por los promontorios, por los cerros que se presentan aisla-
dos, 6 ya anudados con ramificaciones de collados, de lomas y
oteros, sobre las que aparecen, muchos, como solitarios y desli-
gados, dominando las planicies que se abren en sus pliegues,
con faces rocallosas y desnudas, cuando no poblados con plantas-
con musgos y follages..
Después de bajar las vertientes de esos rios de aquellas ele-
vaciones y organizar sus lechos en espacios menos inclinados^
cruzan silenciosamente, entre tupidas selvas, por llanuras de una
268 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
naturaleza rica, escalonadas gradualmente, y engalayadas con
una exuberante vegetación.
Las crestas de la Cuchilla Grande, flexibles en todos sus pla-
nos , presentan con relación al cauce de los rios una bajada gra-
dual y considerable, precipitada unas \eces, suave, lenta y uni-
forme en otras, que se extiende por el espacio de 80 á 90 millas,
desde una altura media de 1,900 á 2,000 pies sobre el nivel del
Lago Merim donde reunidos todos afluyen. Tal es, próximamente,
sa altura sobre las aguas del Ocoeano, casi tangentes á las ribe-
ras meridionales del mismo Lago.
Otro de los tramos que en forma de contrafuerte se aparta de
ellos, y que por su acritud recibe el nombre de Asperezas del Aj/-
gm al internarse entre su curso y el del correntoso Alférez, enrri-
queciendo á ambos con arroyuelos veloces y torrentosos que se
precipitan de sus laderas, muestra despeñaderos escabrosos y
profundos entre los distintos ramales que se deslizan hacia el le-
cho de esos rios con una textura idéntica y un volumen variable.
La altura media de estas Sierras en su nexo con aquella es de
1400 á 1600 pies sobre el plano de los valles cercanos.
En los mas altos, como en los mas depresivos del Ayguá y del
Cebollaty los resultados precoces de la producción, apesar de los
débiles cuidados que recibe de una agricultura atrasada, eviden-
cia la fertilidad de sus tierras, el vigor de sus pastos y hervazales,
como la robustez de sus selvas, prestándose las variedades favo-
rables de la superficie para la cria de los ganados lanar y cabrio
que se multiplican de una manera notable. Parece a primera
vista que la feracidad de esos campos tuviera el privilejio de
ahorrar al ganadero y labrador toda labor personal para consti-
tuir su bien estar.
Donde la fuerza productiva de las tierras presenta signos mas
visibles es al llegar á la confluencia de aquellos rios, y particu-
larmente á la del Ulimar, en que las suaves sinuosidades de los
mismos valles parecen casi imperceptibles, aunque esté contas-
tado que su inclinación no sea menor de 50 pies por milla, en la
3a Ll ^fl'IdaUCA OHIENTAL DEL UñUGUAY 269
distancia que media entre su origen y las margenes de los cauces
donde acaban, remotas mas 6 menos, 30 á 35 millas.
Allí las espesas costras de los glutenesy limos que depositan las
crecientes miden 20 y 30 pulgadas de ondura hasta encontrarlas
arcillas y las tierras plásticas que se alternan mas abajo con las
calcáreas. Los bosquesy los piñones sombríos de arbolados disemi-
nados al lado de los rios, en el fondo de los despeñaderos, en las
escorpas de las laderas y barrancos, o yá sobre las cimas de los
cerros y en la de albardónes escabrosos en que sobresalen las co- .
pas de los yaribazes y guayacanes, de los laúreleSy tarumanesy
saiiceSy mecidos por las briras de una continuada primavera,
hacen tan amenos los accesos a esos rios y la presencia de los
prados, como incomparables son los golpes de vista que dibuja
todo es compunto de bellezas solitarias y agrestes.
Las montañas que se dilatan por la margen del Alferes divi*
diendo sus aguas y las del Yndia muerta^ terminan en la unión de
aquel con el Cebollaty^ en donde toman el aspecto de una serrilla"
da baxa, extensa y ondulada, llamada vulgarmente Sierra de las
Averias, complicada en su estructura, de fisonomía austera y árida»
que vuelve á asomar en la margen opuesta mas elevada y esca-
brosa estrechando entre uno y otro de sus brazos el lecho de la ri-
bera que rompe con violencia y con estrepito por entre sus abras
encajonado por altos farallones cabados á pique por las corrientes-
§ ".
Siguiendo con dirección al Norte las tortuosas cimas de esa
cuchilla desde el momento en que ella se emancipa de las obscu-
ras montañas del Carapé, los alicientes de nuevas eccenas se di"
latan por un horizonte de limites indecisos cuando se dirijen
las miradas por sus cachidas occidentales hasta descubrir los
alegre^ contornos de Santa Luciay que empieza alli su carrera
fuerte yá del tributo con que componen su álveo el sin numero de
270 DESCAIPCION GEOGRÁFICA DEL TEERlTOniO
vertientes que serpentean presurosas por entre llanos, pendientes
y quebradas de un ambiente húmedo y fresco, asombradas por
montes y montecillos de ligeros ramajes, de arbolados y plantas
mas ó menos densos. La novedad de su conjunto, animado del
esplendor del cielo y de la riqueza de la tierra, que aun no puede
llevar el sello de la animación y del trabojo, muestra tristemente,
como otras situaciones bellas y precoces, la distancia que aun
las separa de la cívilisacion y de la industria.
En aquel núcleo, donde tiene su origen el arroyo de San Franr
cisco primera vertiente de ese Rio, y que fertiliza las campañas
que circundan á la aventajada Villa de Minas colocada en sus ori-
llas, se sobrepone un morro de anchas bases, llamado el Pelado ^
por la desnudez de sus faces revestidas de laj as quarzosas y
schistosas qiie se ligan con otras mas profundas de las quebradas
vecinas (1).
Bajando desde ellas rápidamente hacia los pequeños valles que
alcanzan hasta la feraz dehezade aquella población, se ven al lado
de esa misma vertiente otros dos cerrezuelos, — el Campanero y el
BrimanCj de perfiles y aristas mas alegres, de proporciones exi-
guas, y con una vegetación apocada que diversifican y sombrean
á esas hondas planicies.
Volviéndose desde alli á las fuentes, no lejanas, de otro arro-
ynelo, — el Campamento^ — el suelo se vá alzando de un modo sen-
sible hasta tocar con dos grandes mamelones de aristas anchas y
planas, de cabidas lentas y dilatadas, que se ligan con las de la
cuchilla Grande que pasa á su vista. Estos promontorios son co-
nocidos desde antiguo tiempo con el nombre de los Penitentes^
emanado seguramente de la creencia que abrigayan sus habitan-
tes de que en sus cavernosas quebradas habia apariciones de
ese carácter.
Ygual denominado recivieron dos morros mas, distantes lO"
(1) Su altura sobre el nivel del Plata, según antiguas observaciones, es de 2050 pies,
próximamente.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 271
al medio dia, sitaudos sobre la costa de otro pequeño afluente de
aquel mismo rio — ^los Perdidos^ — y que aparecen con una altura
superior á los otros, poblados de foUages^ y con aristas regulares
y lisas, que les dá las formas de verdaderos conos levemente
truncados de una altura de 500 á 550 pies sobre los llanos que
los cercan.
Siguiendo las adyacencias de aquella arteria descubreensé mas
lejos dos cerros de diferente aspecto y magnitud, colocados, el
uno, en las vertientes del arroyo del Metal, afluente también de
Santa Lucia, conocido por el Cerro Largo-, y otro, mas al N. O.,
en uno de los manantiales de ese curso de agua que tiene su pro-
pio nombre.
El Cerro Largo justiñca por sus formas esa denominación, apa-
reciendo, de un lado, con laderas tajadas á plomo y por los de-
mas, con cabidas, prolongadas y unidas, surcadas por derrames
que descienden con Ímpetu á los llanos donde forma su cauce
aquel arroyuelo.
En medio de esas amenas campiñas, ricas en sus propiedades
geológicas y vegetales, rodeado de ese bello conjunto, donde la
pastura se acrecenta sin esfuerzos, y en que la agricultura y hor-
ticultura se encuentran en condiciones mas felices, está edificada
la Villa de Minas, con 1700 habitantes, próximamente, sobre una
traza de forma y dimensiones parecidas á las de los pueblos ve-
cinos, con una población laboriosa y activa que la conduce rápi-
damente al desarrollo de sus intereses materiales, recuperando
cada dia lo que le hicieron perder las conmociones internas que
tanto la retardaron .
Reúne muchos y muy buenos edificios de una arquetectura
moderna, y mantiene los necesarios á la educación primaria, á
su adminisfracion interna y al culto; mostrando su sociedad las
costumbres, la educación y las maneras de un pueblo civilisado,
moral é industrioso.
!Í73 DESf.RIPCION CEOGBÍFICA del TERRlTOmO
§ 111.
£1 aspecto de esos campos muda de condiciones al volver la
vista hacia los declives orientales por donde corren el Malbajar y
el Ayguáj velados por montes que al parecer levantan sobre ellos
una mampara sombria que los presenta como en un conjunto, yá
triste, ó yá misterioso, estrechados por un sistema de escarpas de
peñas enrriscadas que vienen desde los doblezes mas profundos
de las moutañas entre las pendientes herizadas de rocas talladas
de una manera bizarra y en cuyas grietas, ó hendiduras, cuelgan
plantas trepadoras y sexatiles de hojas lanceoladas con flores sal-
picadas de diversos colores, que se enlazan con malas y arboles
vigorosos que las tapizan con sus follages, ó con sus frutos
silvestres.
En ese vasto horizonte en que nada que sea árido puede entris-
tecer sus panoramas, se observa que al rededor de ciertas alturas
se agrupan otras como especie de satélites que extienden sus fal-
das hasta eliminarlas en los valles, de formas y proporciones va-
riables, ceñidas entre ellas, y sin salida algunos, que tienen por
vehiculo. con otros mayores y mas cercanos, los canalizos, ó los
rios, que corren tranquilamente sin que nada los detenga en su
camino con lecho angosto y profundo, regando el pie de esas flo-
restas y llevando la fecundidad y la abundancia á los terre-
nos bajos y húmedos adheridos siempre á sus comfluencias.
Entre las asperezas donde nace el Malbajar se alza un cerro,
truncado y desnudo, con pendientes extendidas y agrias, que
muestra una altura de 490 pies sobre su planta; y mas abajo de
su curso, otro cono mas complecto, menos alto y cubierto de ar-
boledas, con aristas pendientes, que tienen la denomidacion de
ese mismo rio, distante 5™. alN. N. E. del 'anterior.
Quando el horizonte está despejado, se divisan desde él las
cimas de los dos cerros de la Águila enseñoreándose en la gargan-
DE LA nEPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 273
ta del Valle de Gómez, 14". al N. E; de figura amogotada, con
faldas menos dobladas y con una altura de 420 pies sobre sus
bases.
Acercándose por el mediodía alas riberas del Cebollatyy seencuen
tra próximo á la margen derecha del frondoso arroyo de los 7a-
pes un morro acilindrado en sus formas, bastante elevado y de
cortes agradables y llenos de verdor, á la vista de otro de igual
textura y menores proporciones quebordea con sus extensas la-
deras su desagüe en el mismo rio. Desde ese lugar empiezan á
gozarse de las deliciosas perspectivas que se descubren en el fondo
de aquel valle (l)atravesadopor manantiales cristalinos, que cor-
ren sobre un acolchado degramineasyplantasodorifícassalpicados
de ramilletes de Aegetacion y de arboles apiñados y aislados, que
en forma de sotos, se apartan de la espesa y ancha selva del Ce-
bollaty^ cercada de tierras de una feracidad incomparable.
Otras impresiones de un carácter menos grato preocupan al
observador al volver las miradas en opuesto sentido y divisar al
lado de los giros de la Cuchilla Grande otro laberinto de montí-
culos y colinas escabrosas, con declives precipitados y obscuros
surcados por numerosos arroyuelos que muy luego se unen en un
solo cauce, variable y rápido, vulgarmente llamado Barriga Ne-
gra, uno de los mas fuertes afluentes del Cebollaty.
En el fondo sombrío de esas imponentes asperezas, nombra-
das de PolancoSy y en los últimos declives de sus despeñaderos y
barrancos, donde los canalizos calman la rapidez de sus corrien
tes, vegetan á sus bordes algunos grupos de arbolados corpulen-
tos y frondosos que ostentan una vegetación secular, y que se
desarrollan como en un verdadero invernáculo, gozando del am-
biente cálido y húmedo de esas cuencas profundas, tapizadas de
pastales y gramiiieas,
En los tramos orientales de esas escabrosidades por cuyas fal-
(I) Llamado, Valle ms la LorenciTa.
34.
17 í T)Eí>*tipr.ioN GrociíÁrioA dkl TEnnrronio
(las corre el arroyo de los Talas.^ que afluye ¡nmcdiatomeiite en el
anterior, se pronuncian varios mogotes y prominencias mas, ó
menos regulares, que los habitantes denominan losSíeíe hermanos^
con referencia á un número igual de arroyuelos que brotan de
esris ondulaciones y de los demás accidentes de la Sierra, cor-
riendo en una misma dirección casi paralela.
La Cuchilla Grande desde allí sigue alzando sus crestas cada
\ez mas hacia el medio dia, manando otro cúmulo de corrientes
que se adunan en los canales del Godoy^ del Nico Pérez y Benitez
para formar en seguida el cauce del Cebollaiy, que ya se mues-
tra ondo y ceñido por escarpados barrancoj, orillados de bos-
ques frondosos, dominados por tupidos palmares y yatahys, y
que en algunos paragcs se extienden hasta las \egas que baña
con sus desbordes imprimiendo al suelo una gala remarcable,
atestiguada por las abundantes cosechas de cereales que cultiva
alguno que otro poblador de esas verdaderas praderas.
La suncrfieie advacenteá esos mismos descensos orientales de
aquella cadena, es de plannos tan variables y de movimientos
tan encontrados, como multi|)licadas las esposiciones que se
adaptarían felizmente para el cultivo de muchas plantas indus-
triales, ya ensayado con suceso, como el de la yuca^ del tabaco y
de la yerba mate, que se produce expontáneamente en los montes
del Cebollaty y VUmar.
En las vertientes del Godoy está situado un cerrezuelo que lleva
ese nombre y que por su posición descubre las ondulaciones de
ese vasto horizonte hasta las llanuras que se abren entre las úl-
timas sinuosidades de aquellos afluentes.
A las 30 millas de las quebradas de Polancos, se aparta del ca-
mino de la arteria matriz otro contrafuerte de colinas, que se en-
caminan directamente hacia la montaña de las Averias, tomando
un aspecto mas grave y desnudo al dar origen á las aguas del
Benitez por el Sud y del Guíierrez por la faz opuesta, adunde
sus escabrosidades reciben de uno y otro ludo el nombre de
Sierras de Lhtillan y Sepulturas. Los morros y dobleces de es-
DE LA IIEI'IBUCA OIllKMAL DLL tiaULAY 275
las Últimas, ea cuyas ciinis S3 eii3aQ:itran t)lavii algaajs en-
terratorios de los extinguidos Minuanos, presentan una fisonomía
velada y tétrica, coa elevaciones mas notables, que descubren hasta
los llanos que costean las aguas del Cebollaty^ no obstante que en
sus ondonadas ybajios así)mbrados y zureados por manantiales
cristalinos, los árboles y las sombras, las cascadas y la dulzura
del ambiente, cambien de improviso esas escenas.
Las asperezas de UsHllan, ó de Denitez^ no ofrecen variedades
ni cambios tan frecuentes, apareciendo sus colinas y los cerros
mas luminosos, menos altos v mas desdoblados de follac:es; bien
que de ellas manen tantos, ó mayor númi^ro de arroyuelos, que ser-
pentean reunidos con el nombre de Piranga por una floresta en-
fijalanada con una rica vefijetacion v cu donde la robnslez de la
pastura fiworece el desarrollo de los ganados, mientras que sus
densas arboledas abrií2r:ui una caza abundante y de bellísimas
variedades.
Muy cerca del núcleo de aqu; I contra fuml % que dá origen a las
aguas del Ulimar y por las cabidas del Sud á las del Nico Pérez,
asoma un morro de perfdes cónicos, — que time su proi)io nom-
bre — poblado en otro tiempo de montes espinosos, pero que aun
conserva en su extensa gola algunos bervarales y una i>.or\iosa
vegetación fecundada por el oxido del mangaucsio que filtra por en-
tre las grietas de sus rocas ferruginosas.
Presenta faldas prolongadas y ásperas con muy poca elevación
sobre el suelo, aunque algo considerable con relación al nivel del
Occeano, comparada con las doma? alturas cercanas.
Siguiendo el curso de ésos manantiales del Ulimar aparecen á
7^ y 8™. al N. E, dos prominencias semejantes en sus formas, lla-
madas cerros de Yllescas^ truncadas irregularmentc en sus crestas
y de cabidas regulares, eceptuando las que miran al Norte, que
son agrias y pendientes, pobladas de talas tj espinillos.
Desde estos mismos cerros se vé á las 6™ N. N. E. el eonoci(!o
por de Monzón, alto, cónico^ lleno de f jllages y algo semejante
27C DEscairciON geográfica del TEnniTonio
á otro que aparece á las 10"> al E., mas elevado y despojado de
verdor, coa aristas escabrosas y faldas mas uniformes.
Á igual distancia deese morro, próximamente, sobre los bordes
del Averias, se eleva un montículo de cuello peñascoso, cuyas la-
deras rozan las aguas de ese corren toso arroyo, y que descolla en
las fértiles llanuras por donde serpentea hasta estinguirse en
el Ulimar.
Ese canal como los muchos que siguen manando déla cuchilla
principal para organizar desde el Ulimar chico él cauce del Gran-
de hasta encontrar sus fuentes en las mismas alturas, recorren
una superficie de alternativas mas sensibles, comprimidos entre
colinas honduladas y altas, entre collados agrios y extensos, ó ya
por las faldas.de suaves oteros y de lomadas flexibles, sembradas
de pedrones angulosos que dulcifican de repente sus cabidas, ó
desaparecen pr(^resivamente, dejando ver hasta los confines
del horizonte anchas planicie» y vegas fecundas, humedecidas
por los manantiales que corren mansamente desde los últimos
movimientos de esas ondulaciones hasta perderse algunas veces
en las ciénagas que crean las aguas estacionadas en las tierras
bajas pasada la época de las desbordaciones, en las adyacencias
de las riberas.
Después de concentrarse esa numerosa canalización en un
un solo lecho, ancho, veloz, y profundo, que mide una sonda
desde 8 á 16 pies, sigue con sinuosidades mas calmas y
menos repentinas por llanuras extensas y verdecidas, hasta que
confunde sus corrientes con las del CeboUaty, para continuar
unidas 10". ma& de camino á estancar sus aguas en el gran reci-
piente de Merim,
El Ulimar desde esa confluencia hasta 25". arriva conserva con
leves alternativas ese mismo fondo, mostrando un cauce cilioso, ra-
ra vez arcilloso, uniforme y amplio que puede remontarse por trans-
portes que no exedan de aquel calado, y sin mas obstáculos que el
que opone la velocidad de las corrientes, calculables en 6500 va-
ras por hora en la mediana de su curso; y también algunasrestingas
i
I
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 277
rocallosas que lo estrechan accidentalmente al llegar á esa altura.
Sus aguas son dulces y puras; y sus crecientes, como las del
Cebollaty, suben hasta 12 y 14 pies.
A esos ligeros inconvenientes se agrega, algunas veces, la
necesidad de desmontar el ramage de la selva que pende so-
bra el lecho, que lo cubre y asombra cuando es oprimido por
las faldas de los albardones que las mismas corrientes mi-
nan y mocaban hasta convertirlas en barrancos tallados, que os-
tentan en sus cortes el ezpesor creciente de las capas vegetales, ro-
bustecidas diariamente con nuevos glutenes donde crecen lujosa-
mente las palmeras, los laureles é y lapororóos^ los cambaráaSy los mu-
lles y los tilos, que elevan sus copas por sobre los prados que her-
mosean esas riberas.
Las tierras de sus vegas vecinas encierran los gérmenes de una
feracidad notable, ocultando sus mantillos las costras arcillosas
bajo de una profundidad de 3 y 4 pies, si se eceptua alguno
que otro raro lugar en que están impregnadas de materias alka"
linas que descomponen las aguas y las hacen impotables, aun
que no para los ganados que las buscan con avidez.
Los farináceos y legumbres se producen con un lujo ecepcional
y en proporciones que esceden quizás á las que se obtienen en las
planicies del bajo Uruguay; asi como las plantas industriales y
las frutas de especies variadas, como la cidraj el guindoy la ciruela^
la cereza^ el naranjo, el limón, la yuca, la caña, el arazaá, el pero,
el guabiyn, la viña, el panal de la miel^ diversos arboles silves-
tres y otras producciones de distinta naturaleza. Los lugares de
bajo nivel dan frutas eccelentes, tales como las manzanas, las
mieces, los olivos, y otras mas.
La importancia de esas comarcas es remarcable en todos res-
pectos, especialmente bajo el punto de vista del sistema de colo-
nización, que organizado una vez en la escala que el pais
necesita, ofrecería á la agricultura y á la industria una perspec-
tiva de infalible prosperidad.
Aquella vasta irrigación que se brinda á cada paso para ser
278 DEscRipcio?; geográfica del TEiinrronio
convertida con suceso en numerosas fuerzas motrices aplicables
á la agricultura y á las fabricas, inspiraria entonces la necesi-
dad, como en otros puntos del territorio, d^ cruzarlos en propor-
ción a sus progresos con una red de viavililad que ausiliase al
comercio y á e^as mismas labores industriales, ligándola con los
canales naturales que corren en todas direcciones.
l IV
Son diversas y muy importantes las cuestiones geológicas y
meteorológicas á que daria cabida la estructura de los territorios
de la vertiente Oriental, y las consecuencias que podrian dedu-
cirse de la interposición y altura de esos eslabones escabrosos que
diversifican la organización de la superficie construidos propia-
mente por ásperas y elevadas colinas con residentes idénticos a
los que en mayor escala presentan las verdaderas cadenas mon-
tañosas, tanto para la determinación y variedades físicas del cli-
ma, como para las estaciones de la vegetación y de la industria
pastoril. Su importancia seria reconocida en todos respectos, si
mas estensas y detenidas observaciones pudieran acompañar esta
descripción y determinar esos resultados.
Indudablemente en la composición de esos cerros, colinas y
sierras, como son llamadas vulgarmente, resalta el gneissy el gra-
nito en lo general, de menas dilatadas y profundas mezcladas con
una organización química que en muchos lugares aparece como
simple, y en otros, conglomerada con rocas Ígneas y cristalinas
afectando en su stratificacion formas macizas y mineralógicas,
interpoladas con depósitos sedimentarios en capas horizontales
ó inclinadas, asentadas unas veces en las cimas de los cerros, ó
ya, en las pendientes de algunas alturas.
En los altillanos, como en las mesetas de las montañas, en el
descanso, ó gradas de los cerros, en las cimas de los montículos
y colinas, como en el pié de todas esas elevaciones que se en
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL ÜULGUAY 279
cuer.tranen ias cabidas boreales de la Sierra de MinaSj se presen-
tan caracteres distintos de formaciones independientes, tanto en
su colocación y stratificacion, como en los que son referentes á su
orti;anizacion y composición.
Esas formaciones independientes superpuestas indistintamente
sobre otras, al parecer, mas antiguas, se manifiestan muchas ve-
ces, discordantes en su stratificacion y aun con las mas recien-
tes; bien que esas nuevas formaciones, aun cuando concuerden
en su misma stratificacion, muestran signos visibles de una se-
paración marcada entro ellas.
En el contrafuerte del Aiguá^ nos ha parecido distinguir dos ó
mas formaciones consecutivas, cuyas capas superiores alternan
con otras inferiores confundiéndose gradualmente sus caracteres
geológicos .
La Cuchilla Grande en su nexo con las alturas del Carapé, y
aun en su trayecto hacia las vertientes del Ulimary ofrece diversas
formaciones de rocas granitoides en estado cristalino mas ó me-
nos completo, siendo mas comunes las del gneiss por la coloca-
ción especial de hs laxas de la mica^ y también las de\ gneiss gra-
phíco, en el que desapareciendo sus listones de variados colores,
resalta el quarzo con signos visibles de cristalización, cuando no los
schistos mezclados con bancos marmóreos.
Tampoco es estraño hallar en las laderas de esas colinas alguna
que otra de las bellas rocas syéniticas en las que el amphiboleo com-
binado con el feldspato reemplaza á la mica.
En los pequeños llanos enclavados en las asperezas constitui-
das por los grupos rocallosos situados en las cabidas occidentales
donde están las primeras fuentes del Santa Lucia, asi como en los
altillanos que hay en ellos, vuelven á aparecer las costras edi*
mentarías asentadas sobre bancos graníticos y del gneiss mas ó
menos extensos, en los que las rocas Ígneas indican entre sí diver-
sas afinidades, masó menos, íntimas.
Esas peñas son en lo común schistosas, qaarsozas, feldspalicas y
micáceas, interpoladas en algunos lugares con pedrones compues-
280 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
tos de fragmentos de rocas mas antiguas, reunidas por una més-
ela ó cimiento cualquiera, que designan todos los caracteres de
las rocas arenáceas.
Muchos de esos mismos fragmentos y redondeados y pequeños
de piedras areniscas de mucha tenuidad y delgadez, muy homo-
géneas al parecer en su composición, se encuentran al mismo tiem-
po interpoladas con las rocas Ígneas, dispuestas á pasar insensi-
blemente á un estado arcilloso.
Esas variedades de peñas son mas comunes en todas las tierras
cuyas ondulaciones riegan los primeros afluentes del Santa Lucia.
En las cahidas del Ayguáy el qtiarzo aparece algo mas cristaliza-
do, perdiendo su composición granujosa y convirtiéndose en peg-
matilo del cual se extraen las pricipales materias para la composi-
ción de \^ porcelana.
Siguiendo por las pendientes de la cuchilla Grande que miran
al Este hasta encontar la Sierra de Polancos, vanse viendo a ca-
da paso grupos de pedrones graníticos y del gneiss, con stracti-
ficacion, ó sin ella, al lado de otros peñascos Ígneos macisos y
corpulentos, colocados bizarramente, parodiando figuras regulares
y al parecer mecánicas, con señales remarcables en sus adyacen,
cias de minerales ferreos en contacto con rocas schistosas que pa-
recen ser muy comunes en esa ostensión.
También en ella la abundancia de rocas porphiricas dan mues-
tras de la existencia de la ágata quarzusa festonada con listas
verdosas que suponen la del occido de cubre cuyo mineral no
puede estar remolo, á juzgar por esas y otras apariencias.
V.
(ibservansó en esas tierras que las tres grandes divisiones de
los terrenos sedimentarioi están representados por las forma-
ciones especiales que los componen, desde los que son conside-
rados como inferiores, ó calboniferos, hasta los compuestos de
DE LA RF.PÍnur.A OKIENTAL DEL URUGUAY 281
schistos, de rocas de agregación y de las cakareas cristalinas qiie
pertenecen á la serie de los terrenos de transición.
De la 1 .* calidad se encuentran formaciones extensas en las
ondulaciones del Aygiia en donde se ha reconocido y explotado
una mena abundante de carbón fósil.
Desde el Marmaraja hasta el Godoy se interpolan con esa misma
composición otros depósitos comprendidos entre el limite inferior
de los terrenos carboniferos y el limite superior de los terrenos
cretáceos, desde los minerales fevreosyeX gipsOj hasta las arcillas,
los calcáreos y las gredas, qu3 forman parte de la organización de
los terrenos secundarios.
En los campos ásperos y altos que riegan las primeras aguan
del Sania Lucia son visibles en algunos lugares las condiciones
de los terrenos terciarios, en los cuales las peñas parecen menos
compactas, y los depósitos superiores á los mismos terrenos cre-
táceos, como las concreciones calcáreas, las arcillas, etc, van per-
diendo visiblemente su influencia; encontrándose desde entonces
algunos restos fósiles que contastan la presencia de los caracteres
mas notables del limo Pampeano del Sofior d'Orbigny.
Son comunes también las margas, las arcillas y otros produc-
tos de los depósitos lodozos, ó cenagosos, en las cercan ias de los
cursos de agua.
Én la larga familia de las rocas calcáreas, que abundan en esas
tierras, son frecuentes las vetas de los marmoles estatuarios y de
adorno, yá rc^conocidas en las canteras de las cabezeras del Ulimar
y de las inmediaciones de la Villa de Minas. La piedra (^^marmol
vulgatum con que se hace la cal en Montevideo y Minas, es por lo
común azuleja co:i algunas vetas blancas y de calidad mas ó
menos fína.
Algunos reconocimientos hechos en el siglo pasado en la Sierra
de Carapé y en los cerros que se descubren desde esa población
dieron á conocer la existencia de vcderos auríferos de granos y
arenillas de muy buena ley y de la especie que Linneo llama Are-
nariu, en los arroyos que descienden de las alturas; comprendien*
35.
282 DESCRIPCIOT^ CEOGHÁFICA DEL TERIilTüRIO
(losé, muy luego, que su explotación demandaría erogaciones
que no podrían quizas compensar sus productos. Son también
conocidas las muestras de minerales de cobre y plomo extraidas
de los terrenos por donde corren el Goioy^ el Barriga Negra
y Coronilla,
Los perfiles graníticos y calcáreos de las elevaciones due las
sierras encubren excelentes y ondas canteras caliceas, como las
que se explotan en las vecindades de aquellos canales y que por
subnena calidad son de un consumo privilegiado en el pais.
En esos lugares es frecuente encontrar en mas 6 menos abun-
• dancia, la turba y el yezo de superior calidad; existiendo también
el spato calcáreo que se llama de hlandia^ transparente, hialina y
que agranda loi obgetos, observado por el sabio naturalista
Dr. Larrañaga.
En los campos altos y ondulados que abraza el curso de los dos
U limares se notan iguales condiciones geológicas á las anterio
res; presumiéndose por algunos signos mas, ó menos, caracteris-
ticos, que con las mazas del gneis y las graníticas, con las mar-
móreas y areniscas, se combinan para formar la estructura
del suelo, las menas de hierro^ de cobre y de ^xlumbre^ [las del
cobalto, del piorno^ del asphalto y del azufre^ cuya composición
intima revela la existencia de algunas fuentes minerales proba-
blemente frias, aeciduladas, ferruginosas, ó ya sulfúreas. En
cuanto al plomo, es sabida que en el lugar que hoy ocupa el
pueblo de Minas, se trabajó una mina del que se llama plomo ga^
leño, que al principio se creyó ser de plata y que causó graves
pérdidas á los esplotadores.
El mismo Dr. Larrañaga, afirma, que ala vez, se hallan muchas
variedades del feldspatho, cuyo resplandor es muy notable y cam-
biante, siendo su colar mas común el gris blanco azulejo, varie-
dad que constituye una parte principal del granito; y que se le
encuentra en vetas tan grandes que atraviesan las canteras hasta
tres varas de ancho. Que también observó en los alrededores de
«iquel pueblo el quarlzum am^thyttis de color violáceo, en for-
DE L.1 ftEPÍDLICA OniENTAL DKL LlllGUAY 281)
mas piramidales exaedreas, presentándose, en lo general, en geo-
des ie calcedonia que rebientan debajo de tierra con estrépito; y
que los cristales no pasan, termino medio, de una pulgada. Que
en esos lugares se trabajó á principios del siglo una mina de co-
bre, que dio de cada libra de piedra 3 y 4 onzas de metal.
Alli, como en los bajíos enclavados entre esos accidentes, c
Irigo, la viña y los arboles frutales; la abena, la cebada y toda cla-
se de legumbres; el cáñamo y el lino, la yerva mate, el algodón
y otras producciones análogas y de distinta naturaleza, se dan en
alta escala, ó son aclimatables con notable expontaneidad en las
variadas esposicioncs de que goza.
Las capas vegetables de los altillanos no tienen, como és natu-
ral, el espezor de las que están adheridas á los rios y arroyos
disfrutando de sus debordaciones periódicas y de los stratas ve-
getales y animales; pues que se nota en algunas ezcavacibnes y
barrancos, que á las 10 y 15 pulgadas, y aun menos, en lugares
mas altos, comienzan á alternarse las arcillas y las tierras plás-
ticas impregnadas frecuentemente del oxido de hierro.
Esa arcilla es mas glutinosa, pesada y dúctil en lugares hume-
dos, mostrando todos los caracteres de la alumina empapada con
el mismo oxido de hierro y mesclada con otras materias terreosas.
En lo general tiene un color amarillento, algunas veces rogizo; y
se le puede emplear en la comfeccion de los reboquesy pintúrasde
los edificios.
Son diversas las variedades de las tierras arcillosas que se
encuentran en esos campos y en los del Departamento adyacente
de üfa/ííowado, cuya estructura y organización homogénea, pare-
cen indicar que ellas fueran el producto de la descomposición de
distintos minerales, como el gneiss^ el porphidOy el basalto^ el gra-
nito, etc, o ya también, de las sustancias volcánicas, como lo pre-
sumen algunos Geólogos.
Muchas rocas deesa composición con un colorpardo, mescladas
con greda común, y otras con depósitos de margas pertenecien-
tes al estado oo/íto, y varias también compuestas de materias
284 DEscnirciüN geogrífica di-l tkrritorio
puramente arcillosas y arenáceas, diversifican ej^as mismas \a
rietlades. En suelos semejantes es muy abundante la producción
de los hongofi, como se observa en esos territorios.
Así es que los elementos constitutivos de las tierras fuertes
aplic.ibles á las labores agrícolas existen profusamente convina-
dos en toda esa superficie; aun quando en determinados lugares
de un altouivel la exigua proporción en que se encuentra la arci-
lla asociada con la greda imprima á esta, por su grasitud é im-
permeabilidad, una condición enteramente plástica que solo ad-
mite una vegetación especial y apocada.
En iguales situaciones, y en otras mas depresivas, la alumina
no se baila convinada en pro[)orciones convenientes para ser
aplicada a la cementera de farináceos y plantas leguminosas; pe*
ro son mas comunes las tierras en que la cilice y la arcilla entra en
mayor cantidad, adquiriendo entonces]el caracterde las tierras li-
geras capazes de una vegetación mas robusta, que mas se vigori-
za en sus facultades vei¡;etales cuando entran á convinarse con las
margas y la cal.
Tal es la condición de las comarcas que riegan los grandes
canales del Cebollaty y el Ulimar^ y la generalidad de sus aflu-
entes.
^E LA REPL'BLICA OHIEM'AL DKL LRÜGÜAY
285
CVA»RO ISSTADISTICO
DICIEMBKE DE 1859.
DEPARTAMENTO DE MALDONADO
DE MINAS
Leguas cuadradas de territorio
[^oblación nacional y eslrangcra en todo el Dep.^
Edificios públicos en los pueblos
Gasas de azotea en ellos y demás secciones del
territorio
ídem, de otras construcciones
Tiendas de géneros, en idem
Almacenes por menor y pulperias, en idem . . .
Establecimientos de artes y "oficios, en idem . .
Molinos de viento y de agua, en idem ......
Atahonas, en idem, idem
Caleras, en idem, idem
Hornos de ladrillos, idem, idern
Fondas y posadas en los pueblos
Chacras y quintas en las Dehezas y Estan-
cias
Mataderos para el abasto publico, en ídem . . .
Establecimientos de pastoreo
Propiedad Territorial en leguas cuadradas. . . .
Vacunos. .
Caballares.
Lanares. .
Mulares, .
Cerdos . .
■Cabrios. .
572
15,490
8
55
12
575
315,200
77,870
93,170
2,100
2,400
300
p-^f^l
00
13,300
3
368
292
612
, 422
63
i8
69
67
61
46
A
6
16
U
5
6
i
2
3
2
27
4
E89
380
233,500
95,200
96,300
3,300
3,100
l,200i
NOTAS. — Según la área del Departamento de Maldonado, su
población, inclusa la de sus pueblos, está en razón de 27 ^ de
habitantes por legua cuadrada. La del de Minas, en la de 24 pa-
ra igual superficie.
£1 Departamento de Maldonado ocupa 62 millas de costas so-
bre el Rio de la Plata y. 67 en las del Occeano.
El computo de la población de ambos territorios y los datos re-
586
DESCniPClON GEOGAÁFlCi DEL TERBlTOniO
lativos á la Estadística Municipal é Industrial, ae fundan princi^
pálmente, como los cuadros anteriores, en documentos publicados
en los diarios de la Capital, y en algunos de carácter oficial; tam-
bién, en conocimientos obtenidos directamente de personas com*
patentes residentes en ellos, comparándolos todos con el censo de
1852 y haciendo las apreciaciones consiguientes para aproxi-
marlos en lo posible a la cifra existente, mientras no venga á^
rectificarla el censo general del Estado.
En el Departamento de Maldonado, donde la mayor población
establecida en los Egidos y Dehezas de sus pueblos se dedican á la
labranza, se cultivan en abundancia los farináceos y muchas plan-
tas leguminosas, que no solo bastan para su consumo interno,
sino para exportar una gran parte de su cosecha á la Capital y
Departamentos vecinos.
Enlósanos 1868 y 1859, se sembraron según datos que no
nos merecen la mayor confianza y que solo pueden considerarse
como aproximados, 3903 fanegas de trigo, en el primero, j
2944 en el segundo, produciendo en el uno, 58,51 5, y en el otro,
43,160 fanegas.
I^s cosechas de maiz. se calcularon en 4,500 fanegas en 1858^
y en 5,200 en el siguiente.
Las cementeras del Departamento de Minas, que tampoco son
conocidas con exactitud, se computaron en 27,300 fanegas de
trigo y en 2,580 la del maiz en el último de esos periodos.
De ambos Departamentos se condujeron al de la Capital en e(
último año, según informes recibidos en las administraciones res*
pectivas —
Del de Maldoa«do
Del de Miaas
9,700 . .
. cueros vacunos secos . .
. 11,300
1,380 . .
Ídem caballares, idem .
3,500
860 . .
. idem lanares, nonatos, id .
1,244
1,800 . .
arrobas cerda . . .
1,940
120 . .
. pipas grasa vacuna. . .
60
740 . .
arrobas lana . . . ,
325
k
DE LA BEPIDLICA ORIENTAL DEL URUGCAY
387
Del •üe Maldonodo
iO,000
40
200
4,000
18,000
4,200
Del de Minaf
60,000
3,480 fanegas.
700 "
aSldS* •
barricas sebo .
toneladas huesos
ídem piedra de cal
fanegas trigo .
Ídem maíz . .
Creemos que la piedra calcárea que se introduce del Departa-
mento de Maldonado en la Capital para la confección de la cal,
reputada de excelente calidad, como la que se elabora en lasxale-
ras del territorio de Minas, asciende á mucho mayor número de
toneladas y fanegas que el que se designa en el estado ante-
rior, visto el preferente consumo que se hace de ella en lu misma
ciudad y en los pueblos cercanos.
La Receptoría de Maldonado, desde 1 ® de marzo de 1859
hasta fines de febrero de 1860, produjo ^ 8,208 540.
Del rendimiento de los derechos policiales, de la Contribución
Directa, del Impuesto Departamental y otros ramos municipales
np se hablan remitido aun las cuentas de este Departamento á la
Contaduría General; pero segun^las recaudaciones de 1857 se cal-
cula que esos ingresos debieron ascender en 1859 á 9 ó 10,000 /.
En el Departamento de Minas, los ramos policiales rindieron
hasta febrero inclusive de 1858, 163 ff 610 rs.. La Contribución
Directa, 1,004 g 320 rs. El impuesto municipal l,838jjf 707 rs.
En el año económico de 1859 hasta 1. ® de marzo de 1860,
Los Derechos de Abasto, dieron . . . jjf 1,189
Los de Guías y Pasaportes 102 — 520
Los de Policía 87—560
La Contribución Directa 3,103
El Impuesto Departamental 4,955 — 220
CAPITULO XIV.
DEPARTAIWENTO DEL CERRO LARGO,
SUS RIOSi SUS VALLES.
SISTEMAS DE ELE¥ACIOIVESf— SUS PUEBLOS.
EL LACiO MERUi,
IVA¥EC!ACI01« FLUVIAL.
«EOLOCilCAS.
§ I.
Desde el Ulimar al medio-dia, la cuchilla Grande atraviesa en
su camino casi por el centro del territorio de esa sección, segre-
gando á sus flancos varias ramificaciones de collados, colinas,
morros y sierras de cortes y perfiles tan distintos como son los
gérmenes inagotables del riego copioso que llevan en sí mismas
y que concurren al lelico del Merim por el lado Oriental, y al del
Rio NegrOy por el opuesto.
El paisage que presentan esos campos, unas veces sombrío y
opaco, luminoso y despojado, en otros, particularmente al dejar las
margenes de aquel rio para entrar en los que bañan las primeras
vertientes, que desde esa cadena se lanzan con estrépito en busca
de su cauce, constituyendo todas reunidas los arroyos de las Vi-
boros y del Yerbal^ tiene un aspecto tan variado y alegre, como
el que tan solo puede encontrarse en los contrastes de una super-
ficie tan accidentada y voluble.
Matizan esas tierras, colínas ásperas y altas, montículos bajos
y de suaves golas, cerros solitarios é ineguales, las cimas apla-
nadas de momos lejanos, que en sus pendientes refractan tintes y
sombras tan diversificadas como lo son los giros de la luz al he-
rir las distintas faces de sus aristas.
Ese cuadro, hasta los montes del Guazunamby y del Yerbal es
36.
290 DESCRIPCIÓN gcogrífica del TERRiroRro
mas uniforme y ameno, masdelicioso y variable, cual repentino»
son los cambios del suelo y sus indefinibles accidentes.
En medio de ellos y en las vertientes del arroyo de las ViboraSy
ya en contacto con la cuchilla generatriz, se vé sobresalir un pro-
montorio alto y extendido, de contornos lisos y llanos, con in-
sensibles sinuosidades en sus faldas, de entre las cuales nacen
manantiales ferruginosos que van a parar al mismo lecho.
Mas lejos, siguiendo el curso tortuoso y áspero del mismo ar-
royo, aparecen tres mas, perfilados casi en linea recta, del Este
al Poniente, 3 minutos antes dellcgar al paralelo délos 33^, de contor-
nos algo semejantes cntresi, de crestas menos elevadas, con faces
quebradas por los bordos rocallosos de las fuentes que de ellos
brotan, revestidos de follagcs que vegetan en sus bases en medirá
de peñones y de breñas.
Los pequeños valles ceñidos por los pliegues y los giros rápidos
y torrentosos de las aguas que se abren paso al través de los ote-
ros y las lomas que se aperciven al pie de los montes, sorpren-
den al caminante al descubrir interpolados con sus matices Ios-
piñones de arboles aislados, corpulentos y seculares que se ense-
ñorean solitarios y graves en medio de húmedas praderas de una
vegetación prodiga y galante.
Los rasgos de esos golpes de \ista se presentan con cambio*
tan sorprendientes y altragueños, cuando bajo un cielo azulado
y limpio y al acercarse al lecho brumoso y rápido del Uíimar y
á los bordes escarpados y montuosos del Fierra/, al fin de su cur-
so, el sol envia sus últimos reflexos sol)re las faces de dos anchos
y culminantes mamelones y de otros conos no lejanos, que pa-
rodiando un largo amfiteatro con declives lentos y tranquilos, al-
go convexos en sus cimas, verdecidas por el follage de diversas
plantas, aparecen dominados por las copas de frondosos curipUj
délos flegibles blanquillos^ de fuertes coronillas y laureles^ entrela-
zados y confundidos con los sauces, los ceybos y los talaSy por en-
Fredaderas de exquisitas flores que adornan esos valles donde se
respira un ambient.^ perfumado y aromático cuya frangancia di-
t>lE LA RErÚBLICA OBIEfCTAL DEL URUGUAY 291
íuelven en el crepúsculo vespertino las ráfagas c'e loa viei.tos en-
cajonados en las praderas.
Esos montes toman el nombre de los arroyos que los rozan por
«US bases.
De sus mismas cabezeras se desprende otro ezlabon agrio, de
faces adustas y veladas por sus obscuras quebradas y precipi-
cios, vertiendo á su vez cascadas bulliciosas y copiosas que ad-
quieren un carácter mas agreste y serio por el nivel ascendente de
las lomas y colinas y la profundidad de sus florestas, hasta que
alzándose sus crestas se sobreponen á las vegas y planicies que
hacen horizonte hacia los fondos del Ulimarj improvisando en los
prados innumerables sotos dotados de atractivos y de gracias.
La incomparable vegetación que tapiza las orillas y los barran-
cos de esos canales, es tan nerviosa y robusta cual lo muestra la
gala de sus arbolados por sobre los cuales se mecen las copas da
corpulentos larumanes y capororooa en un suelo acolchado de her-
vazales y gramíneas, salpicado de pedrones quarz3sos que las
aguas han desplomado de las alturas y cuya tez cubren denzas
costras de likenes y muzgos.
En medio de esospaisages y algo mas al Oeste déla confluencia
del Yervaly sercano yá al paso principal del Ulimar^ empiezan los
propietarios de esa rica comarca á fundar el nuevo pueblo, que
según la ley de su creación, lleva la bella denominación de los
Treinta y tres y que cuenta con 400 á 500 habitantes, con algu-
nos buenos edificios, y sobre todo, con tierras feraces para la
agricultura en una deheza recostada á las margenes de ese rio,
cuyas aguas le franquearan el camino al Mer'un con sus produc-
ciones, pudiendo mantener por ese vchiculo, y por las fáciles car-
retelas que descienden hasta el mismo Lago, un comercio prospe-
ro y activo cofi las poblaciones de ese litoral y con los mercados
Brasileros que pone asu alcanze esa navegación.
En contacto con el punto en que se anulan aquellas asperezas,.
se vé encaminar hacia la camflueneia del mismo üUmar una cu-
chilla tortuosa y áspera, de plieguesjy giros repentinos, de cujaa-
292 DESCRlPCIOiN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
cabidas meridionales mana otra copioia irrij^acion que \á mas
lejos á fundar el rápido canal del Parao^ que cuenta entre sus ma
yores afluentes al Hurtado y Sarandi, el Corrales y Otazo, cuyo
nombre toma ese mismo ezlabon; al mismo tiempo que otro
ramal doblemente sinuoso y mas alto, llamado Sierra de Guazu-
mamby se dirige al Norte desde esc mismo nudo, dando origen á
las ultimas funcntcs de ese Rio, y á porción de promontorios que
se alzan sobre sus crestas, ó que reposan sobre otros contra'
fuertes mas suaAcs y bajos que complican los movimientos del
sucio en esas vertientes.
Aumentadas todavia mas por los lentos derrames que bajan de
las lomadas, y que con sus suaves dobleces dulcifican esas alterna-
tivas, vecsé, sin embargo, que sus faldas abrazan cuencas férti-
les y valles asombrados de isletas, que por la regularidad de sus
arbolados, imitan en algunos parages la simetria de los parques;
fij: ufando en otros, columnatas selváticas é irregulares que ser-
pentean con las aguas, formadas de mulles y guayubiraas, de sau-
ces y laureles, que con enrredaderas y ramages construyen volu-
tas y glacis impcnctrales en las escarpas de sus bordes.
Esa irrigación que alcanza hasta la comfluencia del Parao, y
quj llega áél impulsada por fuerzas variables y muchas veces
encontradas, obliga á las corrientes de este rio á giros y revue-
las que ya lo angostan ó lo ensanchan, que ora lo repliegan ó
dilatan, creando senos, estancos ó lagunas, recodos, penínsulas
y potreros, asombrados pur esas arboledas, y en donde los ga-
nados encuentran abrigos y pastos con aguadas eccelentes.
Ese rio es canal izable hasta 6 ú 8 millas arriba de su barra-
donde sus corrientes mas tranquilas no miden menos de 3,000
varas por bora, coa una sonda de 8 á 12 pies en ópocas comu-
nes, aunque en los fuertes estios, su lecho arcilloso y absorvente
contribuya á que sus aguas disminuyan hasta 4 y 5 pies de pro-
fundidad.
A corta distancia de las vertientes del Otazo aparecen dos mor-
ros semejantes en forma de conos truncados que parecen corte-
DE LA REPÚBLICA OllIENTAL DEL URUGUAY 5D3
jar en medio de ellos á otro mas grande de figura trapezial, con
faldas extendidas, cuyos contornos representan en la proyección
de sus bases una verdadera elipse. Por éntrelas caidas de ese
grupo brotan hilos de aguas puras y transparentes, orillados de
matas y arbustos, y también de los retoños de troncos de an-
tiguos arbolados que han desaparecido.
II.
Las ásperas quebradas del Guazunamby reúnen en si mismas
bellezas imponentes, alternativamente tétricas y agrestes, pinto-
rescas y amenas, cual las dé los Pirineos ó del Líbano, á ser sus
cuellos y sus cimas mas elevadas y magestuosas, mas grandio-
sas, poéticas y solemnes.
Esta Sierra por espacio de 15 millas al Norte acompaüa casi
paralelamente y á distancia de 4 á 5 las sinuosidades de
la Cuchilla Grande, con la cual forma vueltas y giros simultáneos
abrazando entre ellos una profunda cuenca regada en todas di-
recciones por los canalizos que descienden convergentemente de
las alturas que las rodean, diversificando los prados con colorí-
dos proyectados por las sombras de sus sotos y sus morros. El
sulco enclavado de esas aguas entre las mismas prominencias
forma el arroyo conocido con el nombre de la misma Sierra,
siendo á la vez las primeras que crean el cauce del frondoso y
alegre Tacuari como uno de los mayores afluentes del Merim.
Precipitándose en toda esa distancia en la dirección decidida
del Norte, se ven, no sin sorpresa, los contrastes que llevan sus
giros, abandonando repentinamente su camino para revolver al
principio hasta el Este y mas tarde hacia la mitad del segundo
Quadrante, hasta que volviendo al fin á encaminarse al Oriente,
encuentran su sepulcro en el mismo Lago.
De aquellas Sierras se destaca otro escalonamiento de lomas
que se interna buscando las orillas del Mevim por en medio de esos
294 DESCmPCIOTf GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
rios, dándoles mayor animación con otra profusión de vertlenleá-
que acaban donde él abandona el lecho del Tacuari para recostarse
al del Parao y acomj)afiailo muy de cerca hasta su desagüe en el
CeboIlat¡/j aliro abajo del paso mas frecuentado de este rio, — el de
la Cruz^ — que liga las carrolelas que van desde los Departamentos
de MalJoiiadí) y Minas á las Villas de Artigas y de Me\o.
Al Xorte del Cuazunamhy nace de la Cuchilla Grande el arroyo-
de los Convenios que vá á unirse con este en el lugar donde se le-
^antan dos Cerros á uno y otro lado de su confluencia, conocido-
el mayor con la denominación que lleva esta sección del territo-
rio del Estado.
lise extenso mamelón que recorre con inflexiones poco sensí-
bles mas de 4 millas de estension, rozando sus cabidas boreales
el Tacuari^ que empieza alli a ser fuerte en sus corrientes, en su
cauce y en los montes que lo siguen, muestra una frente graní-
tica, con una cresta larga y plana, alta y monótona, resguar-
dando en sus ámbitos un terrazo, ó altillano, de tierras y pastos
nerviosos, en donde, como en las breñas de sus laderas, se arrai-
gaban en otros tiempos cspijiillos y talares de una vida secular.
El Cerro Largo desde su taluz descubre hasta los confines del
horizonte una comarca opulenta y casi desierta en la que pacen
en medio del silencio un incontable número de ganados de espe-
cies distintas, que reproducen el mismo cuadro pastoril que ma-
tiza de todos lados el suelo del Uruguay, vigilados por alguno
que otro rancho ó Estancia de una apariencia rpasó menos mez-
quina, ó esmerada, y que aparecen como centinelas avanzadas de
la Villa de Meló, que se divisa á lo lejos en medio de la risueña
vega que riegan las primeras fuentes de aquel rio.
Esa población que contiene muy buenos edificios de arquitec-
tura moderna, construidos muchos con gusto y comodidad, y
que presenta alegres apariencias por cualquiera de sus accesos
está edificada sobre, cuadrados regulares, con calles amplias y ni-
veladas dirijidas en buen sentido y que se estienden sobre una lo-
mada sin accidentes, de un suelo vegetal y robusto, que mani-
DE LA REPÚBUCAALY DELORIEISTCnüGrA 59S
fiesta la escelencia de su composición e:i la prafusiori con que se
producen las frutas y las hortalizas que se cultivaa con generali
dad. La3 tierras de la vegiquele sirven d^ daheza, meaos tra-
bajadas y mas rica3, dan abundantes co3eclia3 de granos que
bastan para los consumos da su población y la de lai haciendas
Tecinas, at3stiguando el hesho de que ea lo3 cercalt;s se ha al-
canzado la pro;)orcion de 50 por uno cuando han sido bien pre-
paradas. En ella, como en su egid.^, puoJe calcularse en 2,200 á
2,400 el número de sus habitantas, próximamente. Estableci-
mientos de educación primaria buen rejenteados. y un sistema
municipal que se desarrolla rápidamente, deparan á ese pueblo
y á esa sección fronteriza del territorio un progreso evidente ei.
sus intereses morales y materiales.
^ III.
Éntrelas mayores vertientes del Tacuari^ figura el arroyo del
CAííj/, que baja para el Sud por la margen izquierda desde las
alturas en que se une con la cuchilla grande el ramal escabroso
de las Palmas, buscando las corrientes de ese rio que encuentra á
14 millas abajo de las pendientes Orientales del Cerro Largo.
Desde entonces realza visiblemente su álveo , continúan-
do con él encajonado entre collados de inflexiones irregulares que
lo sofocan entre las "alternativas de sus cabidas, precipitadas y al-
tas con frecuencia, hasta levantarle bordes inaccesibles y á pique,
cuando no estendidasy lentas, y ofertando anchos espaciospara que
se esparramen sus desbordaciones, en tanto que, de vez en cuan-
do, destilan de sus pliegues derrames exiguos y cristalinos que
dan mas frondosidad á los bosques que costean los giros varia-
bles y siempre nuevos de ese hondo y fuerte canal al que tejen
una orla constante sus ramajes y sus lianias hasta rozarse con sus
corrientes y sus olas.
Al último tercio de su camino cesan las ondulariorieiulel lechín
290 DESCniPCION GEOGHÁFICA del TERUlTOniO
y empieza el rio á surcar las tierras de un grande y delicioso va-
lle, que sin abandonarlo hasta su desagüe en el MerirUy acompafia
sus márgenes mientras no se pierde en las obscuras selvas del Ce-
bollatiy del Parao, que forman allic^a el deslumbrante horizon-
te de aguas que las rodea y que repercute como un espejo to-
das sus sombras y sus luces, las mas suntuosas perspectivas de
esas opulentas escenas de la naturaleza.
Atraviesan eie valle e:i su origen algunos oteros que so anu-
dan con las últimas lomadas del Parao y despiden varios arro-
yuelos de una corriente mansa y limpia como el Ayala y Sarandi
que van á fecundar las vegas que riegan en su curso, dando mas
vida á las gramineas y arbolados que las matizan en sus bordes
y no lejos de ellos.
Desde las bjcas del Cebollati para el mcdio-dia, las costas
Occidentales del Lago siguen presentando los mismo accidentes
que vienei) marcando su estructura desde la confluencia del San
Lilis consenos, ensenadas, ó bahias, con puntas, promontorios, ó
cabos, que las distinguen de las opuestas, algo pálidas y secas,
con menos recodos, con bajios sin sonda, con pocos abrigos y esca-
sos puertos.
Muy probable es que el nivel submarino del Lago oculte algu-
na imperceptible pendiente hacia ellas, é imfluya para que las
aguas se inclinen hacia los canales de ese litoral desde que en al-
gunos parages se ha sondado mayor fondo que en los de la mar-
jen opuesta; o bien, que la composición orgánica de las costas,
con niveles mas despresivos que las orientales, esté constituida
con materias mas vegetales y desnelables, ó fáciles de disolverse
con la acción permanente de los fluidos; sea también, que los vien-
tos del primero y segundo cuadrante, mas generales y costantes,
impúlsenlas ondas del lago á estrellajse sobre ellas con mas vi-
gor ó tenacidad; ó finalmente, que todas esas causas se combinen
con los numerosos derrames que afluyen por esa parte, humede-
ciendo y aflojando las tierras ligeras que predominan en ellas;
el hechoes que las costas occidentales son mas trabajadas por las
DC LA BEPUBUCA ORIENTAL DEL URUGCAY 297
maguas y consiguientemente mas accidentadas y variables,.de ac^
cesos fáciles y cómodos, con fondeaderos y puertos amplios y
abrigados, con ventajas reconocidas y condiciones atrayeotes para
el comercio, para la navegación y para el tráfico de las posesiones
de uno y otro dominio en esa frontera.
El porvenir de esa navegación fluvial ha de reclamar mas tar-
de un estudio detallado de la sonda de esos canales, de la direc-
ción, fuerza y duración de los vientos estacionales, cuya acción
variable, produce según las circunstancias locales de las costas y
los puertos, anomalias que no pueden someterse á computo^
exactos.
En la embocadura de aquel mismo rio, el mas fuerte de los
canales del Lago, se estrecha contra su margen meridional, á U
que no pudiendo vencer por su consistencia y sus niveles, repele
inmediatamente sus corrientes haciéndolas desviar para adentro
de su cauce, á cuyas aguas detiene y obliga á revolver hasta la
comfluencia del Ulimar, cuando soplan con fu?rza aquellos
mismos vientos, contribuyendo la pertinacia de ese embate para
que su desagüe y su delta aumenten de proporciones y cambien
de formas después del transcurso de algunas decadas.
Desde el borde del Norte se \é demorar á la« 5 millas
al N. E. la punta llamada de Quirogüy donde termina un seno
casi circular que empieza, desde alli, y en el que sesondanS y 10
pies de profundidad, y subsesivamente mas, al interior del canal.
La margen de ese seno, en el cual desagua al principio el
arroyuelo de Ayala, es baja y montuosa^ expuesta á inundacio-
nes frecuentes que vigoriza la vegetación de los buques y la de
los impenetrables hervazales que crecen entre los esteros y panta-
nos que la rodean, dilatándose desde la ribera izquierda del rio
hasta el curso de ese canaliza.
Alas 6". de esa punta, y en la misma dirección, se descubre
otra sinuosidad saliente, que construye con la anterior una nue
va ensenada de veriles regulares, de figura también circular, en
medio de la cual desemboca el arroyo Sarandi^ poblado de arbo-
37.
298 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
ledas mas densas y frondosas en una rompiente, ó brazo, qm
antes de caer en el Lago, se encamina para elSud hacía la punta
de Quiroga, formando á corta distancia una bella Laguna adya-
cente con ella, que deja un estrecho pasage por entre la espesa,
selva de una y otra ribera.
Por medio de ese vehículo, esa Laguna mantiene constante-
mente sus aguas en todas las estaciones con el flujo y reflujo de
las del Lago, que depende de las eventualidades de los vientos
reinantes.
El Sarandij cuando aparecen las de los vientos Orientales, ad-
mite transportes de 6 á 8 pies de calado hasta 6 y 7, millas de
su curso.
Esa ensenada, calauna sonda equivalente á la anteriorfy alter^
nativamente están revestidas sus márgenes de algunos medanales
verdecidos de juncos y chircales, que vienen desde las tierras ba-
jas y cenagosas que la cercan, pobladas de sarandices, de pastales
y de plantas variadas y numerosas.
De alli continua la casta hacia el Norte, sin variaciones sensi-
bles, hasta que alas 5 millas se encuentra la embocadura de una
ria, 6 rompiente, formada de tres canalizos naturales, cortos y
profundos, de bordes bajos y despejados, conocidos con el nombre
de Arroyo de Z apata ^ desde el cual se alcanza á descubrir el ori-
gen de cada uno de ellos, en algunos oteros suaves y extendidos
que empiezan desde entonces a levantar muy levemente el nivel
del hermoso valle que se dilata hacia las riberas del Taguariy á
la vez que se observa, que el mayor de esos canales está fomen-
tado en su sonda, mas que los otros, por los movimientos irre-
gulares de las aguas del Lago cuando trabajan los vientos d¿l
S. E., vaciándose tan luego que ellos cambian de dirección.
Desviándose algo el camino de la ribera, se le vé proseguir al
rumbo general del E. N. E. con sinuosidades que no carecen de
interés, hasta que vuelve á enderezarse para el mediodía, des-
pués de haber contorneado á las 9 millas de aquel giro otra punta
-ó cabo, conocido por la punta N. de Zapata^ que se hace remar-
•«( .'*»
DE LA RE^ÚBLIGAALY DELOniENTURUGUA 299
cable por el bosque que la cubre, regado por varios manantiales
y arroyuelos que manan de entre sus accidentes y que se estagnan
en una pequeña cuenca cenagosa, donde se rejuvenecen los gér-
menes de la vesetacion arbórea.
Los veriles de esa costa son mas firmes y altos, formados de
barrancos y aluviones que se vegetalizan lentamonte con las plan*
tas y arbustos que crecen en la redondez de sus contornos ani-
mados por derrames permanentes, que también crean en las tier-
ras adyacentes algunos esteros poblados de altos pastizales y pa-
jales, y de algunas isletas de sarandices y chiveas j mezclados con
mollesy sauces y eey bales que se reproducen con mayor gala Algo
mas adentro del valle en las alternativas causadas en el suelo,
por el curso silencioso de algún arroyuelo que va á extinguirse
en esos esteros, ó en la misma rempiente de Zapata, Es, sin
duda, por esa razón que esos arbolados son denominados Islas de
Zapata .
Las diferencias de nivel que se notan en aquel valle, particu-
larmente en su contacto con las riberas del Lago, son visible-
mente originadas por los efectos de las mayores avulsiones de
sus aguas, que han ido paulatinamente acumulando las arenas y
resacas, descomponiendo las tierras, creando nuevas plantas, vi-
gorizándolas con sus limos, zocabando sus márgenes, tajando
barrancos y deprimiendo, hasta donde han alcanzado sus olas,
la faz uniforme de esa vega que vá á perderse en las pintorescas
sinuosidades del Tacuari.
§ IV.
Después de salir de la obscura pradera que encierra esa punta
de tierras mantillosas y precoces, tan variada en sus formas y
en la irregularidad de los grupos de arboles gigantescos que se
curvan con sus brazos sobre las aguas y cuyas raices humedecen
las olas espumosas que el Merim hace rodar hasta dentro de es
300 DESCRIPCIÓN GEOGUÁFICA DEL TERRITORIO
cuenca, empiezan á descubrirse las mas interesantes posiciones
que se encuentran en sus costas occidentales al circular desde allí
la alegre bahía del Tacuarij cuyos bordes, islas, bosques y cana-
tes presentan perspecti\as amenas y diversificadas con un verda-
dero mosaico de vegetación galante y bizarra, matizada por la
fugasidadde las sombra», por el reber^cro y el brillo del azul
cerúleo do sus aguas, cuya refracción deslumbradora innunda de
todos lados, y realza el verdor de los montes y las plantas sobre
tierras fumigadas de glutenes que la acolchan con pastales, con
yerbas y gramineas, adornando el conjunto de ese panorama un
aire perfumado y vivificante, una atmosfera templada, pura y
benigna.
La ensenada del Tacuari forma una curva de 5 millas de cuer-
da, un tanto aplanada en su centro, desde aquella punta hasta la
de ParobCy donde termina; levantándose en esa distancia y en la
misma dirección de esa linea, tres islas montuosas é innunda-
bles cuanQo mas suben las aguas, con diferentes dimensiones
cada una de ellas, dejando entre ambos cabos, y aun entre unas y
otras, canales amplios y limpios por donde navegan los transpor-
tes que la frecuentan, no excediendo su calado de 8 á 10 pies que
es el menor en determinados pasos de algunos de ellos.
En la punta Sud de esa rada, como en la mediana de sus bor-
des, desaguan dos riachos orillados de montes cuyos canales
ahondan las crecientes y bajantes eventaules del Lago, que permi-
ten, en el ultimo de ellos, la entrada á los buques trafican con
los establecimientos industriales de la opulenta posecion del
rincón de Tacímriy cuyos limites alcanzan hasta las margenes del
Cebollaty.
Entre esas islas y el seno de la costa, la profundidad es
inconsistente, siendo lia menor de 6 á 8 pies en las bajantes; y
de 16 á 20, en la parte do exterior de los mismos canales.
Forzozo es, que en ese lugar las crecientes sean muy altas, ó
la insistencia de los vientos Orientales demasiado pertinaz para
que alcanzen'á bañar las praderas comprimidas entre los ulti-
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 301
mos descensos de las lomas y los veriles de esa rada, toda cubier-
ta de un velo tupido de vegetación donde la naturaleza acumula
tantas savias en tan cortos espacios.
Desde la punta de Parobe sigue al rumbo general del Norte
hasta la embocadura del Taquari^ una ribera de giros regulares,
firme y alta, que empieza gradualmente a descender al llegar á
sus ccrcanias, constituida entonces, de algunas montecillos de
aluvión revestidos con matas y arbustos que les dan un verdor
agradable. £1 pricipal canal del Lago se aproxima á esa punta
con un fondo de 20 á 25 pies.
Allí el rio, de bordes bajos y arenosos, es ancho y explayado,
circundado de tierras ligeras abonadas de limos y likenes que
depositan con frecuencia las crecientes del Lago y las suyas
mismas.
El Tacuaríf en cuyos canales pueden flotar buques de 5 á 7
pies de calado en su estado normal, no és cojno el Cebottaít/j tan
abundante de aguas en su confluencia; siendo muchas veces ne-
cesario esperar á que los vientos del naciente hagan inchar las
aguas para salvar su barra estrechada por algunos bancos de un
veril poco sensible, pero que apocan eu fondo.
Poblado en todo su curso de altos arbolados, algunas veces
tupidos, ó ya desparramados en las ¡praderas que ellos res-
guardan atraviesa el rio por terrenos bajos y anegadizos que
^nundan las crecientes encajonados entre lejanas lomadas que
después de vertir algunos derrames por su margen izquierda em-
piesan lentamente á acercarse y estrecharlo á las 12 ó 13 millas
de su curso, hasta donde seria navegable por peq[ueüos transportes.
Las costas adyacentes á una y otra margen de ese rio, compo-
nen otro seno que so abre en su centro para recivir sus aguas,
formando con el brazo mas boreal, distante 3 millas al E. N. E.,
otra sinuosidad que se interna en el Lago cerrando ese contorno.
Desde allí hacia el N. O. se vé á las 5 millas otro cabo con
dos espigones redondeados y altos que lleva el nombre de punta
del Magro y que presentan entre ambos un frontón de 800, a
302 DEscRiFciorr geográfica del territoiiio
1000, varas de barrancos arcillosos dominados por arbolados ^
corpulentos que humedecen varios manantiales que brotan de
sus accidentes y á los que no alcanzan los desbordes del Lago.
Esas cejas de bosque siguen la rivera por espacio de 3 millas ^
sin penetrar á las tierras del valle hasta que a esa distancia se
encuentra la hermosa confluencia del rio Yagtiaron que aparece al
principio con una amplitud de 400 a 500 varas, reduciéndose
mas lejos á menor medida, sin que en las 20 primeras millas-
de su curso baje de 80, ni ecceda de 250 varas.
La ensenada que allí forma ese desagüe, tiene próximamente
las mismas dimensiones que la anterior, limitada al Siii por la
punta del MagrOy ypor ladel Juncal al Norte, distante una de otra
6 millas al N. E., y con la boca del rio á su centro. Los arcos
de esas dos secciones de la costa son arcillosos en su organisa-
cion, con ondas copas siliceas sobrepuestas que se concentran con
los vientos en grupos, ó medaños movibles, y que contribuyen á-
la dilatación de los bancos y bajios que senotan en sus accesos, y
su barra.
El Yaguaronndi.\egah\e 14á 16 millas desde el Lago para bu-
ques de 7 y'8 pies de calado no presenta dificultades para su en-,
trada, siendo su menor sonda de 8á lÓ pies en las épocas de seca,
y de 1 1 a 1 2 en tiempos'comunes.
Con escasos bosques hasta donde es navegable- y sin acciden-
tes variados en su curso, sus aguas corren magestuosamente por
un canal que nunca es menor de 150 varas en aquella distancia»
aun cuando accidentalmente lo angosten, en determinados luga-
res, las faldas de los collados que lo siguen por sus margenes.
Sobre ellas, que son las divisas en uno y otro dominio, apa-
recen bellos edificios rurales y valiosos establecimientos de sala-
zones cuyas faenas sostiene la abundante ganadería que enri-
quece las pingües y numerosas Estancias situadas en sus costas,
y en las de otros rios de ese territorio.
Esos establecimientos se encuentran en mayor escala sobre la
margen derecha de la embocadura, al frente de las islas y á la
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 303
"sombra de los montes que en esa parte de la costa son mas den-
sos y que rodean varias lagunas estacionales fomentadas por las
lluvias y por las mayores debordaciones del rio.
Esos lugares de la ribera son verdaderamente amenos y pin-
torescos nutridos por un ueslo, fuertemente vigetal que descubre
una aopa profunda de mantillos y de stratas, en donde se desar-
rollan los arboles y las plantas con un vigor estraordinario.
A 8.™ de aquella entrada, y en medio de esa vega de tierras
bajas y húmedas expuesta á las abulsiones del rio en las esta-
ciones lluviosas, se encuentra la nueva villa de Artigas, con la
ciudad del Yaguuron asu frente en la margen opuesta; la primera
con 1000 habitantes, y la segunda con 5000, próximamente, ali-
mentándose ambas con su mutuo comercio y con el concurso de
su frecuentado puerto, que lo será mayor á medida que la agri-
cultura y la industria aumenten los productos de aquellas ricas
•comarcas.
En el ultimo tercio de su carrera las riberas del Norte, mas
pronunciadas y elevadas que las opuestas, no están sugetas como
estas á los graves atrazos que causan esas inundaciones a aquella
población y á los establecimientos situados en sus margenes, re-
tardándola en el desarroyo que le depara el comercio con otras
mas prosperas, que gozan de las mismas ventajas de esa navega-
ción fluvial.
§v.
Tratándose de ella, forzoso nos será volver á las margenes del
Merim para echar una última mirada sobre su organización, sus
canales y sus tierras, que tanta importancia envuelven para los
intereses presentes y futuros del Estado,
Puede decirse con propiedad que ese Lago es formado por las
aguas de los ríos que vierten de los terrenos que se hallan al
304 DE8CA1PC10R GEOGRÁFICA DEL TERRltORlO
■
Oriente de la linea culminante de la gran cuchilla y que consti*
tuyen todo el litoral del Estado desde el Ayguá al Tacuari.
El curso general y rápido que traen esos canales desde su ori-*
gen, influyen en el impulso que reciben las aguas hacia el medio
dia, haciendo que sus corrientes se encuentren en un constante
choque con las del Lago de los Patos^ cuyas fuerzas convergentes
y de un poder semejante impotentes para vencerse á si mismas,
derivan como una consecuencia mecánica hacia la perpendicu-
lar estrellándose contra las barreras que les oponen las dunas del
Océano, para formar en seguida los profundos canales de la her-
mosa ensenada del Rio Grande.
De los giros de esa misma cadena tomados desde las fuentes
del YagtLaron á las del Yacuy, vierte otra irrigación no menos fe-
cunda y poderosa que arrastra de un modo mas visible las aguas
de ese último Lago hacia las caidas meridionales, favorecidas
por los descendentes niveles que desde el N. E. vienen á confun-
dirse con el de las tierras de la parte boreal del Merin.
En sus márgenes occidentales, pertenecientes desde el primero
de aquellos rios al dominio de la República, desagUan caudalosos
afluentes, que formando en su confluencia cómodos y abriga-
dos puertos, presentan á su navegación reconocidas ventajas
para la exportación de las abundantes producciones que ellas
encierran; asi como para el cambio 6 introducción de las del
territorio vecino, dotado de diversos mercados que florecen rá-
pidamente por su comercio con el exterior, y por el desarrollo de
su propia industria.
Desde los pintorescos canales del San Luis y San Miguel hasta
los mas inponentes del Cebollaty^ Taquarí y Yaguaron^ esas riberas
descubren á cada paso gérmenes fecundos de prosperidad y de
fortuna parala inmigración y el trabajo.
El ultimo de esos rios arrastrando sus aguas por una gran par-
te del territorio de la República ensancha y alimenta como aque-
llos el cauce del Lago, siendo, de mucha menor importancia los
I)E LA HEPÚBLICA ORIENTAL DEL l'RUGLAY 30/»
pequeños arroyos y canalizos que le son tributarios y que tienen
sus vertientes en el territorio lemitrofe.
2 VL
La vegetación, y el carácter general que presentan sus riberas
occidentales, varian mas, órnenos, en la composición y feracidad
de las tierras.
Prevalecen en ellas las capas siliceas y las tierras ligeras
entremescltidas con otras de cascajo y arcilla, mas comunes en
las costas de los rios, como en los barrancos y despeñaderos de
sus riberas.
En las cercan ias del Lago esas mismas margenes no presentan
facilidades por su composición siliosa para la labranza, quando
esa convinacion es mas dominante. No asi internándose lejos de
ellas y mucho menos en las inmediaciones de las costas y bos-
ques donde empieza á pisarse un suelo rico en materias orgáni-
cas descómpiiestas qii3 cambian la capa vegetal y la mejoran in-
sensiblemente á medida que se siguen los canales al interior, an-
tes quo elloi se introduzcan en las quebradas y las sierras.
Vése en los accesos de los bosques, que bañan eventualmente
las aguas del Lago, esas capas ligeras de las cuales brotan mul-
tiplicados manantiales que filtran por sus barrancos y que no
pueden cstngnarse por el nivel de esa superficie absorbente.
Tal es el aspecto general de las costas, donde abundan manan-
tiales y vertientes en los intermedios de los riachios y de los rios
que en ellas desaguan, atravesando por esas tierras porozas
que van condensándose mas y mas y aumentando sus condicio-
nes vegetables á medida que se alejan al Occidente en nn mono-
tono nivel, y en donde se ven serpentear distintamente los cana-
les que se desploman de lejanas cuchillas, sobresaliendo en las
vegas y valles los frondosos bosques que siguen el giro de sus
sinuosidades.
38.
306 DEscRipcior<c geográfica del territorio
En esas llanuras, que no despiden y concentran las aguas, e»
uniforme la robustez de la vegetación, particularmente de lo»
pastos que crecen con notable gala basta entretejerse con los
pajales y las chircas en las ciénagas y esteros, intrasitables en
tiempos lluviosos.
En las escavaciones hechas en esos parages se notó que el es-
pesor de la capa mantillosa que parece ser el ingrediente domi-
nante del suelo, media 12 4 14 pulgadas, en razón de la existen-
cia de numerosos rebaños que han creado con los restos de I a
vegetación, con los estiércoles y las sales resultantes de los in-
cendios de los campos, una costra superficial descompuesta y
mejorada sucesivamente por el aire y la humedad con todas las
condiciones del verdadero humus. Seguia otra de un subsuelo ar-
cilloso de 3f á 33 pulgadas, próximamente, mas compacta y
plástica y sin mezcla de ningún pedregullo. Finalmente, una
mas profunda, de 28 á 30, pulgadas en que sobresale el carbonata
de cal mezclado con la misma arcilla ó la alumina.
En los lugares mas cercanos á las costas donde predominan
las capas silíceas, su espesor escede muchas veces de 20 pulgadas,
convirtiéndose mas abajo en arcillosas con un aspecto que en al-
go se asemeja al de las margas.
La humedad de las tierras y la fuerza de la vegetación es inten-
sa y robusta acercándose á los cursos de agua, en donde mas
depresivos los niveles, es consiguientemente mas constante
el estagnamiento de las aguas, renovadas por las crecientes
naturales, ó por el flujo de las del Lago, cuando los vientos
chocan contra sus bordes y hacen henchir, ó retroceder las
de sus afluentes. -
Los bosques en esos sitios, faltos de declives, representan una
vegetación mas lozana y escogida, que empieza á desmejorar á
medida que loa cauces entran en la zona de las tierras terciarias
superiores, que por si mismas escluyen toda vegetación hervosa.
Entonces esas corrientes, puras y cristalinas, empiezan por
enturbiarse algunas veces cuando atraviesan por los malezales, y
DE LA REPÚBLICA OBIENTAL DEL URUGUAY . 307
reciben las que vienen por los sanjones y los riachos que pasan
por las ciénagas y pajales en las planicies de las riberas, hasta
que se confunden con ellas entre sarandizales y juncales, que ha-
cen imposibles sus accesos.
Es por esta razón que apartándose de las confluencias de los
rios, las costas comprendidas entre ellas, ofrecen pocas varie-
dades desde su extremo meridional hasta el mediodia, una vez
que se dejan atrás los armoniosos y floridos paisages que
diseñan los valles, los prados, las quebradas y colinas, que desde
las risueñas márgenes del San Miguel y sus montañas, rodean
los confines de esa inmensa sabana de aguas.
Iguales perspectivas, ¡guales atractivos y aun variedades mas
amenas, exaltan las miradas del viagero al alejarse del lecho de
ese Lago y penetrar en los campos altos y doblados de donde
manan tantos arroyos y rios que adornados de dátiles y pahneras^
de gnayacdnes y laureles ^ brindan con su sombra y con su abrigo,
pisando sobre un tapizado de pastos y gramineas, álosgozes de
un verdadero deleite, antes que ellos encuentren su eternidad en
ese golfo cerúleo.
I VIL
Volviendo á las margenes meridionales del Yaguaron que limi
lan la frontera de la República con el Ymperio, se observa, que
las invasiones del rio en las tierras blandas y llanas del hermoso
valle, que desde alli sigue hasta las feraces riberas del Taquariy
han creado una amena y rica pradera en sus propiedades vegeta-
les con los depósitos que dejíin sus desbordes al regresar á su le-
Icho, mostrando' desde su desagüe hasta mas arriva del pueblo
de Artigas una estension de 2. á 3. millas, que es la distancia
á que se avistan las caiJas, ó faldas, de esa valle como
signos visibles del alcance de las aguas en esos periodos.
Las tierras de la ribera opuesta, mas elevadas y fírmeS; mai
308 DESCRIPCIÓN GEOGAÁFICI DEL TEARITOafO
dobladas y secas, no permiten que las avulsiones se extiendan
mas allá de los reducidos pliegues que dejan entre si las colinas
y collados humedecidos por algún derrame que baja de esas al-
turas mas, ó menos, precipitado ó tranquilo, descubierto ó asom-
brado por pajales, sarandices, y juncales.
El suelo uniforme y nivelado de esa grande vega, donde cracen
espesos pastiza^s y algunas isletas de arboles y plantas, tiene una
inclinacien imperceptible acia las costas del Lago en el que se
vacian algunos bañados de corta estension, quando tienen bastan-
te humedad para resistir al calor de los estios.
Desde ellos se penetra subsesivamente en terrenos mas altos y
quebrados, donde estrechándose las alturas que marcan el limite
de las debordaciones, hacen mas variables las bueltas del rio,
mas rápidas sus corrientes enlos lugares enque ellas lo replie-
gan, ó lo ciñen, sin perder su calidad flotable y su fondo silioso
hasta 20 millas de su desagüe.
A esa altura lo atraviesan al gunas ligeras restingas de rocaá
quarzosasque interrumpen su curso y disminuyen su sonda, cor-
riendo las aguas sobre un suelo áspero y peñascoso que reprodu-
ce y aumenta esos mismos accidentes, como consequencia del
nivel ascendente y alternado de la superficie, mas quebrada y ás-
pera en los campos de la ribera izquierda, que en los de la
opuesta.
Desde alli (1), comienza a ser mas visible el desarrollo y lo-
zanía de la vegetación, que inseparable siempre del camino de
las aguas, se desenbuelve con mas lujo y vida en las planicies
húmedas y limosas de los recodos y potreros del rio; donde con
los bosques y las frutas silvestres que se ocultan en ellos, con las
lagunillas, las gramíneas y las plantas, con las enredaderas y las
flores en ramilletes de formas y fragancia desconocida, matizado
todo con la benignidad del aire, con la variedad de las aves, de
(I) Paso de las Piedras, al lado de la confluencia del arroyo Tclles afluente del ri*
por su margen izquierda.
DE Lá REPÚBLICA 0R1L?<TAL DEL UQUGVAr Z09
los cuadrúpedos y peces, la naturaleza en esos praios presenta
por instantes nuevos relieves que sobrepujan á las creaciones mas
fantásticas de la imaginación.
En ellos, las capas de tierras negras, hondas y ligeras, regadas
y fertilizadas por las circes del rio, producen cosechas sorpren-
dentes, pastos vigorosos, arbolados frondosos de maderas útiles
y durables, y que al par de la pesca y de la caza %ie abunda en
los mismos bosques y canales, son una fuente inagotable de con-
suelos y de bienes que impulsan velozmente la prosperidad de la
industria pastoril y prepara un asiento feliz á los trabajos agrí-
colas en lo futuro.
Al acabarse las mas amenas vegas dei Yaguaron con el extenso
valle que viene desde las riberas del Taquari enlos confines orienta-
fes de la sierra de las Palmas^ ó de Ríos, de donde nacen los últi-
mos afluentes que le entran por su margen meridional (I), los
campos son ya mas ondulados y altos, mas regados y ásperos,
cruzados por diversos ram.iles de montes y colinas escabrosos,
que cual otros tantos contrafuertes, se desprenden de ese eslabón
montañoso para introducirse por entre los giros de los mismos
arroyos y terminar en las planicies de aquel rio, después de ha-
berlos robustecido con otros derrames y dado origen á muchos mas
hacia el mediodía.
El principal de esos ramales se precipita sobre el rio, algo al
Este del paso de Centurión^ lo encajona y estrecha, sin hacerle
perder la regularidad de sus corrientes, reapareciendo mas esca-
broso y alto en la margen opuesta, donde son mas fragosos sus
accesos, después de haber vertido mayores aguas que descien"
den con estrépito al mismo cauce.
El otro, enderezándose al desagüe del Estero de los Burros, al
cual van á estagnarse sus derrames occidentales, calma subcesi-
vamente sus inflexiones y niveles y desaparece antes de lle-
gar á sus costas, formando entre ambos un valle feraz y deli-
(I) Las Cañas t el Saranm.
310 DESCR1FC10?( GEOGRÁFICA DEL TERRlTOSfO
cioso, surcado por arroyuelos y manantiales revestidos de plane-
tas aromáticas, de dátiles y palmeras^ de guayabos y guabiyuces^
de sauces y laureles, de murtas, molles y coronillas que le dan un
aspecto risueño y variado en medio de las gramineasy pastales
que fomentan el desarrollo que alli muestran la f;anaderia y los
sembrados.
Ese Estero, al que vulgarmente se dá aquella denominación,
formado por las aguas meteóricas, y por las que vierten esas mon-
tañas, particularmente las que desde la gran cuchilla, á 15 ó 16
millas al Sud, vienen aerearlo en algunos riachos y arroyos, que
acaban por esparramarse en esa onda cuenca, representa una '
estension de 3 á 5 millas de anchura, intransitable en los perio-
dos de lluvias, si bien sea susceptible de cruzarse por entre 1^
bosques cercanos á la ribera, con el auxilio de guias ó baquea-
nos. En los fuertes estíos, esa grande ciénaga se atraviesa en de-
terminadas direcciones, particularmente en aquellas en que se»
menos depresivos los niveles de las tierras.
En tola su margen izquierda, como en sus cabezeras, sus bor
des están limitados por algunos cerrezuelos y colinas, alterna-
dos con lomadas y collados cuyas pendientes trabajan las cor-
rientes y cuyo mayor canal se recuesta sobre ellas poblados de
plantas acuáticas, de intensos pajonales, de sarandises y cardas,
con algunas isletiis de sauces, de espinillos y de talas, que se
pierden en la espesa selva que oculta su confluencia.
En los campos al Oeste del Estero, mas despejados y llanos
vuelven á aparecer las vegas entre las planicies bañadas por las
avulsiones del Rio, asombradas por bosques extensos y obscuros
cuando los albardones y colinas no lo oprimen entre sus dobezes
y ahondan su fondo, ó ya la emparedan entre ásperos farallones,
velados por la misma selva que llega hasta sus cimas, ú ora por
los montículos y los morros que entre ellas asoman á su lado ro-
zados en sus faldas por las corrientes.
La variedad de niveles que trae el álveo de ese rio, influye tam-
DE U REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 311
lien para que la velocidad de estas. sea variable en Ipis diversas
zonas de su curso. Por las observaciones hechas en algunas de
ellas, puede deducirse que el termino medio no pasa de 5,200 á
5,300 varas por hora; y la altura de sus avulsiones, en las épocas
mas lluviosas, de 10 á 12 pies, en la medíanla de su curso.
Difícil es en esas vegas conquistadas y fecundas por las aguas,
penetrar ni presumir los giros que lleva su cauce en el espesor y
la sombra de los montes, ni los bordes de una hermosa Laguna
oculta en medio de ellos, y cuya opulenta vegetación desparra-
mada por todo el horizonte alcanza hasta las laderas queá lo le-
jos muestran el fin de los valles, ondulados por algunos cerre-
zuelos, en cuyas golas breñosas encuentran un arraigo feraz los
espinillos y los talas alimentados por la bruma del rio que se le-
vanta desde su lecho hasta arriba de sus crestas.
Tal es el aspecto de las riberas del Yaguaron, antes y después
de su confluencia con el rio de los Miiiuanos, mas conocido por
Yaguaron chicOj desde la unión de los frondosos canales de la Mi^
na y Guaviyú, que manan de la cadena originaria al pasar cerca-
na á las sierras del Azeguá, ya visibles desde 30 millas atrás á
la espalda de las grandes ciénagas que llevan su nombre.
Las márgenes de ese rio pertenecientes al dominio nacional,
según los tratados, recorren la estension de 80 millas, medidas
por el girode sus sinuosidades.
Las hermosas escenas que él presenta y las que vionen á darle
nuevo realce en esos paralelos, las unas, con sus bosques, sus
sierras, sus morros, sus colinas, sus sombras y sus luces; las otras
con sus valles, sus prados, sus fuentes, sus cascadas, sus islas y ^
sus vegas; en donde la soledad y el silencio sobrecoge y alarma;
donde lo callado y grandioso de esos panoramas crea impresiones
sublimes y religiosas; donde la pureza y diafanidad del cielo y
del aire vivifican y deleitan; donde la soledad de los contrastes
realza la imaginación y transportan el alma á emociones mas
profundas y graves; donde, al fin, el conjunto de ese todo relum-
brante de verdor, de raudales y florestas, ofrecerían rasgos gran-
3 12 uEsciurcioN geockífica del teuritorio
diosos para adornar lo3 mejores cuadros de la naturaleza, solo
serian comparables á las peripcctivas de la Siria, del Indostan y
déla llalia.
§ VIH.
Va á creseiitand'jsc el nivel de las tierras á me:lida que se
camina por las murpenes de los Minuanos hacia su orijen en las
serranías de Azegná^ la que momeatos ant^s que la cuchilla
Grande pase tanjento a sus mayores alturas, otros de sus esla*
vones, la cruza v desciende abajando sus cunbres hacia el nacien-
te por entre los canales de ese rio y los de la Mina hasta que aca-
va en un c^^rro de aristiis regularos, cónico y alto, que denomi-
nan Cerro-chico de Azeguá^ sercano á la unión sus aguas.
Después que esa misma cuchilla separa las de aquellos dos gran-
des bañados, formando en modio de ellos un altillano de bíijos
niveles, siíjue levantándose subsosivamrnte en la. dirección de la
misma Sierra, en donde, y yá inmediata d uno de sus extremos,
empiesa á manar, 3 millas antes del mismo núcleo en que prin-
cipian las fuentes de los Minuanos, las aguas del de la MinOj por
las cabidas del meJio-dia, y por las reversas, las de otro arroyo
caudaloso, Lacruz,'' que con sus diversoi gajos váá desaparecer en
el inmenso Kstcro que llega hasta las raices erientalcs de esas
montañas.
Las islas y los largos sotos de arboledas que matizan ambos
lados de esos canales, formando praderas y pequeños valles, hu
medecidos algunos por sus altas crecientes; otros, enseñoreándo-
se sobre el plano del lecho, secos, llanos y de una gala esquisita
en su vegetación; el aspecto duro y grave, ya luminoso, ya vela-
do de esa montaña, según los variables giros de la luz, presentan
un conjunto, unas veces serio y adusto; otras, alhagable y hermo-
so con la elevación y estension de los bosques, con el verdor y el
aspecto de sus morros, con la proyección de sus sombras, que dan
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL l^RUGUAY 313
á esas soledades un carácter imponente y selvático que recuerdan
las encarnizadas luchas de los conquistadores con la guerrera y
extenguida tribus de Minuanos que en otros tiempos las habitavan.
El arroyo de la itfma, notable, por ser el linde de la República en
esa parte de la frontera, corre por terrenos fragosos y ondulados .
ocultando su lecho donde las quebradas, ó los montes, lo encajonan
ó lo asombran, haciéndolo impenetrable en muchos parajes mien-
tras no se sube á sus fuentes, yá en contacto con la montaña
del Azegm.
El grande Estero que rodea á estas prominencias por todas sus
faces, menos por las del medio-dia, presenta un horizonte y un
aspecto semejantes á los de la Yndia muerta y San Miguel^ intran-
sitable, como ellos, en tiempos lluviosos. Sus aguas se dilatan
por el lado occidental hasta cubrir una parte de los hermosos va-
lles del Rio Negro; y por el Sud, hasta las primeras vertientes de
Falleros^ en la cuchilla Grande, opuestas á las del Chuijy que na-
cen de sus cabidas oriéntale^.
Las sierras de Azegua que dominan esa vasta' ciénaga, mandan
á ella todas sus aguas en el complexo de su organisacíon, que
abraza un espacio de 14 á 15 millas, desde sus primeros ezlabo-
nes en las vertientes de la Mina y los Minuanos^ hasta los mas re-
motos por el lado del Oeste, no lejanos de las costas de
aquel Rio.
El mayor de sus morros, de crestas estensas, de faldas prolon-
gadas, figurando un cono incompleto de aristas irregulares, mide
una altura de 700 pies aproximadamente sobre el suelo 'de las
ciénagas, no siendo mucho menor las de otros promontorios de
formas trapeziales que se encadenan con el por algunos colla-
dos y colinas hasta tocar con las imflexiones de la misma cuchi-
lla en las cabezeras de aquellos, cuya altura sobre el nivel del
Occeano, noes menor de 2100 pies, según observaciones baro-
métricas que alli se hicieron, no obstante las contrariedades que
oponia la inconstancia de la temperatura en los dias de esa
ocupación.
Desde ellas, y sin perderse todavía de vista la hermosa serrania
39.
314 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
(le Azcpuá, la linca que divide del dominio nacional, convertida
en una recta, se dirije hacia el desagüe del San Luis en el Rio
Negro, atravesando por campos mas abiertos alternados por al-
gunas lomas y oteros, que de una parte son suaves ramificacio-
nes, ó declives, de la misma sierra hacia el medio-dia; y de la
otra, por las que se desprenden al Occidente de la Gran cuchilla,
que abandonando repentinamente esas escabrosidades endere-
za sus giros para el Norte, ondulando suavemente la superficie
del verdadero Valle de Azeguáy que se extiende bástalas riberas,
de aquel rio, donde representa un damero de florestas y de tierras
arables, incultas y despobladas.
El curso de la cuchilla, á medida que se interna hacia el me-
diodia, acrecenta subcesivamente sus elevaciones, eccediendo á la
de los mas altos morros de esa zona, particularmente en el pun-
to que de ella separa la cuchilla Grande de Santa Ana, allá en las
cercanías de las ruinas de Santa Tecla, donde se ven, unas al lado
de otras, las encontradas fuentes delYaguaron y las del cauda-
loso Rio Negro, divididas tan solo por la linea culminante de
esos dos ezlabones, las primeras al Oriente, y las otras al reverso
de sus faces, por el cuadrante opuesto.
Las aguas que se derraman de las lomas y collados que atra-
viesan por el centro de ese valle, — cruzadas, también, por el gira
de la línea divisoria, — reunidas á las que vienen de la misma
sierra y de otros montículos aislados en esa extensión, forman á
sus flancos, y a su frente, los brazos de dos bañados pantanosos
y de amplitud variable, intransitables en los inviernos y que de-
saguan juntos en el Rio Negro, pocas millas al Sud del cerro de
la Carpinteriay situado todavia en territorio de la República, á
muy corta distancia de la embocadura del San Luis, adonde
se acaba esa línea de 14 á 15 millas de estension (1). Partiendo
(I) El primero de esos baüados es el Uamado de los Ceibos, que cósica per el Norte
I.H faldas do la Sierra: ycl segundo, do la Carpintería, ya próximo á las márgenes del
l'.ío Negro, y que no tiene menos de 2á 3 millas de ancho en su paso mas frecuentado
fronte al mismo cerro.
nE LA EEPÍBUCA ORIENTAL DEL URUGUAY 315
de las vffrtientes de la Mina en la cuchilla Grande, vuelve acor-
tar esta cadena y las primeras caídas de los Mintianos, que nacen
en su contacto con la Sierra, á 4 millas mas al Occidente, para en-
trar en seguida en las tierras de ese valle.
Los inconvenientes que lleva en si misma esa divisa separando
muchas propiedades rurales de áreas mas ó menos considerables
y dejando sus fracciones en el uno, ó en el otro dominio, desapa-
recerán, como es de esperarse, cuando del aumento de población,
de los ensanches de la industria, y de la acumulación de capitales
emanen mas altos intereses y necesidades, que aconsejen por si
solos su reforma por medio de estipulaciones mejor calculadas,
en que se prefieran accidentes naturales que concilien recípro-
cos derechos, ó concordando, en todo caso, en mutuas y equitati-
vas compensaciones, que darían á la vez mayores garantías á la
administración civil y policial de esa frontera.
Aquel cerro colocado en los bordes occidentales de ese Estero
al que dá su nombre, como también al paso principal del rio en
contacto con sus declives y á pocas cuadras al Sud de esa con-
fluencia, tiene una cima aplanada, larga estrecha, con caidas ex-
tendidas para el Norte, tajadas y barrancosas por otros lados,
especialmente por las que serpentea el rio, cuyas aguas rozan
sus escarpas, inundando los bosques y dejando estagnadas en las
planicies de la ribera cercana algunas lagunillas que aun perma-
necen en los Estíos cubiertas por los arbolados que las asom-
bran.
§IX
Ensánchase mas el ánimo al seguir en su descenso las aguas
de aquel hermoso rio y descubrir unos tras otros los placidos
contrastes que diseñan sus riberas, y sus islas, con la extructura
caprichosa de los bosques, de sus prados, ensenadas, cascadas y
lagos, que aparecen de repente en los accidentes inesperados
oíG DESCRIPCIÓN GCOGRÁFICA DEL TEnRlTORIO
(le su curso, fecundado por el riego de hondas rompientes y ca-
nales en que se comparte su lecho, creando represas naturales, la-
gunas y estanques, emanados de los alternados niveles del álveo
y de los bordes, rodeados de una tierra de fortaleza incompara-
ble, comprovada en el nervio con que se producen en los huertos
las hortalizas, las frutas y los granos, que cultiva con ana pingüe
compensación alguno que otro habitante de esas comarcas soli-
tarias.
En la primera zona de su camino, el pasage y los accesos de^
Rio Negro, aunque sus cabeceras no estén remotas, empiezan ya
á presentarse algo difíciles, y muchas veces, lentos y penosos,
por lo espaso y concentrado de sus montes, por la altura de sus
barrancos, cuando corre por una superficie de mayores movimien-
tos, ó bien, por los bañados y esteros donde se esparraman sus
aguas, cuando vá por valles y planicies; y mas frecuentementej
por la rapidez de sus corrientes y la hondura de sus canales, sem-
brados de sarzasy niboras, de rocas ferruginosas y graníticas, sin
dar lugar mas que en determinadas sondas á las arcillas y las
sílices.
Tal es la naturaleza de esa corriente desde el Piray al Zapallarj
particularmente donde el Palleros y las últimas ciénagas del Aze-
guá aglomeran sus aguas sobre sus márgenes, formando en medio
de ellas varias Lagunas con arbolados y juncales, que difícilmente
mantienen sus aguas durante los calores.
Desde el Sarandi al TupambaCj como del Tarariras al Cordovézy li-
mitedeesta sección territorial por el tercer Quadrantre, el cauce del
Rio Negro, vá apareciendo subsesivameutecon otra magnitud y otros
contornos, devido al fuerte tributo de estos arroyos y al de sus
numerosos afluentes, que vienen de las cabidas occidentales de la
Gran cuchilla, en oposición á las que manda al Merim desde el
Tagmri al Ulimar.* Sus corrientes van siendo menos rápidas y
divididas en diversos brasos según las alternativas de su fondo:
las cejas de montes mas ceñidas á sus bordes hasta entrelasar sus
copas y formarle arcos piramidales para su paso: sus islas mas
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 317
cstensas y frondosas: mas raros sus saltos ó cascadas: mas mulíH
pilcados y ezlabonados los collados, las lomas, los oteros que lo
siguen por sus flancos y contienen sus desbordes, abriéndose mu-
chas veces para abrigar entre sus doblezes á pequeñas abras que
serpentean ' entre ellos, regadas por las avulsiones periódicas de
sus aguas, con los piñones de arboles y arbustos, que vegetan en
las tierras húmedas y fuertes de esas hondonadas,' que mas de
una vez, son el lecho de alguna cañada, ó de un pantano, de un
arroyuelo, ó de un torrente.
La estructura de los campos comprendidos entre esos arroyos,
el rio Negro y la cuchilla Grande, aparecen mas altos y mas lla-
nos; 'menores las inclinaciones de esas alturas que las de la faz
opuesta, y las de las tierras mismas que recorren los afluentes del
Lago, desde el Taquari al Ulimar. Asi es que las corrientes de esos
arroyos son menos veloces, menor el volumen de sus aguas, me-
nor también el numero de sus afluentes, y menos estensas sus
debordaciones. Su3 orillas llevan en todos ellos arboledas frondo-
sas, como lo es la vegetación de los pastos, de las plantas y sem-
brados, que rinden cosechas exuberantes.
Desde el Fraile Muerto al CordoveZy los afluentes del Rio Negro
atraviesan campos ondulados por collados altos y extendidos que
contieaen altillanos despejados y feraces, con mayores alternativas
al acercarse á las pendientesde la cuchilla, cuyas inflexiones son al-
gunas veces ásperas y agrias, mas comunmente, lentas y sin acciden-
tes. Ceñidos suscauces por extensos albardones, sus creces ha'
ñan menores espacios, dando á la vegetación un nervio
extraordinario.
. El Tupambaé tiene en sus vertientes dos cerrezuelos de un con-
junto risueño, de perfiles regulares, verdecidos de follages muy
variados; y también algunos mamelones diseminados en su curso
de faces precipitadas, trabajadas por sus desbordes, con grupos
de árboles que nacen en sus surcos y laderas.
El Quebracho^ como el Sarandij arroyos fuertes y montuosos,
llevan al Fraile Muerto^ de quien son afluentes, mayor caudal de
318 DESCRirCION GEOGÜÁFICA DEL TERRITORIO
aguas, y hace n dificil su tránsito y su paso, ya por sus bañados
y pantanos, como por sus barrancos y sus bosques, particular-
mente al fin de su camino.
El Tarariras y el Pablo Po^z, tributario este último del cauda-
loso arroyo del CordoveZy riegan campos de igual textura, sepa-
rados, como aquellos, por ramales de colinas que bajan desde la
cuchilla y que van á desaparecer en las vegas del Rio Negro, ali-
mentándolos de todos lados con sus vertientes, mientras que
de sus altas llanuras se dominan perspectivas bellísimas hacia to-
dos los radios del horizonte, particularmente si las mira das se
dirijen desde la cima del cerro de Paezy hacia los llanos, que de
uno y otro lado de esos canales, van diversificando sus formas y
aumentando de amenidad á medida que se confunden con las
florestas de toda especie que adornan las plácidas márgenes del
Rio Negro.
Guando en las épocas lluviosas aparecen las innundaciones,
este rio presenta en ese paralelo un cauce imponente é impenetra-
ble cubriendo hasta los montes, cuyas copas no levantan mas de-
12 á 15 pies de altura.
Ese montículo cónico, tiene sus aristas algo onduladas, trunca-
do levemente por pedrones y canteras del gneiss que circuí an su
cresta, y con accesos fáciles por la lentitud de sus declives, délos
que brotan mantiales puros y algunos con propiedades minerales .-
Después de recorrer esas campiñas, sus prominencias y sus va
lies, no es posible desprender déla imaginación el pensamiento de
que cada uno de ellos guarda un nombre espresivo, ó un recuer-
do histórico, que inmortaliza los trances gloriosos, ó imfortuna-
dos, del pueblo oriental en las ingratas luchas de sus propios hi.
jos, ó en las guerras heroicas de su libertad. Acada paso esos
recuerdos enlutan y amargan el espíritu, quando no lo remon-
tan hasta las inspiraciones de la gloria y del orgullo nacionial.
Dr LA IlEPLIiLir.A OKÍENTAL i)El URUGUAY 319
Observaciones Geológicas.
§X-
Las condiciones Geológicas de los territorios que desde el
Ulimar al Yaguaron integran la vertiente Orientiil, parecen ser
mas ó menos análogas á las del extremo meridional de esa zona.
La formación granitica y del gneiss^ sigue apareciendo hasta
el Parao conglomerada mas generalmente con pedrones cristali-
nos é Ígneos, asociados con depósitos sedimentarios; y también
con los caracteres distintivos de formaciones independientes en
su stratificacion y composición, superpuestas indistintamente.
La faja de cuchilla Grande, comprendida entre las sierras de
Guazunambi y de las Palmas^ asi como la formación de estas mi-
mas, parecen componerse de rocsis granitoides ^ mas ó menos cris-
talinas, y también áepegmatUo interpolado con el quarzo y con sig-
nos imperceptibles de cristalización, dispuesto á convertirse len-
tamente en esa misma roca.
En las golas de esas sierras, como en sus crestas, sobresalen
agrupados los pedrones granilicos, generalmente stratificados,
alternados con rocas Ígneas de gran volumen por cuyas grietas
filtra el manganesium, demostrando la abundancia de minerales
ferreos.
De esta organisacion parece participar la mayor parte de la
sierra de Azeguá que mira al medio dia. En sus quebradas y ac-
cidentes se han observado algunos signos de terrenos sedimento,
rios y secundarios en sus diferentes series, ó subdiviciones, vién-
dose internar las rocas graníticas hasta los estados inferiores del
terreno cretáceo.
Diversas rocas de agregación, y muchos calcáreos cristalinos,
hemos creido distinguir, comfundidos con otros depósitos que
figuran entre los limites inferiores de los terrenos carboniferos
320 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
y los de loa mismoa terrenos cretáceos^ representados por mues-
tra visibles áe\gipsOy de las calcáreas y las arcillas.
En algunos de esos accidentes, las rocas y las concreciones
calcáreas parecen ser menos consistentes, indicando la existen-
cía de algunas capas de terrenos terciarios imferiores, que se enca-
minan á diferentes direcciones, desde que en ellas se ven indicios ,
de las margaSy de los calcáreos gruczos y de arcillns plásticas, con
costras de lignitos. ^
En los calcáreos no son estraüas laa vetas inarmureas^ y las
caliceaSj tanto en esas asperezas, como en ios terrenos quebrados
que le son adyacentes.
Parece que en ellas, como en las quebradas y monticulos
cercanos, por donde corre el arroyo de la Mina, se reconocieron
áprincipios de este siglo, algunos minerales de piorno^ de hierro,
estaño, y cobre, y también algunas menas auríferas, que induje-
ron á varias exploraciones, que mas tarde fueron abandonadas,
como las hechas en el territorio del Departamento de Minas.
Los descensos de la cuchilla Grande hacia el rio Negro, desde
el Azégua para el sud, según hemos podido jusgflCr en nueslro li-
gero transito por ellos, aparecen algunas veces compuestos de ter-
renos de transición en sus distintas subdivisiones. Las gredas,
los schislos y los calcáreos carboníferos, se presentan como alter-
nando con capas gredosas que parecen contener otras de carbón
de tierra-, y nos ha parecido, que los calcáreos compactos, los schis-
tos arcillosos y pizarreños, con las gredas guarztzitas, resaltan en
los terrenos de transición media é imferior.
No es estraño en los pequeños valles donde la agua se mantiene
á corta profundidad bajo de tierra encontrar un suelo turbozo,
cuya producción pudiera ser muy estimada en los lugares escasos
de bosques y combustibles.
En esos territorios se vén también algunas capas de tierras
galenas, con sulfúrelo deplojno, coloridas por el oxido de hierro que
supone la abundancia de este mineral en los estados imferiores.
En algunos de los afluentes del Rio Negro, y en suspasDs mas
DE U REPÚBLICA ORIENTAL DEL CRUGDAY 321
frecuentados en esU zona^ el lecho aparece cubierto de rocas de
una naturaleza volcánica, aparentemente porphíriccMy de color
gris obscuro, conteniendo mucho oxido de hierro, y consiguiente-
mente muy pesadas. Esta misma peña en otros lugares está en-
custrada con partículas de cristal de roca^ de quarzo^ pedernal^ ópalo
y hyalitas^ cuyas variedades quarziferas son susceptibles de pu-
lirse como la ágata.
Se encuentran también pequeños fragmentos de un mineral que
contiene 20 á 30 p§ de hierro; y se comprende que han sido ar-
rastrados por las aguas al rozar, ó minar, las bases de las colinas
atravesadas por algunas menas férreas.
En las costas de aquel rio, como en los cerros y colinas cerca-
nas, se vé interpolado el gneíss común con el graphitoso-, unas ve-
ceSy en rocas de corta dimensión, y otras, en guijarros aislados
en las playas y barrancas del rio. Ese graphito^ que aparece re-
emplazando á la micay tiene todos los caracteres del grapkito esca
moso.
Apareciendo algo mas benigna la temperatura en loi valles del
Rio Negro y en las fajas adyacentes á la parte superior de su
curso, la vegetación arbórea, la de los granos y hortalizas, es to*
davia mas robusta y precoz, mas abundantes las cosechas de fa-
rináceos, que en los extremos de la vertiente oriental. Y con mas
razón son aclimatables las plantas y las frutas que participan de
las condiciones de Lis temperaturas tropicales.
'50.
CAPULLO XV.
COKITIIVUACIOIV DE LOS TEBRITORIOS t|CE BAÑA
«f MO NE€}BO Y SUS AFLUENTES IHERIDION ALES HASTA LA
C01VFLUEN€IA DEL Ty.
HAIMEN BOREAL DE ESTE RIO T SUS ¥ERTIE1«TES.
OBSERVACIONES GEOLÓGICAS,
§í.
Desde las cabezeras delGordovcz se aparta déla cucliilla Grande
en la dirección general del Oeste, revolviendo sobre el paralelo
de los 33,® otro ramal de colinas que manda á aquellos rios una
nueva red de derrames tan abundante y vasta como numerosos
son los sistemas culminantes, que desde ese ezlabon se abren en
mil brazos hacia sus bordes, después de brotar nuevos riegos y
separar los cauces en que ellos se aglomeran.
Disminuye la profusión de esas vertientes, cuando calmanda
las colinas sus cabidas, los valles cobran mayores espacios, y
concluyen transformados en albardones y oteros, bajos y exten-
didos, que abren paso á la confluencia de esos canales, obliga-
dos por otros mas elevados que los oprimen- en sus opuestas ri-
beras.
En aquel nexo que mide como 2,200 pies sobre el nivel del
mar, recibe el Yy sus primeras aguas por las pendientes di
Sud; e\ Ulimar las suyas, por el Oriente, enfrente de la&que por
la cara opuesta dan origen á aquel frondoso rio, cuyos alegres
giros se alcanzan á ver hasta muy lejos, engrosados paso á
paso con las vertientes que recibe de la cuchilla de San José^
que formando un contravieso dominante y consistente, se preci-
pita sobre el Rio Negro, haciendo desviar su curso para el Norte,
mientras no aparecen por la margen meridional, zureando en
324 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TE&IlITOBie
encontrado sentido, los canales del rio Tacuarembó, que con el
choque simultáneo de sus fuerzas, remolinean, retroceden y re-
vuelven unidos para el Sud, recobrando aquel la dirección que
habia perdido.
Tales son los contrastes que imponen á las corrientes los cann
bíos momentáneos de la nivelación de esas tierras que forman la
parte mas elevada de la región central.
En las medianías de esa cuchilla donde nacen algunos arro-
yuelos que desaguan en el cauce cercano del Rio Negro, se vé
sobre ella un cerrezuelo de bellos cortes, de cresta aplanada y
larga, de cabidas lentas y acceso fácil, verdecido de pastizales y
foUages.
Desde sus faldas hasta el nudo de aquel contrafuerte, empie-
zan á aparecer con profusión los manantiales que constituyen, á
corta distancia, el ondo arroyo de las Cañas, que por un cauce
barrancoso y permanente, lleva sus aguas al Rio Negro, regando
un valle fértil, abierto en todas direcciones y que alcanza hasta
las feraces costas del Cordovez.
Del lado oriental, ese valle sigue hasta perderse en los amenos
giros del Chileno, no menos fuerte y frondoso, cuyas fuentes es-
tán en contacto con las de aquel, recorriendo por campos altos,
cruzados por diferentes canalizos que hacen tan alhagüeña esa
superficie en que las isletas y los árboles aparecen repentina-
mente entre las sinuosidades de los collados, como en las húme-
das planicies á donde llegan sus crecientes.
Las lomadas en que reposan esos altillanos, fomentando con
sus derrames el cauce de esos arroyos antes de extinguirse en sus
costas, tuercen bruscamente el curso de sus aguas que buscan su
nivel por medio de giros inesperados y raros y que por su nove-
dad y atractivos, como por la gravedad de sus corrientes, por la
amenidad de sus islas, la elevación desús bordes, y la diversidad
de prados enclavados en sus bosques, delinean una de las bellas
perspectivas que se encuentran en el largo transcurso de su car-
rera.
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 325
El fondo de su lecho, siempre escabroso y alternado, hace bu-
llir sus corrientes en las bajantes de las aguas; y aun hay parajes
en que alzándose las rocas porphiricas, en diferentes situaciones
del cauce, descubren sus faces angulosas que lo comparten en va-
rios canalizos, y que lo precipitan con frecuencia, hacia inflexio-
nes mas hondas, donde forman remolinos, ó remances, cuando
no lagunas y placeres, sembrados de bancos visibles, de islotes in-
nundables y montuosos.
Cesan accidentalmente las tortuosidades del lecho quando,
internándose por las vegas que desde el Chileno á la Carpintería
y los Molles lo siguen por sus contornos, abajan sus cimas los al-
bardones y las lomas de uno y otro lado de sus riberas, y de-
jan al rio correr mas tranquilo por llanuras húmedas acolchadas
de pastos vigorosos, con bosques mas tupidos y altos, con marge-
nes mas llanas y accesibles que salvan sus aguas para inundar
en largos espacios la yerva de los prados, dándole un aspecto
magestuoso en la época de sus creces.
El termino medio de la sonda en esos periodos no es menor de
20 á 25 pies de agua; y la velocidad de las corrientes, en su esta-
do normal, alcanzad 5^ millas por hora, convidando esta sir-
cunstancia y la estructura de los canales para aplicaciones utilisi-
mas en la agricultura y la industria.
§"
Desde la comfluencia del ultimo de esos arroyos vá siendo
mayor la profusión de las vertientes que descienden al rio Negro
de las mismas alturas, desapareciendo las llanuras con los doble-
zes del suelo, que ora en sus afluentes, ora en sus margenes, fo-
mentan los bosques, que á cada paso descubren prados solitarios
diversificados con el espesor y la sombra de la selva, en la que
los espinilloSj los laureles, y los seibos: los sarandises^ los ñandú-
bayses y los talaSj se encuentran agrupados con los virarroos, los
326 DE8CHIPCI0N GEOGBÁFICÁ DEL TERRITORIO
guayabos, los curupies^ los ipees. los coronillas , las murtas y sauces
de variedades diversas, que les dan momentáneamente un aspec-
to grave y agreste, hermoso y gracioso con frecuencia, quando no
Boblime y único en sus variedades renovadas por instantes.
Esas aguas riegan vegas de una feracidad asombrosa en que
las materias orgánicas descompuestas dan un espezor eccepcio-
nal á las capas vegetales, que es necesario corregir en el culti-
vo de los cereales y de las plantas económicas é industriales. En
las escasas cementeras que se cultivan en esa comarca, se obtie-
nen proporciones aun mas sxtraordinarias que en las margenes
del Uruguay y del Merim.
Desde aquel ultimo arroyo, siguiendo el giro de las aguas del
rio, empiesan á resaltar con vistas distintas los collados y coli-
nas de uno y otro lado manifestando en sus alternativas la ten-
dencia á eslabonarse reciprocamente, é indicando en sus im-
flexiones la primitiva organisacion que desquiciaron los tiem-
pos y los sacudimientos de la superficie. Los descensos de tísos
niveles en sentidos convergentes, ó formando distintos sistemas
en su dirección y en sus cabidas, someten á la maza de losfluidos
á deslizarse por las sinuosidades de sus raices, dando vueltas y
contornos tan singulares, cual la instabilidad de sus niveles, la
extensión de sus declives, y la distancia que media entre los unos
y los otros para el paso délas aguas.
Él concurso de esos accidentes causan en esa zona giros sin-
gulares en el curso del Rio Negro, presentando sus márgenes la
faja mas adornada en su vegetación, mas variada en sus «igrestes
escenas, y aun mas deliciosa en el conjunto de sus perspectivas,
quando repentinamente revuelven sus canales en sentidos inespera-
dos, se tuercen, se repliegan^ ó se esplayán; ó ya se emparedan
entre escarpas elevadas, velados en esos cambios por mantos de
arbolados y florestas que vegetan en las feraces terrazas que los
dominan de uno y otro lado.
Con un fondo siempre inconstante y escabroso, su sonda, y sus
corrientes, la amplitud del cauce y la altura de sus bordes, si son
I)E LA REPÚBLICA OIIIENTAL DEL URUGUAY 337
aproximadamente determinables en los periodos de las abulsiones
y aun en los mas fuertes Estios, no lo son en las demás estaciones
del año por las alternativas de la temperatura, en toda la exten-
sión que recorren sus afluentes.
En los parajes donde sus bajadas son mas suabes y que las
aguas se dilatan; donde se forman bancos ó lagunas, y que el
fondo es menos agrio y ondulado, allí es donde las necesidades
de las poblaciones vecinas, las del trafico y del comercio esploran
los vados mas posibles del rio, que corta toda comunicación, ó la
hace difícil, durante las crecientes y las lluvias, particularmente
en la distancia que media entre las barras del Tacuaramho y Fy,
donde se encuentran los mas frecuentados por su situación cen-
tral, ligando las relaciones de los territorios que separa.
Los inconvenientes que presenta esa fuerte barrera para salvarla
refluyen inmediatamente contra los intereses del comercio y de la
industria, cuyos cambios entorpece, retardad fomento de la pro-
ducion, la grava con peazgos eccesivos, y priva á la misma indus-
tria y agricultura,— aunque escasa y naciente todavia,— de las ma-
terias de primera necesidad, menoscavando la regularidad del
servicio publico y las conveniencias generales del paiz.
En aquel intervalo, notablemente desde el paralelo en que cruza
al rio la prolongación del meridiano de Montevtdeo, siguiéndolo
al poniente, difícil es pintar las rusticas bellezas que diseñan en
sus riberas las lagunas, los estrechos, los pequeños saltos é islas
que aparecen en su curso, con los prados, los bosques, las chosa^
diseminadas en los valles, y hasta la sendas vulgares que ser-
pentean por las vegas y penetran en las florestas por entre milla '
res de ganados que pacen en un suelo vigoroso que les brinda
con un alfombrado de pastos, de plantas y de gramíneas, rodea-
das de aguas puras y azuladas, matizando ese conjunto con que
la naturaleza ha creado un panorama delicioso en esas riberas,
numerosas especies de animales silvestres, de aves y de peces de
mil colores, de frutas indíjenas y de otras producciones natura-
les, que sirven de solaz y de provecho á los habitantes de esas co-
marcas solitarias.
!528 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
Desde la Cnrpinteria á las Conchas^ como desde la Mina al Tala,
afluentes permanentes y frondosos del Rio Negro, los campos,
como sus orillas, presentan un aspecto semejante en sus propie-
dades naturales y geográficas. Alli las galas de la naturaleza, que
son el trasunto de otros paisajes desparramados en medio de un
pais inculto, representan gérmenes felices de progreso y de vida,
que deparan grandes cauces al movimiento y al genio de la in-
dustria para que fluyan tranqui lamento por ellos cuando vengan
en auxilio de un pueblo esencialmente pastor la actividad y la
fuerza de otros estraños que, aprovechando los goces de una paz
niterna, lleven subcesivamente á cabo las grandes mejoras mate-
riales que señala á cada paso un suelo dotado de tantas esperan-
zas, fomentando el comercio, atrayendo capitales y brazos, mul-
tiplicando los medios de producción y de cambio, á la vez que
adquiera la instrucción y la cultura á que lo encaminan sus pre-
coces condiciones:
Imposible es que un pensamiento semejante no se apodere del
animo por instantes, al recorrer esos campos predestinados á
contener un pueblo feliz y opulento.
g III.
La misma profusión de derrames que recibe el Rio Negro de
esacuchilla, cae por la faz opuesta al cauce del Yy, aumentados
todavía mas con otros que manan los infinitos ramales culminan-
tes que se precipitan sobre el y que en las cercanias de sus fuen-
tes son mas altos y doblados, dominándolos algunos morros, que
en la composición de su tez parecen contener algunas propieda-
dades minerales. Tales son los cerros de los Molles y Malbajar^ si*
tuados muy cerca del origen de los arroyos que llevan el mismo
nombre.
De esos dos grupos, los unos son ásperos y escabrosos, con una
elevación idéntica á la del nexo de esa cuchilla con la Grande so-
DB U REPÍJBLICA ORIENTAL DEL CROGCAY 329
bre el nivel del Océano, aunque bajos y de pendientes extensas y
dobladas: los otros, mas elevados sobre sus bases, tienen formas
mas regulares, menos agrios y de cabidas pronunciadas, aunque
accesibles de todos lados, presentando vistas agradables con el
verdor de las plantas que vegetan en sus raices y sus golas.
Los MtMt^ y el Malbajary como el Tala y el Herrera j que son
los primeros arroyos, que con otros afluentes de la rivera izquierda,
forman el lecbo del Yt/j son corren tosos y permanentes, orillados
de arboledas, mas tupidas en sus barras, donde se encuentran al-
gunas maderas fuertes y corpulentas.
Entre esos canales, los campos son altos y bondulados, presen-
tando cortas llanuras, que muy luego desaparecen entre los mo •
vimientos de las lomas y collados que se internan por entre ellos
y brotan nuevas aguas.
Desde el Herrera al Quadra^ los niveles de las tierras descienden
visiblemente y las planicies mas abiertas y uniformes, aumentan
el vigor de los pastos y la frondosidad de los bosques, particular-
mente los que siguen las costas del Fj/, que empieza allí á mos-
trarse con un cauce impenetrable, tortuoso y hondo, con corrien-
tes veloces en un canal interrumpido con frecuencia por bancos
y aterrados que desaparecen en el estado medio de las aguas.
La margen boreal de este rio hasta esa altura presenta las mis-
mas propiedades naturales que las opuestas, con variedades mas
diversificadas en sus perspectivas, con suelos y esposíciones mas
altos y encontradas, aun que con valles y llanuras mas limitadas,
y consiguientemente menos reproducidas las vegas en sus ribe-
ras, ó en la de sus afluentes, no obstante que las tierras tengan
la misma composición orgánica que aquellas y que los glute-
nes y mantillos rodeen el curso de todos ellos en cantidad pro-
porcional á la extensión de sus desbordes.
Varia el aspecto y las condiciones de la superficie al pasar las
costas del Tejera^ del Villasboas y CaballerOy arroyos menos enca-
jonados y de corrientes lentas, que surcan por tierras menos ac-
cidentadas y aun mas feraces en sus ayacencias y las del rio, que
41.
330 DKSCRIKION GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
•grave y anchuroso, desde entonces, y con vastos bosques que in-
vaden con sus espinilWy talas hasta los albardones y collados
sercanos, sus corrientes silenciosas, enclavadas entre bordes obs-
curos y á pique, solo presentan determinados vados en tiempo»
de notable seca.
Esas propiedades realzan mas ese canal y las tierras que sí-
cruen hasta la unión de sus aguas con el rio Negro. Sus últimos
afluentes, mas cortos y de cauces exiguos en relación con la poca
distancia que media entre él y sus vertientes en la cuchilla divi-
soria, que allí no es mas que un leve encadenamiento de estensa»
lomas, no causan alteraciones sensibles en la uniformidad y en
el vigor de los valles que van á perderse en la espesa selva de
e^a confluencia, donde las aguas de ambos rios organizan el mas
iTiponente. y fecundo canal, que después del Uruguay, riega la
zona meridional del territorio.
§ IV.
^v,^ vawi^us que encierran esos rios, reúnen las miamas condi-
ciones Geológicas que las que se han enumerado al tratar en el
capitulo anterior, de los que vienen acompañando la margen iz-
quierda del rio Negro, desde los lugares donde lo corta la Linea
Divisoria con el Brasil, sercanos yá á su origen.
Al pasarse el Yy por los vados mas frecuentados, desde sus
vertientes hasta el de Sin Borja, se observa á primera vista, que
la composición granUiea domina en las tierras sercanas a sus bor-
des, y en la generalidad de su lecho, conteniendo mucho oxido
de hierro mezclado con feld^pato blanco y ro/o, convinadotodo con
los humm y stratas que constituyen elementos vigorozos de una
rica vegetación, como la que se vé al derredor de sus aguas.
Desde aquel punto siguiéndolo hasta su barra, las tierras lige-
ras aumentan sus proporciones en esa convinacion, abrazando
t)K LA RerÚBLir.A OKIICNTAL DEL UlUltiUAY ^Zí
las sílices mayo.res espacios, interpola las también con mantillos
y limos intensos que dan una proJuccion exuberante.
En los altillanos, como en sus descensos, las rocas graníticas li-
padas con bancos del gneiss^ sobresalen en las cimas y quebradas
en medio de tierras galenas, bermejizas y muy aplicables á la al-
farería, coloridas porelmu *ho oxido de hierro que procede de los
minerales deesa especie que ¡ndudableniünte encubren las capas
superiores.
En todos los pasos del Rio Negro er\ esa zona, se nota coni) en
los de masarriba, que su lecho signe siempre ocupado porroias
de una naturaleza toda volcánica, de formas masísas y sin strati-
ficacion alguna, aparentemente p/ior/)ftír¿ca«, con un color gris obs-
curo y con mucho peso por contener eie mism ) oxido en grandes
cantidades.
Quando en otros lugares se halla debajo de tierra, se le descu-
bre una composición de fragmentos decadentes de las mismas
variedades de quarzo^ yá especificadas en ol capítulo anterior,,
sometidos aciertas leyeide asociicion, con tolas las afinidades
y antipatías inherentes asu naturaleza.
En los terrenos altos de los primeros afluentes del Ty, por el
lado del Norto, nos ha parecido notar algunas rocas Ígneas sobre-
puestas en un suelo todo compuesto de depósitos sedimentarios
preexistentes; apareciendo, otras veces, en forma de lajas, apla-
nadas y hendidas, en direcciones opuestas á la stratificaeion.
Esos exemplos de superposición, y de heterogeneidad de terre-
nos cuya emisión se refiere a épocas diversas, mas ó menos re-
motas^ no pueden ser clasificados sino con relación á los depósi-
tos sedimentarios, y á la edad relativa de cada uno de ellos. Un
estudio semejante exigiría exploraciones y análisis mas deteni-
dos, mayormente, quando se observa, que las mazas ígneas cortan
algunas veces la stratificaeion de las rocas sedimentarias: que
en otras, se encuentran intercaladas con el conjunto de la misma
straficacíon, mostrando un origen que se comfunde con 61 de aque-
llas; 6 yá, también, en formas masísas y regulares, parodiando
t(32 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICi DEL TERRITaRI9
cúpulas, Ó muros, de perfiles al parecer tallados, cual se vé en
los terrenos quebrados de los Departamentos de Maldonado
y Minas.
Con las rocas volcánicas aparecen en el lecho y en las adya-
cencias del rio otras de un peso mayor, conteniendo un 30 y 40
p§ de hierro y que deben suponerse como desprendidas por
fas aguas de algunas menas de este mineral; Á la misma causa
deve atribuirse la presencia en esos lugares de algunas rocas
porphiricas, en las que §e deja ver el ágata en sus espacios
globulares.
En las caidasde la cuchilla que divide las aguas de los dos rios,
son comunes las arcillas, los calcáreos, los schistos y otras capas
de terrenos sedimentosos idénticas á las de la zona superior que
riegan los afluentes meridionales del rio Negro, alternando con
rocas de transporte, con el gipso y otras peñas ferunginosas que
reposan sobre costras primitivas, y que no presentan ningunas
muestras de restos orgánicos. Asi es que la composición graniti-
ea reaparece por entre la stratificacion de las capas sedimenta-
rias, ya en las quebradas, ó en los collados mas culminantes,
donde son menos consistentes.
En los llanos de bajo nivel sercanos áesos rios, en que la agua
no está distante de la superficie, aparecen algunas fajas de
terrenos turbozos que producen con abundancia esta especie
de combustible.
En los terrenos de transición donde las piedras areniscas y
los schistoSj forman la capa superior, se descubren camadas y ve-
tas intercaladas de una roca ullosa^ y mas comunmente, de hierro
carbonifero; y es muy provable que el calcáreo carbonifero que
aparece mesclado con aquellas pe&as y con las arcillas en las
capas imferiores, encubra también vetas de uUa, ó carbón do
tierra, mas ó menos extensas.
CAPITULO XVI.
«
DEPARTJüHEUnrO DE TACUAREHlléf
TOPOfiBAFIA BE SU TEBRITOBIO.
VaOmiERA IMBIi BBASIIi BENTBOBB SUS UMITES.
OBSEBTACIONES «ROIiOJICAS.
POSICIONES «EOGBAFICAS.
CUABBOS BSTABISCOS.
§!•
. Sin cambiarse la físonomia y los elementos constitutivos de la
composición de las tierras al pasar las márgenes del Rio Negro
para el Norte, se entra lentamente en los hermosos valles que fe-
cunda el Tacuarembó y sus afluentes, hondulados con frecuencia
por los tramos de colinas que descienden hacia el lado septen-
trional .desde las lineas culminantes de Santa Ana y Haedo para
desaparecer con sus inflexiones en las riberas de esos rios, donde
la fecundidad del suelo cobra un vigor escepcional con el inmenso
despojo de materias orgánicas descompuestas que deposita en
ellas ese vasto sistema de irrigación, arrastradas desde sus remo-
tas fuentes en los mas altos niveles de la superficie del Estado.
La faja de campos que limita el curso del Tacuarembó y los
giros accidentados de aquellas alturas, presenta alternativas tan
amenas, tan únicas y bellas, como las que tan solo pueden pro*
yectar los montículos, los picos y los morros, que parecen colo-
cados providencialmente en medio de las vegas veladas por sus
sombras y humedecidas por riachuelos turbulentos y cristalinos
que se precipitan de sus laderas en sentidos encontrados, cru-
zando por entre los esmaltes de una vegetación exhuberante, y
casi siempre desligados de aquellas arterias con perfiles y formas
nuevas y graciosas.
334 DES€RlFClOiN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
Esos valles son mas abiertos y de menores movimiento^ al
cruzarse el Tacuarembó en demanda de las costas del frondoso rio
Cuñapirú y los del Yaguariy mas al naciente, en donde solo se des-
cubren, como perdidos en sus llanuras alguno que otro -promon-
torio desprendido de la sucesión de collados que se deslizan para
el Sud| dividiendo las vertientes de esos ríos.
Se despeja mas el horizonte, al descenderse insensiblemento
hacia la extensa cuenca que rodean los canales del Caraguatá^ y
Yaguary, hondulada tan solo, allá en las pendientes meridionales
de esas alturas, menos sensibles en ese paralelo, y constituidas
de altillanos amplios- y prolongados que desplegan tranquila-
mente sus faldas hasta desaparecer en esas húmedas planicies,
cuya extensión no es menor de 1 ,600 á 1 ,800 millas cuadra-
das entre los contornos de esos rios. Algunos oteros insensibles
parecen alzar levemente el suelo en los extremos de esa cuenca ,
mandándoles algunas vertientes lentas y apocadas que apenas
alteran la monotonía de la superficie.
Al reverso de esa cuchilla, por sobre la cual corre la linea divi-
soria con el Brasil, reaparecen hacia el Norte esas hondas lla-
nuras, aunque mas húmedas y reducidas, por entre los rios Santa
Mariay Bacacaat/y como una continuación de aquella, interrumpi-
da tan solo por los sinuosos giros de esas alturas que aplanan
alli sus niveles para presentar de ambos lados y hasta donde la
vista puede alcanzar el aspecto de una extensa sábana, limitada
al horizonte por los lejanos bosques de esas riberas con todo el
tipo de una naturaleza virjen que inspira tristeza y desconsue-
lo al descubrirse al lado de ellas, ó á la sombra de algún ombú-
secular, alguna que otra cabana, ó Estancia, como abandonada
en esas soledades, en medio de la calma, de la frescura y
del silencio que parece acercarnos á las condiciones del espacio
infinito,, cruzadas por tal cual senda de los pastores al vigilar
los numerosos rebaños que las cubren.
Esas grandes ondonadas que representan valles profundos cu-
biertos de lagunas y cañadas, encierran muchos elementos de
DE LA REVÉBLICi ORIENTAL DEL URUGUAY 33i>
una prosperidad floreciente, favorecida por la fecundad de sus
tierras, por la salubridad del clima, y por las vias fluviales de
que están rodeados, deparando en sí mismos facilidades imüni-
tas para la agricultura; entanto que los altillanos y planicies mas
ó menos limitados, forman tantos dominios distintos, por de-
cirlo asi, que cualesquiera de ellos bastarla con sus propios gér-
menes por abrigar una inmigración numerosa.
En esas altillanuras de suelos activos que muchas se elevan á 2ff
pies sobre el nivel del mar, las tierras guardan su composición
primitiva, viéndose en sus pliegues algunos grupos de arbolados
del Estio que no se placen sino á los rayos de un sol ardiente
como las palmeras, los higuerones, ubajais y camerops^ ó palmeras
enanas de los botánicos, que con otros mas, ostentan la frescura
de su verdor regados por arroyuelos que corren por susVaices; sin
que haya un solo objeto desprovisto de intereres, ni caresca de
bellezas y atractivos, en esos accidentes.
Vuelven las perspectivas á crear mejores impresiones al remon-
tarse las alturas del Santa Maria y Hospital^ desde donde se divi-
san para el sud, en medio de verdes llanuras, distintos morros
en contacto con varios tramos de colinas, que de un lado brotan
las aguas del cenagoso Caraguatá ^ y del otro, las del fuerte arroyo
de los Cerros Blancos que recive este nombre de dos promminen-
cias cónicas de composición calcárea que se ven entrelazadas por
sus golas sobre las alternativas de algunas lomadas en que se
tranforman aquellos ezlabones hasta perderse en la lejana com-
fluencia del Taquarembo, separando las corrientes , siempre tran-
quilas, de aquel arroyo y las del alhagUeño Rio Negro, cuyas
margenes empiezan yá apresentar un conjunto de formas mas
pintorescas y de un aspecto mas rico y ameno.
En las vertientes del San Luis y Hospital se forman algunas
cuencas cenagosas de corta extensión en que se estagnan las aguas
que manan de la cuchilla de Santa Ana, desapareciendo en ellas
I a vegetación arbórea para dar lugar á la del ceyfto, del junco y
I a carda, haciendo improductivas las tierras en toda su extensión.
336 DESCRIPCIOPi GEOCnÁFICA DEL TERRITORIO
Las del Hospital, ceñidas en todo su curso por las altas colinas
que tienen ese nombre y que lo robustecen con mayores manan-
tiales, presentan todas reunidas, á muy pocas millas al Oriente,
un fuerte cauce, que como el de San Luis, cruza por campos de
una vigorosa vegetación, que duplica su feracidad y sus bellezas
á medida que buscan su desagüe en el cercano canal del Rio Ne-
gro, en donde los valles adyacentes á ambas riberas, los giros ca-
prichosos de las corrientes, los montículos desparramados en las
planicies, los frondosos arbolados que contornean sus vegas, mas
extensas y amenas cuanto mas se acercan a las márgenes de este
rio, ofrecen un conjunto de nuevas y alhagüeñas perspectivas.
Posiciones tan ventajosas, en contacto inmediato con la línea
divisoria, llamaron la atención de bs Poderes Públicos que de-
cretaron la formación de un nuevo pueblo en esas localidades,
en la certidumbre de que un núcleo de población en ellas encon-
traria todos los gérmenes de un floreciente desarrollo.
Desde ésos valles siguiendo por el Sud, se entra en los que rie-
gan los del Ceybal y Coronilla, cortados en su origen por manan-
tiales numerosos que improvisan cascadas espumosas que se des-
lizan de roca en roca hasta que menos bulliciosas corren por
campiñas, que cual un jardin de deslumbrantes colores, se pre-
sen tan vestidas de sotos y de flores orillando las corrientes que
rozan las faldas de otros morros mas prominentes y aislados que
se levantan en medio de una comarca mas animada por el movi-
miento de la población y de la industria pastoril, que cobra ma-
yores ensanches en su prolongación por entre las costas del Cara-
guatá y Rio Negro, adonde es mayor todavía la feracidad de los
valles, regados por pequeños arroynelos y matizados por bellas
lagunas, cual las de Santa Teresa y Mazangano^ permanentes y
profundas, recostadas ambas á los bosques de ese rio y robusteci-
das periódicamente por los desbordes de sus corrientes.
Bajando todavía mas por entre esos canales, se percibe que el
nivel del valle se abaja insensiblemente y que acaba por unifor-
marse con el de la dilatada cuenca que se prolonga hasta las eos-
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URtJGCAY ool
tas del Yaguary, siendo mas húmedas las llanuras, que se con-
vierten muchas veces en esteros, creados por las avulsiones de
uno y otro, y que en las estaciones lluviosas son casi impenetra-
bles.
§11.
Las alturas de Santa Ana, que como ya se há dicho, originan
todo ese vasto sistema de vertientes, recorren, dividiendo los lí-
mites de la República, el espacio de 125 millas por el giro de sus
sinuosidades en la dirección general del S. E. al N. O., entre
los meridianos de 53** 5V 15^', en que se encuentran las primeraf^
cabeceras del San Luis, y el de 55^ 50' 35'\ donde nacen las del
jQuareim, en el nexo de aquella cuchilla con la de Haedo.
De los giros de una y otra se destacan, diversos contrafuer-
tes que se encaminan convergentemeiite entre los radios del 1 .^
y 4.® Quadrante hacia la confluencia del mismo Tacuarembó
adonde se extinguen, después de jiabcr formado cada uno de
ellos diversas zonas de condiciones variables en su composición
orgánica, ceñidas por los canales que sostienen con sus derrames.
El primero de esos ezlabones que separa las vertientes del
Hoipital y Caraqtiatá y que se interna por entre el curso de
este y del Rio Negro, aparece en lo general formando un altilla-
no prolongado, de pendientes inseneibles y extensas, de las quo
manan muy pocos y cortos arroyuelos que atraviesan por una
superficie sin accidentes hasta las margenes del mismo rio, donde
se alzan arbolados corpulentos y frondosos; en tanto que en los
fuertes estios la falta de esos riesgos imfluye para que las tier-
ras se resientan de alguna sequedad, apocando la pastura.
Otro contrafuerte conocido por la Cuchilla del Yaguary^ que arran-
ca dolos primeros manan tialesde este arroyo, se introduce con ondu-
laciones mas pronunciadas por entre su canal y el de los Corrales,
aplanándose subresivamentc hasta concluir en aquella misma
42.
338 D£S(:uirrjoN geogrífica del territorio
comflueiicia, en la cual se levanta un cerro elerado y corpulento
que domina las extensas praderas que se forofian á sus alrrededo-
rps en contacto con los caudalosos recipientes á donde concurren
todas aquellas corrientes, que presentan alli un panorama ameno
y sorprendente.
Esos campos, como los que atraviesa otra ramiGcacíon de
colinas mas altas y dobladas, que salen del mismo origen, divi-
diendo aguasa aquel arroyo y al mismo Cuñapirúj muestran, en
lo general, una vegetación pastosa poco vigorosa que atraza tam-
bién el procreo de las haciendas, por la proporción exesiva en
que se encuentra convinada la arcilla en la composición de las
tierras, haciéndolas demasiado consistentes é impermeables,
lisa organisacion nos ha parecido dilatarse por todas sus caidas
meridionales siguiendo los derrames hasta largas distancia, desde
las primeras vertientes orientales del Yaquary hasta las ultimas
del Taqmrembó en la cadena de Haedo.
La Cmiulla de Cutíapirúy que viene desde las mayores alturas de
esas sierras, casi en su origen, desciende sin accidentes notables
ondulando suavemente el hermoso valle enclavado entre ese rio
y el Taquarembó, á cuyos cauces manda en el primer tercio de
su camino, varios afluentes correntosos y hondos que calman de
velocidad al llegar á las planicies que acompañan sus margenes,
cubiertos de arbolados y de islctas, muchas de ellas con maderas
útiles y consistentes.
Al valle de Ctuiapiru lo hermosean al terminar sus leves ondú-
laciones cercado la un ion de ambos rios,tres cerros de aristas pa-
recidas, casi equidistantes unos de otros y de una altura equiva-
lente, que se enseñorean sobre una comarca llena de atractivos
por la frondosidad de los bosques, la variedad de paisages que
proyectan de todos lados los anfiteatros formados por los movi-
mientos del suelo, que con declives encontrados, vienen á estre-
char sus cauces, quando no se alejan de ellos para dar lugar á
las llanuras que inundan con sus avulsiones, redoblando la vegeta-
ción su frondosidad y sus galas.
DE LA REPIBLICA ORIENTAL DEL lUrGlAY 339
El Tacuarembó nutrido copiosamente en su margen derecha por
las aguas que manan de las alturas de Haedo, entre los pa-
ralelos de los 31° y 32**, y que se concentran en varios cauces
fuertes y correntosos, como los del Lunarejo, Laureles, Tres cruzes,
Taquarembch^hico ^ presenta desde el ultimo de esos paralelos uii
lecho de 300 á 400 pies de amplitud, termino medio, de corrien-
tes lentas y con un fondo arcilloso de 8 á 1 3 pies en los estios,
en cuya estación solo de vado al pié del del cerro Grande de Car-
do;5o en la confluencia del Rio Yaquary,. Desde esa altura, enca-
jonado entre barrancas á pique, que salvan los desbordes de su
lecho, recorre por una superficie sin accidentes, monótona quizas
y que es parte de la gran cuenca que viene desde el Caraguatá
á morir en sus margenes orientales, matizada en esos confines
con selvas tupidas, que tampoco lo abandonan desde sus cabcze-
ras, distantes OO.^de su barra en el Rio Negro.
El Tacurembó, canalizable desde allí hasta mas de 30." arriva,.
será con los tiempos una de los vehículos mas felices para la
agricultura y el comercio, una vez ligada su viabilidad con la de
este hermoso canal, cuando la población y el trabajo haga mas
productiva esa región amena é inculta. En esa comfluencia, y en
muchas millas cuadradas en sus alrrededores, las tierras recu-
peran su fertilidad con los depósitos de materias descompuestas
que arrastran las corrientes, dándoles un cxcasivo vigor, que con-
trasta con las que componen las dos zonas del Taquarembó adya-
centes á una y otra de sus margenes.
Todas las cabidas Orientales de las alturas de Haedo atravie-
san con vueltas y pliegues muy diversificados por campos aspe-
ros y ondulosos, que aumentan de fragosidad al acercarse á su
origen, donde en muchos lugares sus perfiles toman una fisonomía
imponente y sombría, mirados desde los valles, que siguiendo el
curso de las aguas, se encuentran repentinamente entre los con-
tornos de los cauces en que ellas se concentran.
Esas asperezas, mas agrias y veladas en las cabezeras del Tres
Cruces^ en donde la cuchilla por su elevación parece convertirse
3Í0 DESCAIPCION GEOGaAFÍCi DEL TERRITOIIIO
en una montaña, que los habitantes denominan Sierra del Infier-
nillOj tanto por el laberinto de sus encontrados declives, de sus
despeñaderos y barrancos, como por la rapidez de sus pendien-
tes y el ruidoso desplome de las aguas que serpentean por sus
precipicios, y por las laderas de sus montículos, áridos y amo^
gatados muchos, cobran, en verdad, un aspecto semejante,
que vuelve á renovarse á lo lejos con alternativas menos obscuras
y severas caminando por ese eslabón hacia las vertientes del
Salrsi'pueiles.
En este trayecto, vense desprender diversos tramos de colinas,
menos doblados y altos^ aunque de giros mas sinuosos, que com-
parten las aguas de los últimos afluentes meridionales del Ta-
cuarembó, figurando como los mas notables por sus alternativas
y su extensión los de Tres Cruces y Claras particularmente el ul-
timo, «1 que se ligan diversos morros por sus flancos meridiona-
les, que aparecen apiñados entre las vertientes de este ultima
arroyo y del Malo.
Esos cerros, en número de once, situados los unos á la vista de
los otroSy y en un corto espacio, crean un suelo salpicado de con-
trastes y alternativas tan raras y risueñas que acaso sea el único
por su novedad y sus bellezas. Con una forma cónica muy
peculiar, truncadas sus crestas; sus aristas tienen en lo general las
apariencias de un trapesio, cuyo diámetro menor, que representa
ese corte, se encuentra en un mismo nivel casi en todos ellos. Con
diferente longitud en sus diámetros paralelos y en su altura rela-
tiva y lo son también en su volumen y en el declive de sus perfi-
les; siendo á la vez variable la área de los altillanos que encierran
sus cumbres ceñidas por un muro granítico, desnudo y á pique,
que reposa sobre sus golas, y que, ora, representan un parapeto ó
un merlon, ora, una escarpa mas ó menos accesible ó áspera, sem-
brada frecuentemente de arbolados, de enredaderas y de plan-
tas (1).
(I) Véase en el plano Topográfico de ese Departamento al fin del Atlas, las vistas j
perfiles de los cerros que existen en su territorio.
t)E U REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 341
Colocados muchos en las gargantas de diversos valles de leves
dobleces inscriptos entre sus faldas y humedecidos por numero-
sos arroyuelos que manan de ellas, ninguno tiene mas de 500 á
700 pies de altura sobre sus bases; hiendo mas elevados dentro
de ese límite los que se aproximan á las laderas de esa cuchilla,
á cuyas crestas solo alcanza uno de tantos, que los habitan-
tes llaman el Vichadero por su elevación, que indudablemente
pasa de 2,300 pies sobre el Océano. Este morro se encuen-
tra exactamente en la prolongación del meridiano de Montevideo
dos minutos después de cortarlo el paralelo de los 32^ de latitud
austral.
g 111.
Mas al mediodia de esos grupos, se vén diseminados en diver^
sas direcciones otros morros de formas variables sobre algunos
de los collados que circulan las vertientes tan ramificadas
del Tacuarembó; sobresaliendo entre ellos por la identidad de
sus formas los cerros de Batobí] cercano el uno al arroya
de su nombre, y el otro, allá en las vertientes del Cuñapiní^ por
cuya cima cruza también el paralelo de los 31^ de latitud. Ambos
representan un cono perfecto, midiendo próximamente de 800 á
900 pies la perpendicular de su altura. Otros, masó menos trun-
cados y de aristas algo trapeziales, como el del Ombtl, el Mangru-
llo y el Araycuáj son menos altos, con perfiles semejantes- ala ge-
neralidad de los cerros de esa hermosa zona; tenienda e^
primero sobre su cumbre un Ombú secular, que parece plantada
exprofeso por alguno de los^ antiguos, pobladores de esa comarca.
Las demás prominencias existen en las cabidas orientales de
las colinas* de Haeda, como el Lunarejo^ cerro alto y corpulento,
en contacto con dos morros mas bajos, conocidos por del En-
sayo^ por haberse alli analizado un mineral de cobre, que según
se dice, fué explotado en sus faldas á principios del siglo; que-
^42 DEscnii»cio?í r.EOGRÁricA del territorio
dando mas al Sud, otra altura que descolla en medio de las aspe-
rezas del Infiernillo y que lleva el mismo nombre.
Mas lejos y en esa dirección, al lado de la misma cuchilla y á
la vista de los once cerros, otros dos, altos y corpulentos, de pen-
dientes menos precipitadas, contribuyen con sus manantiales á la
formación de las primeras vertientes del arroyo Malo, que engro-
san muy luego con sus incontables derrames esos mismos montes.
Desde la cuchilla de Clara para el Rio Negro mejora visible-
mente la naturaleza de las tierras, cuya superficie se uniforma
también presentándolas condiciones completas de los valles desde
la distancia en que empiezan á descubrise sus riberas. Los que
desde ese eslabón siguen por ellas hasta los Gtiayabos y Sahipue-'
deí, regados por muchos arroyos fuertes y frondosos, tienen el
mismo aspecto é igual composición orgánica. en sus propiedades
vegetales que los de la margen opuesta; separados por el curso
del mismo Rio, y abiertos en sentidos encontrados, con perspec-
tivas amenisimas, mas variables y alhaguefias al descubrirse las
selvas de esc hermoso canal, que oculta entre sus claros y sus
abras, tantos prados solitarios, que cobran otra extensión y
otros tintes en el fondo de esos valles, salpicados de isletas y folla-
ges, que se pierden en las tierras altas que atraviesa el paralelo
de los 32®, comprendidas entre la faja que limita el Tacuarembó
y la cadena de Haedo.
Esas planicies son mas reducidas y repetidas al llegar á las
cabidas de la cuchilla de Salsipuedes, en donde los collados que
dividen sus vertientes occidentales multiplican los movimientos
del suelohasta convertirlo en mas áspero á medida que se sube ha-
cia sus fuentes en el nexo de esa cadena. Alli, la mayor elevación
de los campos sobre las llanuras del Rio Negro, y el espesor de
las tierras gredosas que han despojado de sus facultades mas fe-
cundizantes las cabidas veloces de las aguas, disminuyen el vi-
gor de los pastos y el de la vegetación en general. En esa sitúa*
cion descoUan tres morros, que no miden menos de 1200 pies
sobre aquel nivel y que presentan cortes agradables por todas sus-
DE LA REPÚBIJCA OIIIEISTAL DEL LRUGUAY 343
faces, iilenticos á las demás prominencias de esa zona, cubier-
tos, ademas, de altos palmares que vegetan en los accidentes de
una superficie toda schislosa y calcárea. El mas sercano á ese nú-
cleo, llamado el Chato^ tiene mayor altura que otros dos semejan-
tes, que están á su vista, 3 millas al Sud.
En esa parte del curso del Rio Negro existen los vados mas
frecuentados que ligan las comunicaciones del interior con el
territorio de Taquarembó y sus extensas Fronteras.
Ese Departamento, que es el mayor de la República, está presi-
dido por un solo pueblo,— el de San Fructuoso,— (1) que es la resi-
dencia de lasautoridadeá, y el focus del movimiento comercial é
industrial que sostiene con los Departamento del Ynterior y con
las poblaciones fronterizas, que hacen en sus depósitos y en los
déla Aduana del Salto el mayor consumo de producciones y ma-
nufacturas extrangeras. Abundando mas que en otros la ganade-
ría en sus diversas especies, so exportan de sus Estancias gran
número de animales para las faenas de saladeros de la Provincia
vecina, cuyos estancieros mantienen en sus campos numerosas
invernadas hasta que llega la estación de llevarlas para igual
destino.
I^ villa de San Friiclucso está construida sobre una vega des-
pejada y llana que rodea con sus giros el Tacuarembó chicOy canal
correntoso y hondo en la generalidad de su curso, y que cine
por el medio-diala extensa deheza que cultiva su población la-
bradora; presentando el conjunto de sus edificios, en medio de
un horizonte de verdor y de bosques, de morros y collados, gol-
pes de vista muyagradables, que aun son mayores al descubrirse
en su Egido los huertos y los plantios de esa misma vega, abun-
dante en frutos y cereales, como en arbolados indigenas de las
zonas cálidas. Contendrá esa población como 2,500 habitantes
próximamente, con muchos edificios de buen gusto, bajo de una
(I) Sitoadocn la latitud de 3i ^ d9'30®" austríal; y en Longitud deSG^ 15' 45' al O.
de Greenwich.
3i4 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
traza de cuadrados regulares, con calles alineadas en buen sentido
sobre un suelo blando y cilioso combinado con tierras arcillosas,
que muy pronto adquieren propiedades mas vegetales fuera de
ese mismo egido.
§IV
Observaciones Geológicas.
El leclij) del Rio Negro por su margen derecha, reposa sobre
rocas de naturaleza volcánica, aparentemente porphiricas de un
color gris-obscuro, que contiene el óxido de hierro en grandes
cantidades, como ya lo hemos dicho, hablando de la margen
opuesta.
En lo3 terrenos quebrados, mas al medio dia, se vé ácíida paso
que la formación de las colinas y los cerros es toda granilicaj
mezclada en sus bases con piedras arenáceas muy aplicables á
diversas construcciones.
Cruzando desde San Fructuoso por el camino que sigue a Santa
\na, se observa que en las alturas y quebradas, el granito es re-
emplazado por una roca porphirica que rompe y perturba la
stratificacion horizontal de las peñas arenáceas; viéndose también
algunas capas densas de tierras gredosas, muy rojizas y compao
tas, que mas se condensan á medida que se profundizan.
En los cerros de Santa Ana, cuya organización interna es toda
porphirica^ es notable la formación volcánica de esta roca. En sus
cercanías, como al pié de las montañas, la piedra arenosa apa-
rece stratiíicada horizontalmente, subiendo sus lajas hasta cierta
altura de sus faldas, adonde asoma el porphido impulsado segura-
mente por el influjo que ha ejercido la erupción volcánica, no-
tándose en el límite que separa los dos mazas, que aquella ha
sido convertida por el fluido ardiente en una especie de substan-
cia cristalina.
DE U REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 345
En los alrededores de ese pueblo se descubre frecuentemente un
mineral de hierro de color rojo-obscuro, que consiste en hierro
oxido hydrato^ mezclado por lo común con oxido de manganesio y
tierra ciliosa^ muy fácil de explotarlo por su abundancia, si en
€803 lugares se descubriera el carbón fósil y que amios elemen-
tos se combinasen para auxiliar el éxito de tantas industrias va-
lorables- Con las rocas de ese mineral, regularizadas, construyen
los habitantes ranchos y galpones.
El quarzo porphydo sigue constituyéndola organisacion de todas
las montaüas vecinas hasta la unión de las dos cuchillas de Santa
Ana y Haedo, donde la separación de ambas forma una ancha
cuenca cercada de fragosidades que dan origen á las aguas del
CuRapirü. Corriendo este rio del N. O. al S. E., engrosado sub-
sesivameute por vertientes numerosas, aparece con un cauce ya
formado y ondo, al frente de la población de Santa Ana, cuya
deheza rodea por el Sud; descubriéndose algunas millas abajo
en las capas inferiores de las arenas que orillan su lecho una
crenilla aurífera que se extrae frecuentemente por alguno que
otro explorador afortunado que persevera en la tarea de buscarla
en la misma silice haciendo escavaciones mas ó menos profundas,
en situaciones distintas.
Es de suponerse que algunas venas de ese mineral se encuen-
tren en aquellas alturas, y que lavadas y arrastradas por las aguas
depositen esa arenilla en distintos lugares de su curso; pues que
se encuentra también en las tierras arcillosas que indistintamente
componen la parte firme de sus riberas. (1)
En esa costa hay parajes en que las tierras son alcalinas, se-
guramente por la corrosión de una multitud de pequefias venas
de feldspalo que se internan en el porphydo, resultando por el he-
cho una tierra porcelana roja, colorida por el hierro.
Las rocviS porphyricas de la especie mas conHin y con un color
(I) En algunos arroyos de la margen izquierda del CunapirC, inmediatos á su conflucn-
<cia con el Tacuarembó, como el Sapocay y Laireles, se ha encoulrado la misma areni-
lla aurifera en menores proporciones.
43.
^i6 ccscRirciois gp.ogrífica del territorio
pardo-Pojo, se extienden por la cuchilla Negra y por las falda»
orientales déla de Haedo hasta la Sierra del Ynfiernillo, notándose
en sus hendiduras, ó grietas, algunas capas sutiles de oxido de
hierro. Ese porp/ij/do aparece algunas >ece& en masas globulares
con una textura radial á los lados de cristales de quarzo y calce-
donia; y en otras, coij una calidad muy porosa, á propoiito para
la molienda de granos.
En esa cuchilla se \¿\\ también muchas peDas de basalto por-
fhyrico de un rojo— obscuro, de gran dureza y pesantez, abundando
otras mas pequeñas y rodizas de ia misma especie en los llanos
y pendientes que contribuyen a inutilizar las tierras para las labo-
res agrícolas, como sucede en las coátas de la Ynternada y
Sepulturas.
En aquellas alturas particularmente en la cuchilla de Santa
Ana, las tierras sin por lo común, muy arcillosas, cargadas de
oxido de hierro, queleá im^^rime el cV.or del ocre, masó menos rojo,
favoreciendo muy poco el deiarrollode la pastura y de las labores
«gricolas; no obstante que esa composición S3 modifique en algo
«n muchos casos, quando entran á amalgamarse con ella los abo-
ai os animales, qu3 lanto abundan en esos territorios.
En esa cuchilla hay lugares, notablemente, desde las cabezeras
del Balohi á las del Cuñapirú, en que la cantidad de cilice con que
80 halla mesclada la arcilla, disminuya hasta un 20 pg , apa-
reciendo por lo mismo mas compacta, ó plástica, y ma3 rebelde
á la producción y al cultivo.
Notase sin embargo, que esa con\ínac¡on no es del todo homo-
^onea y que admite frecuentemente diversas modificaciones, que
«ino alteran las propiedades fizicas de la arcilla, mejoran en al-
gunos respectos sus condiciones vegetales.
En las costas del San Luis y Hospital^ como en las adyacencias
¿A Azeguá, su amalgama con el carbonate de calj produce los
mismos resultados que las fumigaciones en terrenos graniticos;
líii'n, que también sea común, que el oxido de hierro altere esa
coDvinacion, y que en algunos lugares, como en las vertientes de
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY 3i7
lo3 CorraleSj la arena procedente de la descotnposicioa de rooas^-
graníticas, repo3ando sobre un lecha de igual naturaleza, solo
produ3ca por su frialdad y poco vigor, pastos cortos y apunados,
de un exiguo alimento para los ganados.
Eia misma cuchilla presenta diversas alternativas en su
composición orgánica. En las alturas entra la arcilla comunmente
por un 60 ó 70 p§ . En las laderas y en las bases de las colinas
por donde corren los derrames, las tierras son algún tanto mas
ligeras por la mejor proporción de la cilice con la misma arcilla.
En las hondonadas y planicies en que se cultivan algunos huertos
y sembrados, el suelo parece compuesto de tierras mas fuertes,
puesto que yá se ve alguna cantidad de marga y de carbonate
de cal en polvo fino, ó yá en arena mas ó menos grueza, entrar
á conviuarse con aquellas mismas materias; observándose que eo
los parajes mas húmedos y sombríos, donde se estagnan las aguas,
ó tienen poca corriente, son insensibles los grogresos de la vege-
tación, por su demasiada frialdad y la perdidada completa det*
calórico, aun en los estios. Esos mismos plantíos en ^ituacio-*
nes menos veladas y en tierras mas francas y menos bañadas,
producen muy regulariAente los cereales, algunas plantas eco-
non omicas, varias raices alimenticias y gramíneas vivaces que
dan excelentes pastos; pero esas localidades no se encuentran con
frecuencia, ó mas bien, son raras en la cuchilla de Santa Ana y
en los campos adyacentes, especialmente, desJe el Yaguar¡¡
al Cuñapirú,
Es idéntica la complexión de los terrenos que riegan los infi-
nitos arroyos que forman el cauce de los Rios Santa María é Ybi-
cuy por el lado opuesto de esa cuchilla, hasta que ella sufre al-
gunas modificaciones favorables mas al medio día de su comfluen-
cia, donde las tierras de brezo se convinan con fuertes cantidades
de mantillos, con porción de alumina y algún oxido de hierro.
En el baxo Ybicuyj como en los campos adyacentes á las marge-
nes del Huirapuitá^Ñanduy^ Huiraocayy en contacto con las fron-
teras de la República, disminuyendo sus niveles sobre el Océano,
348 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
y variando las especialidades de su situación topográfica, mejo-
ra también su formación geológica y sus propiedades fízicas. En
esa estensa zona abundan mas los suelos que contienen el ele-
mento calcáreo, los mantillos y los limos que aquellos de composición
silicea y gredosa.
De estas consideraciones puede deducirse, que la organi-
sacion de los campos que baíkan la» vertientes de la cadena de
Santa Ana de uno y otro lado, en un radi6 de 30^ á 35 millas, son
de una constitución química muy homogénea, que sufre sin em-
bargo algunas modificaciones parciales en determinadas locali-
dades. Asi es que ^desde el paralelo de ios 32^., mas ó menos,
hasta las costas de Rio Negro, los suelos arables empiesan á co-
brar el carácter de tierras fuertes y francas, algunas veces ligeras^
apareciendo en muy raros lagares las que se pueden considerar
como de un carácter ecepcional; mayormente quando en las ad-
yacencias de ese rio, los humTiSy la sosa y los likenes^ emanados de
los restos animales y vegetales, entran muchas veces por un 15 6
20 p§ en su composición, que es la ccmdicion casi inherente á
la generalidad de la superficie del Estado.
Asi es que las producciones de esta zona, que es la mas alta y
mas calida del territorio^ serian de las mas valoyables, sise en-
sayase el cultivo del algodón, de la caña, del arroz, de la cochini-
lla, etc.; y se persistiese en el del tabaco, de la yerva, de la yu-
ca, azafrán, etc. y de otras muchas plantas económicas é indus-
triales, que han dado hasta ahora excelentes resultados en los
experimentos iniciados por algunos pobladores, y á los cuales
favorecen las diferentes organizaciones geolc^cas de las tierras
y la benignidad de su temperatura.
Un estudio mas tranquilo de los diferentes suelos arables
que se encuentran en esa grande estension, modificados hasta el
imfinito por las diversas propiedades de sus elementos orgánicos,
ó por la presencia accidental de cuerpos diferentes, acompañado
de los medios necesarios para clasificarlos con mas propiedad,
habria demostrado el análisis de esos mismos elementos y sus
condiciones fisicas.
SITIJACIOMBS CSfiOCSRÁFICAS.
Pueblo de los Treinta y Tres
Confluencia del Ulimar^ en el río Cebollati
(margen derecha)
ídem del Sarandíy en el Lago Merim. • .
Punta Norte de Zapata^ en el mismo . . .
Embocadura del río Tacuarif id. (margen
izquierda).
Punta del MagrOj en idem . -
Barra delfíío Yaguaron^en id. (m. derecha).
Villa de Artigas^ (comandancia)
Paso de las Piedras^ del mismo rio ... .
Villade ilfe/o, (plaza)
Paso de Centurión (Yaguaron)
Confluencia del Yaguaronchicotn el Grande
Arroyo de la Mina^ (casa de D. L. da Silva)
Su principal vertiente, en el principio de la
Lima recta que termina en la barra de
San Luis (casa de D. J. Campen) . . . .
Barra del mismo San Luis en el Rio Negro.
Vertientes del gajo del Sud de este arroyo,
(casa de Silveira)
ídem del gajo del Norte, (casa de Gutiérrez)
ídem del arroyo Hospital (casa de Bonilla)
en la enchila de Santa Ana
ídem del río Yaguari, (casa de D. C. Re-
berber) en idem
ídem del arroyo BatoM(casadeD. L. Mar-
tínez), en idem
Cerrodela Trinidad, enla cuchilla deS.** Ana
ídem del Chapeu, en la misma
ídem de Santa Ana, en el extremo Sud de
la Villa de este nombre
Vertientes del rio Cuñapirú (Guardia, en el
núcleo de la cuchilla de Haedo). . . .
Nexo de la CuchillaGrandecmh deS^. Ana
Villa de San Fructuoso
Confluencia del Tacuarembó en el Rio Negro
Nexo de la cuchilla Grande con la de Santa
Tecla, (vertientes del Yaguaron y R. Negro)
Latitad austral
33' 15' 10"
33M7' 5"
33* 2*10"
32" 55' 5"
32
32
32
32
32
32
32
46'
42'
39'
33'
30'
21'
6'
31» 58'
31^54'
50"
10"
50"
20"
5"
50"
10"
10"
41"
Longitud occi-
dental del me-
ridiano de
Greenwich.
31 • 49' 10"
31» 39' 30"
31" 29' 30"
3ri9'47"
31° 28' 40"
81 '22' 10"
30» 59' 5"
30> 53' 10"
30' 53' 50"
30' 52' 40"
30» 49' 30"
31° 11' 50"
31" 39' 30"
31° 20' 50"
31» 19' 30"
53' 52' 15"
56 ' 36' 00"
53° 21' 40"
53- 19' 45"
53' 11' 35"
53' 24' 40"
55' 28' 50"
54» 12' 55"
53 -44' 50"
53 ■ 58' 40"
54' 11' 35"
54- 19' 00"
54- 31' 20"
54^ 36' 45"
54° 39" 55"
55' 6' 20"
55' 39' 5"
55» 42' 20"
55- 45» 00"
55» 48' 25"
55» 45' 15"
54» 16' 25"
56' 15' 45"
55' 33' 25"
53» 48' 20"
350 DESCBIPCION GEOGBÍFICA DEL TERBITORIO
NOTA.— Todas las posiciones Geográficas de esla Serie fueron determinadas por la
Comisión de Limites de la Repúbica, en las diversas épocas de la demarcion; devientlo
advertirse, qae muchas repozan sobre una sola observación, por no haber permitido sn re-
petición la premura con que se praticavan los trabajos Geodésicos en los últimos periodos,
mayormente quando las Longitudes eran determinadas por distancias lunares ó per in-
mersiones, ó emersiones, de los Satélites de Júpiter, como se detalla en el Diario de
esas operaciones, donde se encuentran todos los elementos de esos trabajos.
Creemos oportuno consignar en este lugar algunos detalles relativos á las variaciones
de la Brújula en todo el trayecto de la Linea Divisoria, tomados de dicha obra.
En las costas del Merim, la variación N. E. fluctuava entre la de 8 ® W encontrada
en su extremo meridional; y la de 8® 20" en la boca del Yagcaron.
Siguiendo para arriva las costas de este rio, los azimuts observados demostraron que
ella se conservava sin alteración alguna, hasta que en el paso de Ccntcbion» situado en
las medianías de su curso, se halló la de 8 ^ 12".
Continuando por él y en seguida por la linea recta, que desde las vertientes de la Mi .i a,
concluye en el desagüe del San Luis en el Río d^sro, volvia la variación á aumentar in-
sensiblemente entre 9*^ 4' y 9 ® 55.'; siendo mas visible esa progresión en las rabezeras
de dicho arroyo, donde se observó la de 10^ 6*, en las del Norte; y de 10® 20', en las
del SuD, sobre la cuchilla de Saxta Ana.
Prosiguiendo por sus alturas hasta la Villa del mismo nombre, volvia á disminmr hasta
la de 6 ® 32' que es la enco.itrada en ese punto.
Bagando desde allí por la cuchilla de Uabdo hasta el origen de la Ynvernada, la va-
riación del compás aumentava de un modo mas sensible, tornando á aparecer con la de
ÍQo 20', en ese lugar; y asi uniformemente en todo el curso del Rio Qdareim hasta su de-
sagüe, donde se observo la de 10^ 33"; y 10^ 10,' sobra la ribera del Uruguay» ea el
pueblo de Santa Rosa.
DE LA nCF(JBl.ir.A ORIENTAL DEL DlllIGl'AY
351
CVADRO estadístico
DICIEMBRE DE 1859.
DEPARTAIENTO DEL CERRO LARGO.
Área territorial en leguas geográficas. 837
Población nacional y estrangera en
todo el Departamento 17,500
Propiedad territorial en leguas cua.^" 625
Establecimientos de pastoreo .... 800
Edificios públicos en los pueblos . . i
Gasas de azotea en todo el Dcp.'" . . 113
ídem de otras construcciones .... 1 ,557
Pulpcrias y almacenes al menudeo. . 145
Tiendas de géneros 14
Atahonas y molinos 6
Hornos de ladrillo 5
Fábricas, talleres y otros estableci-
mientos de artes y oficios .... 39
Saladeros y mataderos de abasto. . . 12
Chacras y quintas en losegidos délos
pueblos 11
Gafees, villares y posadas en ídem . . 5
GANADOS.
Vacunos 1.300,00í>
Caballares 320,000
Lanares 125,000
Mulares 4,000
Cerdos 2,000
Cabrios 400
ENTRE TI y
RIO NEGRO
538
«1,200,
312
425
2
74
568
73
7
8
3
28
2
6
3
315,000
45,000
70,000
1,800
1,300
200
1,161-1
19,600
740
914
2
87
676
106
11
4
5
29
3
6
5
1.200,000
125,000
300,000
58,000
5,000
300
La población del Departamento del Cerro Largo, casi csclusi-
vamcnte dedicada á la ganadería, mantiene, por su situación fron-
teriza, relacionen de comercio mas activas con los mercados de la
Provincia vecina que con la Capital y Departamentos del Estado;
figurando en muy corta escala la introducción de sus productos.
No asi con respecto á las mercancías y producciones extrangeras
que extrae de sus Depósitos por la vía terrestre; valorándose esa
exportación en 75 á 80,000 pesos, próximamente, en el ano 1859,
352 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
con escepcion de los productos Brasileros^ como la yerva^ el ta-
baco^ la fariña^ etc., que recibe directamente de aquella proce-
dencia.
La diferencia de los impuestos que, con relación á las tarifas
aduaneras de la República, recárgala importación de las manu-
facturas y producciones estrangcras en los puertos del Brasil,
aumentada con los costos que demanda su conducción por los tra-
bajosos caminos del Continente hasta las poblaciones limítrofes,
contribnye á que estas acudan á proveerse de esos mismos artí-
culos en los pueblos fronterizos de la República, como Artigas,
Meló, San Fructuoso y Quareim, exceptuando á aquellas que se
encuentran mas cercanas á los litorales del Uruguay, que se di-
rigen directamente á los depósitos de la Aduana del Salto.
Se calcula en mas de 100,000 pesos la exportación hecha por
esas vías en dicho periodo.
De esta situación emana el tráfico ilícito que se sostiene por
las fronteras, y que seria difícil reprimir por la faita de población
y por la estension de la Linea Divisoria, que recorre la distancia
de 650 á 700 millas, desde el Océano hasta el Uruguay,
El principal tráfico de ese Departamento consiste en la extrac-
-cion de ganados en pié para el consumo de los saladeros del Rio
Grande y San Francisco de Paula, que en el año 1859 se com-
putaron en 80 á 90,000 cabezas, según los mejores informes
que hemos podido obtener.
Antes de las modificaciones del Tratado de Comercio entre uno
y otro pais, los establecimientos de salazón situados en la mar-
gen derecha del Yaguaron, que gozaban de la libre exportación
de sus productos á los puertos del Rio Grande, consumían mas de
200,000 cabezas en esas faenas anualmente.
Las rentas locales, desde 1 . ® de Marzo de 1 859 hasta fin de
Febrero de 1860, produjeron 39,633/ 383 rs., en los ramos si-
guientes:
DE LA REPáfiLfCi ORIENTAL DEL URUGUAY. 353
Derechos policiales de guias y pasaportes jjf 136 — 160
ídem de abasto. - 1,775
ídem de rejistros de escrituras. . . . ' 290 — 500
ídem de peazgos de rios ...... 119
Contribución Directa 6,133 — 302
Impuesto Departamental 7,563 — 221
Receptoría del Yaguaron. ..... 23,610
En las dehezas y cgidos de los pueblos, como en varios puntos
de ese territorio, se sembraron en el mismo periodo como 900 á
1,000 fanegas de trigo, que produjeron, próximamente, 16 á
18,000, independientemente de otros cereales destinados al con-
sumo interno. De maiz se cosecharon 1,700 á 1,800 fanegas.
La población estrangera, — brasilera casi en su totalidad, — en-
tra por } partes en la que contiene ese Departamento; poseyendo
112 establecimientos de Estancia, con mas de medio millón de
ganados, según datos toma^ps en 1,857 y 858.
Sus habitantes se encuentran en la proporción de 20 ¿^ por le-
gua cuadrada, inclusos los délos pueblos.
El Departamento de Entre Yy, y Rio NegrOj concurre con sus
ganados y sus productos al mercado de la Capital, para satisfacer
la demanda de los Saladeros y del abasto de la población ¡extrayendo
de ella las mercancías necesarias para su consumo. No es conocido
el monto de esa exportación, ni el de los valores de los productos
de la industria pastoril á que asciéndela introducción annual, co-
mo no lo son tampoco, el délos demás Departamentos del terri-
torio; pero se calcula en 60 á 70,000 animales en pié que entra-
ron en el año de 1,859.
Desde él se hacen pocas estraccciones de ese artículo para la
Provincia vecina en razón de las dificultades que ofrecen las dis-
tancias y el paso de los rios en las épocas lluviosas,
En esa comarca se cultivan algunas cementeras para el consu-
mo de sus habitantes.
44.
DE LA REVilBLICi OllIEiXTAL DEL UR€GUAY. ^54
Su población figura en proporción de 241 por legua cuadrada;
siendo estrangera una sexta parte do ella.
Sus rentas locales, desJe 1. ® de Marzo de 1859 basta fin de
Febrero de 1860, produjeron 13,734 jff 677 rs,, en los siguientes
ramos:
Impuesto Departamental . , . . jjf 8,072—473
Contribución Directa , . . . . . 4,325 — 784
Derechos de abasto 903
Guias, pasaportesy los ramos policiales 233 — 220
El peazgo derios ....... 200
El Departamento de Tacuarembó^ se encuentra en las mismas
circunstancias que el del Cerro Largo] y aun puede asegurarse
que su comercio en ganados con el Brasil es mas considerable;
siendo también mayor el numero de invernadas movibles que
mantienen en él los hacendados Rio Grandenses;pudiendo compu-
tarse, que en el total de haciendas que se le designa, entra por
mas de una tercera pirte el que ellas contienen.
Se cree, por consiguiente, que la estraccion del año 1859 de
animales en pié, no fué menor de 150,000; siendo insignificante
el que se introduce páralos saladeros del Departamento de la Ca-
pital; adonde, como al puerto del Salto, envía los productos de
su consumo.
De mercaderías extrangeras se provee directamente de los de-
pósitos de esa Aduana, cuyo valor en ese periodo se computa en
90 a 100 mil pesos; encaminándose gran parte de ellas á la Villa
Brasilera de Santa' Ana, situada en la raya divisoria, y á las de-
mas poblaciones cercanas.
No dejan de ser de alguna importancia las cementeras y cose-
chas de granos que se hacen en toda su jurisdicción para el con
sumo interno-, siendo muy dudosos los datos que se poseen á ese
respecto.
En la población de ese Departamento figura por | partes la
355 DESCAIFCION GROGAÍFICA OEL TERRITORIO
Brasilera, que es propietaria de 145 establecimientos de ganade-
ría, con una área de 560 leguas cuadradas, y de mas de 600 mil
cabezas de ganado. Sus habitantes en general, se encuentran en
razón de 17 por legua cuadrada.
Sus rentas locales produjeron en el año económico de 1859,
33,231 pesos 761 rs. en los ramos siguientes.
Receptorías . . . . g 2,741—560
Contribución Directa. . 8,282—336
Impuesto Departamental 17,812 — 505 (a)
Derecho de abasto . 1 ,426
Ramos policiales. . . 2,726 — 740
Guias y pasaportes. . 242 — 220
(«} Faltan 3 mests del aAo.
(S5tC)
356 DESCRIPCiOM GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
CAPITULO XVII.
CO^SIDEBACIOWES «ENEBALES SOBRE LA TEBiPEBATUBA
Y PBODUCCIONCS DEL TEBBITUBIO.
g I.
La falta de observaciones meteorológicas hechas con método
y constancia en las diversas zonas del Estado para hacer deduc-
ciones importantes y benéficas para la agricultura y la industria,
nos priva de consignar ninguno de esos cuadros qu3 solo pueden
obtenerse completamente con una dedicación esmerada, asociada
de los elementos indispensables para trabajos de esa naturaleza,
como lo empleada en la Capital de la República por algunos
anos, según se nos ha informado, por el distinguido Dr. de
Motissy^ facultativo de una alta reputación, que se ocupa actual-
mente en Paris de la publicación de sus exploraciones cientificas
en el territorio Argentino, emprendidas por encargo oficial del
Gorvierno de la Confederación.
Si bien se eceptuan esos importantes trabajos y algunos prac-
ticados con instabilidad, y falta de medios, en diversas situacio-
nes de las Fronteras, inclusa la misma Capital, por la Comisión
Demarcadora de Limites, desdo fines de 852 hasta principios de
858, no se conocen en el pais ningunos estados meteorológicos
desde los tiempos de su descubrimiento. Creemos, pues, que no
carecerán de algún interés los que vamos á consignar proceden-
tes de esas ultimas épocas (1).
En la región Oriental del territorio en un punto inmediato á
las costas del Ocano,— (Frontera, del Chuy^ casa de Borges),— ele-
vado 59 pies sobre su nivel y situado en 33' 39' 52'' de latitud
S; y 53« 28' 42' de Longitud Occidental; el Barómetro y el Ter-
mómetro centigrado, según Gay-Lí¿«5aíí, observados á las 6. déla
maíiana, á las 2 de la tarde, y al ponerse el Sol, manifestaron el
siguiente.
(I) Después de escrito este Capitulo, hemos tenido ocacion de ver en las obras inéditas
del esclarecido Dr. Larrañaga una Tabla meteorológica del año de 1S12, formada con
arreglo á observaciones hccbas en su Quinta át\ Miguelete^
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL ORUGUAT
357
ESTADO JÜIETEOROIiOCíICO.
Noviembre de 852.
Diciembre
Enero de 853 . . . .
Febrero
Marzo
Abril
Mayo
Junio
Julio
Máxi-
mo.
776 I
772,3
773,5
771,»
771,4
764,0
762,3
765,4
|76d,7
Míni-
mo.
748,2
750,4
753,6
751,2
753,2
756.2
752,4
750,3
751,5
Térm. Máxi-
medio mo.
759,3
759,6
761,2
761,5
763,2
758,2
759,7
760,8
758,9
31 o
31 «
31 o
34 o
30o
25o
24 «
20®
18®
MOMB'
TRO.
Míni-
rérm.
mo.
medio
14® -8
l9«-3
I70-2
24® -2
<6«-3
24®-3
14 o -2
23® -í)
H«-5
22® -2
lOo-í
le^-i
7®-6
170-2
6© -2
14® -3
6«-3
12® -6
VIENTOS
reinantes.
S. y S. E.
N.O. y O.
ENE.ySE.
SE.iyE.S.E
N.E. y E.
N. y N.E.
E. y N.E.
Variables.
Variables.
Días
lluvio-
sos.
3
2
2
5
5
4
5
6
4
En la 'villa de Artigas, situada en la costa del rio Yaguaron
en los 32 ^ 33' 20" de Latitud Sud y en 53, 24, 40 de Longitud
Occidental, y en una situación elevada 102 pies sobre el nivel del
mar, los mismos instrumentos con adiccion de un Hygrjmetro
de absorpciorij según el sistema de SaussurCy dieron los resulta-
dos siguientes:
Setbre. de 853
Octubre
Noviembre . . .
Diciembre —
Enero de 854
BAROniETRO.
Máxi-
[Míni-
Térm.
mo.
mo.
medio
776
750
764,6
760
75 1
762,7
776
752
764 j5
770
755
766,2
771
759
760,9
Máxi- Mínl- Térm.' Máxi- Mini-
mo. mo. medio mo. mo.
TERMOniET. UieROIHETRO
Térm.
medio
89,7
91,6
96,7
92,0
29-6
30-7
34-5
3i-2
34-9
ti -8
11-5
13-7
n-3
18-0
15-8
48-5
20-2
23-3
26-0
99
98
99
98
99
67
69
70
74
73
VIENTOS
domlDAüt.
Sl ySE.
S Ey O.
E. y N E. •
N.y NN.E
92,3 !S. 3 S O
01
f
4
2
2
O
En las sercanias de la Sierra de Azeguá, costa del arroyo de
Minaj en una situación que media 1,100 pies sobre el Océano,
en 31 ® 54' 61" de Latitud Austral, y en 54 ® 11' 36" de Lon-
gitud O, — casa de D. A. da Silva. — se hicieron las siguien-
tes observaciones.
RJLaOYIETRO.1] TERMOIHBT.
Máxi
mo.
Dbre. de 8>t.
Enero de 855
Febrero '
Marzo
Abril
786
788
785
790
789
Míni-
mo.
766
760
762
770
768
11
Térm. Máxi-
medio I mo.
770,4 35-4
771,2 33-5
773,7 ¡34-2
774,7 '30-1
Míni-
mo.
14-3
19-5
48-4
17-8
773,9 27 -5| 45.-9
Térm.
medio
18-5
20-2
24-4
21-0
49-4
HlfiROHETRO
Máxi
mo.
96
94
95
95
94
Míni-
mo.
57
64
64
60
58
Térm.
medio
78-9
76-4
77-2
73
79
VIENTOS
reinantes.
--a
-O
-01
S.E.yE.
S. y S. E.
9
Q
a
3
2
e
5
I>£ U KEPlBLlCi ORIENTAL OtL URUOCAT
.353
En el extremo Sud de la Villa de Santa Ana del Libramiento,
en la latitud de 30 52^40'' y ea el meridiano de 55^ 44' 25" al O.
de Greenwich, y en un lugar elevado 1800 pies sobre el mismo
nivel, los resultados fueron los siguientes:
Abril de 1856
Mayo de id.
Dbre. de id.
Enero de 1 857
Febrero de id.
Marzo de id.
Mai-
mo.
789
188
790
791
792
791
Mini-
mo.
764
770
770
769
771 1776
771 774
Térm.
medio
TEBSIOfllET.
Máxi-1
mo.
Míni-
mo.
774.4 28-8
773.5 ¡27-3
775,2 32-1
775.6 ,33-5 1 W-*
,0 ,30-4 I8"«
,3 1.28-211 17-5
14-6
19-8
19-2
Térm.
medio
18-8
18-7
22-5
23-2
24-^
19-5
HlfiROlHETRO.
Maxi- Mini
mo.
91
90
98
90
90
92
I
mo.
54
56
60
58
57
Term.' VIENTOS
medio dominantes
72-9 S. Y S. E.
71-4 N.vN. E.
70-2 N. Ó.yN.
69-8 0, y N. O.
69-5 0. yS. O.
53 70-4 S.yS. O,
3
3
Q
6
5
2
O
I
5
Muy difícil es deducir ningún cómputo definitivo del corto pe-
riodo de observaciones sobre el litoral del Océano, respecto á las
condiciones dominantes de la temperatura en ese paralelo.
Veese, sin embargo, que los calores eran intensos, y las
transiciones del termómetro, algunas veces violentas aunque
uniformes, desde el medio dia basta después demedia noche; su-
biendo á 34* y bajando de 14'. — La suma de los términos me-
dios del mayor calórico en los nueve meses observados, nos
pareció un tanto escesiva comparada con la latitud de esa si-
tuación.
Igual consideración sugiere la benigndad que mjstró el in-
vierno en ese mismo periodo, señalando un mínimo de 6®— 3 so-
bre O , en los meses mas fríos, cuando en ios litorales mas cerca-
Nos baja siempre el termómetro hasta ese grado en iguales es-
taciones con vientos del 2°. Cuadrante.
A estas circunstancias pueden haber concurrido las especialida-
des de la localidad, y mas que todo, la volubeleidad de los vien-
tos, entre los que figuraron los del N* y N. E diversos dias.
En esa estación, ni aun se notaron las heladas blancas que
son tan frecuentes en el litoral, aun cuando el termómetro -no
baje hasta 0\ Estos cambios de temperatura se notan en las al-
ternativas que señalan los medios términos entri3 los me-
ses del Estio y los de la estación opuesta, debidos, sin duda,
á la influencia de los vientos del S. y S.E. que producían con
frecuencia movimientos admosféricos, con lluvias copiosas y tor-
mentas borrascosas.
La diferiencia entre el mes de mayor calor y el mas frió del
359 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA 1>EL TERRITORIO
invierno, fué de 12^; siendo muy escasas las heladas por la
débil irradiación que se notava en la atmosfera; y mucho me-
nos las nevadas, que no fueron sentidas en ningún día:
Las tierras bajas de ese litoral, formando una larga faja li-
mitada por el Océano y los eslabones moctañcsos que de
serca acompañan sus costas, alterando con sus ramificacio-
nes la uniformidad de la superficie, contribuyen para que los
cambios atmosféricos y los vientos ordinarios, tengan poca
influencia en el interior, apesar 4e ser muy constantes en las
costas los del 2°. Cuadrante en la estación de los calores. Asi es
que las calmas son frecuentes en los valles y hondonadas encla-
vadas en las serranias,al mismo tiempo que en las cosías dominan
esos mismos vientos y sean fuertes en las noches las brizas, ó vi*
razones, del N y N. O.
Las lluvias en esa zona son comunes con los vientos de aquel
Cuadrante en los meses de primavera y a la entrada del invier-
no; asi como son también abundantes los rocios en esta estación
con noches claras y serenas; apareciendo muy apocados en los
meses del Estio, seguramente porel mayor grado de temperatura
que se siente en la superficie comparada con la de la atmósfera.
Observase, entretanto, que las obsilaciones Barométricas em-
pesaban en aumento desde que se ponia el sol hasta los primeros
albores del dia; siendo constante su descenso desde entonces
hasta después de haber pasado por el meridiano. Su mayor altu-
ra, se observó en los meses de Noviembre y Enero, cuando rei-
nábanlos vientos del 2'' Cuadrante ; y la menor, en los da Abril y
Mayo, con los del 1 * y 4. ' La amplitud media de esas ensilado-
nes fué 17« "»•«*• 6.
En las alternativas mas violentas déla presión admósferíca,
que fueron de 18 y 20 "•"• en los meses de Febrero y Marzo, se
sintieron algunos movimientos bruscos en la temperatura que
ocasionaban tormentas con lluvias copiosas, particularmente en
el último de esos meses.
Mucho deben contribuir á ellas las fuertes evaporaciones del
Océano y del Merin, las de los extensos bañados de la India Mu-
ertay San Miguel, unidas á las de las Lagunas que cubren el
litoral del Plata, cuyos efluvios condensándose en la at-
mósfera y detenidos por cualquiera causa, son impulsados
por los vientos del Levante y del S. E., llevando las aguas
metéoricas por toda esa zona hasta el paralelo de Montevideo,
cuando son tenaces.
360 DEBCaiPCION GBOOaÁFICA DEL TEREITORIO
Esta circunstancia es auxiliada muchas veces por el encontra-
do giro de las corrientes admoféricas cuando esas evaporaciones,
antes de las lluvias, se sobreponen á las cadenas montañosas de
Ualdomdo y Minas y aparecen sus celages en la parte opuesta im-
pulsados porosos mismos vientos; bien que, encontrando esos
mconvenientes físicos, sean con frecuencia mas débiles, ó menos
sensibles, en las tierras mas al medio-dia, del lado occidental
de esas alturas.
Cuando las corrientes de los vientos orientales chocan, ó son
detenidas por las cimas mas culminantes de esos sistemas, es
muy probable que las lluvias no exedan ese límite y que sean
mas frecuentes en el litoral, durante el otoño y primavera; ha-
biéndose observado, acunas veces, que cuando se fijan con te-
nacidad los vientos del Sud, son mavoreslas ajíuas en la parte
septentrional de la Cuchilla Grande, abrazando tsda la vertiente
ribereña, desde las cercanías del paralelo de los 34' en que ella
cambia de dercccion nara construirla vasta red de irrigación del
banta Lucia y del Yy, hasta que terminan sus giros en el
Uruguay. ^ ^ o
Algunas observaciones transitorias, como lo son muchas que
^'U ^^.^^^^^^^p '«'^8 anteriores consideraciones y que son sucep-
tiDles de ulteriores reformas después de estudios mas for-
males, nos hacen suponer con algún fundamento, que levantándo-
se el nivel de esos eslabones en los parajes mas céntricos de esa
misma zona, neutralizan ásu vez, y calman el vigor de los vientos
del bud, contribuyendo á que las lluvias no alcanzen á la región
central, sino son demasiado constantes y recios; pues se ha no-
w- Tvr^"® €in las costas del Fj/, y en la parte central del
nio Negro, son mas comunes con los vientos delS.E. y N.E.
t^n el extremo meridional del Lago, y aun en sus costas adya-
centes, parecen ser menos frecuentes/apesar de ser mas enérgicos
los vientos del 2°. Cuadrante, que influyen, con las grandes eva-
poraciones del Lago y délos Esteros inmediatos, para que la hu-
medad sea muy sensible en ese litoral; y asi es, que el término
medio de las marcaciones del higrometro, subió á 85^ demos-
trando la imfluencia de esos vientos y la fuerza de los calores
en el Estio.
DE LA BEFÚBIJCA OBIENTAL BCL PCCIÍAV 261
§ n .
En la Villa de Artigas, colocada a 12 ó 13 millas del lago so-
bre la margen del Yaguaron, las obsilaciones del Barómetro mn
en aumento por el ascenso lento, pero subsesivo, de las tierras,
desde su extremo meridional, y por los niveles de su propia lo-
calidad, apesar de ser mas continuos los vientos del V y ^^ Cua-
drante en los meses de verano-, apareciendo el máximo de su al-
tura en el de Septiembre con los vientos de S. y N.E, y el mínimo
en Enero, con los del N^ y N.E.
Ese corto periodo de obsei^vacíon, insuficiente de suyo, para
jusgar de sus condiciones admosfericas, demostrava, sin enibar-
go, que los calores del estio se sentian con la misma energía que
entre los Trópicos, y mas allá de la proporción en que debia es-
perarse, atendida la distancia de ese paralelo al Equador; proba-
blemente por la constancia de los vientos del N. impregnados
de los calores tropicales y por las calmas que reinavan en el dia,
hasta quo en las nochesaparecianlas virazones, siempre del E.
S. E.
Rodeado ese pueblo por el Rio Yaguaron, su situación esta
expuesta a una humedad intensa, que agravan las fuertes evapo-
raciones de sus canales y las del Lago; y que condensadas en
la noche caian convertidlas en rocios copiosos, apesar de las
grandes secas que se sienten en los veranos. En sus costas^,
como del Merim, y del Océano, las nieblas son frecuentes en el
invierno y el otoño, y las calimas en losdias de alta temperatura.
No obstante las eipecialidades de la localidad, nos ha parecido
demasiado consideraole el promedio de las observaciones hygro-
metricas, que alcanzo á 92,® 2, apesar de la frecuencia de los
vientos húmedos de 1 '. y 2®. Cuadrante y de los escesivos calores
de ese estio.
Continuando por ^as margenes del mismo Rió has 50 millas
hacia el N.Ó., donde se encuentran las Sierras de Azeguá, el pro-
medio del Barómetro en los 5 meses de observación, dio— 773,°.".
notándose, que sus obsilaciones eran algo menos violentas que en
«I litoral, apesar de ser mas generales los vientos del 1° y 4*
Cuadrante, que aumentando la presión admosfericá, hacían bajar
rápidamente la columna mercurial, cuando aparecían. Esos vien-
tos siempre inconstantes, no tenían la firmeza que en el clima
marítimo de la costa, ni domínavan en grandes espacios por las
inQexío.ies y desigualdades de las tierras, que levantavan sen-
45.
T162 nf-sr-RifcioN gf.ocbáfica del territorio
siblein^nle su i niveles al interior. Con igual instabilidad apare*
ei:in las virazones, qne duravan generalmente toda la noche con
los vientos del 4® Cuadrante, pocas veces del N, durante el verano
y primavera, siendo mucho menos frecuentes que en el mismo
litoral.
JiOs calares en los meses del verano, crecían proporcional-
mente á la disminución de la latitud, siendo el máximo en
Diciembre de 35*^-4, no obstante que el termino medio de la tem-
peratura no eceeda de 19*, debido á las transiciones del termóme-
tro durante el dia y la noche, y lo variable de las brizas, que se
santian muchas veces con vientos frescos del S. y S.E. en los de
m^yor calor y de menor presión borométrica; observándose
efectos contrarios cuando dominaban los del medio dia. Es
de suponerse que esas alternativas contradictorias tuviesen su
origen en el estado de la temperatura del suelo; ó lo que es lo
mismo, en el grado de calórico que observian los fluidos y las cos-
tras de la tierra.
Los vientos ordinarios de los Cuadrantes del N. , con el ascen-
so relativo de los niveles de esa situación sobre el Océano, con-
tribuían á que la humedad atmoférica disminuyera considera-
blemente, dando el Hygrómetro un término medio de 77°-5, que
Srovaba la inconstancia de la acción solar, la ninguna influencia
e los vientos marítimos, y la ausienciade evaporaciones aquosas
de Eiteros y Lagunas, quo no existen en esta parte elevada de
la región central.
Las lluvias a la entrada de la primera fueron abundantes, con
dias tormentosos yde fuertes ventarrones del 2' Cuadrante.
Entrando en lo mas alto de la zona central, el barómetro mar*
caba subcesivamente menos presión atmosférica, á medida que se
seguiaporlas elevaciones de la cuchilla de Santa Ana, y se apróxi-
mavaat territorio montañoso donde se halla situada la Villa Brasi-
lera del mismo nombre, dos arados, próximamente, al Oeste de
Us sierras de Azeguá. AIU^ durante los 6 meses de observación^
iiterrumoidos por otras exijencias del servicio públieo, el pro-
madio de las alturas barométricas daba 774'*'"'5; siendo la
mayor altura en Febrero,con vientog del 3®'' Cuadrante, y la menor
en Mayo, con los del V.
En las m^iyores obsilaoiones barométricas que tuvieron
lugar en Abril, y que aparecian goneralmente al venir el dia, se
gentian fucrtss sacudimientos atmosféricos acompañados de vicn-
DE U RKr6iUCl ORIENTU bELUnVtiUAY 3X)3
to3 recios, coa tormeatas y lluvias co'>íasa9^ como las qae sari
comunes en los países montañosas de la zona tórrida.
Los calores del verano semostrabín mas constantes y con me-^
nos alternativas termométricas, neutralizados en las tardes por
las brizas del levante» que duraban hasta mddia noshe, y que
eran mas fuertes en Io3 días de mayor elevación dé la tempera-
tura.
El término medio de las alturas del termómetroi en ese peírio*
do, fuéde21^3-
Ea los meses del otoflo las lluvias faeron abundanfeácoit vien-
tos del 1«^ y 2* Cuadrante.
ÍAi fluidez y pureza de la atmófera eran sensibfes, no obstan-
te las evaporaciones húmedas de las hondonadas, cruzadas
por varios arroyos y cubiertas con algunos bañados, rodeadas
áe cerros y quebradas, como lo está la situación de ese pueblo^
El promedio del hygrómetro fué de 70,"""'5 cíi ese periodo (J).
i HK
En Montevideo, durante diez nicies del añi 857, y lo i dí)S
primeros del 53, se hiciersn las siguientes observaciones en
uiía situación contigua á la casa de Gjbicnio, elevada 23 pies
sobre el nivel de la ra la.
La Latitud de estaciuJad, referili del atrio de la Aíitriz, co-
mo ya se ha dicho, es de 34*54* 38'* austral; y la Longitud de
56** 13' 25" al O. del meridiano da Greenwich.
(I) Las defícultádes que se toca van con frecuencia para el transporte def Darovrtzio é
RTGRoXBTROf ocaúonaroQ mas de uní vez sa de^compKstura y la nene:iida<l de refacciojiar
uno y otro oii la Capilal. El cambio del pelo, ó cabello, en él Hygómetro. nos dejó algu-
nas dudas respecto á la prolijidad con que fuera despoja:)» dd las sub.^ancia) gra-
sosas que contiene, yt con el empleo del éther sulfiirico, ó con el del svhrarhonatc da
ioda; pareeiéndoHos (fue su dilación era mas débil deide catonces v menor la absorpcioa
del vapor. Asi que esa$ obscr . acionc:», en algunos lugano, do poaíaM in^H^imr lu' riguro-
d4 coQíianza quü habriaiaoc d^ieado.
DEECinptlON GEOfiBiFlU' DEL TEtKITOKiO,
TEBMéHET.
VIENTOS
dominul.
Di«
ItdV.
Uixi
Hini-
Term.
Mili-
Míni-
Tírm
Mili-
Hini-
Térm.
no.
mo.
medio
mo.
medio
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medio
Harto. . .
770
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Abril
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Junio
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Agf,»U>. , .
777
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771
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775
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Noviembre
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Diciembre
770
747
760,6
S5
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62
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S "E. J S,
Eoero S5S
TTO
750
760,8
86
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99
56
83
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Febrero . .
773
748
760^9
35
10
22-4
BS
56
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S K ?N,E
dioiWlahr
^7
lis
757^
M-^
6
16-5
98-8
"JM
~M-7
Los estiidos'del ternrómeLro deaignati la regularidad de la tem-
peratura en ese periodo, comparada con la de lo» parajes obser-
vados en los limites de la República.
El maximiin de 36 'en el mes de Enero fué ea un solo dia; y el
minimun de 1° sobre O', ea dos noches de calma del mes de
Agosto, con heladas blancas y con vientos por el dia del 2' cua-
drante. Asi es que la temperatura media en todo el aüo fué de
16—5; y consiguientemente el termómetro solo recorrió 3&' de-la
escala, que es una prueba mas de la benignidad de la temperatura.
Algunos sacudimientos bruscos en la atmósfera, emanados de
vientos fuertes del mismo cuadrante, y pocas veces de N. O., co-
mo sucede con frecuencia, se sintieron en alguno que otro dia da
los mas fríos.
Las mayores transiciones del termómetro entre las 2 de la lar-
de y la venida del dia, subieron á 25' y 26' en los meses de ve-
rauo, siendo algo menores la de la primavera, que frecuente-
mente es la estación en que son mas notables con vientos del 2',
según lo hemos observado en otros a&os.
Se deduce, pues, délas obsilaciones del termómetro en el pe-
riodo observado, que la temperatura media en !a Primavera fué
17": en Verano de 21— 7: caOloñode 16'-6: en invierno de U".
Las brisas de ese mismo cuadrante que neutralizan por la no-
che los calores del dia, disminuye en los veranos el grado de
temperatura media, que aumenta notablemente en las zonas del
mediodía, haciendo menos sensiWe la diferencia entre el máxi-
mo y el mínimo.
En el otoño hubo días de grande calmas, siendo muy pocos en
ios que aparecieron vientos de los Cuadrantes OTienLifes,
DC U REPÚBLICA OniENTAL DEL UIltJGUAT liQS
Apcsardel po30 tiempo que abraziii nueUríu observacioaesy
nos lia parecido que en la Capital, la presión baramétrica mos-
traba escasas alteraciones, comparativamente con la observada
en tas fro:iteras; notándose que sus obiilaciones extremas tenian
lugar con vientos de los mismos cuadrantes, próximamente. Co-
mo en los litorales del O.wano, el barómetro alcanzaba su ma-
yor elevación al venir el dia, empezando desde entonces su des-
censo hasta la noche.
Las mayores alturas fueron á fines de invierna, y las menores
en verano, como en aquella costa.
La amplitud m?dia de las obsilacíones en los 12 meses, apa-
rece ser de 24, "-"'B: la del máximo TT^"""': det mínimo
757 m.m.. giendo algo mayor la del mes de Njviembre en aque-
llos lugares
Desde qusel S)l entra en el hemisferio aujlral, según lo mués
ira la esperiencia corroborada por esas I i jeras observaciones,
empiezan á ser mas frecuentes los vientos del 2® Cuadrante, que
parecen ser locales en la embocadura del Plata hasta las costa»
del mar en esas estaciones; no obstante, que en las na?bes se
sientan los brisas del L"
Los vientos pamperos que en lo general tienen corta duración,
soplan con irregularidad y con violencia en \o} inviernos des-
pués de fuertes temporales.
El término medio de la humedad atmosférica, según los esta-
dos de hygrometro, resulta de 86** 4; siendo algo mayor que el
que aparece en las costas del Océano adyacentes á la frontera; y,
mucho menor que el del Merim y Yaguaron, por las diferentes
condiciones físicas de las respectivas localidades; sin dejar de ser
notables] en la Capital y en las costas contiguas las evaporaciones
del Estuario, que se convierten en roclos; y que, conescepcion del
verano, son comunes en todas las estaciones, particularmente en
los meses de Septiembre y Octubre, como sucede en toda la zona
oriental.
En el mes de Agosto hubo algunas noches en que cayeron hela-
das fuertes, estando el termómetro I* sobre O*; no obstante, que
colocado en un local mas conveniente hubiera probablemente des-
cendido algunos melimetros — O*, como tuvimos ocasión de con-
tastarlo en otra ocasión.
Las neblinas fueron también frecuentes en el invierno, asi
cimo las calimas en la estación opuesta, causadas por las evapo-
racionesj las polvadt^ras y qnemizones de los campos, tan rope
366 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFlOá DEL TERIllTÜlllO
tidas en el tiempa de los calores para bonificar laa tierras.
No 8011 menos intensas en los paralelos mis centrales del ter-
ritorio, adonde esas evaporaciones, quando se condensan en una
grande altura y son constantes los vientos del 2*^ Cuadrante, pro-
clucen lluvias copiosas en las costas de los rios Yy y Negro, par-
ticularmente en la faja que recorre lo mas caudaloso de su curso.
No seria por demás agregar, al volver hacer referencias sobr«
los cambios admosfericos de los territorios del interior, que los
vientos del V^ Cuadrante producen también lluvias mas generales
y periódicas, según lo hemos notado mas de una vez, por la&
abundantes exalaciones de que vienen impregnados al cruzar
por algunas zonas húmedas y bajas del alto Paraná y Uruguay,
y por otras enclavadas en las montañas de la Provincia veeina
mas en contacto por el lado boreal con los limitesde la Re-
pública.
Esos vientos, particularmente el del Norte, son considerador
como mal sanos cuando llegan á los paralelos del Plata por el
peso admosfericD de sus capas, que raras veces producen lluvias,
cuando los celages y las nubes se encuentran á grande elevación.
Las condiciones de la situación topográfica de esos sistemas
culminantes sircunvecinos á la misma Linea Divisoria, contribu-
yen, según es de suponerse,para que esas corrientes admosfericos,
entrando, casi siempre, con violencia por las abras ondas y hú-
medas que se pronuncian entre sus giros, se sobrepongan á los
ezlabones menos altos y penetren hasta los valles al N. del Rio
Negro y causen fuertes aguaceros en invierno y en otoño, alcan-
zando hasta los mismos litorales cuando la condensación se hace
en mayores alturas.
Es frecuente observar con los vientos del N. y del Levante»
que el aire de los estados superiories de la atmósfera sigue en
dirección opuesta a la que llevan los que dominan en los mas
inferiores, causando lluvias con vientos distintos ó encontrados.
No asi los de occidente, desde el S. O. al N. O., que atrave-
sando las llanuras Argentinas, depurados de evaporaciones y sin
obstáculos en su camino, llegan generalmente con violencia á la
margen izquierda del Plata con notable liviandad en sus capas
atmosféricas, y con las propiedades de una grande pureza y se-
quedad. Y solo en los inviernos muy lluviosos, cuando en los
veranos reinan grandes calores, en que son mayores, ó mas den-
sas, las emanaciones de aquellas estensas llanuras, esas corrien-
tes atmosféricas arrojan algunas aguasen su tránsito por las eos-
t>E l\ REPÚBLICA ORIENTAL DEL imüGCAY. *>67
tas orientales, que generalmente tienen corta (Uiraoion, producien-
do fríos intensos.
3
§111.
Aunque limitados los estudios que nos han permitido las
sírcunstancias del pais respecto á las producciones naturales del
territorio, creemos, sin embargo, deber enumerar algunas espe-
cies arbóreas y otras hervaceas de reconocida utilidad de las di-
versas zonas, ó sistemas orográficos, en que hemos considerado
dividida su propia estructura y su constitución física.
La homogeneidad de esa misma organización, con diferencias
ue no son trascendentales, y la uniformidad de su clima, nopue-
e presentar, como es consiguiente, la variedad que en paises
mas estensos y de otras condiciones físicas, ofrecería el estudio
de esas producciones en los tres reinos de la naturaleza.
Al describir l;Ts propiedades del suelo en sus varios paralelos,
hemos señalado de i)aso algunas especies de esa misma produc-
ción que adorna los canales de sus ríos y arroyos, no obs-
tante que su tempieramcnto meridional, apesar de sus germen
fecundizantes, no permita que su desarrollo alcanze á las propor-
ciones que muestra en los paises intertropicales, y en los que es'
tán en contacto con su influencia atmosférica; que por otra par-
te, no reúnen las ventajas de los climas templados para la cultura
de muchas plantas industriales muy valorables. Muchos ensayos
felices han demostrado incontestablemente, la facilidad con que
se aclimata y prospera la mejor porción de los arbolados exóticos
con la generalidad de las especies vejetales her\áceas y farináceas
que constituyen el principal elemento de los trabajos agrícolas, y
quo llevan consigo el gran porvenir del país. (1)
Coa escepciones poco numerosas son comunes las mismas es-
pecies arbóreas en todas las zonas; y casi esclusi^a4 de la vertien-
te Oriental:
(1) Sobre cHe importante ramo de la industria nacional se publica en la actualidad ]a
escelenle obra del Mam\\l de Agricultura, por un escritor competente que sin duda
eoAlribuirá á la edacacioa agrícola práctica, auxiliada con el establecimiento deu a Gran-
ja mídelo de la cual deben reportar:^ lo^ ma< benéficos re-^uUados.
SG8 bESCRIPClON GEOGRÍFIOA DEL TERRITORIO
El Taruman: árbol corpulento, de una talla que mide hasta 40
pies, y de cuyo tronco pueden sacarse largas vigas y escelente
tablazón, tan apreciable como la del pino de tea; y que vegeta en
tierras fuertes y húmeda^, un tanto ligeras, como las de las
co.Uas d^l CsMlatíy del UUmar, y el Parao^ y sus islas,
donde es mii abiinir.ite que en loi demás rios del Merim,
YAArazad: de maJiano porte, ancha copa, y esquisita fruta, del
grandor del durazno, y ue una tez finisima: su madera es consis-
tente, aunque un tanto flexible; y quizás muy útil para muchas
obras de ebanestería. El Higíieron: qae suponemos ser el mismo
que asi denomina Azara.y que los naturales llamavan Ibapohy^i^^-
recido á la higuera en sus hojas y ramaje, y también en sus fru-
tos, aunque infinitamente mas pequeños é igualmente agradables.
Es árbol de primera magnitud, y s; le encuentra con frecuencia
al abrigo de las poblaciones y terrenos ondulados; mas conmun-
mente, en meJio de las selvas de Paltnares que se estienden por
las ayacencias del cabo de 5anía Maria: su madera es blanca y
porosa, y solo aplicable á determinados usos. El Zocará; árbol
tropical de mediana altura y copa piramidal: de madera dura y
vidriosa, que se emplea en la rayazon de rodados, y que vejeta
en tierras fuertes y regadizas. Cobra mayor altura y su follage
es mas frondoso á medida que se acerca á temperaturas mas
elevadas. El IpeCy 6 Lapachillo\ indudablemente de las familia
de los Lapachos^ aunque menos alto y de menor follage, reúne lá
especialidad de empezar su florescencia antes de brotar sus bás-
tagos y ojas; y su madera que es pesada y dura, se emplea con
preferencia en tirantes, marcos y rodados. Se le haya escasamen-
te en los bosques del Merin y en el alto Yaguaron.
Entre las bellas Palmeras^ comunes en esta vertiente y en la
costa del Uruguay, se distinguen el Yatahy y el Yaribá:e\ primero
por la profusión áe su fruta, de la cual pueden estraerse muchos
caldos y brebages, como el aguardiente, el vinagre y una especie
de aloja, ó chicha, en que se convierte su savia, sangrando el tron-
ico y fermentándola. Después de una vegetación secular, alcanza
este árbol hasta 20 y 25 pies, en las tierras francas y ciliosas de los
Valles y praderas adyacentes á los litorales del mismo cabo y de la
frontera del Merin, donde se haya muy multiplicado. Su fruta,
que los indígenas llamaban el butijháj es de un agridulce agrada-
ble, con una tez igual á la del arazaa^ apiñada profusamente á
un gran cacho^ ó racimo, de cuyos carozos puede también es-
Iraerseu'i escelente aceite para alumbrar y otros usos. El FflW-
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL €RÜGL'AY 369
bá, de un tronco desnudo, elevado hasta 35 y 40 pies, figurando
su copa un parasol, llejra á su mayor desarrollo en tierras fuer-
tes V francas, suííctas á las avulsiones de los rios; reuniendo las
mismas propiedades que el Yatah\j^ no obstante que su madera
sea durable, empleada en parajes secos, ó al aire libre. Ambas
especies, como se ha dicho, se desarrollan, quizás, con mayores
palas en las islas y castas del Urup;uay, desde la confluencia del
Querjuaij á la del Arape\i\ siendo los Yaribás mas comunes desde
los 33" para arriba, en las marjenes del mismo rio y en otros
del interior.
En las tierras mcnoi onrlulados de la vertiente rivereña, que se
ada])t:m á una gran xariedad de cultivos y producciones, sou mas
notables en las cjstas de sus rios:
El Pino Li/nvi] árbol de 1 .* masjnitud, y de madera privilegiada
para obras de Cc;rp¡nleria,ypara las mas finas deebanesteria. Sus
hermosas flores, que iniitnn con sus petalos á un grande racimo
de corales, stM'iancl mas i)ello adorno de los jardines. Se encuen-
tra este árb )1 (jii los mí)ntc^ ílel Rosario^ del Arroyo Grande y del
Cufrée. El Arraijan; iguuliiK^i.te c(u\.ulenlo y de ancha copa:
eccelente combustible: madera dura y vidriosa: flor exquisita,
en forma de ramilletes, ó pniiachos. de ¡joca fragancia y un bello
as¡)ecto. El Laurel ncfjro^ de porte ele\ado: madera pesada y
compacta, usada en obras finas de car[)¡nteria; se dá con prefe-
rencia en la exposición m ri lional yes común en los afluentes de
la margen izquierda del IMata. Otro miembro de esta familia y
de menores proj)orciones,-el laurel rosa, es cultivado en los jar-
dines por su bella flor. El Taniberayiáül cuerpo y forma del Hi-
gueron, heriz.:do de largas es|)inas desde su tronco: de madera
fuerte y útil para obras de torno y rodados; y se le cree indíge-
na de todas las zonas, particularmente de la parte mas próxima
al Uruguay y de la vertiente rivereña.
En la reiiion Occidental, se encuentran en los bosques d,e ese
rio y sus afluentes, en los del Rio Negro y los suyos:
El Cedro blanco ó cedrillo\ que aunque distante de poseer las con-
diciones del verdadero Cedro ^ consigue ser un árbol de alta talla
en exposiciones húmedas y elevadas, mas al mediodía: su
madera es dura y consistente, y seria empleada con acierto en
Siezas de carruageria. Se le encuentra pocas veces en las costas
el alto Uruguay y del Quareim. El Quebrádio: árbol también de
magnitud, de extendida copa y tupido ramage, madera blanca y
compacta, y de un uso general en los rodados y trabajos de tor-
46.
370 , nKSCRíFCIOH GEOCnÁFICA DEL TrRRirORÍO
no. Su cascara dá un sumo empleable en las tinturas. El Algar^
robo: de madera aplicable á los mismos usos: blanca, y pesada.
Se le encuentra pocas vec3S en los Rios Negro y Uruguay; y de
sus frutos se obtienen, como es sabido, grandes provechos en las
Provincias interiores de la Confederación Argentina adonde ve-
Seta con profuaion y alcanza á un gran desarrollo. El Ñandubayí
e madera incorruptible y compacta, solo empleada en cercos y
corralea por lo tortuoso de su tronco y sus vastagos. Es uno de
los mejores conbustibles que se conocen. El Ynga; árbol robusto-
y de un galante foUage, tan consistente y comp acto en su madera
como el mismo Cedro. Es poco común en el. Uruguay entre los
31° y 32® de Latitud, y mas abundante en a zona superior. El
Cuayacan: madera obscura, durable y pesada^ aunque poco propia
para obras finas. Alcanza á una gran corpulencia mas al medio
dia y desplega una copa frondosa y tupida.
En todaalas zonas, tanto en los altillanos, como en los ^alles^
en las vegas, como en las montañas, se alza solitario ymagestuoso
«1 corpulento Ombúj árbol apreciadle por escelencia por su desem-
boltura y espaciosa copa, que proyecta una sombra cénefíca, y
que ademas es útil con las cenisas alcalinas de su estoposa
madera*
2 IV
Son infinitas las especies arbóreas y hervaceas que pueblan las
eóstas délos canales que componen el vasto sistema de irrigación
del territorio.
En el mismo Uruguay y sua islas, en donde los terrenos soo
«n lo general arcillo-arenosos, la vegetación es casi uniforme, des-
cubriéndose en sus montes varias clases de enrredaderas y planta»
trepadoras, con algunas Orchideas parásitas, de bellas y variadas
flores, coma las muchas que se encuentran en el cerro de Monte-
video y en otros de Maldonado y Minas. Entre las lianas crece
algunas veces el guambia cuya cascara es incorruptible en la
agua y muy usada en la gruesa cabullería. En las florestas que
cubren tierras de mas alto nivel, se ven árboles que despiden
esencias útiles y valiosas, y no pocos de frutos naturales, como
el de la bella pasiflora, conocido por Viricuyá. También el Cactus
Dfi LA RErÚBLICi ORIENTAL DEL IRDGIJAY 371
6 Tuna de Castillay árbol valorable en todas sus variedades, de
pencas gruesas, espinosas y carnadas, que revisten sus contornos
con un higo muy agradable, y que cultivado en mas escala^
en esposiciones adecuadas, podria ensayarse la valiosa industria
de la cochinilla^ que se alimenta en él; asi como las de los plan-
tíos del algodón y del índigo^ que se producen silvestres en algunos
rios de la vertiente Occidental. Las Cañas y TacuarillaSy que sur
ben, las unas á 16 y 18 pies, y las otras hasta 25 y 30 en el alto
Uruguay, donde toman el nombre de Bambtís^ y que sirven
para techados, para jardines y otros usos. En esas islas, y
aun en las costas, se encuentran también los durazneros y naran^
jos silvestres, con diversos arbustos y árboles de escelentes tintu-
ras y bellas flores.
Esa misma vegetación es mas rica, á medida que se adelanta
alas zonas superiores de ese rioj donde empiezan los timbóos, los
cedros^ los lapachos, los urundey s, los quebrachos, y tantos otros ar-
bolados de igual preferencia, á proveer de las mas útiles maderas
de los climas meridionales^ Alli, como al lado de casi todas las
corrientes, bajo la influencia de un clima tan igual y benigno,
exento de variaciones violentas en su temperatura,- que dan ma-
yor mérito ásus condicciones físicas, se producen naturalmente
muchas otras especies que enumeraremos muy lijeramente con
algunos de sus mas esenciales atributos.
El Gtiayabo, el Guabiyúj el Ubaxay: árboles de segunda talla, y
todos de esquisitas frutas y buenas maderas, suceptibles de mu-
chos servicios, particularmente la del 1?, que en algo se parece á
la del fresno ó haya. El Mólle, que dá una escelento cascara para
curtidos, y sus hdjas un tinte negro consistente para estampados,
que aun puede emplearse en la escritura. El Espinilla: de un tipo
parecido al ñandubay, y que cubre su desparramada copa con
una flor, ó aroma fragranté y agradable: madera igualmente com-
pacta y pesada y muy apreciable como combustible. El TalOy que
generainrente tiene la misma aplicación, aun es mas alto, y mas
poblado de ramage, y no menos espinoso; madera blanca y muy
servible en la carpintería y rodados. El Curupí: árbol selvático,
poco común, de mediana talla, mucha copa y buena corteza para
tinturas. El Coronilla, que parece un derivado del ñandubay, por
la dureza y calidad de su madera, como por la identidad de sus
formas, es sin embargo, tan espinoso como el tala. La Acacia:
bello árbol en todas sus variedades, poreu follaje, sus flores y su
corteza para curtiembres. El V7rarrf: de primera magnitud, y según
372 DESCRIPCIÓN GEOGRÁFICA DEL TERRITORIO
creemos, de la familia del Ipee^ aunque mas bello en su conjunto,
reuniendo como este la propiedad de hechar sus flores antes de
las hojas; su madera es todavía de mejor calidad; El Sauce: ín;
digena de las florestas, y uno de los árboles mas útiles por los in-
finitos destinos que se dá á su madera en la economía rural, que
aun es empleada en tirantes, siendo de la especie del colorado,
como lo demuestra su duración secular en anti2;uas construccio-
nes dí3 la Capital. Entre sus variedades— el llorona—es todavía
mas frondoso, y crece. con mas rapidez en las márgenes de los ríos
y terrenos húmedos- El Sombra de Toro: arbusto alto, cuya ma-
dera se emplea en limones y yugos de carretas. Los YuguerySy
los NapindáaSj los Ñangapirces: arbustos erizados de espinas, de
ramajes densos, y muy apropósito para setos, ó cercos, como lo es
la Pita, que puede considerarse entre las plantas industriales por
la filástica que se saca de sus hojas para cordajes, aplicables tam-
bién en la fabricación del pnpcl. El Nogal: de madura aprecia-
ble para artefactos finos: talla mediocre y exigua copa. Descui-
dado el cultivo de los que existen en diversos sitios de la vertien-
te rivereña, sus frutos son retardados y escasos. La Morera: ár-
bol valorable por la preciosa industria que el puede fomentar coa
la cria del gusano de seda, yá esplotado en las costas del Uruguay
en otras épocas. Crece en todos los terrenos, y mejor en los rega-
dizos, prestándose á una fácil multiplicación. El Granado: que
vegeta con preierencia en lo-> países calidos, se dá,no obstante, sin
mayores cuidados en estos paralelos, pudiendo llegar á mayor
magnitud con mas esmero en su cultivo; aprcciable por su flor y
delicada fruta. El Olivo: oriundo de la misma temperatura y una
délas valiosas plantas oleaginosas, capaz de sostener un productivo
ramo de industria con su aceite y sus frutos, que los produce muy
escasos, por el poco interés que inspira su beneficio, pudiendoUcgar
á ser un árbol de primera magnitud. El Álamo: que puede repu-
tarse por indígena por la facilidad con que se reproduce en toda
clase de suelos, notablemente en los altos y húmedos. Su madera,
aunque no de preferencia, es empleada en algunas construcciones.
El Murta, ó Palo de leche, el Canelón, el Mataojo, el Blanquillo, el
Palo amarillo, y otros varios de maderas blancas, y de uso menos
general, son mas comunes en la verieníe meridional.
Lo son también en las tierras ligeras, húmedas y bañadas, el
Ceibo, de madera acorchada y esponjosa, con una bellísima flor.
El Caraguatá, y sus variedades, útiles después de secos para sa-
car filamentos que suplirían al cánamo en la comfeccion de la»
DE LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL DRIGLAT C73
1'arcias. El junco y la carda^ plantas acuáticas y que entran tam-
)¡en en el número de las industriales menos valorables.
En los sotos ó isletas desprendidas de los bosques de los ríos,
al N. del territorio, se encuentra alguna que otra \ez, un
hermoso árbol, frondoso y alto porte, madera blanca y fuerte
como q\ guayabo, cuya maléfica sombra rechaza toda vegetación
en sus contornos, que no admite ni aun á las gramineas como el
Yalafiy, y que dauá instantáneamente, al que por ignorar sus
propiedades, se cobija de ella, causando un so|)or y aniquila-
miento, que generalmente acarrea fatales consecuencias, si se
permanece demasiado tiempo. Creemos, por la tradiccion que
hemos oido, que los indigenas le llamaban el Ahuéj ó el Ar-
bol malo.
Entre la multitud de otras especies arbóreas de frutos privi-
legiados, propios de climas templados, se dan perfectamente
entodo el territorio, los almendros, los cerezos, los ciruelos, los
guindos, las higueras, los duraznos, los manzanos en sus muchas
variedades. Los naranjos y limoneros, que aunque mas desarrolla-
dos y de frutos mas zasonados en menores latitudes, se encuen-
tran bien en todas las zonas, v también silvestres en las islas del
Paraná y Uruguay, .
En los árboles de adorno, en su mayor parte exóticos, se en-
cuentran ya aclimatados muchas es¡)ecies preciosas de maderas de
mérito, como los Plátanos orientales y Grandi-floras, las Magnolias,
el magnifico VpcaUpso, el Olmo, los Ciprés en todas sus variedades,
el bello Parayso, do una cultura vulgar, y tantos otros que mues-
tran la posibilidad de serlo en mayor escala cuando laarbolicultu-
ra salga de su infancia, como lo prueban algunos Pinos y Encinas
que vegotan tranquilamente en uno que otro de los antiguos
huertos de la deheezi de la Capital, y que representan una vege-
tación secular. El mas notable, de la especie, ó variedad, de los
Piñones, se eleva ya á 40 ó 45 pies con una espaciosa copa que
soporta un tronco corpulento comparable tan solo al de un viejo
Om¿íí,óde un antiguo Tan//na;i. Otros, de la/ls¿a/¿cn,'mas apróposi-
to para arboladuras navales, de un cuerpo desnudo y derecho como
el de las Palmas, y completamente semejantes en la fijura de sus
copas, aun cuando sus pequeñas hojas lanceoladas terminan en agu-
das esp¡na3,van alcanzando á la misma altura después de medio si-
glo de vida. Aquel produce innumerables pinas que encierran mul-
titud de almendrillas de un sabor agradable, y de las cuales se es-
trae un buen aceite; y estos, una especie de bellota esponjosa, car-
374 DESciurcio.N geográfica del territorio
gada de semillas, como el alpiste, algo mas larga que la fruta del
dátil berberisco, y sin ningún carozo.
Se encuentra también aclimatado el Banano, de cuyos frutos ra-
ras veces se consigue la completa sazón, sino se les coloca en expo-
siciones muy abrigadas, ó en invernáculos, que neutralizen los efec-
tos de la temperatura y de los vientos en los inviernos.
§v.
Entre la numerosa cifra que compone la familia de las plantas
industriales, y que serian las mejores fuentes de la agricultura
nacional, indígenas las unas, introducidas, ó aclimatadas otras, en
un suelo y en un clima que se presta admirablemente para su ve-
getación, indicaremos también de paso las que muestran un resul-
tado mas valioso y práctico con su cultivo.
El Tabaco, ó sea la Nícoiiana, oriunda y silvestre en todos los
afluentes del Plata, y de varias especies; la una arbórea, de bella
flor, que crece hasta 12 y 14 pies; y la otra que no pasa de 2 á 3,
y que son las mas cultivadas en los paises donde se esplota y se
fomenta ese valioso ramo de industria agrícola y manufacturera;
vegeta con notable espontaneidad en todas las zonas del territorio
Oriental, siendo de un cultivo fácil, poco oneroso y al alcance
de la generalidad. La Yerva-male: árbol también indígena y de
igual importancia, que crece silvestre entre los bosques de algu-
nos rios de la zona central, desde el paralelo de los 33' hacia el
medio-dia, lleva consigo condiciones tan importantes y conocidas,
que seria escusado detenerse en delucidar los beneficios que se re-
Sortarian con supropacion. Este bello árbol reúne las apariencias
el naranjo, y en ninguna estación se despoja de su verdor. La
Viña, tan diversificada, y de climas suaves, constituye por sus
frutos, como por la rapidez y gala con que se desarrolla, uno de
los cultivos mas valorables por la universalidad de su consumo.
Propagada con mas ostensión é inteligencia, crearía también
otro ramo productor, igualmente lucrativo. La Beterava y el
SorghOj oriundos del Asia, y que han encontrado en el Plata un
clima y un suelo perfectamente adecuados á su vejetacion, según
las muchas esperiencias que lo confirman, compensando los pro-
cederes y mecanismos que exije la importación de esa industria,
DE LA REPÚBLICA ÓRIEMAL DEL ÜBÜGÜAY. .!57;>
la profusión con que se produce la esquisita substancia que contie-
nensus raices, mayormente si se prefieren los temperamentos hú-
medos y tierras Hjeras, tan reproducidas en las variadas exposi-
ciones con que brinda la superficie del territorio; supliendo con
ella las contrariedades que se opondrían al cultivo de la caña
de azúcar^ aclimatable tan solo en la faja ayacente al estremo Oc-
cidental de las fronteras de la República, yá en contacto con el
S' aralelo de los 30 , en valles abrigados y altos. El Lino; planta
e climas apacibles, de fácil cultura, y que crece silvestre en di-
versos parajes, como lo asegura el ilustre Dr. Larrañaga^ que le
encontró en ese estado en la márjen derecha del Miguelete; asi
como se encuentra con frecuencia al Norte del Rio Negro, la co-
diciable planta del Índigo^ que tiene su mejor asiento en las altas
temperaturas. La esplotacion de esta trabajosa industria, si lle-
ga á generalizarse, exijiria un caudal de conocimientos faculta-
tivos muy especiales para el empleo de los procederes y mecanis-
mos que deben aplicarse en la estracion de la tintura. El Algo-
don, planta rústica y hervacea, y también indígena de las Provin-
cias mas boreales de la Confederación. Algunos cultivos hechos
por ensayo en el territorio de Paysandú, demostaron, antes de
ahora, la facilidad de su propagación en las tierras negras y fran-
ca s de las costas de los r ¡os. Kl Maní; que encontrarías en la que son
mas lijeras en exposiciones buscadas á propósito, eficaces gérme-
nes de desarrollo, y que seria de un provecho incuestionable por
el esquisito aceito que se estrae do sus frutos; como el del /ií-
cinOj planta silvestre también, que se dá en todas partes y
que es tan empleado en la medicina, como en los alumbrados y
las fábricas. El Azafrán; y si se quiere, el ostentoso Gi-
rasol de que se hace tan poco caso, productores el uno, como el
otro, de oleo saplicables á los mismos objetos, y el 1^, de un tinte
muy especial para estampados. En tierras de una vejetacion se-
mejante, podría asegurarse que se daria el Cáñamo j con proce
deres vulgares, prefiriendo para su plantío los valles y cuen-"
cas húmedas y hondas; asi como diversas raices tintóreas de un
valor reconocido.
Seria muy extenso al pasar del largo catalogo de las plantas
industriales, internarse eíiel no menos vasto de las epecics cereales^
con la especificación de los beneficios que surgirían de sus dife-
rentes producciones.
El maíz, que rinde con generalidad un 300 por uno. JjB. cebada;
el arroifj la avena ^ el centeno y tantos otros de aplicaciones tan pin-
37G DESCRIPCIÓN (íeügrífica del teríutürio
gues y provechosos, y cuyo cultivo, á medida que se prrfeccio-
naran los métodos ajíricoías, acarrearian provechos crecientes á
la industria rural. Kl trigo, de una labor mas activa y general,
que rechaza, en todas sus variedades, lasjaltastem[)eraturas, me-
rece.Ma ex|)licacio:ies mas latas respecto á la escala de sus pro-
ductos con relación á las pri>;)iedades del clima, á las condiciones
de las tierras y a su elevación sobre el nivel del Océano.
En el estado en que se encuentran los sistemas y procederes
de su cultivo, esta demostrado, que sus productos en los litora-
les del Plata, desde la Colonia del Sacramento al Cabo de Santa
Maria, en un radio al interior de 10 hasta 40 millas, elevado,
termino medio, de 50 á IGO pies sobre aquel mismo nivel, abs-
tracción hecha, del de los cerros y montanas adyacentes á las
costas mas orientales de ese litoral, estañen relación del 12 por
uno;-quees elminimo en las tierras arcillosas y muy trabajadas
del Departamento déla Capital, — hasta el 18, 20, y 22 que se
obtiene en los de la Colonia^ Canelones^ San José y Mldonado^
donde son mas fuertes v nuevas; v mas ciliosas, en la ultima da
esas Secciones.
En los litorales del üruunav, e;i la extensión que abrazan los
de Soriano y Pmjsandu^ la prj^)orcion está, próximamente, entre
18 y 2í, siendo los campos igualmente hondulados y de tierras
menos francas y mas fuertes, en una elevación de 120 á 190
pies sobre aquel mismo nivel.
En localidades mas distantes de las costas, é infinitamente
mas altas, se han conseguido en terrenos completamente nuevos
y de composición granitica, 40 y 50 por uno, según esta contas-
tado por experiencias repetidas.
Mas al medío-diadel Daiman^ empiesa la temperatura á ejercer
alguna influencia en las cementeras, neutra lizada hasta cierto
punto ppr la frecuencia de las lluvias en los veranos, que im-
fluyen para que la proporción se mantenga entre 20 y 22; siendo
los suelos mas ligeros y algo arcillosos.
Generalmente es mayor la que se obtiene del Norte del Rio
Negro cuando las tierras son bien preparadas, especialmente
en la zona central, donde son menos francas, combinada
la cilice en menores proporciones con la arcilla; y mas
fuertes en las cercanias de los cursos de agua, con los depósitos
de materias orgánicas vegetales.
En las costas del Merim y Yaguaron, donde esa proporción
disminuye y aumentan las de los likenes y stratas que dejan sus
DE U KEPÉBUCA ORIENTiL DEL OBVaDlT 377
avulsiones y las de todos sus -eflueiites, la escala sube muchas
veces desde 30 á 40 por uno.
En paralelos mas meridionales, mejora la producción, como
sucede en la mareen derecha del Plata, y alia en las costas de la
Patagonia, á la altura de los 39" jr 40'. de latitud austral. Algo
mas al Sud, el temperamento la rechaza, ó la apoca considera-
blemente.
g VI.
Entre las plantas aromáticas y medicinales que abundan en
todas direcciones, ycon notable profusión algunas especies de ud
empleo muy común, enumeraremos, la adormidera, ó amúpola,
planta de alto mérito, que crece libremente como las silvestres,
y cuya propagación aumentnria la nomenclatura de los produc-
tos herbáceos de grande estimación. La zarzaparrilla, la talvia,
el romero, las malvas, el cardo santo y mil otras tan útiles en la
economía domestica, como en la medicina.
En los pastos y forrajes, que dan vida á la industria pastoril, y
forman un ramo de consumo que estimula al cultivo de los prados
y las vegas, nombraremos algunas de sus muchas variedades; y que
según laorganizacinode los suelos, se desarrollan mas, ó menos, para
elalimentode los ginadosyolrosserea del reino animal. Lacebada,
ycoladezorro,\&gramilla y el trébol, la cebadilla y altramuz, y sobre
todan, la apreciüble luzerna,ó alfalfa, cuya labor progresa en todas
lasdehezasidebiendofiguraralgunasde esas especies entre las legu
miñosas que son de mas consumo en esa industria. Y es sabido,
que cuando las gramíneas y demás pastos se dan en tierras alka-
linas, son mas buscailos per los ganados, cuyo engorde es siem-
pre mas breve y fuerte; sucediendo lo contrario, cuando son apo-
cados, duros y de mal sabor, por no reunir esa calidad en canti-
dad proporcionada.
Son demasiado conocidas ínulas otras producciones que com-
pletan la larga serie de las ¡i!;iiilai cwnomiías y farináceas pa-
ra detenernos en la clasifieaciuii de sus propiediid.-is y beneficios;
asi como de los productos ziilnjim* y arf n^ino animal que de-
piandarian por sí solos eetuilios prolijoa y ust:nso3,
■
^^^[2(3^
JBe l00 (Íap{tul00 (\né íoman ía f g 2^ partr l^f la €)bra
PRIMERA parte: {
PROEMIO
á la Descripción GeoghAfica.
CAPITULO I.
Consideraciones generales sobre la estructura
geográfica del territorio.— Su constitución
física y sus producciones.
CAPITULO II.
«
Su situación: sus limites-, su extensión: sus
divisiones tecritoriales.—Area de cada una
de ellas en millas Geográficas.
CAPITULO ni.
I
LITORALES DEL ALTO URUGUAY :
Su Topografía.— Sus producciones y sus
tierras.— Sistemas de elevaciones: sus cor-
ros: sus rios: sus pueblos.
CAPIfULO IV.
Condiciones de los afluentes del Uruguay en
esa zona. Catarata 6 arrecife del mismo
rio.
CAPITULO V.
Observaciones Geológicas.
CAPITULO VI.
LITORALES DEL BAJO URUfiUAY :
Su Topografía interior.
CAPITULO VII.
SI Uruguay, 8us islas, sus bos^es, sus cana-
les y su sonda.
CAPITULO vni.
TabladeSituaciones Geográficas. CuadrosEs-
tadísticos.
CAPITULO DC.
LITORALES DEL PUTA
SEGUNDA PARTE :
CAPITULO X.
SECCIONES INTERIORES DEL ESTADO:
Departamento de la Florida.— Topografía de
su territorio.
CAPITULO XI.
Terrenos comprendidos entre el rio Santa Lu-
cia y las márgenes del PlaU.— Condiciones
de áe Utoral.— La Capital de la República,
y losípueblos situadosdentro de esos limites.
—Observaciones Geológicas.— Posiciones
Gcográfícas.— Cuadros Estadísticos.
CAPITULO XII.
LITORALES DEL PLATA Y DEL OCCEANO.
Sus montañas, sus rios v sus pueblos. — Ex-
tremo meridional del Lago Merim.— Anti-
guas fortificaciones en esa Frontera.— Con-
diciones hidrográficas de esos canales.
CAPITULO xni.
Departamento de Minas.— Cadenas de eleva-
aones.— Sus íserros. sus rios y sus boMpies.
—Accidentes notables en la topografía de
esa sección.— Caüdad de sus tierras.— Sus
producciones.— Cuadros EstadisUcos.
CAPITULO XIV.
Departamento del CeRbo Largo.- Sus ríos,
sus valles y sus montalias.— El Lago Merim.
—Navegación fluvial.- Observaciones Geo -
lógicas.
CAPITULO XV.
Continuación de los tmitorios <P». .^Jj «}
Rio Necro y sus afluentes meridiontíe*
basta la confluencia del Yy. — Margen bo-
real de este rio y sus vertientes.
CAPITULO XVI.
Denartamento de Tacuarembó. --Su lopMrt-
fa -Fritera del Brasil. -ObservadSnes
ciologícM^Cuadros BsUdísücos-^Potí-
dones Geográficas.
'
»,v...M... . CAPITULO xvn.
'K
t.
."I
t
ERRATAS
1
DE LA
PRimERA PARTK.
^ CAPIT.
1
PAJIN
10
LINUS.
DONDE DieE LÉASE.
^ « ... — . — -
I **
En la nota
2800 á 2900 pies...
1800 á 1900 pies
^ 2?
25
16
5T50' 35"
58» 11' 35"
>
19
5» 9' y 53» 69'..
54» 3' y 53» 22'
26
i
30» 5' y 33» 45'..
30» 46' 50"
34» 4' 15" y 33» 40'
30» 47' 50''
3?
35
12
j»
»
50» 56' 35"
55» 50' 35"
41
En la nota
9 * • • • •
2848 pies
1848 pies
57» 42' 45"
57» 42' 5"
46
4
4 á 5 millas
3 á 4 millas
^•
»
En la nota I^..
58» 8" 55".
58» 6' 55"
47
En la nota.. ..
58» 8' 25"
58» 3' 25"
^
53
26
2980 pies el 1»
1980 pies el 1*
»
»
2848 pies el 2»
31» 11' 50"
1848 pies el 2*
^
»
En la nota
31» 19" 30'
»
" " • • • •
58» 11' 25"
54» 16" 25*
6?
64
17
de una gran altura. .
de una grande altura, r*-
«
lativamente.
65
ült. linea
desde 25 hta. 40 pies
desde 15 hasta 20 pies.
101
29
costas Orientales. . .
costas Occidentales
t
»
32
que miran al Ocaso.
que miran al Orient*
> >
102
20
Posic.M Geog».
hacia el Occidente. .
hacia el Oriente
8?
121
I?
55» 56' 35"
55» 50' 35"
>
Bar. del Daim" 58o g' 55"
58» 6' 55"
'
»
Villa del Sallo' 58° 8*25"
58» 3' 25"
9?
129
En la nota. .. .
33» 5' 15"
33» 54' 15"
130
En la nota 1 ^
58» 15' 1"
58» 16' 3"
>
>
Enla2«»....
58» 13* 2"
58» 13' 42"
131
En la nota
57» 50' 21"
57» 50' 30"
132
> »
57» 25' 55"
57» 18' 55"
139
140
16
En la nota. . . .
1500 pies
1000 pies
34» 19' 10"
34» 18' 50"
3>
»
56» 38' 15"
56» 34' 15"
142
»
33» 39' 4"
33» 32' 40"
»
»
Posic.w Geog«.
56» 52* 25"
56» 58' 35"
149
I«
33» 51' 15"
33» 54' 15"
2
48» 15' 1"
58» 16' 3"
10
58» 13* 2"
58» 13' 42"
11
34» 28* 6"
31» 28' 14"
>
57» 50' 2r
57» 50' 30"
20
3i»18'20"
34» 19' 10"
»
56» 38' 15"
56» 34' 15T
21
33» 32' 4"
33» 32* 40*'
22
57» 26' 25"
57» 16* Í5"
S£CSVM»A PARTS.
DONDE DiCE LÉASE.
CAPIT.
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218
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248
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269
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280
290
297
300
302
303
>
304
325
328
337
349
»
358
359
362
363
307
UREAS..
15
16
4 ;
En la nota....
20
En la nota... .
5.:
En la nota....
30
17
Posic.» GeoíT»
7 á 8000 varas. . . !Sá 6000 varas
t
P> de Yeguas
P.«» del Buceo
25
2
19
16
25.
45
8
14
ultima línea. .
23
■ 27
15
6.........
5
2
20,
H
9
Posic.» Geog.»
Conf.«del Ta-
cuarembó. •>.
2
26
28
26
En la ñola' (lí"
nea 6)
17
200 á 300
la extensajioja
4 y media millas. ..
San Juan Bautista. . .
34'2r5"
San Juan Bautista. .
55«43' 35" ,.
alrabaras
OJO pies» ..•..••*■
Villa de San Juan
Bauiista (Canelones)
5GM3'55"
.55o 54' 55"
340:23,600
ortos arroyuelos. . . .
N.26oG
de 6 á 7™
variar .4.
3 pies de altura
55« 9*37"
n4« 25' 00"
escorpos
compunto
200 á 300 pies
la extensa noya
3 y media millas
Guadalupe
3io 29' 5'
Guadalupe
55o 49' 35"
alzabaras
505 pies
Villa de Guadalupe (Ca-
nelones.)
56o i^' 55"
56o 7' 35"
73,023 p.s 600 r.«
cortos arroyuelos
N. 26o 0.
de 3 y media^t 4 y media"*
vaciar
1 1 1 pies de altura
54o 9' 37"
34o 25' 00"
escarpas
conjunto
calboniferos ♦carboniferos
sorprendientes y al- sorprendentes y alha-
tragueaos gueños.^
buques
buaues trafican
onaas copas
aopa profunda
ueslo
desde el Ayguá al Ta-
quari
5 y media millas . . .
niterna .^
53o 51' 15"
bosques
buques que trafican
hondas capas
C4ipa profunda
suelo
desde el San Miguel al
Yaguaron
3 y media millas, término
medio
intecna
y^o 35» 15
32o 20' 50'
«»
31o 20' 50"
54o 44' 25" 54o 48' 25"
cerca-Nos ... cercanos
17omm6 IJ*»,'^
á la entrada de la prí- Vi Ta entrada de la pri-
mera
dilación
gei*men
V'rj:-^^^x-
mavera.
dilatación
gérmenes
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